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jueves, 11 de julio de 2019

EL FUERTE TEMPLARIO DE LA PATAGONIA



¿Templarios en Argentina? Sí, habéis escuchado bien. Es una teoría controvertida, muy bizarra, pero que tiene su fundamento en diversas leyendas y algún que otro vestigio arqueológico; también en la imaginación desbocada (y muy inspirada, para nuestro gusto) de ciertos investigadores que han querido tomarse esta hipótesis muy en serio…


¿Formación o antiguo fuerte templario en América? Los misterios del conocido como
"fuerte abandonado argentino" siguen en pie...
(Foto de Marie M / Licencia cc-by)
Que los templarios anduvieron por América es algo de lo que hemos hablado por este mismo blog hace ya algunos años. Se dice que conocían el continente mucho antes que Colón y que fue gracias a este saber secreto que el genovés (o catalán, o mallorquín, o siguiendo las teorías de nuestro padre Ventura, toledano) logró descubrirlo. Quienes defienden esta teoría ponen el acento en el puerto de la Rochelle que los templarios mantenían en aguas atlánticas ‒que no mediterráneas, que era lo que se les habría supuesto más práctico para sus intereses en Tierra Santa‒ y la supuesta riqueza que generaron en tan poco tiempo, y que podría haber tenido su origen en la explotación de minas de plata en América.
La conexión argentina entronca con la leyenda de la Ciudad de los Césares.  Es un mito escurridizo, que parece tener su origen en la época de la conquista española, y que llevó a muchos exploradores a tratar de encontrar una de esas ciudades cuajadas de riquezas que parecían sugerir las leyendas indígenas, y que se situaba en algún punto entre los Andes y la Patagonia...
Es ahí, en la Patagonia, donde algunos de los investigadores modernos sitúan una de las posibles ubicaciones de esta Ciudad de los Césares. O de alguna de ellas, porque se presume que había varias. Está en una altiplanicie muy curiosa, de origen natural (presuntamente) situada al sur de la ciudad de San Antonio Oeste, en la provincia de Río Negro, en Argentina. Decimos que es presuntamente natural porque para muchos se trata de las ruinas de un fuerte, construido en los tiempos previos a Colón, y cuya silueta magnífica destaca sobre la llanura desértica que lo rodea. Tiene 153 metros de altura; se presume que en el pasado pudo constituir una isla ‒una especie de islote en la desembocadura antigua del Río Negro‒, y está horadado de cuevas, y de secretos, con una vista panorámica hacia el mar.
Para quienes defienden la presencia templaria en estas tierras, no cabe duda de que debió ser una plaza fuerte de aquella orden medieval en América. El lugar, habitado posiblemente desde muy atrás en el tiempo ‒se han encontrado restos de tres mil años de antigüedad‒, era considerado por los mapuches como una de las ubicaciones de un extraño pueblo de hombres blancos recelosos, que huían del trato con el resto de poblaciones aborígenes.

El mapa de Víctor Martin de Moussy, de 1859, que muestra la ubicación
de aquel Antiguo Fuerte Abandonado...

Existe un mapa, elaborado por un francés que había sido contratado por el gobierno argentino en 1859, en el que se sitúa en este mismo punto un misterioso «Antiguo Fuerte Abandonado», lo que lleva a deducir que todavía en aquella época podía existir el recuerdo de alguna ruina, algún vestigio que desde luego hoy ha desaparecido por completo.
Todo lo que quedan son elucubraciones, pequeñas pistas diseminadas aquí y allá. Dicen que en las laderas de la meseta que compone el fuerte hay piedras de gran tamaño que parecen ser los restos de murallas artificiales, construidas por el hombre en lo que bien podría haber sido una especie de ensenada gigantesca construida para el refugio de barcos. A unos setenta kilómetros del fuerte, en otro yacimiento curioso, lleno de enigmas, fueron encontrados extraños objetos como una piedra con una cruz muy parecida a la que usaban como emblema los caballeros templarios, y un extraño tótem en el que algunos han querido ver también reminiscencias del esoterismo de aquella orden.
Por supuesto, hay quien vincula todo esto al deseo de los nostálgicos del nazismo y la supremacía blanca de hallar pruebas que justifiquen sus desvaríos raciales, aquellas ideas siniestras que en el pasado provocaron tanto sufrimiento y tantos crímenes en nombre de la pseudociencia. Hemos de decir que también existen conexiones que llevan a relacionar a esos misteriosos pueblos blancos ‒que también se dan en otras muchas leyendas de los nativos americanos de otras latitudes‒ con las tribus perdidas de Israel, con alguna antigua expedición de frailes irlandeses, o con los vikingos, o incluso con los fenicios, otro clásico de los antiguos viajes atlánticos. Son todas teorías a tener en cuenta ‒aunque a veces a sus teóricos se les vayan de la mano los argumentos, por puro entusiasmo o vaya usted a saber qué‒, y que en un contexto como el pasado americano, tan lleno de incógnitas, y donde nada se puede dar por sabido, añaden color, cierta fragancia de aventura, esa licencia necesaria para que el interés del espectador se mantenga vivo. Lo mismo que los fenómenos misteriosos que, dicen, se producen frecuentemente en torno a ese supuesto fuerte del que hemos estado hablando. Ovnis, extrañas luces en el cielo, e incluso fenómenos forteanos de los que existen algunos testigos. ¿Algo relacionado, quizá, con el hecho de que el gobierno argentino eligiera esa ubicación para sus pruebas militares? Puede ser, quién sabe. Si les pilla cerca, si andan ustedes por esas latitudes ‒dicen que esa parte de la Argentina es de una belleza inmensa‒ tienen la ocasión de visitar el lugar por medio de tours organizados. Con asado de carne incluido, brindis final, y la entrega de lo que llaman un «diploma templario»…

jueves, 23 de febrero de 2017

EL SANTO GRIAL EN ISLANDIA: TEMPLARIOS, DANTE, BOTTICELLI Y DA VINCI EN EL HIELO


por Marcus Polvoranca

Estos días, releyendo a Julio Verne y su Viaje al centro de la Tierra, me llega por otro lado ‒a través de una de esas sincronicidades que, digan lo que digan, tutelan de alguna manera nuestro destino‒ una información que no me resisto a seguir y comentar y que, de una manera bastante sugerente, ligan la tierra que protagoniza el relato de Verne ‒Islandia‒, el renacimiento artístico italiano, y la reliquia ocultista más buscada de todos los tiempos...

lunes, 23 de marzo de 2015

EL CÍRCULO DE HERMES: TEMPLARIOS, DESMONTANDO UN MITO


Seguro que habrá polémica, seguro. Un fenómeno histórico como los templarios siempre la provoca. En este caso, lo que os presentamos es una entrevista en la que la escritora Marisa Azuara, experta en historia medieval, concedió en su momento al programa El círculo de Hermes, dirigido y presentado por Jesús Pertierra, para intentar desmontar algunos de los mitos y leyendas que, en base a sus estudios, han estado propagándose en los últimos tiempos sobre la que fue (y seguirá siendo) la orden de caballería más llena de misterios y enigmas de la historia. No perdérselo.


viernes, 7 de noviembre de 2014

EL PADRE VENTURA Y LA GRAN PIRÁMIDE INVERTIDA DE TOLEDO



La primera vez que oí hablar del padre Ventura fue leyendo un libro de Juan Eslava Galán [1] sobre los templarios y otros enigmas medievales. En el apartado sobre la cueva de Hércules, el mítico lugar subterráneo de la ciudad de Toledo donde se dice que permanecen escondidos tesoros míticos como el Grial, o la Mesa de Salomón, se hacía referencia a un “excéntrico sacerdote toledano” que, en 1929, había bajado a la cueva para tratar de demostrar que el lugar, “en su origen”, había sido nada más ni nada menos que “un templo asirio-fenicio”.
Aquello fue suficiente como para llamar mi atención. Enseguida me vino a la mente la historia sobre el sacerdote de Rennes-le-Château y quise saber más. Resultó que el de Toledo había sido bastante popular en su tiempo, que había publicado numerosos libros de todo tipo y que había mantenido sonadas polémicas con sus contemporáneos, centradas en su mayoría en sus controvertidas teorías sobre la ciudad imperial y su historia. Afirmaba, por ejemplo, que Cristóbal Colón había nacido en aquella ciudad. O que había logrado, gracias a sus investigaciones, identificar la casa en la que había vivido Cervantes. También dijo haber localizado las basílicas en las que había tenido lugar, en tiempos de los visigodos, un famoso concilio, y haber podido averiguar, por fin, los nombres y apellidos de todos y cada uno de los personajes que aparecen en el famoso y enigmático lienzo de El Greco, “El entierro del conde de Orgaz”.
Ventura F. López, que así se llamaba –aunque solía utilizar varios seudónimos en sus escritos, tan sonoros como Venzel Prouta– había logrado encandilarme. Sentí enseguida la necesidad de revivirle, como un personaje de novela al que poco había que añadir al hilo de lo que habían dicho de él quienes le habían conocido, y de lo que reflejaba su propia obra. Lo imaginé como un Indiana Jones a la española, con ese algo de Quijote tragicómico en lucha contra una realidad algo tosca, y aburrida, que él llena de encanto, fantasía y leyenda, ayudándose de los recursos que ofrecía, y sigue ofreciendo, una ciudad como Toledo.
Creo que el resultado es bastante digno, y a mí, por lo menos, me ha divertido mucho el proceso. He querido reflejar en la novela ese ambiente mágico que la ciudad genera en las noches frías de invierno, con las callejas solitarias y silenciosas cubiertas de niebla, dejándome llevar por ese carácter que creo que pone en común la personalidad del padre Ventura con la de la mayoría de los aficionados al misterio, y que no es otro que el afán por conocer la verdad atravesando siempre el camino más angosto y difícil, haciendo de él un fin en sí mismo.
¿Qué les parece? ¿Les apetece la propuesta? Pues entonces, adelante, pero eso sí: tengan en cuenta que muchas veces son los locos los únicos que tienen razón, y que no es un buen proceder dejarse llevar por las apariencias...


por Marcus Polvoranca



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 [1] Eslava Galán, Juan, Los templarios y otros enigmas medievales, Editorial Planeta 2004

martes, 1 de julio de 2014

EL PRESTE JUAN, CIENCIA FICCIÓN MEDIEVAL



En el siglo XII, Europa entera miraba a Oriente con una mezcla de recelo y fascinación. Era la Europa de las Cruzadas, la Europa que iba saliendo de sí misma y a la que la expansión económica forzaba a buscar nuevas rutas, nuevos territorios, y también nuevas leyendas.

La leyenda del Preste Juan mantuvo fascinada a la Europa de entre los siglos XII Y XVII
Hacia 1145, ya circulaban desde hacía tiempo rumores sobre la existencia de un mítico reino más allá de Tierra Santa; un lugar dedicado a la fe en Cristo que permanecía sitiado por sarracenos y otros infieles, donde no existía la pobreza, ni el crimen, y que estaba comandado por un rey poderoso, e invencible, al estilo del rey Salomón y otros legendarios mandatarios de la Antigüedad como Alejandro Magno.
Este rey, llamado Preste Juan en una crónica de ese mismo año, habría logrado, según algunos testimonios, importantes victorias sobre los musulmanes en un territorio más allá de Armenia, y Persia, y habría tratado (según los mismos cronistas) alcanzar sin éxito Jerusalén.
Esto, claro está, era precisamente lo que los oídos de los Cruzados querían escuchar por aquel entonces: la existencia de un aliado capaz de acorralar al enemigo infiel por el otro lado, desde aquel lejano y misterioso Oriente que apenas conocían.
Y la idea, la esperanza, fue creciendo entre ellos, y sobre todo entre quienes les esperaban en casa. Los datos fueron aumentando y aquel mítico reino –creado a partir de hechos históricos, aunque ampliados y deformados– fue llenándose de maravillas de cuento: artilugios fantásticos –como un gran espejo que recuerda a algunas imágenes que se tienen de la Mesa de Salomón–, animales de bestiarios imposibles, hombres capaces de vivir doscientos años…
En 1165 ya circulaba por Europa una carta que aquel monarca habría dirigido al emperador bizantino, en la que se incluían varias peticiones al Papa y la relación de maravillas y otros detalles de su extenso reino, que decía que se extendía hasta la India.
La leyenda motivó, dicen, que el papa Alejandro III enviara una carta a dicho monarca, en una expedición de la que luego nunca más se supo.
El mito siguió evolucionando hasta ser confundido, en el siglo XIII, con el mismísimo Gengis Khan. Aparecería en los escritos de Marco Polo y otros viajeros, y avanzaría para pasar de la zona del Cáucaso, o la India, a Etiopía, donde sí que había antiguos cristianos, y existía la posibilidad de mezclar aquella leyenda con otras como la del Santo Grial o el Arca de la Alianza.
¿Había algún fin oculto y misterioso en el afán explorador de los portugueses?
¿Estaban detrás de los viajes de Vasco de Gama, o de los promovidos por Enrique el Navegante,
los mismísimos templarios?

Dicen autores como Graham Hancock que es ahí, en Etiopía, donde el mito de Preste Juan más posibilidades tiene de ganar la partida entre la realidad y la pura fantasía. Hablan de los templarios, y de cómo sus sucesores, las órdenes militares que siguieron activas en Escocia, o Portugal, mantuvieron siempre un gran interés por aquel lugar, quizá convencidos de la conexión entre la leyenda de aquel reino magnífico y las reliquias más sagradas del cristianismo.
Quizá por ello, algunos de sus enviados a Ultramar, como el navegante Vasco de Gama, llevaban consigo cartas para el mítico monarca.
O reyes muy vinculados a estas órdenes, como el misterioso Enrique el Navegante de Portugal, quisieron llevar tan en secreto los nuevos descubrimientos, encaminados hacia ese Oriente misterioso, territorio tradicionalmente asociado al Preste Juan.

martes, 18 de junio de 2013

LAS VÍRGENES NEGRAS

El culto a la Virgen es uno de los mayores éxitos de marketing de la Iglesia Católica. Fue en el pasado, hasta más allá de la Edad Media, cuando los obispos tenían como prioridad la evangelización y, al contrario que ahora, transigían ciertas mutaciones y amoldamientos de sus creencias para aumentar el número de fieles que acudían a sus iglesias.
Las Vírgenes Negras habrían venido a sustituir, en el imaginario popular,
a las antiguas deidades femeninas de los cultos lunares...

Cuando el cristianismo llegó a Europa, se encontró un continente lleno de cultos que técnicamente suelen tacharse de paganos. Eran cultos antiquísimos, en su mayoría de carácter lunar (por contraposición a cultos "solares", como el judaísmo), donde la mujer tenía un papel central, por cuestiones muy largas de tratar, pero que tenían su razón de ser en la agricultura.
Sus fieles adoraban ídolos que podían ser de piedra, o de madera, y que tenían sus templos en lugares que desde tiempos remotos habían sido situados en puntos estratégicos desde el punto de vista telúrico.
Los evangelizadores se hallaban ante un gran reto si querían que los futuros fieles abandonaran estos cultos.
Aunque consiguieron cristianizar, durante siglos siguieron adorándose estos ídolos femeninos. Las ceremonias, oficialmente cristianas, conservaban elementos de los cultos antiguos, ya fuera manteniendo fechas, rezos, rituales, y en muchos casos, el propio ídolo-objeto.
En algunos casos se procedió a convertir esas figuras de piedra, o de otros materiales (incluso procedente del espacio exterior, en forma de meteoritos), en vírgenes.
En otros casos, los antiguos ídolos fueron destruidos.
Hay testimonios escritos de casos concretos, con obispos y curas conspirando para ocultar y ahogar en el olvido el culto popular.
Todavía hoy perviven, pese a todo. Antropólogos, historiadores y estudiosos del folklore lo corroboran en numerosos ensayos. 
Es un apasionante ámbito de estudio, que enlaza directamente con el misterio.
Y es que los templarios, los enigmáticos templarios, siguieron muy de cerca a estas Vírgenes Negras o ídolos ancestrales. Impulsaron su culto bajo la nueva estética apostólica-romana, pero sin perder de vista los viejos modos y creencias.
Que en la península Ibérica, quizá uno de los asentamientos humanos más antiguos del planeta, puede hallarse, todavía hoy, por todas partes...

jueves, 13 de junio de 2013

EL ENIGMA DEL NÚMERO ÁUREO



Todo buen aficionado al misterio y a los enigmas de la historia ha oído hablar alguna vez de este número, también referido frecuentemente como proporción.
Para los matemáticos no es más que una regla que aparece en la naturaleza y que establece cierta relación entre dos rectas, pero para quien está dispuesto a ir más allá –como, por otra parte, hicieron genios como Leonardo Da Vinci–, el número áureo adquiere categoría de mágico, repleto de un sentido que se nos escapa, aunque esté por todas partes.
¿Qué pretendían artistas de la talla de Leonardo Da Vinci con la aplicación,
en sus obras, del número áureo? ¿Era una mera técnica estética, o encerraba alguna especie de mensaje cifrado?

El primero que se percató de su existencia fue el griego Euclides, que lo definió y estableció su fórmula. Luego, el número sería retomado por los renacentistas, que aplicarían sus mágicas proporciones a sus obras.  
Durero, el ya mencionado Da Vinci, Miguel Ángel… Todos, casi de forma obsesiva, intentaron que aquella proporción estuviera representada en sus cuadros (como la Mona Lisa) o sus esculturas (el David de Miguel Ángel), ya fuera para procurarles una armonía natural y hacerlas más perfectas visualmente, o para otorgarles un sentido esotérico, convertirlas en portadoras de un mensaje oculto al profano, de comunicación directa con Dios…
También la arquitectura sucumbió al poder mágico de este número.
Ya fuera por casualidad –como dijimos, el número y la proporción áurea se encuentra en todas partes, allá donde miremos–, o por empeño místico de sus creadores, encontramos el rastro de esta cifra divina en obras y monumentos de todos los tiempos. Las pirámides de Egipto, las catedrales góticas, las más modernas construcciones de Eiffel, en París…
Y en España, claro.
De entre las más curiosas, la catedral de Jaén, famosa en los últimos tiempos por su presunta relación con la lápida de Arjona y la búsqueda de la Mesa de Salomón. Su arquitecto, Andrés de Valdevira, fue un iniciado, se supone, en el saber perdido de los templarios y, fuera de toda duda, erigió, en el centro mismo de la península, un templo renacentista de proporciones áureas, que muchos interpretan como un Templo de Salomón ibérico.
¿Quizá con la intención de que no desmereciera junto a la reliquia que albergaban sus subterráneos?

Sólo el conocimiento y desciframiento de esos códigos naturales (¿divinos?) nos permitirá acceder a esa verdad que, de momento, se nos escapa.

jueves, 30 de mayo de 2013

LA TORRE DE PALENQUE



De todos los monumentos mayas, la torre del palacio de Palenque, en Méjico, es quizá uno de los menos llamativos. Sólo a simple vista, precisamente por su aspecto nada exótico, y por estar rodeada de otros monumentos que han llamado la atención de expertos y público en general desde su descubrimiento, entre montañas de roca, tierra y, montañas de escombros.
Como el campanario de una iglesia románica, la torre de Palenque aguarda al visitante
 entre la maleza de la selva de Chiapas

(foto Flickr)

La torre se alza orgullosa desde su base en el palacio que antaño ocuparon los mandatarios de la ciudad. De planta cuadrada, rematada en un tejado a cuatro aguas, nada parece tener que ver con las pirámides que fueron erigidas a su alrededor.
Para unos fue un lugar de uso defensivo, mientras que para otros se trataba de un lugar para realizar diversos cultos.
Una imagen que muestre sólo la torre, aislada del resto del conjunto arquitectónico, podría confundir al profano.
¿Quién no se equivocaría y situaría el monumento en China, por ejemplo, o en algún lugar de la Toscana?
Porque los enigmas de la torre que planteamos se centran en su forma, tan distinta a todo lo que sabemos de los mayas.
Fue, probablemente, la única de sus características que construyó este maravilloso pueblo. Rascándonos la cabeza podemos empezar a imaginar, y a recordar a los autores que defienden contactos precolombinos entre América y otras partes del mundo.
¿Chinos? ¿Templarios?
Para que nadie empiece a ponerse nervioso, remitiremos, simplemente, a las imágenes que miles de cámaras han tomado en el lugar y que pueden encontrarse en libros, vídeos o Internet. Que cada cual observe, llegue a sus propias conclusiones. Recordaremos que los enigmas siguen siendo muchos, y que esto sólo es una teoría que lanza un simple amante del misterio, que estuvo allí y que allí, también, se vio sorprendido por esta idea tan alocada, aunque tan sugerente...

martes, 5 de marzo de 2013

LOS DOCE APÓSTOLES Y LA MESA DE SALOMÓN




Cuenta la leyenda que existía en España, a principios del s. XX, una orden hermética de aficionados al esoterismo que se había empeñado en encontrar la Mesa de Salomón. Se hacían llamar Los Doce Apóstoles, y estaban liderados por un personaje algo excéntrico, llamado Fernando Ruano Prieto, que era además barón de Velasco.

¿Es posible que líneas como éstas, pura geometría abstracta, puedan revelar el verdadero nombre de Dios?

El tal barón pertenecía a una familia muy rica y conocida de Arjona (Jaén), ciudad en la que vivía y en la que llegó a construirse un palacio lleno de lujos y excesos decadentes, oriental y barroco, que incluía una cripta rica en mármoles y mosaicos bizantinos que quedaría después parcialmente destruida al inicio de la Guerra Civil.
Por lo que se dice, la orden, de estilo neotemplario, tenía conexiones con logias de toda Europa. Estaba formada por jóvenes ricos y ociosos que se divertían jugando a ser magos. Les gustaba la cábala, las leyendas bíblicas, y creían a pies juntillas las crónicas árabes que situaban la Mesa de Salomón en la Península Ibérica. En concreto, en algún punto de Jaén, a donde habría ido a parar tras un periplo algo agitado entre la Roma saqueada por los godos y Toledo, desde donde habría salido, junto a otras riquezas de oro y piedras preciosas, con la invasión árabe.

Según se afirma, la orden liderada por el barón de Velasco podría haber encontrado la Mesa, y haber elaborado después, inspirándose en ella, una serie de lápidas con figuras geométricas que contendrían de alguna forma el Shem Shemaforash, esto es, el nombre de Dios según la tradición hebrea. Un secreto que, tras ser descifrado, otorgaría a su poseedor un poder inmenso.
Una de esas lápidas puede contemplarse en la actualidad en Arjona, en el palacio del barón. Sobre ella han escrito mucho Juan Eslava Galán y Álvaro Rendón Gómez, autores de La lápida templaria descifrada. ¿Será posible que dicha lápida encierre un secreto tan enorme? ¿Habrá que esperar mucho hasta que alguien logre descifrarla? Esperemos que, en tal caso, quede en buenas manos y no se cumplan las leyendas más pesimistas...

miércoles, 20 de febrero de 2013

SANTA MARÍA DE MELQUE: ANTIQUÍSIMO MISTERIO ARQUITECTÓNICO




Treinta kilómetros al sur de la inmortal Toledo, en un paraje situado entre Gálvez y la Puebla de Montalbán, nos encontramos con uno de los misterios arquitectónicos más fascinantes de la Península Ibérica. Se trata de Santa María de Melque, un conjunto monástico de finales del periodo visigótico (siglo VIII), que trae, desde siempre, de cabeza a los investigadores.
Santa María de Melque, en la provincia de Toledo: uno de los más fascinantes
misterios arquitectónicos de la Península

Lo primero que llama la atención del conjunto es su ubicación. Al parecer, está fuera de cualquier ruta, algo que comparte con el cercano castillo de Montalbán. Se sabe, por las excavaciones que se han llevado a cabo en el entorno, que su antigüedad como lugar de culto se remonta a los celtíberos. Después pasaría a ser edificio romano, más tarde visigótico, y finalmente mozárabe.
Los templarios, que anduvieron cerca –el castillo de Montalbán–, son quizá responsables de la enorme red de galerías que discurren por sus subterráneos. Su simbología está por todo el edificio, comenzando por su nombre.
Aunque Melque parece provenir del árabe –haciendo alusión a cierto camino real–, es imposible no dejarse llevar por la tentación y pensar en Melquisedec –el mítico rey de Salem que mencionan los textos sagrados–, o en el dios fenicio Bal Melkart –a quien otros han querido ver venerado en la mítica Cueva de Hércules–. Lo que sí parece claro es que desde antiguo se veneró en el lugar a una virgen negra de ésas que por toda Europa fueron después agasajadas con inmensas catedrales.
Las leyendas, finalmente, vinculan este conjunto monástico con la Mesa de Salomón. Quién sabe si en alguna de esas galerías que van surgiendo con el tiempo, por las lluvias y el derrumbe de los techos, no aparecerá algún día la mítica tabla, portadora del conocimiento absoluto… 

lunes, 3 de diciembre de 2012

VIAJE A RENNES-LE-CHATEAU



A Rennes Le Chateau se accede a través de una estrecha carretera sinuosa, llena de curvas, que va ascendiendo mientras bordea un valle abierto y ancho entre montañas no demasiado elevadas. Es un paisaje que recuerda a los campos de Soria, o a los del lado segoviano de la sierra de Guadarrama. 
Sólo hace falta asomarse a esa ventana y comenzar a soñar...

Al llegar, uno se topa con un conjunto de casitas de piedra y tres o cuatro calles ­–no parecen muchas más-, que sorprenden a alguien que llega con la mochila llena de leyendas, fantasías e ilusiones sobre un lugar mítico en el mundo del misterio.
Deja inmediatamente el coche en cualquier lado, y se pone a caminar.
Busca los rincones por los que anduvo el mítico párroco Bérenger Sáunière, que llegó allí un día de 1885 y forjó un cuento que parece de hadas y que, a decir de muchos, fue totalmente real.
Se cuenta que Sáunière vino a este pueblecito del sureste francés –próximo a Tolouse y Carcasonne, a los Pirineos y al mar Mediterráneo­-, sin un duro en el bolsillo. Que encontró algo en la iglesia, bajo el altar, que podría haberle dado la pista del mítico tesoro de los templarios. Que buscando, investigando junto a algunos misteriosos personajes con los que se le relaciona, halló oro o lo que fuera, y que empezó a prosperar.
Todavía quedan en pie algunas de las obras que llevó a cabo gracias a su posible hallazgo. Reformas en la iglesia parroquial, una mansión preciosa, modernista y llena de lujos, y una torre dedicada a María Magdalena. Asomarse a sus ventanas, y ver el valle abajo, extendiéndose a las faldas de su promontorio como un mar sereno, totalmente calmo, es una sensación inigualable. Uno puede imaginar a Sáunière paseando por allí, rodeado de libros, manuscritos y planos, y se imagina mil y un argumentos para películas, libros y relatos. ¡Qué tertulias hubieron de desarrollarse allí, en aquellos saloncitos que en otoño se ven bañados por una luz dulce y cálida al atardecer! Dan Brown y su Código Da Vinci dieron buena cuenta de ello.
Pero al margen de estas leyendas, el lugar es asombrosamente inspirador. Uno de esos centros telúricos que recorren Europa de cabo a rabo. También el mundo entero. Un lugar mágico, como el castillo de Montsalvat, no demasiado lejano.
Bérenger Sáunière (1852-1917)

Tras cientos de kilómetros de carreteras, de haber cruzado fronteras y de haber pasado fatigas; cuando uno, digo, llega por fin al lugar, y se deja poseer por la magia que emana del subsuelo, se olvida de todo. Piensa que qué suerte haber tenido la ocasión de contemplarlo, y piensa, también, en todas las cosas que le quedan por ver y que algún día verá. A veces la imaginación es el mayor de los tesoros.
La imaginación, y esos libros que tanto inspiran. Junto a lugares como Rennes-le-Chateau.

martes, 20 de noviembre de 2012

LA FLOTA TEMPLARIA DE LA ROCHELLE




Se ha hablado mucho de la flota que los templarios tenían en el puerto de La Rochelle, en la fachada atlántica de Francia. Mucho sobre la actividad que mantuvo mientras la orden estuvo activa, y mucho, también, sobre su misteriosa desaparición.
La Rochelle, en la fachada atlántica de Francia.

Al parecer, tras el proceso que se llevó a cabo contra los templarios, los barcos que allí había anclados desaparecieron de un día para otro. Habían estado navegando durante décadas, en un mar que apenas tenía que ver con los compromisos oficiales de la Orden, y de pronto no se sabía nada de ellos.
Se sabe que su cometido principal era el de transportar peregrinos hasta Santiago de Compostela. Esto es lo oficial pero, como siempre, hay algunas dudas al respecto.
Según Louis Charpentier, el conocido autor de Los misterios de los Templarios y de El enigma de la catedral de Chartres, la verdadera actividad de la flota habría sido mantener un comercio constante con América, y alguna colonia templaria más o menos estable en el Nuevo Continente. De ahí vendría parte de la riqueza de la orden, sus arcones llenos de plata y demás.
Luego, otros autores han ido más allá. Sugiriendo que en aquellos barcos habrían huido monjes que se habrían salvado del proceso.
¿Constituyó la plata traída de América la verdadera fuente de riqueza para los templarios?

¿Hacia dónde?
Probablemente hacia América. Hacia sus propias colonias. Colón sería uno de sus descendientes. De aquellos hombres rubios, barbudos, de túnicas blancas, de los que se ha hablado por aquí…
Quienes defienden todo esto, consideran que La Rochelle, de lo contrario, era un puerto de escasa importancia para los intereses de la Orden. Sin este comercio enigmático, apenas habría tenido sentido su ubicación. El Mediterráneo, las conexiones con Oriente, parecían ser lo verdaderamente estratégico. Además, por lo visto, ni siquiera era un lugar importante, más bien una pequeña aldea de pescadores.
Un misterio que añadir a otros que rodean a estos monjes guerreros que se hicieron pronto con parte de las riquezas que circulaban por Occidente. Otro, o quizá el verdaderamente clave para conocer lo que fue de la Orden tras su disolución.

jueves, 18 de octubre de 2012

EL MISTERIO DE LAS CATEDRALES GÓTICAS Y SU GEOMETRÍA DIVINA.



Dejemos a un lado la mística. Apartemos lo oculto. La sabiduría que encierra cada piedra, cada forma, cada medida, y que quiso mostrarnos Fulcanelli en su inmortal tratado. Vayámonos a alguna de esas capitales de provincia de cualquier punto de la vieja Europa; marchémonos al centro, a los barrios medievales, e introduzcámonos, con la humildad de un peregrino, en su catedral.

No hará falta pensar nada. Ni estrujarse los sesos, ni recordar nada de historia, de arte o de arquitectura. Nada más poner el primer pie en su interior, nos habremos transformado. Dejaremos de ser un simple mortal bípedo, con inquietudes y angustias y miedos, y pasaremos a ser algo insignificante, un minúsculo individuo enfrentado a la inmensidad del Universo.
El interior de la catedral es, en su nave central, una representación del Cosmos. La oscuridad, el vacío; las estrellas y las galaxias son la luz penetrando por los vitriales. El silencio, los ecos de conversaciones próximas, de pasos que nos acompañan pero no vemos. De rezos. Miramos hacia arriba y sentimos vértigo. Miramos hacia el suelo, y hallamos algunas respuestas.
Pero pocas, si no somos iniciados. Algunos sólo podemos conformarnos con disfrutar de la belleza, de la poesía de las matemáticas. Las correlaciones, las longitudes perfectas, representaciones de números divinos, de geometrías que intentan hablarnos. Es necesario estudiar mucho, y dedicarles mucho tiempo. Algunos mueren en el intento.

Me gusta imaginar, cuando pienso en catedrales, qué es lo que podría sentir un hombre medieval al ver, de lejos, una catedral. Desde el campo, desde la naturaleza salvaje que lo rodeaba día a día, con sus hambrunas, sus miserias, sus brutalidades, aquellas torres puntiagudas, aquellas piedras labradas y plagadas de símbolos, debía ser una especie de refugio. Como dicen los expertos, un libro en el que leer, en el que reconfortarse. También en el que aprender que hay cielo, pero también infierno. Un monumento a la sabiduría, un best seller, en un tiempo en el que los libros eran propiedad de una minoría, encerrada en los monasterios.
Chartres, Burgos, Toledo, Amiens. La de Cuenca, que fue erigida siguiendo el modelo francés. Todas encierran sus misterios. Hay quien dice que la disposición de todas ellas, vista desde el cielo, conformaría un mapa de las constelaciones. No lo sé. Tampoco quién las diseñó, quién exactamente daba las instrucciones. Aquél era un mundo de anonimatos, sin figuras que destacaran, como el del Temple.

El caso es que todas ellas constituyen un legado maravilloso, casi inabarcable; un testimonio grandioso y complejo de la sabiduría del Medievo, que durante tanto tiempo fue silenciada a favor de otras épocas.  

sábado, 13 de octubre de 2012

CRISTÓBAL COLÓN, ¿TEMPLARIO?

¿Eran las cruces rojas de las carabelas de Colón un recuerdo del pasado templario del Almirante?


Los enigmas que rodean la figura de Cristóbal Colón son demasiados. Resulta curioso, tratándose de un personaje tan relevante para la Historia Universal. Casi nada sabemos de él antes del Descubrimiento. Antonio de la Riva, en el libro Las claves del enigma de Colón, intenta dar una explicación a todo esto.
Defiende que Colón fue un templario. Que ya sabía antes de embarcarse en Palos hacia dónde iba. Y no sólo eso, sino que, además, engañó a todos haciéndose el despistado, desde el principio hasta el final.
Según de la Riva, todos los que intentan asignar a Colón un origen europeo fallan en algo. Ni genovés, ni italiano, ni portugués ni mallorquín. Colón era americano, dice. Procedía de una colonia templaria en el nuevo mundo, que habría abandonado Europa a través del puerto de La Rochelle, en Francia, cuando todo el jaleo que acabó con la Orden. Allí se habrían establecido unos cuantos, mezclándose con las indígenas –ay, las indígenas–, durante varias generaciones.
Eso explicaría la forma extraña de hablar del almirante. Según las investigaciones, con un castellano propio del siglo XIV.  También sería prueba de ello el secretismo que rodeó su pasado, así como los conocimientos que tenía acerca del mar y la navegación y, sobre todo, de lo que había más allá de las Columnas de Hércules, y que él parecía tan seguro de conocer...
Además, están algunas declaraciones misteriosas de Colón, que han quedado registradas en las crónicas, como aquello de que no había sido el primer Almirante de su familia (de la Riva recuerda que el de Almirante era un título muy habitual entre los Templarios).
La teoría de Antonio de la Riva, además de interesante y documentada, enlaza muy bien con aquélla que defendió en su día el investigador y aventurero noruego Thor Heyerdahl, el mismo de la expedición Kon Tiki, y su idea de que los Polinesios provendrían de América del Sur, en especial de un grupo de incas enigmático (compuesto por gentes de piel blanca, largas barbas y un saber técnico superior), que aún hoy no ha quedado aclarado del todo.
Pero eso es otra historia, que desarrollaremos más adelante.
De momento, recordar sólo aquellas cruces rojas que portaron las carabelas en su velamen...

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