lunes, 5 de abril de 2021

LA PIEDRA DEL DESTINO

Cuentan las viejas crónicas que la piedra sobre la que la tradición ordena coronar a los reyes de Gran Bretaña fue robada a los escoceses por el rey Eduardo I en 1296. Fue durante un saqueo; la piedra ‒un simple bloque de tierra arenisca con una cruz latina tallada en una de sus caras‒ guardaba, según los antiguos, ciertas propiedades mágicas, y es, desde luego, uno de los objetos de poder más sagrados de las islas británicas, además de tener detrás una historia apasionante y llena de enigmas…


La Piedra del Destino en su ubicación, durante siglos,
bajo el trono de coronación de la abadía de Westminster...


Durante siglos, y mucho antes de aquel robo perpetrado por los ingleses, la piedra había sido utilizada por generaciones de reyes escoceses para su coronación. Decía la leyenda que era una piedra que gemía, que emitía un grito cuando se sentaba sobre ella un aspirante al trono que no era el adecuado.

Su origen, sin embargo, estaba fuera de Escocia.

Parece ser que había sido traída, a su vez, de Irlanda, en el siglo IX, durante una de las guerras entre los antiguos escoceses y los habitantes de la isla esmeralda. La leyenda de aquella isla la vincula con los a la mítica estirpe de los Tuatha Dé Danann, aquellos misteriosos magos que luego acabarían siendo alzados a la categoría de dioses, y que procedentes del norte de Grecia –algunos creen que de Iberia‒ habían conquistado el país en tiempos remotos.


Las propiedades mágicas de la Piedra podrían deberse, según ciertas leyendas, 
a sus más antiguos propietarios: los legendarios Tuata Dé Danann, los primitivos
colonizadores de Irlanda, mitad hombres, mitad dioses...
(Imagen: Riders of the Sidhe, de John Duncan, 1911)


Para el historiador inglés afincado en España Mark Guscin, la leyenda entronca más bien con con el famoso betilo bíblico ‒la piedra de Jacob, la del relato del Génesis‒; las pistas en torno a esa misma leyenda remiten a Oriente, a un origen en la tierra hebrea, que por mediación de los fenicios y sus viajes en la Antigüedad le hubieran llevado a terminar por alcanzar las costas de Irlanda.

Parece que algunos textos la sitúan en algún momento del pasado en La Coruña, donde el investigador sitúa una colonia, precisamente, de los fenicios.

En 1950, un grupo de estudiantes escoceses la robaban de la abadía de Westminster con el fin de devolverla a tierras escocesas. Era un acto reivindicativo, de nacionalismo escocés, que terminaba cuatro meses después con la intervención de la policía y la sospecha de que la piedra, que al parecer se había dañado durante aquella aventura, había sido, en realidad, sustituida por otra parecida para dar esquinazo a quienes consideraban sus ilegítimos propietarios.

No era la primera vez que sobre la piedra caía una sospecha similar.

Había quien pensaba que la que se había llevado Eduardo I en el siglo XIII ya se trataba de una falsificación realizada por los monjes de la abadía escocesa de Scone, de donde era sustraída en aquella ocasión.

No debía de ser muy falsa, sin embargo, por el empeño que Winston Churchill puso en su protección durante la Segunda Guerra Mundial.


Según el historiador Mark Guscin, Churchill ordenó esconder la Piedra
del Destino durante la Segunda Guerra Mundial para evitar que, ante una posible invasión
alemana, pudiera caer en manos de los nazis... 


Parece ser que el primer ministro se cuidó bastante de mantenerla oculta de los nazis, y durante el tiempo en el que se estuvo temiendo una invasión de la isla, dicen los investigadores, fue convenientemente oculta, enterrada, en la abadía de Gloucester.

Hoy en día, y desde 1996, puede ser visitada junto a otras reliquias nacionales en la ciudad escocesa de Edimburgo. El gobierno británico la devolvió a Escocia con la condición de que se le permitiera usarla en Londres en la próxima coronación real.

Tal vez entonces, con el futuro rey inglés sobre ella, sepamos, si vuelve a gemir como cuentan las crónicas, que se trata de verdad de la mítica piedra de las leyendas y no una simple falsificación… 

lunes, 22 de marzo de 2021

BIDDY EARLY, LA ÚLTIMA BRUJA DE IRLANDA

Posiblemente no la conozcan, pero se trata de toda una institución en el mundo anglosajón, y especialmente en su tierra natal, en Irlanda.

Es lo que hoy en día podríamos llamar una mujer empoderada; una mujer libre, independiente, que gracias a su talento –a su discutido talento–, logró sobreponerse a la difícil y poco prometedora existencia que el destino le tenía preparada.


Biddy Early (1798 – 1872)


Biddy Early nacía a finales del siglo XVIII en una Irlanda asolada por el hambre y las penurias. De muy pequeña quedaba huérfana; pasaba la mayor parte de su infancia en un centro de caridad, donde pronto se haría conocida por su tendencia a hablar con la “gente pequeña”, o Good People, como se conoce en el mundo anglosajón a los seres intermedios, dáimones, de carácter escurridizo e invisible, que aquí denominados duendes, hadas, o más ampliamente, seres feéricos.

Su gran carácter quedaba retratado perfectamente en detalles como su negativa, a lo largo de toda su vida, a llevar el nombre de ningún hombre, ni siquiera el de su padre. Su apellido, Early, era el de su madre, la que según ella le había transmitido toda esa sabiduría ancestral que pronto la haría famosa en todo el país.

Dominaba el manejo de plantas curativas; dicen que solía despertarse muy temprano para ir en su búsqueda y aprovechar el poder mágico del rocío de la mañana. Aunque como muchos en su tiempo no sabía ni leer ni escribir, todos coincidían en reconocer en ella a una mente brillantísima, inteligente, que además de proporcionar buenos consejos a quienes acudían a su casa en busca de remedios –contra algún mal de cualquier tipo, o alguna enfermedad– era capaz de predecir el futuro.

Su herramienta de adivinación era una extraña botella con un líquido azul en su interior que, a decir de la leyenda, le había sido otorgado por uno de sus hijos tras la muerte de aquel; una herramienta procedente del otro lado que, como una bola de cristal, le permitía ver las cosas del pasado, del presente y del futuro.

Como es natural, una mujer como ella no podía andar por la vida sin enemigos.

Tuvo muchos.

Entre ellos, la gente poderosa del condado, como algunos terratenientes –aunque muchos de ellos también acudían a su consulta en busca de ciertos remedios– o la Iglesia.

La última parte de su vida estuvo muy marcada por el enfrentamiento contra las autoridades religiosas; se cuenta que los sacerdotes lanzaban acusaciones de todo tipo contra ella, que amenazaban a los feligreses que seguían recurriendo a Early por lo que consideraban prácticas brujeriles.


La fama y el éxito de Biddy Early obligaron a las autoridades del condado
de Clare a desempolvar viejas leyes contra la brujería para acabar con ella...



Algo, en parte, debía tener también que ver la vida libre, sin ataduras ni complejos, que llevaba aquella mujer.

Contrajo hasta cuatro matrimonios, el último cuando tenía setenta años, con un joven de veinte. Todos, decían, habían muerto misteriosamente a su lado, en condiciones extrañas.

Early no tenía miedo a las habladurías y bebía con generosidad; celebraba grandes fiestas en su casa de campo y, como una especie de reto, de burla contra sus enemigos –¿tal vez había en ellos alguna clase de rebeldía, de espíritu antisistema?– jamás aceptó dinero por sus trabajos, solo productos del campo, lo que sus clientes, las gentes que acudían a ella, podían ofrecerle a cambio, como posiblemente habían estado haciendo las mujeres sabias, las curanderas tradicionales, que le habían precedido siglos atrás en aquella función…

En 1865, las autoridades hicieron desempolvar una vieja ley contra la brujería que llevaba inactiva desde hacía siglos. Se organizó un juicio contra ella, pero ante la falta de pruebas, y de testimonios en su contra –nadie, ningún habitante del condado, quiso hablar ante el tribunal– fue absuelta.


La casa de Biddy Early tras la restauración a la que fue sometida en los años setenta. Hoy,
la casa se encuentra en ruinas, aunque eso no impide que muchos aficionados al ocultismo y 
el folklore acudan a visitarla...


Lo curioso es que antes de morir pareció tener un acceso de arrepentimiento y pidió que un sacerdote le administrara los últimos sacramentos. Dicen que un gran número de representantes de la iglesia católica acudieron a oficiar su entierro, como una muestra de respeto, aunque esto, como muchas otras cosas que se cuentan de ella, podría no ser más que una nueva leyenda, algo sin fundamento.

El caso es que Early, como decíamos al principio, es toda una institución en Irlanda y en todo el mundo anglosajón. Como prueba de ello, el gran número de turistas que se acercan cada año a visitar su casita de campo en el condado de Clare –hoy el ruinas–, o el nombre que en su honor se le puso a un tipo de semilla de la planta del cannabis, a decir de los entendidos, una de las mejores que existen...


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