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viernes, 12 de febrero de 2016

EL MISTERIO DE DIGHTON ROCK



Volvemos a Nueva Inglaterra, esa región del nordeste de Estados Unidos donde hacía unas semanas nos deteníamos en el conocido como Stonehenge americano, en New Hampshire, para visitar otro misterio relacionado con rocas antiguas, inscripciones ininteligibles, y el siempre controvertido enigma sobre los orígenes de América.

La roca de Dighton en su emplazamiento original.

Se trata de Dighton Rock, una roca de origen glacial y 40 toneladas de peso que fue localizada en el río Tauton, en Massachussets, hacia el s. XVII, y que presenta unas extrañísimas inscripciones que aún hoy no han podido ser descifradas. Para unos, se trata de una obra realizada por nativos americanos de la zona; para otros, el origen se halla en pueblos que llegaron a América antes que Colón, como fenicios, vikingos o navegantes del este de Asia.
Edmund Burke Delabarre –el investigador, probablemente, que más tiempo dedicó a descifrar el misterio de la roca–, afirmó en un estudio publicado en 1912 que la autoría de los petroglifos había que atribuírsela a un portugués, el explorador Miguel Corte Real, que la habría llevado a cabo en 1511. Esta teoría, muy desacreditada en la actualidad, contó en su momento con importantes apoyos dentro del mundo académico; parece ser, según la interpretación de Delabarre, que en las inscripciones podían verse claramente varias cruces de las llamadas «de Cristo», el escudo del reino de Portugal, y letras sueltas del alfabeto latino que inducían a leer el nombre del

miércoles, 27 de enero de 2016

EL STONEHENGE AMERICANO


Uno de los lugares más controvertidos a nivel arqueológico y del misterio de todo Estados Unidos se encuentra a las afueras de Salem, New Hampshire, en un terreno agreste conocido desde mediados de los años cincuenta como El Stonehenge americano.

Las extrañas construcciones en roca recuerdan mucho por su aspecto
a los legendarios monumentos megalíticos de Europa, Asia y África...

Se trata de una serie de extrañas construcciones en piedra de aspecto megalítico cuyo origen no termina de poner de acuerdo a los investigadores, y que lleva cerca de un siglo provocando todo tipo de debates y discusiones más o menos amargas.
Para algunos, se trata de un monumento erigido por pueblos de constructores megalíticos que habitaron la zona en tiempos pretéritos (se especula con unos 4.000 años), que, al igual que sus coetáneos europeos, lo habrían diseñado con algún propósito astronómico. Para otros, el lugar es la muestra del paso por América antes de Colón de vikingos, grupos de monjes irlandeses, fenicios e incluso íberos, o simplemente los restos de alguna construcción realizada por granjeros en el s. XIX.
Como sea, nadie ha sido capaz de dar una explicación satisfactoria. Quienes defienden la antigüedad de milenios de las construcciones tienen a favor diversas pruebas de Carbono 14, la evidencia de que en la zona hubo presencia humana varios milenios atrás, y las técnicas que, a decir de los expertos, fueron usadas para tallar la piedra. Menos consistencia parecen tener las hipótesis que defienden que el monumento es en realidad una suerte de lugar de culto erigido por monjes irlandeses que llegaron al lugar en la Edad Media, o aquellas otras que creen ver en algunas

martes, 15 de octubre de 2013

LOS ABOMINABLES HOMBRES DE LA PATAGONIA

En un mundo como el de hoy, donde se nos ha enseñado que todo está explorado, sabido y requete estudiado, resulta muy saludable conocer que hay aún lugares indómitos, lo suficientemente apartados y salvajes como para que haya incluso científicos que se atrevan a reconocer que hay lugar para el misterio, y que figuras tan fantasiosas a priori como el Big Foot, o el Yeti, puedan tener alguna correspondencia en la realidad.
Patagonia, tierra de silencio, inmensidad y leyendas...

Desde hace un tiempo venimos interesándonos por la Patagonia, ese extremo inmenso de América del Sur, de estepas inmensas, glaciares y cumbres inalcanzables, donde la mano del hombre acaricia tímida, y con mucho reparo, la naturaleza salvaje que alberga.
Vientos, nieves, lluvias, pero sobre todo vientos, se acurrucan sobre una tierra árida y llena de aristas. La hierba crece apenas un palmo, si crece, y amarillea enseguida, como en un desierto. Las olas chocan en sus costados, y el mar se hace hielo en su extremo más al sur, en esa Tierra de Fuego que es como un broche brutal a todo lo que crece más arriba.
Las leyendas hablan, desde el principio, de seres al margen de los cánones humanos. Patagones de dimensiones hercúleas, que se manifiestan con grandes fogatas ante la llegada de los primeros colonizadores europeos.
Hay, por tanto, desde el principio, una base real a las leyendas que luego han ido quedando. Están esos testimonios entrañables y algo ariscos, que no comprenden bajo sus parámetros lo que ven sus ojos, y está –como han venido demostrando los siglos posteriores– la inmensidad del vacío, de los bosques vírgenes, de los valles inabarcables, las colinas como tronos de dioses, y el vacío.
La soledad es, quizá, la mejor de las hogueras para avivar una leyenda.
¿Es posible que acierten las leyendas que hablan de homínidos desconocidos
habitando los bosques y praderas de la Patagonia?

Y así nace el gigante Trauko, de la cultura mapuche, o el peludo Carcancho, así como el más misterioso de todos, el indómito Huitranalhue, descrito por algunos como una especie de zombie, y que para otros podría bien ser un vampiro que chupa la sangre de los que caen en su trampa, o incluso de un fantasma…
Son leyendas que, en esta tierra, adquieren la categoría de realidad. Como el Yeti, o el Bigfoot, que nombrábamos antes, no abandonarán jamás nuestras fantasías. Representan el lado oscuro del ser humano, el anhelo de andar perdido por la inmensidad de la naturaleza de los límites, sin quedar atrapado en las redes de la sociedad, que todo lo cataloga, todo lo cuantifica y todo, al final, también lo destruye.

Que, como Drácula, queden retratados en una obra de genio inmortal e inspirada…

jueves, 5 de septiembre de 2013

EL ENIGMÁTICO MAPA DE PIRI REIS



Su color es el suave marrón de la piel de la gacela. Representa costas, rutas, vientos, dibujos fascinantes sobre algunas cosas que se hallan en los lugares de los que da testimonio. Es, probablemente, el mapa conocido más fascinante y enigmático de la historia…
El mapa de Piri Reis sigue fascinando e inquietando a los expertos y amantes del misterio.

Elaborado en 1513 por el almirante turco Piri Reis, incluye algunos territorios que por entonces, en teoría, no se conocían. Se supone que está basado en los mapas de Colón, pero representa América extendiéndose hacia el Sur, hacia la misma Patagonia, de la que por entonces no se sabía nada…
Su misterio arranca en 1929, cuando fue descubierto en Estambul, en el palacio de Topkapi, por un grupo de investigadores. Las malas lenguas se apresuraron entonces a sugerir un posible fraude, algo que parece totalmente descartado (aunque aún hoy, las autoridades turcas sigan empeñadas en no mostrarlo en público).
El hecho es que, tras la primera impresión, el mapa no suscitó demasiado interés entre los expertos. Y eso a pesar de sus muchos misterios.
¿Contaron Cristóbal Colón y Piri Reis con las mismas misteriosas fuentes? ¿Sabían ambos
de la existencia de un continente más allá de las Columnas de Hércules?

Algunos investigadores han descubierto que ciertos territorios representados en el mapa corresponden a líneas de costa sumergidas, que podrían haber estado por encima del nivel de los océanos allá por el final de la Era Glacial. También que el continente que aparece en la parte inferior del mapa corresponde, en gran medida, a la actual Antártida, una porción del globo de la que en época de Piri Reis no se tenía ni idea. A no ser que tengan razón quienes defienden que los chinos habrían bordeado sus costas en el mítico viaje de 1421
El caso es que, como en otros enigmas de la Historia, un objeto extraño revela una verdad que los académicos se niegan a aceptar. Es el hecho de que, en el pasado, los pueblos estuvieron más en contacto de lo que tendemos a suponer. Los hombres se movieron por el mundo con mayor facilidad de la que sospechamos, y su conocimiento del mundo, por consiguiente, debía ser muy completo. El mapa de Piri Reis lo demuestra. Como lo demuestra, también, la alegría con la que Colón se adentró en el Océano, tocó tierra en el Nuevo Mundo, y luego regresó a Europa por una ruta que jamás nadie había recorrido.

Pero eso es parte de otro relato… ¿O quizás no?

martes, 3 de septiembre de 2013

LA HISTORIA EMPIEZA EN BIMINI



No sabemos si el mundo, la historia, comenzó en Bimini, pero sí –a tenor de ciertas pistas– que allí hubo historia antes que en otros muchos sitios.
Isla de Bimini vista desde el cielo

Todo arranca en 1968, cuando un grupo de submarinistas hallan, bajo las límpidas aguas de esta isla del archipiélago de las Bermudas, una impresionante formación rocosa de aspecto artificial. Para algunos podría tratarse de una especie de camino, como una calzada romana gigante, mientras que para otros bien podrían ser las ruinas de una antigua muralla; la prueba, quizá, de la legendaria Atlántida.
No debemos olvidar que nos encontramos en mitad del Triángulo de las Bermudas. Tampoco que fue allí, en aquel archipiélago, donde el misterioso Colón y sus naves Templarias desembarcaron en el Nuevo Mundo…
Los geólogos, claro, los académicos en general, se han apresurado a negar cualquier relación entre el fenómeno y una cultura antigua. Aducen todo tipo de pruebas, de experimentos, difíciles de rebatir por los no iniciados en su ciencia.
Pero el sentido común, la inspiración, habla por sí sola en este caso.
¿Podría ser el camino de Bimini la pista definitiva sobre la verdadera ubicación
de la legendaria Atlántida?

También la ciencia nos habla de un nivel de las aguas oceánicas, en el pasado, muy inferior al actual. Son ya muchísimas las pruebas de ciudades sumergidas junto a las orillas actuales, a pocos metros de la costa; ciudades que, en algún momento del pasado, quedaron bajo el agua.
La formación de Bimini es difícil de asimilar. Es tan imponente, sugiere tan enormes maravillas del pasado, que el hombre de hoy, tan soberbio en su manejo de la tecnología, tan prepotente en su relación con la naturaleza, puede sentirse identificado con los constructores aquéllos, y echarse a temblar al comprender que ni siquiera él está libre del desastre.
Que también los dioses actuales pueden venirse abajo.
Bimini es un misterio, digan lo que digan ciertos aguafiestas. La prueba de algo inquietante, que llena de sentido la Historia.

Y la Atlántida, el gran descubrimiento que está por llegar en este s. XXI nuestro. Si no nos vemos enterrados bajo el agua nuevamente…

martes, 20 de agosto de 2013

EL INCREÍBLE Y ENIGMÁTICO VIAJE DE RATA Y MAUI



En 1974, un investigador neozelandés de la Universidad de Harvard anunciaba un descubrimiento sin precedentes que ponía patas arriba alguno de los supuestos más consolidados de la hasta entonces Historia Oficial de América. Tras haber estudiado en profundidad una inscripción hallada en el s. XIX en una gruta de Tinguiririca (paraje de los Andes chilenos), concluía no sólo que aquella no era, como se había pensado hasta ese momento, una inscripción de algún pueblo del entorno, sino que quienes la habían hecho procedían de muy lejos, nada más y nada menos que de Egipto…
Pensar que los pueblos antiguos se limitaron a permanecer en tierra es limitar los horizontes,
subestimarnos a nosotros mismos, sus herederos...

Aquella inscripción sería una prueba más de hasta dónde había llegado en el pasado el poder de los faraones.
En concreto, de uno de los viajes más misteriosos de la Antigüedad, el llevado a cabo por el capitán Rata y el navegante Maui.
Hacia el año 232 a. C., el faraón Ptolomeo III pone al frente de una flota a estos dos marineros, con el objetivo de circunnavegar el globo y demostrar las teorías de Eratóstenes (el famoso científico, entonces también al frente de la biblioteca de Alejandría).
La flota habría partido del mar Rojo, habría cruzado el océano Índico y después el Pacífico y, a tenor de la inscripción, haber llegado a Chile y haberse adentrado en el interior del continente Sudamericano, reclamando aquellas tierras para su soberano.
A partir de ahí, las teorías se dividen en dos.
Para unos, la flota habría seguido después hacia el Atlántico. Prueba de ello sería la existencia de un islote conocido con el nombre de Rata frente a las costas de Brasil. Para otros, los navegantes egipcios habrían tomado una corriente oceánica que les habría llevado a Hawai.
Esta segunda es la teoría que más adeptos aglutina.
Entre ellos, Thor Heyerdahl, que valora la posibilidad de que la leyenda de Tiki –la de los dioses que llegaron del Oeste–, esté vinculada a este misterioso viaje, y otros, que consideran que el nombre Maui –el de una de las islas principales de Hawai–, corresponde al del mítico capitán.
Por lo demás, sobre inscripciones egipcias y fenicias en América hay todo un mundo de especulaciones.
Las habrá verdaderas; también falsas.
Pero, ¿quién se resiste a pensar que los grandes imperios del pasado –Mayas, Incas, Egipcios– no se conformaron con dominios en tierra firme, y se lanzaron a extender su poder también hacia el mar?

Hacerlo es limitar los horizontes, subestimar el coraje y arrojo de aquellos hombres y mujeres que, sabemos, fueron capaces de los más impresionantes prodigios.

martes, 23 de julio de 2013

EL EXTRAÑO CASO DEL MISIONERO PEDRO RUIZ CALDERÓN



El Archivo de la Nación de Méjico, situado en la capital de aquel país, esconde uno de los episodios más extraños de la Inquisición, probablemente uno de sus secretos mejor guardados…
En enero de 1540, el Santo Oficio llevaba a cabo, en lo que entonces se llamaba Nueva España, el juicio contra Pedro Ruiz Calderón, un sacerdote misionero español que durante un tiempo había estado jactándose de todo tipo de poderes sobrenaturales. Entre otras cosas, aseguraba tener el poder de recorrer en un instante miles de leguas, pasearse de un continente a otro con un simple chasquido de dedos, o hipnotizar a personas, logrando anular su voluntad y hacer con ellas lo que quisiera.
Fray Juan de Zumárraga, uno de los más implacables inquisidores del Nuevo Mundo,
pareció pasar por alto los "pecadillos" de Ruiz Calderón.

Durante el juicio, el sacerdote explicó haber aprendido todo esto del mismísimo Diablo. Decía haber logrado descender por una cueva hacia lo más profundo de la Tierra y allí, en pleno Infierno, haber recibido clases del maligno.
Lo extraño de su historia no es haber dicho éstas y otras barbaridades. Tampoco que, en el ejercicio de sus actos diabólicos, se hubiera excedido con algunas mujeres.
Lo que más llama la atención del caso es que la Inquisición, que en aquella colonia española estaba comandada por entonces por el implacable fray Juan de Zumárraga, le condenara a una pena que, en comparación con sus “delitos”, nos parece hoy en día más bien ridícula.
Ruiz Calderón fue, según se desprende de la sentencia, condenado a regresar a España. Se le prohibió ejercer como sacerdote un par de años, y nada más.
Cualquier estudioso sensato dirá que quizá no fue más que un intento de tapar un escándalo de proporciones inmensas. De aquella forma, se evitaba darle mayor publicidad al asunto.
Otros, menos conformistas, preferimos ir más allá.
¿Y si lo que contaba Ruiz Calderón era cierto? ¿Y si sus poderes quedaron demostrados, de alguna forma, y se le hizo regresar a España para que los más importantes estudiosos de la época pudieran aprender de él?
No olvidemos la época, pleno Renacimiento…
Y el dato de que de Ruiz Calderón poco más se llegó a saber…

jueves, 30 de mayo de 2013

LA TORRE DE PALENQUE



De todos los monumentos mayas, la torre del palacio de Palenque, en Méjico, es quizá uno de los menos llamativos. Sólo a simple vista, precisamente por su aspecto nada exótico, y por estar rodeada de otros monumentos que han llamado la atención de expertos y público en general desde su descubrimiento, entre montañas de roca, tierra y, montañas de escombros.
Como el campanario de una iglesia románica, la torre de Palenque aguarda al visitante
 entre la maleza de la selva de Chiapas

(foto Flickr)

La torre se alza orgullosa desde su base en el palacio que antaño ocuparon los mandatarios de la ciudad. De planta cuadrada, rematada en un tejado a cuatro aguas, nada parece tener que ver con las pirámides que fueron erigidas a su alrededor.
Para unos fue un lugar de uso defensivo, mientras que para otros se trataba de un lugar para realizar diversos cultos.
Una imagen que muestre sólo la torre, aislada del resto del conjunto arquitectónico, podría confundir al profano.
¿Quién no se equivocaría y situaría el monumento en China, por ejemplo, o en algún lugar de la Toscana?
Porque los enigmas de la torre que planteamos se centran en su forma, tan distinta a todo lo que sabemos de los mayas.
Fue, probablemente, la única de sus características que construyó este maravilloso pueblo. Rascándonos la cabeza podemos empezar a imaginar, y a recordar a los autores que defienden contactos precolombinos entre América y otras partes del mundo.
¿Chinos? ¿Templarios?
Para que nadie empiece a ponerse nervioso, remitiremos, simplemente, a las imágenes que miles de cámaras han tomado en el lugar y que pueden encontrarse en libros, vídeos o Internet. Que cada cual observe, llegue a sus propias conclusiones. Recordaremos que los enigmas siguen siendo muchos, y que esto sólo es una teoría que lanza un simple amante del misterio, que estuvo allí y que allí, también, se vio sorprendido por esta idea tan alocada, aunque tan sugerente...

viernes, 17 de mayo de 2013

LOS ABUELOS DE INDIANA JONES: (2) HIRAM BINGHAM



El descubridor para occidente de las ruinas de Macchu Picchu habría estado muy de acuerdo con la famosa frase de Indiana Jones “debería estar en un museo”. En las películas, Indiana Jones utilizaba esta frase para reprender la actitud de los villanos que pretendían quedarse para ellos solos ciertas reliquias, en lugar de cederlas al mundo para el disfrute de todos. En la realidad –y todo según las malas lenguas, que se entienda–, Bingham tomaba al pie de la letra esta máxima y arramplaba con todo tipo de objetos arqueológicos para llevarlos a los museos, eso sí, los de su propio país y no los de los lugares en los que los encontraba.
Su actitud le ha llevado a ser muy poco querido en Latinoamérica.

Hiram Bingham (1875-1956)

Perú le reclama el robo de 40.000 objetos, cifra muy apreciable, que incluiría no sólo objetos de diversas civilizaciones precolombinas, sino también momias y huesos.
Es el prototipo de aventurero, de los que florecieron a finales del s. XIX y principios del XX, que cosecharon fama y éxito en su época, pero que con el paso del tiempo y la mirada crítica están perdiendo fuelle.
Y es que uno estudia la historia del tercer mundo, y comprende que barbaridades como las que se atribuyen a este hombre (no de las peores) puedan ser ciertas.
Todavía hoy en día existe el expolio… ¿Qué no podría darse en una época en que no existía la radio y la televisión, y mucho menos Internet?
Pese a todo, al norteamericano Bingham (1875-1956) hay que reconocerle el mérito de haber difundido para el resto del mundo el tesoro que supone la ciudad perdida de los Incas. Fue en 1908, tras varios intentos. Cuando llegó allí, encontró a agricultores peruanos viviendo allí, ajenos quizá a la importancia secreta de su secreta morada.

Machu Picchu, sin duda, uno de los lugares más espectaculares de la Tierra.

Machu Picchu es un lugar imponente, huelga decirlo. Toda una maravilla que da testimonio de la grandeza del pueblo que lo levantó. Aquellas casas labradas sobre las cumbres de aquellas montañas, asomadas a esos enormes precipicios…
No lo hizo sólo, y es algo que debería repetirse más. En su caso, ocurre como con esos alpinistas del Himalaya que alcanzan imposibles cumbres rodeados de un halo de misterio y heroísmo… pero también de sherpas anónimos, cuyo papel real nunca se desvela.
La gloria del descubrimiento, en cualquier caso, fue para él, gracias en parte al libro –que automáticamente se convertiría en best seller– La ciudad 
perdida de los Incas, todo un clásico de la arqueología y la no ficción de aventuras.

(Ay, algún día habrá que arremangarse y ponerse a reescribir como Dios manda la Historia…)

viernes, 26 de abril de 2013

LOS NAVEGANTES FENICIOS, COLÓN, Y LA GRAN MENTIRA DEL “MARE TENEBROSUM”




Los fenicios son uno de los pueblos más misteriosos del pasado. Sobre todo teniendo en cuenta la importancia que tuvieron en la Antigüedad.
Al igual que los griegos, o posteriormente los romanos, mantuvieron un imperio comercial que abarcaba todo el Mediterráneo. Al contrario que aquellos, sin embargo, su influencia cultural parece más bien escasa. Y es que, como buen pueblo comercial que eran, asimilaban enseguida los usos y costumbres de los pueblos colonizados o con quienes mantenían relaciones, y al final, la idea que parece haber de ellos, de su cultura, es la de un pueblo de mezclas, fruto del esfuerzo del intercambio.
Los fenicios, uno de los pueblos más importantes, pero también más desconocidos,
de la Antigüedad

Se sabe muy poco de su origen. La idea más aceptada es que podían proceder de la zona actualmente ocupada por el Líbano. Desde allí, con sus barcos, se habrían lanzado a la aventura del comercio.
Tradicionalmente se ha pensado que se limitaban al Mediterráneo. Es lo lógico, teniendo en cuenta el miedo que ha habido siempre, desde la Antigüedad, al conocido como Mare Tenebrosum, la enorme extensión de agua más allá de las Columnas de Hércules o el Estrecho de Gibraltar.
Sin embargo, en los últimos tiempos se está viniendo abajo esta teoría, gracias, en parte, a nuevos hallazgos arqueológicos, pero también gracias a teorías que venían circulando desde antiguo.
Se sabe que los fenicios estuvieron en Canarias. Se han encontrado restos de alfarería fenicia en Madeira. Se conoce que existió una factoría de este pueblo en China, nada más y nada menos que a 7.500 kilómetros de distancia de Tiro y Sidón, principales puertos comerciales de este enigmático pueblo.
Los fenicios, por tanto, se adentraban más allá del Estrecho. Consiguieron rodear África mucho antes de que pudieran hacerlo, en el s. XV, barcos portugueses. Es de imaginar que pudieran haber conocido la corriente del Atlántico, la misma que utilizó Colón para llegar a América.
La pregunta inevitable es: ¿pudieron los fenicios haber llegado al Nuevo Continente antes que Colón?
Según muchos estudiosos, la respuesta es que sí. Y se confirma con la aparición, poco a poco, de restos arqueológicos de talla fenicia. Algunos falsos, eso sí, producto de investigadores más ávidos de gloria que de conocimiento; otros, todavía en estudio.
¿Conocía Colón antes de partir en busca de las Indias el secreto tan bien
guardado por los fenicios? 

Todavía está por llegar la prueba definitiva. Mientras tanto, como siempre, podemos dejarnos llevar por arrebatos de inspiración. José León Cano, en su magnífico El vuelo de la serpiente, parece tenerlo bastante claro: la idea de Mare Tenebrosum fue un invento de los fenicios. Con ella, con la propagación del bulo de que más allá de las Columnas aguardaban al marinero todo tipo de peligros, aquel pueblo quiso preservar un secreto. Una exclusiva comercial, si se quiere.
En tal caso, la pregunta inevitable es por qué Colón fue capaz de acabar con el mito. ¿Tenía el también información privilegiada?
Algún día, no demasiado lejano, llegará a conocerse. Algunos ya lo intuimos… 

lunes, 22 de abril de 2013

ALGUNOS ENIGMAS EN TORNO A TEOTIHUACÁN




Teotihuacán es uno de los lugares más misteriosos de América, por no decir de todo el mundo.  Ya su nombre, que en castellano viene a decir algo así como “El lugar en que los hombres se convierten en dioses”, nos pone en la pista de un lugar grandioso, donde todo, o casi todo, es posible.
Lo más misterioso de Teotihuacán es, como en otros lugares similares del mundo, sus medidas
claramente sobrehumanas...

No es el nombre que los constructores de sus grandes monumentos se dieron a sí mismos. Es sólo como los llamaron otros pueblos que conocieron posteriormente el lugar. De quienes erigieron sus grandes pirámides a lo largo de la conocida como calzada “de los muertos” desconocemos todo, o casi todo. Ni su lengua, su origen étnico, o cuándo anduvieron por aquellos lugares.
Hablamos de Méjico. De una explanada a 45 kilómetros aproximadamente de la capital del país. Un lugar que hasta el s. XIX no era más que un foco de leyendas sobre antiguas civilizaciones, tesoros ocultos y cosas así.
Tuvo que llegar el año 1885, y un arqueólogo llamado Leopoldo Batres, para que el mundo conociera las maravillas de Teotihuacán.
Desde el principio, las excavaciones fueron revelando una civilización maravillosa y muy avanzada llena de misterios y enigmas que aún hoy no han podido ser resueltos. Se sabe que quienes construyeron la ciudad lo hacían teniendo muy en cuenta la astronomía –como los mayas o los egipcios–, y que como aquellos, también, llegó un momento –se especula con que en torno al s. VII d. C. – en que su cultura se vino al traste.
Y es aquí donde encontramos los mayores misterios.
Porque los estudios revelan que fueron sus propios habitantes los que ocultaron, bajo toneladas de escombros, sus propias viviendas, templos y otros edificios públicos.
Desaparecieron de un día para otro, dejando para la posteridad imponentes pirámides como la del sol, o la de la luna, prácticamente intactas, sólo enterradas. Sin más.
No hay rastro de una lucha armada, o de un cataclismo de cualquier tipo. No hay cadáveres, y por tanto es de imaginar que los habitantes no murieron allí, si no que, de alguna manera, se fueron...
Es éste el gran misterio de Teotihuacán, pero no el único.
La lista sería inmensa, y estaría encabezada para la Serpiente Emplumada y su leyenda, que ya comentamos más atrás...
Sólo cuando podamos leer en sus paredes, sus decenas de glifos tallados en la roca, sus estelas, y lo que resultará quizá más revelador, sus coordenadas ocultas en las medidas, orientación y demás detalles de sus edificios, podremos, quizá, acercarnos a sus secretos.
Mientras tanto, tendremos que conformarnos con quedar asombrados ante su monumentalidad… Y admirar a los hombres –o lo que fuera– que la llevaron a cabo.

miércoles, 17 de abril de 2013

EL ENIGMA DE LA PIRÁMIDE DE CUICUILCO




Corría el año 1920. Manuel Gamio, arqueólogo, paseaba por un descampado próximo a la Ciudad de Méjico –hoy engullido por las fauces de la metrópoli–, cuando se percató de la existencia de una colina redondeada, cuya forma le pareció más bien artificial. Dos años después, las excavaciones realizadas por él mismo y otro arqueólogo norteamericano revelaban al mundo uno de los mayores enigmas del pasado americano: la pirámide de Cuiculco.
La pirámide de Cuicuilco, con sus 8.000 años de antigüedad, supone uno de los mayores
retos para la Arqueología moderna.

Se trata de una pirámide de base circular, cuya forma, escalonada, parece el intento de un pueblo antiguo por imitar a la naturaleza. Un montículo redondeado similar a una montaña, donde subirse y poder rendir tributo a las estrellas.
Para desenterrarlo, hubo que quitarle de encima toneladas y toneladas de lava seca que la cubría por completo, producto de una antigua erupción. Era fácil datarla si se sabía, al menos, cuando quedó sumergida por las piedras candentes y la ceniza. El resultado de los estudios dejó perplejos a los arqueólogos. Según los análisis, aquella lava había cubierto la pirámide hacia ocho mil años. ¡Ocho mil años!
Desde luego, era una fecha que descuadraba todas las teorías. Los esquemas de los historiadores y arqueólogos se vinieron abajo. Era imposible una construcción de ese tipo en una época tan lejana, y sin embargo… La geología decía lo que decía.
La pirámide, hoy, sigue siendo un misterio. Habla de un pueblo remoto, que ya estaba avanzado cuando en el resto del mundo, que se sepa, la humanidad se dedicaba a recolectar y a cazar animales, poco menos que como salvajes.
Por supuesto, la ciencia oficial ha ignorado este dato y llevado a cabo todo tipo de triquiñuelas para adaptar la pirámide a sus exigencias. No pueden silenciar, además de los datos geológicos, otras curiosidades como los enormes bloques de piedra que tuvieron que ser alzados para construir la base del edificio. O los enterramientos que, como sucedía en Europa en el Paleolítico, fueron hallados en torno a la pirámide.
¿El Cuicuilco una prueba más de contactos, en el pasado, entre Europa y América?
Como siempre, será cuestión de encontrar ciertas pruebas que plantar ante las narices de los más reacios a reconocer la realidad...

miércoles, 10 de abril de 2013

¿QUÉ OCURRE EN LA ZONA DEL SILENCIO?




En 1930, un piloto de aviones mejicano denunció la pérdida de señales de su radio durante un vuelo que realizaba sobre una pequeña zona desértica situada entre los estados de Durango, Chihuahua y Coahuila. Fue la primera vez que hubo constancia de anomalías en la zona, o eso, al menos, es lo que deberíamos creer de no ser demasiado perspicaces…
¿Qué ocurre en este misterioso lugar del norte de México?

Hablamos de uno de esos  lugares del mundo lleno de misterios. Misterios, en este caso, silenciosos, como silenciosa es la atmósfera que rodea este enigmático lugar.
Quienes lo han visitado coinciden en asegurar que se trata de un lugar muy raro. Y no es sólo que las radios allí sufran constantes interferencias. Las brújulas fallan y dejan de apuntar al norte magnético, las piedras que pueden encontrarse remiten a otros mundos. Hay constancia de mutaciones en animales y algunos tipos de plantas…
El primer caso registrado data de 1930, decimos, y de él proviene el nombre que se le dio al lugar. Pero muchos investigadores apuntan a siglos atrás, hacia las civilizaciones que crecieron al norte y al sur de la Zona del Silencio.
Los anasazi, al norte, y los mayas, al sur, fueron pueblos de enormemente desarrollados. Las ruinas de sus monumentos así lo atestiguan. Sus leyendas, sus mitologías, apuntaban a un origen celestial de sus miembros. Tanto mayas como anasasi veían en el cielo el lugar del que, en algún momento del pasado, habían llegado sus ancestros. Veneraban a dioses llegados del espacio, de aquel lugar mítico que veían cada noche, sobre sus cabezas, cuajado de estrellas… Se dedicaron a estudiarlas bien, a conocerlas a fondo. ¿O acaso las conocían ya sin necesidad de adquirir esos conocimientos?
¿Qué vínculos unieron en su momento a los anasazi o a los mayas
con los extraños fenómenos que desde siempre se han registrado en la Zona del Silencio?

El caso es que la Zona del Silencio ha sido tradicionalmente un lugar propicio para el avistamiento de objetos extraños no identificados. Hay quien ve en ella un lugar, como el Triángulo de las Bermudas o las pirámides de Gizeh (lugares con los que, casualmente, la Zona del Silencio está alineada en línea recta), de aterrizaje. El caso es que sí han aterrizado sobre ella, a tenor de los estudios geológicos del lugar, muchísimos meteoritos.
¿Qué hay en este lugar que lo hace tan especial? ¿Hasta qué punto ha influido en el desarrollo de culturas tan impresionantes como la maya o la anasazi?
A veces basta con tan sólo mirar sin prejuicio alguno…

lunes, 8 de abril de 2013

¿JUDÍOS EN LA AMÉRICA PRE COLOMBINA?




Es tanto lo que desconocemos del pasado del continente americano, que las teorías acerca de los orígenes de su población antes de la llegada de Colón, la antigüedad de estos pueblos y sus posibles conexiones en el pasado con gentes venidas de otros continentes, crecen y crecen sin parar.
La ciencia, que es lenta por naturaleza, se encuentra muchas veces maniatada ante teorías que la desafían y ponen delante de sus narices pruebas de cosas que parecen imposibles, pero que son muy difíciles de negar.
¿Estuvo América tan aislada del resto del mundo como nos quieren hacer creer?

En algún momento más adelante hablaremos del mítico viaje de Rata y Maui, que siglos antes del nacimiento de Cristo fueron capaces de llegar mucho más lejos de lo que hasta no hace demasiado se imaginaba uno que podían llegar, por mar, los hombres de la Antigüedad…
Se ha hablado de africanos en Centroamérica, de vikingos en las costas de Nueva Inglaterra, en Canadá, y hasta de templarios o chinos en el Caribe.
A muy pocos se les ha ocurrido pensar en el pueblo judío, el pueblo más viajero de todos, y paradójicamente –o no tanto–, el que posee una de las tradiciones más antiguas.
¿Pudieron llegar embarcaciones fenicias a las costas americanas? ¿Lo hicieron junto a ellos
 miembros del pueblo judío?

Entre ellos, Zecharia Sitchin, autor del ya mencionado en este blog Los reinos perdidos. Sitchin nos habla de las conexiones que, si se quiere, pueden encontrarse entre los antiguos pobladores de Judea y las grandes civilizaciones americanas. En la religión, el arte, conceptos filosóficos… Hasta en la fisionomía de algunas gentes del viejo continente representadas en bajorrelieves o cerámica.
Hay quien apunta a que podrían tratarse de descendientes de las diez tribus perdidas de Israel que menciona la Biblia. Otros, que algunos judíos podrían haber llegado a América en barcos fenicios. Un pueblo que tiene demostrada de sobre su habilidad, en el pasado, a bordo de un barco…
Si la ciencia no lo remedia pronto, seguirán saliendo pruebas de todas partes que contradigan sus preceptos clásicos.
Nos aguardan tiempos de muchas sorpresas…

miércoles, 3 de abril de 2013

PERCY FAWCETT Y LA CIUDAD PERDIDA DE Z


Vivimos en el mundo de Google Earth, de un planeta vigilado por satélites. Para conocer un lugar concreto ya no es necesario desplazarse hasta él; basta encender el ordenador y conectarse a Internet, escribir las coordenadas y esperar a que en la pantalla aparezca una imagen tomada desde el aire; la mayoría de las veces tan nítida como si nos encontrásemos unos pocos metros por encima.
Da igual lo lejos que esté el lugar que buscamos; lo remoto que se encuentre. Uno puede explorar hoy en día desde el sillón de su casa, y convertirse en un observador de primera de las maravillas que encierra nuestro planeta.
Pero hubo un tiempo en que no era tan fácil. Para llegar al fin del mundo había que navegar, o caminar, hacia él. Escalar montañas imposibles, adentrarse en lo más profundo de la selva. Los descubrimientos eran cosa de tipos duros, capaces de soportar los más extremos climas, las más severas condiciones de supervivencia.
Este era el caso de Percy Fawcett, británico y explorador de profesión, que se dejó el pellejo en la selva del Amazonas; en busca del Dorado.
Percy Fawcett (1867-¿?) fue quizá el último gran aventurero.

La leyenda de El Dorado y de ciudades míticas en las que abundaba el oro y la riqueza –una especie de Jardín del Edén real, que podía encontrarse–, había fascinado ya a todo tipo de aventureros desde la época del Descubrimiento. Los nativos americanos hablaban a los recién llegados de las maravillas de este lugar, cuya localización era todo un misterio. Siglos después de las aventuras de Pizarro, Orellana y otros, lo intrincado de la selva amazónica, los misterios que encerraba todavía para el hombre de principios del s. XX, sedujeron también a Fawcett.
El tipo se obsesionó tanto, que empeñó todo lo que tenía –incluida su vida– por encontrar la ciudad mítica del Amazonas, que él llamó enigmáticamente “Z”. Se apoyó en las leyendas de las tribus que vivían bajo la espesura del bosque tropical, pero también en observaciones hechas por los conquistadores –a través de algunos relatos y un curioso manuscrito que en la actualidad se conserva en un museo brasileño, y en algunas de las pruebas que fue encontrando en sus varias expediciones a la zona.
Fawcett murió intentando encontrar El Dorado. Nunca se supo qué había ocurrido con él y con quienes le acompañaban en su última expedición. Durante mucho tiempo se le creyó un loco, y numerosas leyendas contribuyeron a que tanto él como quienes le creyeron quedaran al margen de la historia “oficial”.
Recientemente, tal y como recoge el libro 1491, una nueva historia de las américas antes de Colón, de Charles C. Mann, los arqueólogos comienzan a encontrar pruebas de que quizá Fawcett, y otros que pensaban como él, no estaban tan locos. La posibilidad de una civilización perdida en lo más profundo de la selva es ya factible. Están apareciendo restos de ciudades, de edificios importantes, que corroboran las sospechas del explorador.
La ciudad de Z, por la que Fawcett dio su vida, podría ser, finalmente, una realidad...

América, ya se ha dicho por aquí, sigue siendo el continente más misterioso.
Y espíritus como el de Fawcett tendrán que seguir apareciendo para continuar allí donde Google Earth se queda corto… 

domingo, 24 de marzo de 2013

MÁS MISTERIOS EN TORNO A LOS OLMECAS




Se ha hablado mucho sobre el origen del pueblo olmeca, y de la posibilidad de que se tratara de un pueblo llegado de África. No hay duda de que los rasgos africanos que uno percibe en los grandes colosos de piedra es lo que más llama la atención cuando uno se acerca a esta cultura, pero no es el único misterio, desde luego, que aún no ha sido resuelto.
Los investigadores siguen preguntándose cómo fueron capaces los olmecas de transportar
las grandes rocas talladas hasta sus emplazamientos finales. 

Como en la isla de Pascua, nos encontramos en la cultura olmeca un gusto por la talla de grandes rocas que han sido desplazadas varios kilómetros desde su emplazamiento original. Como ocurre con los moáis, se sabe que los constructores no disponían de herramientas de hierro u otros metales, y tuvieron que realizar las tallas –se supone–, con instrumentos de piedra. Es difícil imaginar una factura tan correcta como la que presentan los colosos olmecas, empleando herramientas tan sencillas. El trabajo, dicen los expertos, debería ser costoso y complicado. Las estatuas están muy bien hechas; son todas diferentes, con rasgos diferenciados y muy muy expresivos. Componen, junto a otras de menor tamaño una colección que delata a un pueblo muy sensible y, desde luego, con mucha habilidad y mucho tiempo libre. 
Los rostros y figuras tallados por los olmecas en roca, hueso, madera o jade
sorprenden todos por su excelente factura y la expresividad que presentan, sobre todo, los rostros.

Luego está el problema del transporte al que aludíamos antes. Las estatuas fueron encontradas en un terreno pantanoso en el que es difícil hallar rocas tan enormes. Según los investigadores, los olmecas trajeron hasta allí las rocas procedentes de otros lugares. Cómo lo hicieron sigue siendo un misterio. No se han encontrado en la zona vestigios arqueológicos que den alguna explicación razonable. Ninguna herramienta, ningún vestigio del sistema de transporte empleado. Hay quien habla de raíles hechos con troncos; de transporte por agua, a través de balsas.
La respuesta sigue en el aire, igual que en la isla de Pascua.
Poco más que lo que sugieren los rostros que representan las estatuas. Eso y algunas curiosidades más, como el hallazgo de varias estatuillas de madera, hueso y jade, junto a cuerpos de bebés no natos o recién nacidos, que según algunos supondrían la primera evidencia de sacrificios humanos en el continente americano. ¿La evidencia, también, de que aquél pueblo misterioso es el que da origen a otras grandes civilizaciones del continente?
La arqueología tiene aún mucho trabajo por delante…


jueves, 28 de febrero de 2013

EL MANUSCRITO VOYNICH




La magnífica biblioteca de la Universidad de Yale, en EE.UU., acoge una extraordinaria colección de libros raros, cada uno de los cuales podría protagonizar perfectamente una novela tipo El club Dumas o así. (No en vano, es la universidad en que trabaja Indiana Jones). Entre todos ellos, considerado algo así como la joya de la corona, se encuentra el enigmático Manuscrito Voynich.
A primera vista, el Manuscrito Voynich parece un manual de farmacopea.

Según los expertos, parece tratarse simplemente de un libro sobre farmacopea. Las pruebas del Carbono 14 lo datan hacia la primera mitad del s. XV, y los dibujos que incluye parecen estar dedicados a plantas y flores, en su mayor parte.
Sin embargo, está escrito en un idioma totalmente desconocido, cuya traducción resulta del todo imposible. Se ha especulado con que pudiera haber sido elaborado con algún tipo de código, o incluso que podría tratarse de una simple broma, pero los lingüistas han rechazado de plano esta posibilidad.
Las especulaciones en torno a él, por tanto, son innumerables. Se habla de alquimia, de saberes ocultos que sobrepasan cualquier imaginación. Se atribuye su autoría a Roger Bacon, al famoso oscurantista John Dee, e incluso a magos de la Alta Edad Media que pudieron –en base a algunos de los dibujos que incluye el libro– conocer la existencia de América antes de la llegada de Colón, o incluso de la energía nuclear.
Los extraños dibujos que acompañan a los textos
hacen plantearse todo tipo de teorías acerca de su significado

El caso es que el libro es un completo misterio, y no parece que haya esperanza de poderlo descifrar de momento. Se han probado todo tipo de métodos, sin obtener jamás resultados convincentes. Ni los prestigiosos descifradores de códigos de la II Guerra Mundial pudieron sacar nada en claro. Una de las teorías más aceptadas –y no por ello menos enigmática– podría ser que el autor del libro fuera algún personaje llegado del extremo oriente, que escribiera el libro en su lengua materna, aunque con un alfabeto inventado. ¿Para qué? Quizá sólo para ocultar su saber a los profanos.
Un saber demasiado valioso, que sigue, como otros grandes misterios, a la vista de todos y a la vez oculto…

lunes, 11 de febrero de 2013

EL ENIGMA DE LAS ESFERAS DE COSTA RICA




Dice J.J. Benítez, y con razón, que es este uno de los misterios que más difícil se lo ha puesto a la arqueología. Se suele despachar como algo que meramente sirvió, en el pasado, para algún tipo de ritual religioso, pero son estos objetos tan impresionantes, tan extraños y llamativos, que la imaginación enseguida se dispara.

Las esferas de Costa Rica: uno de los mayores enigmas del pasado...


Hay constancia de ellas desde la llegada de los conquistadores. Las crónicas relatan la existencia de las esferas, aunque sin demasiada emoción. No fue hasta mucho más tarde, 1939, cuando comenzaron a investigarse seriamente.
Según los investigadores, es una pena que, desde su último descubrimiento, la mayoría hayan sido movidas de sus emplazamientos originales. Son muchos los que creen que en el alineamiento de estas esferas –de todos los tamaños, desde los diez, o los doce centímetros, hasta los tres metros de diámetro– hay un mensaje oculto. El mismo Benítez, tomando las teorías de algunos, habla de posibles mapas de navegación, que llevan desde la selva costarricense hasta lugares lejanos y místicos como la isla de Pascua o Asia Menor.
Es un enigma, y por tanto, habrá que dejar que la Arqueología haga su trabajo.
Sólo un apunte, tomado de Los anales sur americanos, de Pizarro: «Escuchéque los altos señores de este imperio [Perú] se reúnen cada cuatro años en elPaís de las Bolas, donde al parecer reciben consejos de grandes sabios». No se han encontrado esferas en Perú, pero sí en lugares como Méjico, Guatemala o Brasil... y otros tan lejanos como Bosnia, donde además, también, existen -aunque muchos no lo sepan-, pirámides.
¡Sí! ¡Pirámides en Europa!

jueves, 7 de febrero de 2013

AMÉRICA: EL CONTINENTE MÁS MISTERIOSO




Hasta no hace mucho, la ciencia trataba de explicar el origen de los americanos hablando de una migración procedente de Asia a través del estrecho de Bering. Era lo más lógico, teniendo en cuenta las pruebas. Aquel estrecho habría sido en su momento accesible a pie; en el adn de los pueblos del Nuevo Continente hay huellas de un pasado asiático... Todo, o casi todo, parecía ir en esa dirección. No había nada que discutir. ¿O sí?
El origen de los antiguos pobladores de América sigue siendo aún hoy un misterio.

La arqueología, enemiga de cerrazones y escepticismos, lleva un tiempo peleándose con esta teoría. Hay investigadores que hablan de pobladores ancestrales que ya andaban por allí antes de la presunta migración. Algunos plantean la posibilidad de una migración, también desde Asia, pero por el sur, esto es, por una supuesta placa de hielo que se habría extendido al norte de la Antártida… Pero esto es aún más difícil de creer.               
Otros, más osados, hablan de migraciones por mar.
Es una posibilidad que ha sido negada constantemente, pero que cada vez gana más fuerza. Ya hablamos en su día de Thor Heyerdahl, un verdadero empirista, se diga lo que se diga. Y de los olmecas, y sus cabezas –y otros objetos más pequeños pero igual de impresionantes– que representaban gente de aspecto africano. Hay un libro, de un tal Zecharia Sitchin, que ofrece una nueva posibilidad: en América hubo, antes de Colón, gentes procedentes de Oriente Medio.

Se trata del libro Los reinos perdidos, que ofrece numerosas pruebas para ilustrar esta idea. Tal y como se relata en él, existen en diversas culturas precolombinas representaciones plásticas –en glifos, estatuillas, jeroglíficos– de gentes que presentan rasgos semíticos. Gentes de barba abundante, de ropajes similares a los de los fenicios, que siempre o casi siempre son referidos como dioses, o de seres venidos de otros mundos. Que llegaron en un momento del pasado y luego se marcharon. Hay también elementos culturales en estas tradiciones americanas que, según Zecharia Sitchin, sólo encuentran explicación en alguna especie de contacto con tradiciones de fuera del continente. Determinados conocimientos astronómicos, matemáticos, y de leyendas, que coinciden asombrosamente con los que se dieron en Sumeria, Mesopotamia, o Egipto. Leyendas que aparecen reflejadas en la Biblia, por ejemplo, o determinados mitos demasiado coincidentes.
Por no hablar de las pirámides, claro, o de la costumbre de momificar a los muertos. Caín y Abel, el mito del Diluvio…
Parece haber demasiadas semejanzas; un mensaje oculto y enigmático que todavía necesita un empujón. El que le dé la Arqueología, futura protagonista de este interesante dilema.

martes, 29 de enero de 2013

LOS TOLTECAS Y EL ENIGMA DE “EL DORADO”



Los primeros españoles que pisaban el Nuevo Mundo lo hacían borrachos de leyendas sobre el oro, un metal que en la vieja Europa era sinónimo de riqueza, y que el América parecía tener un significado un poco más ambiguo. Los pueblos que iban encontrando lo utilizaban para fabricarse joyas y objetos ceremoniales, pero no lo utilizaban como moneda. Sin embargo, le daban un origen divino, y lo reverenciaban como un don otorgado por los dioses.

Algunos aztecas temieron, al ver a Cortés, estar ante su temido Qetzalcóatl o "serpiente emplumada", dios de su mitología relacionado con el origen del oro. En las leyendas, se le solía representar con barba, casco y la tez blanca...

Hernán Cortés se volvió loco preguntando a Moctezuma de dónde salía el oro que había en sus ciudades. El líder azteca le aseguraba que todo lo que su pueblo sabía sobre este metal procedía de los toltecas, un pueblo que había existido varios siglos antes y que había desaparecido. Al preguntar de dónde lo habían aprendido los toltecas, la respuesta era simplemente, de los dioses.
La arqueología no ha podido encontrar, efectivamente, evidencias de una actividad minera importante entre los aztecas o los mayas, otros descendientes de los toltecas. Sí, tal y como se desprende de las crónicas de los conquistadores, de una actividad que se desarrollaba junto a los ríos, y que es similar a las prácticas que se desarrollaban en el lejano oeste durante la fiebre del oro.
¿Cómo explicaban los americanos nativos el origen del oro?
Al parecer, según sus leyendas, eran restos de sus excreciones, de sus lágrimas arrojadas a la tierra. Ellos se afanaban en recogerlas para elaborar objetos que después dedicaban a los dioses. De alguna forma, les devolvían lo que era suyo.
Sin embargo, según algunos investigadores las cantidades de oro que salieron de América hacia el Viejo Continente no cuadran con lo que se entiende por una recogida marginal de oro en las riberas de los ríos. Hay quien apunta a que los conquistadores nunca llegaron a conocer un secreto que estaría detrás del oro que aquellos pueblos manejaban.
El origen del conocimiento de la minería por parte de estos pueblos sigue siendo un enigma, como lo es El Dorado. ¿Alguna vez llegará a conocerse?
Quizá en los toltecas, y en su misterioso origen, pueda hallarse la respuesta. 

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