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miércoles, 31 de julio de 2019

LAS ISLAS AZORES Y EL MISTERIO DE AMÉRICA: ¿EL CAMINO DE LA EDAD DE PIEDRA?



En el año 2010, un osado investigador portugués asombraba al mundo con una teoría que rompía con la cronología oficial de las islas Azores, asegurando que había pruebas de sobra para sostener la existencia de pobladores en el archipiélago previas a la colonización portuguesa. Fundamentaba la afirmación en una serie de hallazgos arqueológicos que iban desde misteriosas construcciones en piedra hasta supuestas pinturas rupestres, que enseguida fueron descartadas por una comisión creada ese mismo año por el gobierno portugués como formaciones puramente naturales.

¿Fueron las Azores un punto de paso para esos supuestos
viajes precolombinos a América desde el Europa?

Nuno Ribeira, que así se llama el investigador, siguió con sus trabajos. Fue apoyado por otros investigadores que sí creían en su hipótesis, y parece ser que proceso continúa con hallazgos igual de controvertidos y polémicos.
La idea no es nueva.
Desde antiguo, se ha visto a las Azores como un punto fundamental en la conexión entre Europa y América, mucho antes del descubrimiento de Colón.
Fueron precisamente los españoles, tras el «descubrimiento» de 1492, quienes primero apoyaron la tesis de los viajes previos de los fenicios. Parecía lógico, incluso para la gente del s. XVI, que aquellos experimentados navegantes acabaran tarde o temprano accediendo a las costas americanas durante su época de hegemonía. Dicen, incluso, las malas lenguas, que pudieron haber propagado la idea de los peligros del Mare Tenebrosum para ocultar ese maravilloso hallazgo a otros navegantes. Para el padre Ventura está claro: América se ocultó a través de la magia, y así permaneció hasta que los mismos que había puesto en marcha el conjuro decidieron desvelar el secreto y poner en funcionamiento una nueva fase de la historia…
En el siglo XVIII, un autor alemán hacía público en un artículo el hallazgo de unas monedas cartaginesas en la isla de Corvo. Aunque sus colegas se lanzaron a rebatir lo extraordinario de aquel hecho asegurando que podría tratarse de monedas llevadas allí por los primeros colonos portugueses de la isla, el asunto no dejaba de ganar consistencia por los rumores que habían corrido allí mismo años atrás acerca de una misteriosa estatua de la misma época que luego, misteriosamente, había desaparecido…

¿Son las misteriosas estructuras halladas en Azores obra del hombre moderno,
de la naturaleza, o verdaderos dispositivos astronómicos prehistóricos, tal y como
defienden algunos investigadores...?

Lo que Nuno Ribeira y su Asociación Portuguesa de Investigaciones Arqueológicas ha encontrado va más lejos. Habla de enormes estructuras de piedra con extrañas marcas de cantería y dispositivos que parecen indicar lo que podría ser una especie de reloj estelar. Hablan, como decíamos, de pinturas. Y hasta de posibles restos de un culto a la naturaleza muy similar al que se practicaba en la antigua Finlandia, en lugares en los que las rocas parecer mostrar figuras antropomorfas, naturales, pero divinas a ojos de aquellos antiguos pobladores.
Todo esto se complica un poco más después de que en 2017 un estudio elaborado apartir de muestras de Carbono 14 certificase que había evidencias de poblaciones en el archipiélago previas a la colonización portuguesa. Evidencias basadas en la presencia en las islas de semillas europeas que no debían haber estado allí antes del siglo XV, y que demostraban, como poco, que la teoría oficial sobre la historia de este remoto y bello lugar no era tan consistente como se había estado manteniendo.
Las investigaciones, como decimos, siguen adelante. Dependerá de la insistencia de gente como Nuno Ribeira y su equipo que la verdad pueda llegar a salir a la luz. Mientras tanto, todas las hipótesis siguen abiertas. Y la del padre Ventura, con la magia y Toledo como principales protagonistas de la que pudo haber sido la mayor y más compleja conspiración de la historia, la más sugerente a nuestros ojos… ¿Por qué no?
Echen un vistazo a ciertos acontecimientos que se siguen produciendo hoy, en nuestro mundo tan aparentemente conectado a todos los niveles, y verán que ilusionismo, conspiración, poder y secretos de estado son términos que van estrechamente de la mano…

martes, 18 de noviembre de 2014

EL CÍRCULO DE HERMES: EL ORIGEN ARAGONÉS DE CRISTÓBAL COLÓN



La investigadora Marisa Azuara nos habla sobre su documentada teoría en torno al origen de Cristóbal Colón y los acontecimientos y circunstancias que favorecieron el descubrimiento de América, todavía, 5 siglos después, tan lleno de enigmas y misterios. Lo hace en una nueva entrega de El círculo de Hermes, el podcast de misterios e información alternativa dirigido y presentado por Jesús Pertierra, con la colaboración, en esta ocasión de Marcus Polvoranca.


miércoles, 11 de junio de 2014

TIM SEVERIN Y EL LEGENDARIO VIAJE DE SAN BRANDÁN




No es la primera vez que hablamos aquí de San Brandán, el mítico monje navegante irlandés cuya epopeya a lo largo del Atlántico Norte lleva cautivando la mente de los soñadores desde la alta Edad Media. Tampoco es la primera vez (ni la última, eso es seguro) que hablamos de Cristóbal Colón, y de los navegantes que se disputan con él el haber sido los primeros en llegar al Nuevo Mundo.

El mítico viaje de San Brandán estaba repleto de hechos fabulosos que Tim Severin
lograría explicar con sus experiencias.

Y es que en la navegación de los antiguos parece estar una de las principales claves de nuestro pasado, además de misterios increíbles, excitantes, de esos que pueden llegar a obsesionar a cualquiera.
Ése, quizá, fue el caso de Tim Severin. Este marinero escocés adicto a la aventura, decidía en 1976 emprender una aventura con la que demostrar que la leyenda de San Brandán podía tener algo de cierto.
Para ello, se construyó una nave como la que describen las crónicas que utilizó el monje. Una currach, barca tradicional irlandesa fabricada con piel de buey.
Al parecer, este tipo de construcción tenía una flexibilidad que la convertía en una embarcación mucho más resistente de lo que se creía en el frío Atlántico, capaz de soportar el oleaje o adaptarse a otros inconvenientes que podían surgir en una travesía de estas características.
Nada más partir del condado de Kerry, al oeste de Irlanda, se da cuenta de que una de las claves de la crónica de San Brandán podría tener explicación precisamente en la forma de la embarcación: de formas suaves, y redondeadas, parece atraer a todo tipo de animales marinos, que se acercan a ella en masa. También las ballenas, protagonistas de un episodio de la leyenda.
Luego, tendría posibilidad de llegar hasta las islas Feroes, y más al norte, a Islandia.

El currach utilizado por Tim Severin trataba de ajustarse lo más
posible al utilizado, según las crónicas, por el monje navegante

Aunque la crónica es una crónica fantástica, llena de alusiones a seres imposibles y ficticios, sí que encuentra Severin motivos para creer que pudieran haber tenido algo que ver con lo que el monje vio en realidad. Habla de columnas de cristal, por ejemplo, o de gigantes que lanzaban piedras y bolas de fuego, elementos que, sin demasiada imaginación, pueden relacionarse con icebergs que andan a la deriva por aquellas latitudes, o, en el segundo caso, con los volcanes de Islandia que están en actividad permanente.

La “Brandan”, que así se llamaba la embarcación de Severin, alcanzó por fin Terranova  en 1977, algo más de un año después de la partida. Su gesta se sumaba así a la de locos que, como Thor Heyerdahl, daban un manotazo en las narices a los “cuerdos” que, con tan inexplicable empeño llevaban cientos de años negando que el hombre antiguo era incapaz de manejarse con soltura en los océanos. Era una prueba más, también, de que Colón no había sido el primero, y otro argumento más para plantearse una revisión de ese pasado nebuloso lleno de incertidumbres y “leyendas”... 

miércoles, 26 de febrero de 2014

LOS MEGALITOS Y EL SECRETO DE LA ATLÁNTIDA



Los misterios del pasado parecen tener una raíz común en lo inmenso, lo desmesurado. Uno viaja por el mundo y no encuentra más que piedras enormes, apuntando hacia el cielo, o apiladas para formar desgastados monumentos que escapan a toda lógica.
¿Son los monumentos megalíticos repartidos por todo el mundo la prueba
de una antigua civilización perdida, con centro en el Atlántico?

Hablamos de Carnac, de Malta, de los talayots de Baleares –por supuesto, de Stonehenge–, pero también de Bimini, del Cáucaso, de la India, y quién sabe de dónde más.
(¿Quizá del Yucatán, y de los olmecas?)
Es posible.
Lo que sí es cierto es que de esta cultura apenas sabemos nada. Dicen que en Carnac había más de 10.000 menhires, de los que hoy “tan sólo” quedan 3.000. Algunos permanecen sumergidos bajo el agua. No sabemos para qué fueron alineados de aquella manera, como tampoco conocemos realmente las funciones de Stonehenge.
¿Qué sentido tienen esas enormes disposiciones de piedras en Carnac (Bretaña francesa)?

Desde el cielo, apuntan algunos, todo cobra sentido. Los puntos que constituyen las piedras comienzan a dibujar líneas, círculos misteriosos. Como en Bimini. Allí han querido ver algunos restos de un puerto antiguo, quizá el de la mítica Atlántida…
Son muchas las pruebas, e infinitas las conclusiones.
El terreno que el mar ganó a la costa tras la última glaciación podría ser la clave. Muchos de estos monumentos fueron erigidos junto a la costa, y quizá bajo las aguas estén los grandes monumentos, los que no han llegado hasta nosotros por esa circunstancia.
Hay una leyenda, la de los gigantes de Chipre, que sobrevuela todos estos enigmas y los convierte en algo más excitante. Pensar en una raza de hombres de dimensiones mayores a la nuestra es una tentación que enseguida nos hace cruzar los brazos y echarnos hacia atrás, pensativos. Enseguida la rechazamos, por absurda. Pero, ¿y si tras esa leyenda hubiera algo de cierto? ¿Y si esos gigantes estuvieron realmente detrás de esa cultura? Quizá no exactamente gigantes, pero sí otra cosa.
No olvidemos las descripciones que los pobladores del Nuevo Mundo hacían de los conquistadores a lomos de sus caballos… ¡Los tachaban de dioses! 
¿Tienen algo que ver con estas construcciones las leyendas acerca de una extinta raza
de gigantes que pobló en el pasado la tierra?

¿Pudieron haber hecho lo mismo quienes llegaron al Mediterráneo tras el cataclismo, o desastre, o lo que fuera que acabó con la civilización que erigió los megalitos?
Quizá nunca lo sabremos; o sí... 
El próximo reto está en el lecho marino, sin duda; no demasiado lejos de la costa...

jueves, 5 de septiembre de 2013

EL ENIGMÁTICO MAPA DE PIRI REIS



Su color es el suave marrón de la piel de la gacela. Representa costas, rutas, vientos, dibujos fascinantes sobre algunas cosas que se hallan en los lugares de los que da testimonio. Es, probablemente, el mapa conocido más fascinante y enigmático de la historia…
El mapa de Piri Reis sigue fascinando e inquietando a los expertos y amantes del misterio.

Elaborado en 1513 por el almirante turco Piri Reis, incluye algunos territorios que por entonces, en teoría, no se conocían. Se supone que está basado en los mapas de Colón, pero representa América extendiéndose hacia el Sur, hacia la misma Patagonia, de la que por entonces no se sabía nada…
Su misterio arranca en 1929, cuando fue descubierto en Estambul, en el palacio de Topkapi, por un grupo de investigadores. Las malas lenguas se apresuraron entonces a sugerir un posible fraude, algo que parece totalmente descartado (aunque aún hoy, las autoridades turcas sigan empeñadas en no mostrarlo en público).
El hecho es que, tras la primera impresión, el mapa no suscitó demasiado interés entre los expertos. Y eso a pesar de sus muchos misterios.
¿Contaron Cristóbal Colón y Piri Reis con las mismas misteriosas fuentes? ¿Sabían ambos
de la existencia de un continente más allá de las Columnas de Hércules?

Algunos investigadores han descubierto que ciertos territorios representados en el mapa corresponden a líneas de costa sumergidas, que podrían haber estado por encima del nivel de los océanos allá por el final de la Era Glacial. También que el continente que aparece en la parte inferior del mapa corresponde, en gran medida, a la actual Antártida, una porción del globo de la que en época de Piri Reis no se tenía ni idea. A no ser que tengan razón quienes defienden que los chinos habrían bordeado sus costas en el mítico viaje de 1421
El caso es que, como en otros enigmas de la Historia, un objeto extraño revela una verdad que los académicos se niegan a aceptar. Es el hecho de que, en el pasado, los pueblos estuvieron más en contacto de lo que tendemos a suponer. Los hombres se movieron por el mundo con mayor facilidad de la que sospechamos, y su conocimiento del mundo, por consiguiente, debía ser muy completo. El mapa de Piri Reis lo demuestra. Como lo demuestra, también, la alegría con la que Colón se adentró en el Océano, tocó tierra en el Nuevo Mundo, y luego regresó a Europa por una ruta que jamás nadie había recorrido.

Pero eso es parte de otro relato… ¿O quizás no?

martes, 3 de septiembre de 2013

LA HISTORIA EMPIEZA EN BIMINI



No sabemos si el mundo, la historia, comenzó en Bimini, pero sí –a tenor de ciertas pistas– que allí hubo historia antes que en otros muchos sitios.
Isla de Bimini vista desde el cielo

Todo arranca en 1968, cuando un grupo de submarinistas hallan, bajo las límpidas aguas de esta isla del archipiélago de las Bermudas, una impresionante formación rocosa de aspecto artificial. Para algunos podría tratarse de una especie de camino, como una calzada romana gigante, mientras que para otros bien podrían ser las ruinas de una antigua muralla; la prueba, quizá, de la legendaria Atlántida.
No debemos olvidar que nos encontramos en mitad del Triángulo de las Bermudas. Tampoco que fue allí, en aquel archipiélago, donde el misterioso Colón y sus naves Templarias desembarcaron en el Nuevo Mundo…
Los geólogos, claro, los académicos en general, se han apresurado a negar cualquier relación entre el fenómeno y una cultura antigua. Aducen todo tipo de pruebas, de experimentos, difíciles de rebatir por los no iniciados en su ciencia.
Pero el sentido común, la inspiración, habla por sí sola en este caso.
¿Podría ser el camino de Bimini la pista definitiva sobre la verdadera ubicación
de la legendaria Atlántida?

También la ciencia nos habla de un nivel de las aguas oceánicas, en el pasado, muy inferior al actual. Son ya muchísimas las pruebas de ciudades sumergidas junto a las orillas actuales, a pocos metros de la costa; ciudades que, en algún momento del pasado, quedaron bajo el agua.
La formación de Bimini es difícil de asimilar. Es tan imponente, sugiere tan enormes maravillas del pasado, que el hombre de hoy, tan soberbio en su manejo de la tecnología, tan prepotente en su relación con la naturaleza, puede sentirse identificado con los constructores aquéllos, y echarse a temblar al comprender que ni siquiera él está libre del desastre.
Que también los dioses actuales pueden venirse abajo.
Bimini es un misterio, digan lo que digan ciertos aguafiestas. La prueba de algo inquietante, que llena de sentido la Historia.

Y la Atlántida, el gran descubrimiento que está por llegar en este s. XXI nuestro. Si no nos vemos enterrados bajo el agua nuevamente…

martes, 20 de agosto de 2013

EL INCREÍBLE Y ENIGMÁTICO VIAJE DE RATA Y MAUI



En 1974, un investigador neozelandés de la Universidad de Harvard anunciaba un descubrimiento sin precedentes que ponía patas arriba alguno de los supuestos más consolidados de la hasta entonces Historia Oficial de América. Tras haber estudiado en profundidad una inscripción hallada en el s. XIX en una gruta de Tinguiririca (paraje de los Andes chilenos), concluía no sólo que aquella no era, como se había pensado hasta ese momento, una inscripción de algún pueblo del entorno, sino que quienes la habían hecho procedían de muy lejos, nada más y nada menos que de Egipto…
Pensar que los pueblos antiguos se limitaron a permanecer en tierra es limitar los horizontes,
subestimarnos a nosotros mismos, sus herederos...

Aquella inscripción sería una prueba más de hasta dónde había llegado en el pasado el poder de los faraones.
En concreto, de uno de los viajes más misteriosos de la Antigüedad, el llevado a cabo por el capitán Rata y el navegante Maui.
Hacia el año 232 a. C., el faraón Ptolomeo III pone al frente de una flota a estos dos marineros, con el objetivo de circunnavegar el globo y demostrar las teorías de Eratóstenes (el famoso científico, entonces también al frente de la biblioteca de Alejandría).
La flota habría partido del mar Rojo, habría cruzado el océano Índico y después el Pacífico y, a tenor de la inscripción, haber llegado a Chile y haberse adentrado en el interior del continente Sudamericano, reclamando aquellas tierras para su soberano.
A partir de ahí, las teorías se dividen en dos.
Para unos, la flota habría seguido después hacia el Atlántico. Prueba de ello sería la existencia de un islote conocido con el nombre de Rata frente a las costas de Brasil. Para otros, los navegantes egipcios habrían tomado una corriente oceánica que les habría llevado a Hawai.
Esta segunda es la teoría que más adeptos aglutina.
Entre ellos, Thor Heyerdahl, que valora la posibilidad de que la leyenda de Tiki –la de los dioses que llegaron del Oeste–, esté vinculada a este misterioso viaje, y otros, que consideran que el nombre Maui –el de una de las islas principales de Hawai–, corresponde al del mítico capitán.
Por lo demás, sobre inscripciones egipcias y fenicias en América hay todo un mundo de especulaciones.
Las habrá verdaderas; también falsas.
Pero, ¿quién se resiste a pensar que los grandes imperios del pasado –Mayas, Incas, Egipcios– no se conformaron con dominios en tierra firme, y se lanzaron a extender su poder también hacia el mar?

Hacerlo es limitar los horizontes, subestimar el coraje y arrojo de aquellos hombres y mujeres que, sabemos, fueron capaces de los más impresionantes prodigios.

martes, 30 de julio de 2013

EL CRISTAL MÁGICO DE LOS VIKINGOS



Debía de ser aterrador vivir en el s. X y atisbar, en el lejano horizonte de mar azul, la vela cuadrangular de una nave vikinga.
¿Poseían los vikingos algún tipo de tecnología que les permitía orientarse
en el mar sin brújula?

Aquello sólo podía significar la inminencia de un ataque cruento, violento y sin piedad, perpetrado por hombres salvajes de pelo trenzado y largas barbas, expulsados de su dura y fría tierra nórdica hacia la búsqueda de un buen botín al que hincarle el diente.
Fueron el terror de una Europa hundida en las miserias de lo que había quedado del desmembramiento del Imperio romano. Aunque salvajes, y cruentos, el éxito de su expansión no es achacable sólo a factores como la sorpresa, o el arrojo.
Desde siempre, desde que comenzaron a desenterrarse antiguas embarcaciones, quedó claro que se trataba de un pueblo avanzado en lo marítimo.
Los drakkars vikingos, aquellos estilizados veleros de poco calado impulsados por viento, o por los esforzados remeros que viajaban en ellos, eran capaces de alcanzar una enorme velocidad, navegar tanto por mar abierto como por ríos, y varar, si era necesario, en una playa resguardada para hacer noche.
Con ellos, los vikingos lograron desplazarse miles de kilómetros de su zona de origen. Hasta el sur de Europa, penetrando hasta Sevilla; más allá de Kiev, atravesando del Danubio hacia el mar Negro… y puede que hasta Norteamérica, la península del Labrador, si atendemos a las pruebas y a ciertas crónicas…
Pero, ¿fue lo único? ¿Había algo más?
Las leyendas hablan de un cristal mágico que ejercía de brújula. Ciertas sagas remiten a un objeto de este tipo, con cualidades sobrenaturales, capaz de reflejar de una manera determinada los rayos del sol, e indicar latitud, longitud, y demás.
Siempre se ha creído que todo esto era pura fantasía. Inventos, exageraciones de los cronistas…
Pero ahora, en pleno siglo XXI, los científicos nos dicen que no, que aquellas descripciones pudieron haber estado basadas en un objeto real. La conocida como Piedra del Sol ha podido ser encontrada entre los restos del naufragio de un buque inglés del s. XVI. Se cree que el objeto podría haber atravesado varias generaciones y haber seguido utilizándose por descendientes de siglos posteriores.
Nos llaman a la calma, a que esperemos a los resultados, pero resulta muy difícil… ¿Quién puede abstenerse de fantasear? ¡Una piedra mágica, capaz de reflejar los rayos del sol de una determinada manera, para calcular la posición y orientarse en el océano!
Es algo, sencillamente, fascinante.

Y abre la puerta, creemos, a otros descubrimientos que, sin duda, nos sorprenderán en el futuro…

viernes, 26 de abril de 2013

LOS NAVEGANTES FENICIOS, COLÓN, Y LA GRAN MENTIRA DEL “MARE TENEBROSUM”




Los fenicios son uno de los pueblos más misteriosos del pasado. Sobre todo teniendo en cuenta la importancia que tuvieron en la Antigüedad.
Al igual que los griegos, o posteriormente los romanos, mantuvieron un imperio comercial que abarcaba todo el Mediterráneo. Al contrario que aquellos, sin embargo, su influencia cultural parece más bien escasa. Y es que, como buen pueblo comercial que eran, asimilaban enseguida los usos y costumbres de los pueblos colonizados o con quienes mantenían relaciones, y al final, la idea que parece haber de ellos, de su cultura, es la de un pueblo de mezclas, fruto del esfuerzo del intercambio.
Los fenicios, uno de los pueblos más importantes, pero también más desconocidos,
de la Antigüedad

Se sabe muy poco de su origen. La idea más aceptada es que podían proceder de la zona actualmente ocupada por el Líbano. Desde allí, con sus barcos, se habrían lanzado a la aventura del comercio.
Tradicionalmente se ha pensado que se limitaban al Mediterráneo. Es lo lógico, teniendo en cuenta el miedo que ha habido siempre, desde la Antigüedad, al conocido como Mare Tenebrosum, la enorme extensión de agua más allá de las Columnas de Hércules o el Estrecho de Gibraltar.
Sin embargo, en los últimos tiempos se está viniendo abajo esta teoría, gracias, en parte, a nuevos hallazgos arqueológicos, pero también gracias a teorías que venían circulando desde antiguo.
Se sabe que los fenicios estuvieron en Canarias. Se han encontrado restos de alfarería fenicia en Madeira. Se conoce que existió una factoría de este pueblo en China, nada más y nada menos que a 7.500 kilómetros de distancia de Tiro y Sidón, principales puertos comerciales de este enigmático pueblo.
Los fenicios, por tanto, se adentraban más allá del Estrecho. Consiguieron rodear África mucho antes de que pudieran hacerlo, en el s. XV, barcos portugueses. Es de imaginar que pudieran haber conocido la corriente del Atlántico, la misma que utilizó Colón para llegar a América.
La pregunta inevitable es: ¿pudieron los fenicios haber llegado al Nuevo Continente antes que Colón?
Según muchos estudiosos, la respuesta es que sí. Y se confirma con la aparición, poco a poco, de restos arqueológicos de talla fenicia. Algunos falsos, eso sí, producto de investigadores más ávidos de gloria que de conocimiento; otros, todavía en estudio.
¿Conocía Colón antes de partir en busca de las Indias el secreto tan bien
guardado por los fenicios? 

Todavía está por llegar la prueba definitiva. Mientras tanto, como siempre, podemos dejarnos llevar por arrebatos de inspiración. José León Cano, en su magnífico El vuelo de la serpiente, parece tenerlo bastante claro: la idea de Mare Tenebrosum fue un invento de los fenicios. Con ella, con la propagación del bulo de que más allá de las Columnas aguardaban al marinero todo tipo de peligros, aquel pueblo quiso preservar un secreto. Una exclusiva comercial, si se quiere.
En tal caso, la pregunta inevitable es por qué Colón fue capaz de acabar con el mito. ¿Tenía el también información privilegiada?
Algún día, no demasiado lejano, llegará a conocerse. Algunos ya lo intuimos… 

lunes, 8 de abril de 2013

¿JUDÍOS EN LA AMÉRICA PRE COLOMBINA?




Es tanto lo que desconocemos del pasado del continente americano, que las teorías acerca de los orígenes de su población antes de la llegada de Colón, la antigüedad de estos pueblos y sus posibles conexiones en el pasado con gentes venidas de otros continentes, crecen y crecen sin parar.
La ciencia, que es lenta por naturaleza, se encuentra muchas veces maniatada ante teorías que la desafían y ponen delante de sus narices pruebas de cosas que parecen imposibles, pero que son muy difíciles de negar.
¿Estuvo América tan aislada del resto del mundo como nos quieren hacer creer?

En algún momento más adelante hablaremos del mítico viaje de Rata y Maui, que siglos antes del nacimiento de Cristo fueron capaces de llegar mucho más lejos de lo que hasta no hace demasiado se imaginaba uno que podían llegar, por mar, los hombres de la Antigüedad…
Se ha hablado de africanos en Centroamérica, de vikingos en las costas de Nueva Inglaterra, en Canadá, y hasta de templarios o chinos en el Caribe.
A muy pocos se les ha ocurrido pensar en el pueblo judío, el pueblo más viajero de todos, y paradójicamente –o no tanto–, el que posee una de las tradiciones más antiguas.
¿Pudieron llegar embarcaciones fenicias a las costas americanas? ¿Lo hicieron junto a ellos
 miembros del pueblo judío?

Entre ellos, Zecharia Sitchin, autor del ya mencionado en este blog Los reinos perdidos. Sitchin nos habla de las conexiones que, si se quiere, pueden encontrarse entre los antiguos pobladores de Judea y las grandes civilizaciones americanas. En la religión, el arte, conceptos filosóficos… Hasta en la fisionomía de algunas gentes del viejo continente representadas en bajorrelieves o cerámica.
Hay quien apunta a que podrían tratarse de descendientes de las diez tribus perdidas de Israel que menciona la Biblia. Otros, que algunos judíos podrían haber llegado a América en barcos fenicios. Un pueblo que tiene demostrada de sobre su habilidad, en el pasado, a bordo de un barco…
Si la ciencia no lo remedia pronto, seguirán saliendo pruebas de todas partes que contradigan sus preceptos clásicos.
Nos aguardan tiempos de muchas sorpresas…

miércoles, 3 de abril de 2013

PERCY FAWCETT Y LA CIUDAD PERDIDA DE Z


Vivimos en el mundo de Google Earth, de un planeta vigilado por satélites. Para conocer un lugar concreto ya no es necesario desplazarse hasta él; basta encender el ordenador y conectarse a Internet, escribir las coordenadas y esperar a que en la pantalla aparezca una imagen tomada desde el aire; la mayoría de las veces tan nítida como si nos encontrásemos unos pocos metros por encima.
Da igual lo lejos que esté el lugar que buscamos; lo remoto que se encuentre. Uno puede explorar hoy en día desde el sillón de su casa, y convertirse en un observador de primera de las maravillas que encierra nuestro planeta.
Pero hubo un tiempo en que no era tan fácil. Para llegar al fin del mundo había que navegar, o caminar, hacia él. Escalar montañas imposibles, adentrarse en lo más profundo de la selva. Los descubrimientos eran cosa de tipos duros, capaces de soportar los más extremos climas, las más severas condiciones de supervivencia.
Este era el caso de Percy Fawcett, británico y explorador de profesión, que se dejó el pellejo en la selva del Amazonas; en busca del Dorado.
Percy Fawcett (1867-¿?) fue quizá el último gran aventurero.

La leyenda de El Dorado y de ciudades míticas en las que abundaba el oro y la riqueza –una especie de Jardín del Edén real, que podía encontrarse–, había fascinado ya a todo tipo de aventureros desde la época del Descubrimiento. Los nativos americanos hablaban a los recién llegados de las maravillas de este lugar, cuya localización era todo un misterio. Siglos después de las aventuras de Pizarro, Orellana y otros, lo intrincado de la selva amazónica, los misterios que encerraba todavía para el hombre de principios del s. XX, sedujeron también a Fawcett.
El tipo se obsesionó tanto, que empeñó todo lo que tenía –incluida su vida– por encontrar la ciudad mítica del Amazonas, que él llamó enigmáticamente “Z”. Se apoyó en las leyendas de las tribus que vivían bajo la espesura del bosque tropical, pero también en observaciones hechas por los conquistadores –a través de algunos relatos y un curioso manuscrito que en la actualidad se conserva en un museo brasileño, y en algunas de las pruebas que fue encontrando en sus varias expediciones a la zona.
Fawcett murió intentando encontrar El Dorado. Nunca se supo qué había ocurrido con él y con quienes le acompañaban en su última expedición. Durante mucho tiempo se le creyó un loco, y numerosas leyendas contribuyeron a que tanto él como quienes le creyeron quedaran al margen de la historia “oficial”.
Recientemente, tal y como recoge el libro 1491, una nueva historia de las américas antes de Colón, de Charles C. Mann, los arqueólogos comienzan a encontrar pruebas de que quizá Fawcett, y otros que pensaban como él, no estaban tan locos. La posibilidad de una civilización perdida en lo más profundo de la selva es ya factible. Están apareciendo restos de ciudades, de edificios importantes, que corroboran las sospechas del explorador.
La ciudad de Z, por la que Fawcett dio su vida, podría ser, finalmente, una realidad...

América, ya se ha dicho por aquí, sigue siendo el continente más misterioso.
Y espíritus como el de Fawcett tendrán que seguir apareciendo para continuar allí donde Google Earth se queda corto… 

miércoles, 6 de marzo de 2013

¿QUÉ VIO EL ALMIRANTE...?



Sábado, 15 de septiembre de 1492

"Navegó aquel día con su noche 27 leguas su camino al Oueste y algunas más. Y en esta noche al principio de ella vieron caer del cielo un maravilloso ramo de fuego en la mar, lejos de ellos cuatro o cinco leguas."
Cristóbal Colón, Diario de a bordo 

jueves, 28 de febrero de 2013

EL MANUSCRITO VOYNICH




La magnífica biblioteca de la Universidad de Yale, en EE.UU., acoge una extraordinaria colección de libros raros, cada uno de los cuales podría protagonizar perfectamente una novela tipo El club Dumas o así. (No en vano, es la universidad en que trabaja Indiana Jones). Entre todos ellos, considerado algo así como la joya de la corona, se encuentra el enigmático Manuscrito Voynich.
A primera vista, el Manuscrito Voynich parece un manual de farmacopea.

Según los expertos, parece tratarse simplemente de un libro sobre farmacopea. Las pruebas del Carbono 14 lo datan hacia la primera mitad del s. XV, y los dibujos que incluye parecen estar dedicados a plantas y flores, en su mayor parte.
Sin embargo, está escrito en un idioma totalmente desconocido, cuya traducción resulta del todo imposible. Se ha especulado con que pudiera haber sido elaborado con algún tipo de código, o incluso que podría tratarse de una simple broma, pero los lingüistas han rechazado de plano esta posibilidad.
Las especulaciones en torno a él, por tanto, son innumerables. Se habla de alquimia, de saberes ocultos que sobrepasan cualquier imaginación. Se atribuye su autoría a Roger Bacon, al famoso oscurantista John Dee, e incluso a magos de la Alta Edad Media que pudieron –en base a algunos de los dibujos que incluye el libro– conocer la existencia de América antes de la llegada de Colón, o incluso de la energía nuclear.
Los extraños dibujos que acompañan a los textos
hacen plantearse todo tipo de teorías acerca de su significado

El caso es que el libro es un completo misterio, y no parece que haya esperanza de poderlo descifrar de momento. Se han probado todo tipo de métodos, sin obtener jamás resultados convincentes. Ni los prestigiosos descifradores de códigos de la II Guerra Mundial pudieron sacar nada en claro. Una de las teorías más aceptadas –y no por ello menos enigmática– podría ser que el autor del libro fuera algún personaje llegado del extremo oriente, que escribiera el libro en su lengua materna, aunque con un alfabeto inventado. ¿Para qué? Quizá sólo para ocultar su saber a los profanos.
Un saber demasiado valioso, que sigue, como otros grandes misterios, a la vista de todos y a la vez oculto…

martes, 29 de enero de 2013

LOS TOLTECAS Y EL ENIGMA DE “EL DORADO”



Los primeros españoles que pisaban el Nuevo Mundo lo hacían borrachos de leyendas sobre el oro, un metal que en la vieja Europa era sinónimo de riqueza, y que el América parecía tener un significado un poco más ambiguo. Los pueblos que iban encontrando lo utilizaban para fabricarse joyas y objetos ceremoniales, pero no lo utilizaban como moneda. Sin embargo, le daban un origen divino, y lo reverenciaban como un don otorgado por los dioses.

Algunos aztecas temieron, al ver a Cortés, estar ante su temido Qetzalcóatl o "serpiente emplumada", dios de su mitología relacionado con el origen del oro. En las leyendas, se le solía representar con barba, casco y la tez blanca...

Hernán Cortés se volvió loco preguntando a Moctezuma de dónde salía el oro que había en sus ciudades. El líder azteca le aseguraba que todo lo que su pueblo sabía sobre este metal procedía de los toltecas, un pueblo que había existido varios siglos antes y que había desaparecido. Al preguntar de dónde lo habían aprendido los toltecas, la respuesta era simplemente, de los dioses.
La arqueología no ha podido encontrar, efectivamente, evidencias de una actividad minera importante entre los aztecas o los mayas, otros descendientes de los toltecas. Sí, tal y como se desprende de las crónicas de los conquistadores, de una actividad que se desarrollaba junto a los ríos, y que es similar a las prácticas que se desarrollaban en el lejano oeste durante la fiebre del oro.
¿Cómo explicaban los americanos nativos el origen del oro?
Al parecer, según sus leyendas, eran restos de sus excreciones, de sus lágrimas arrojadas a la tierra. Ellos se afanaban en recogerlas para elaborar objetos que después dedicaban a los dioses. De alguna forma, les devolvían lo que era suyo.
Sin embargo, según algunos investigadores las cantidades de oro que salieron de América hacia el Viejo Continente no cuadran con lo que se entiende por una recogida marginal de oro en las riberas de los ríos. Hay quien apunta a que los conquistadores nunca llegaron a conocer un secreto que estaría detrás del oro que aquellos pueblos manejaban.
El origen del conocimiento de la minería por parte de estos pueblos sigue siendo un enigma, como lo es El Dorado. ¿Alguna vez llegará a conocerse?
Quizá en los toltecas, y en su misterioso origen, pueda hallarse la respuesta. 

lunes, 17 de diciembre de 2012

VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LA AMÉRICA PRE COLOMBINA




La Historia suele ser injusta con los perdedores; en el mejor de los casos los ignora, u ofrece de ellos una visión totalmente equivocada que nada tiene que ver con la realidad. Es el caso de los habitantes del Nuevo Mundo después del “Descubrimiento” y posterior conquista.
El pasado de América sigue siendo un gran enigma.

En su libro 1491 Una nueva historia de las Américas antes de Colón, Charles C. Mann trata de romper algunos tóicos y ofrecer una visión más real de lo que era aquel continente antes de que Colón y su tripulación arribara a las Bahamas.
En primer lugar, insiste en que los datos de población de aquel continente precolombino que se han estado barajando hasta el momento son erróneos. Considera que se fundamentan únicamente en lo que vieron los conquistadores, y que para nada tienen que ver con la realidad. Según apunta, basándose en estudios científicos, la llegada de los europeos trajo una serie de enfermedades –principalmente la viruela– que fueron diezmando a la población mucho antes de que lo hicieran los propios europeos y sus armas. De esta manera, Pizarro habría conocido un imperio Inca inmerso en una suerte de “peste negra” que habría facilitado la conquista de aquel pueblo, negando otras razones que han sido defendidas durante siglos, como la inferioridad técnica de los indígenas, o el terror que podrían haber causado soldados cubiertos de armaduras a lomos de caballos. Charles C. Mann cree que, de no haber hecho aparición años antes la viruela, los Incas –o lo que quedaba de ellos– podrían haberse enfrentado a los conquistadores dignamente, y haberles dificultado mucho más la victoria o incluso haber podido derrotarles.
Como el de Egipto, la mayor parte del pasado de América sigue siendo un enigma. Los descubrimientos que siguen produciéndose a cada momento cuestionan cada vez más lo que dábamos por sabido. Tiahuanaco, el misterioso pueblo Chachapoya o los olmecas, suponen un verdadero reto para arqueólogos, historiadores y científicos. ¿Qué función tenían las figuras de nazca? ¿Por qué los mayas se empeñaron en poblar la península del Yucatán, en principio tan hostil para el hombre, que tuvo que realizar grandes esfuerzos técnicos para hacerla habitable? ¿Provenían los americanos de algún lugar de Asia o estuvieron allí siempre?
¿Qué función tuvieron las impresionantes figuras de Nazca?

Hemos empezado a interesarnos por todo esto hace relativamente muy poco –Machu Pichu, por ejemplo, fue dada a conocer para occidente bien entrado el s. XX–, y todo apunta a que las sorpresas que nos depara el futuro son enormes. Quizá la respuesta a muchos misterios se encuentre bajo tupidas selvas amazónicas, en algún valle andino, o al borde de un río de Norteamérica, bajo helechos y árboles gigantes.

sábado, 13 de octubre de 2012

CRISTÓBAL COLÓN, ¿TEMPLARIO?

¿Eran las cruces rojas de las carabelas de Colón un recuerdo del pasado templario del Almirante?


Los enigmas que rodean la figura de Cristóbal Colón son demasiados. Resulta curioso, tratándose de un personaje tan relevante para la Historia Universal. Casi nada sabemos de él antes del Descubrimiento. Antonio de la Riva, en el libro Las claves del enigma de Colón, intenta dar una explicación a todo esto.
Defiende que Colón fue un templario. Que ya sabía antes de embarcarse en Palos hacia dónde iba. Y no sólo eso, sino que, además, engañó a todos haciéndose el despistado, desde el principio hasta el final.
Según de la Riva, todos los que intentan asignar a Colón un origen europeo fallan en algo. Ni genovés, ni italiano, ni portugués ni mallorquín. Colón era americano, dice. Procedía de una colonia templaria en el nuevo mundo, que habría abandonado Europa a través del puerto de La Rochelle, en Francia, cuando todo el jaleo que acabó con la Orden. Allí se habrían establecido unos cuantos, mezclándose con las indígenas –ay, las indígenas–, durante varias generaciones.
Eso explicaría la forma extraña de hablar del almirante. Según las investigaciones, con un castellano propio del siglo XIV.  También sería prueba de ello el secretismo que rodeó su pasado, así como los conocimientos que tenía acerca del mar y la navegación y, sobre todo, de lo que había más allá de las Columnas de Hércules, y que él parecía tan seguro de conocer...
Además, están algunas declaraciones misteriosas de Colón, que han quedado registradas en las crónicas, como aquello de que no había sido el primer Almirante de su familia (de la Riva recuerda que el de Almirante era un título muy habitual entre los Templarios).
La teoría de Antonio de la Riva, además de interesante y documentada, enlaza muy bien con aquélla que defendió en su día el investigador y aventurero noruego Thor Heyerdahl, el mismo de la expedición Kon Tiki, y su idea de que los Polinesios provendrían de América del Sur, en especial de un grupo de incas enigmático (compuesto por gentes de piel blanca, largas barbas y un saber técnico superior), que aún hoy no ha quedado aclarado del todo.
Pero eso es otra historia, que desarrollaremos más adelante.
De momento, recordar sólo aquellas cruces rojas que portaron las carabelas en su velamen...

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