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domingo, 24 de marzo de 2013

MÁS MISTERIOS EN TORNO A LOS OLMECAS




Se ha hablado mucho sobre el origen del pueblo olmeca, y de la posibilidad de que se tratara de un pueblo llegado de África. No hay duda de que los rasgos africanos que uno percibe en los grandes colosos de piedra es lo que más llama la atención cuando uno se acerca a esta cultura, pero no es el único misterio, desde luego, que aún no ha sido resuelto.
Los investigadores siguen preguntándose cómo fueron capaces los olmecas de transportar
las grandes rocas talladas hasta sus emplazamientos finales. 

Como en la isla de Pascua, nos encontramos en la cultura olmeca un gusto por la talla de grandes rocas que han sido desplazadas varios kilómetros desde su emplazamiento original. Como ocurre con los moáis, se sabe que los constructores no disponían de herramientas de hierro u otros metales, y tuvieron que realizar las tallas –se supone–, con instrumentos de piedra. Es difícil imaginar una factura tan correcta como la que presentan los colosos olmecas, empleando herramientas tan sencillas. El trabajo, dicen los expertos, debería ser costoso y complicado. Las estatuas están muy bien hechas; son todas diferentes, con rasgos diferenciados y muy muy expresivos. Componen, junto a otras de menor tamaño una colección que delata a un pueblo muy sensible y, desde luego, con mucha habilidad y mucho tiempo libre. 
Los rostros y figuras tallados por los olmecas en roca, hueso, madera o jade
sorprenden todos por su excelente factura y la expresividad que presentan, sobre todo, los rostros.

Luego está el problema del transporte al que aludíamos antes. Las estatuas fueron encontradas en un terreno pantanoso en el que es difícil hallar rocas tan enormes. Según los investigadores, los olmecas trajeron hasta allí las rocas procedentes de otros lugares. Cómo lo hicieron sigue siendo un misterio. No se han encontrado en la zona vestigios arqueológicos que den alguna explicación razonable. Ninguna herramienta, ningún vestigio del sistema de transporte empleado. Hay quien habla de raíles hechos con troncos; de transporte por agua, a través de balsas.
La respuesta sigue en el aire, igual que en la isla de Pascua.
Poco más que lo que sugieren los rostros que representan las estatuas. Eso y algunas curiosidades más, como el hallazgo de varias estatuillas de madera, hueso y jade, junto a cuerpos de bebés no natos o recién nacidos, que según algunos supondrían la primera evidencia de sacrificios humanos en el continente americano. ¿La evidencia, también, de que aquél pueblo misterioso es el que da origen a otras grandes civilizaciones del continente?
La arqueología tiene aún mucho trabajo por delante…


martes, 8 de enero de 2013

EL OTRO GRAN MISTERIO DE LA ISLA DE PASCUA



Cuando los europeos llegaron a la isla de Pascua, encontraron un lugar erosionado y pobre donde los moais, aquellas gigantescas cabezas erigidas por los lugareños a lo largo de la costa, suponían todo un reto a la lógica y a lo que cabría esperar de una población primitiva emparentada con los polinesios, que había vivido aparentemente aislada en aquel remoto punto perdido del Pacífico. Pero no fue lo único que les llamó la atención. Con el tiempo, la llegada de sucesivos colonizadores y misioneros, se fueron descubriendo evidencias de una historia turbulenta y que se perdía en el origen de los tiempos, y que daba una idea diferente de lo que había sido Pascua, también conocida como Rapa Nui.
Los moais no son el único enigma que rodea a la isla de Pascua

A mediados del s. XIX, se descubrieron en diversas cuevas de la isla unas tablillas con inscripciones jeroglíficas. Se trata de tablas de madera –lo que ha confirmado la existencia de árboles en la isla–, con glifos que representan seres animados y plantas cuya disposición recuerda a inscripciones etruscas y sumerias. Se desconoce su significado, pero los estudios realizados en ellas revelan resultados tan llamativos como la semejanza que podrían tener con un tipo de escritura localizado en el Valle del Indo, cuna de una de las primeras civilizaciones de la Historia de la humanidad.
La escritura rongo rongo según Thor Heyerdahl

Aunque algunos investigadores muestran dudas sobre esto, criticando que únicamente se base en similitudes no contrastadas, lo cierto es que es un dato sorprendente, que hace dispararse la imaginación y aumentar la fascinación por la isla y la historia de sus habitantes.
Uno se pregunta cómo es que aquel lugar remoto, el último al que supuestamente llegaron los polinesios en sus barcas, sea precisamente el que alberga una sofisticación mayor en materia de técnica, y, quizá, de civilización. ¿Cómo es que el lenguaje hallado en las tablillas, esa escritura presuntamente emparentada con la del Valle del Indo, sólo haya sido encontrada en la isla de Pascua, y no haya ni rastro de ella en el resto de la Polinesia? ¿De dónde procedía todo el conocimiento que permitió levantar los moáis? ¿Por qué otros polinesios, supuestamente emparentados con los pascuenses, no tuvieron esa necesidad?
Es una pena que no haya una Piedra Roseta para el lenguaje Rongorongo. Su hallazgo supondría poder descifrar las tablillas, y quizá, con un poco de suerte, dar respuesta a estos y otros misterios que tanto nos apasionan y nos hacen soñar. Seguiremos pendientes de la isla y de lo que aún tiene que ofrecernos.

viernes, 23 de noviembre de 2012

THOR HEYERDAHL, DESAFÍO A LA ORTODOXIA




En 1947 se producía uno de esos momentos cumbre de la historia que luego, por esas cosas que tiene la vida, quedan poco a poco en el olvido, recordadas únicamente por los amantes del misterio, la aventura y el conocimiento.
La Kon Tiki, tal y como puede admirarse en el museo de Oslo (Noruega) dedicado a Thor Heyerdahl y sus  expediciones.

Era el año en el que la Kon Tiki, una balsa fabricada en el Perú con troncos de árbol, paja y cuerdas, recorría, por mar –sin ayuda de un motor o de otras naves de apoyo– la distancia que separa las costas occidentales de América del Sur de la Polinesia. Su capitán, el antropólogo y aventurero noruego Thor Heyerdahl, demostraba así que el tráfico entre el continente y las islas que salpican el Pacífico había sido posible en el pasado, echando por tierra la cerrazón de aquellos que lo habían negado por completo durante décadas.
Se trata de una de las mayores gestas del ser humano, y que sorprende por su magnitud en diversos aspectos.
Por un lado está la aventura. Estremece imaginar a aquellos hombres flotando a merced de las olas, en mitad del inmenso Océano, y tratar de ponerse en su lugar. De noche, cuenta el propio Heyerdahl, en el libro que relata sus peripecias, les sorprendía el aspecto de la bóveda celeste, y les parecía haber retrocedido varios siglos en el tiempo.
Por el lado científico, la gesta vino a poner a prueba a quienes negaban la capacidad náutica de los hombres del lado izquierdo de los Andes. Venía a demostrar que podía haber habido contacto con los habitantes de ese continente anfibio situado en el triángulo formado por Hawaii, Nueva Zelanda y la isla de Pascua.
La expedición Kon Tiki sirvió para dar algunos pasos importantes en la resolución de los misterios de Pascua.

Luego, Heyerdahl se embarcaría en otras aventuras, que pretendían demostrar contactos similares entre Egipto y América, a través del Atlántico, pero esa ya es otra historia.
La Kon Tiki puede colocarse al lado de viajes míticos como el de Colón, Magallanes y muchos otros. Como aquéllos, tuvo en contra a muchos que, desde un lugar seguro en la tierra, le tachaban de loco e imaginativo.
Por suerte, tuvo la suerte de su lado para demostrarles que no estaba tan loco. 

martes, 9 de octubre de 2012

EL MISTERIO DE PASCUA


Comenzamos este blog en la Isla de Pascua. Una isla del Pacífico, lo suficientemente lejana de cualquier lugar como para albergar cientos de misterios. El más conocido, el de sus Moai, sus estatuas gigantescas. Desde su colonización europea, los investigadores han intentado dar multitud de explicaciones a estas construcciones sin que ninguna, hasta la fecha, haya podido contentar a todos.

En su número de agosto, la edición española de la revista National Geographic publica la última teoría. Según se cuenta, los habitantes de la isla habrían desplazado a los gigantes de piedra desde la cantera original hasta su ubicación final, de pie –y no tumbados, sobre troncos, como se especulaba hasta la fecha-, ayudados de cuerdas y aprovechando el diseño del moai, pensado para poder mantenerse en equilibrio a la vez que se le arrastra cuesta abajo.
Se trata de una teoría original, que ha podido ser demostrada de manera experimental, y que deja para la posteridad bonitas ilustraciones que permiten imaginar a cientos de hombres en torno a la gigantesca piedra luchando, ayudados de cuerdas, de fuerza, de cánticos y demás –a la manera de los egipcios con las pirámides-, pero que sigue sin responder a cientos de preguntas.
Entre ellas, por qué precisamente allí, en el último rincón de la Polinesia, los hombres quisieron erguir aquellos dioses. Por qué aquel ansia de megalomanía, que según nos cuentan, llevó a la total deforestación de la isla, y más tarde a la merma de la población, por hambre y demás. ¿Fue puro egoísmo, una metáfora que nos cede la historia para aprender a cuidar el planeta? ¿O fue algo más? ¿Qué se niegan a contarnos aquellas bocas cerradas de los moais, aquellos rostros imperturbables de nariz afilada y ceño fruncido?
Habrá que esperar nuevas teorías, o dejar que vuele, como ha ocurrido en otras ocasiones, la imaginación.

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