BRUJERÍA EN MARRUECOS: LOS NIÑOS ZOUHRI


No crean a nadie que les diga que la magia, la brujería, desapareció completamente en aquellos lugares que en su día quedaron bajo el dominio del islam.

Es una suerte de lugar común, de propaganda sin fundamento que hará sonreír a quien conozca a fondo la sociedad y la cultura de alguno de aquellos países. 


Ni el tiempo ni la tajante postura de la religión islámica contra las supersticiones
ha logrado que estas desaparezcan de la mente de sus devotos...


Pongamos Marruecos, por ejemplo. Nadie duda de cuál es la fe que se profesa en el imperio montañoso que se extiende a los pies del majestuoso Atlas o del Rif; de allí partieron las grandes revoluciones medievales que allá por los siglos XI, y XII, llevaron a almorávides y almohades a meter en cintura religiosa a los "descarriados" andalusíes.

Marruecos es un lugar muchas más grande y amplio, profundo, de lo que pueda aspirar a reducirlo cualquier estereotipo. Una vez conocí a un marroquí que nada más decirme su nombre, y comentarme su procedencia, se apresuró a dejar claro que él no era árabe, sino bereber, para añadir que ellos, y no los otros (a los que llamaba los invasores), eran los auténticos marroquíes…

Parece ser que es cierto que lo bereber, lo nativo, sigue muy presente en aquellas tierras. Uno de los aspectos más representativos de aquella cultura es la superstición, la creencia en los poderes ultraterrenales y mágicos.

Hasta tal punto es imposible negar esta circunstancia que basta con mirar la ley que se promulgaba en aquel país en el año 2016, y que preveía duras penas y castigos contra todo aquel que desafiara la prohibición de practicar las artes ocultas.

¿Qué país conocen que se vea en la obligación, en pleno siglo XXI, de castigar este tipo de prácticas supuestamente pertenecientes al ámbito de la superstición, de las creencias?

Pues un país en el que todavía se siguen registrando, de vez en cuando, sacrificios rituales de animales y personas, particularmente de niños.

Todo se debe a la creencia, muy extendida a ciertos niveles, en los poderes de los niños llamados “zouhri”.

Se trata de niños con alguna cualidad física especial, como puede ser un pelo de color claro –no demasiado habitual en Marruecos–, estrabismo en los ojos, o alguna marca particular, única, original, en la piel o en cualquier otro miembro del cuerpo.


Las montañas del interior de Marruecos esconden aún secretos espeluznantes,
ritos y creencias que pertenecen a lo más oscuro del alma humana...



Se cree que a través de estos niños es posible encontrar tesoros; localizar enterramientos con riquezas, dinero o joyas, que en algún momento pudieron haber querido ser protegidos de esta manera por sus poseedores, quedando, a partir de entonces, en manos de genios –djinas, en la cultura popular islámica– a los que solo se les pueden arrebatar estos tesoros mediante la ofrenda de la sangre de aquellos niños.

El asunto, como hemos dicho, no es ninguna broma ni ninguna trivialidad. Preocupa cada vez más a ciertos sectores de la ciudadanía y al gobierno, que se ha visto obligado a promulgar leyes como la antes mencionada, o llevar a cabo toda clase de acciones destinadas a erradicar de raíz ese tipo de crímenes salvajes e injustificados.

El último caso –el último que hemos podido registrar en la prensa– tenía lugar el pasado mes de octubre con el hallazgo de una menor discapacitada cuyo cuerpo sin vida había sido encontrado en un paraje montañoso, de difícil acceso, y que se cree víctima de una de estas mafias de lo oculto.

Un asunto, sin duda, bastante espeluznante. Una mancha terrible en una cultura maravillosa, rica, que hunde sus raíces en lo más profundo del tiempo. 

Una de esas cosas de las que solo nos gustaría hablar en la ficción, pero que tristemente tiene este reflejo oscuro en la realidad, en la realidad más aterradora...


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