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martes, 23 de febrero de 2016

LAS 10 CIUDADES MÁS SATÁNICAS DEL PLANETA (O ALGUNAS DE LAS MÁS INQUIETANTES) 1ª PARTE


Hoy os traemos la primera parte de una lista que ha sido elaborada a partir de la publicada el pasado mes de enero por un portal en inglés, en la que aparecen las que ellos consideran las 10 ciudades más satánicas del mundo. Aunque con algunos peros (sobre todo el hecho de que esté algo centrada en Estados Unidos, y el mundo anglosajón; seguro que se podría hacer otra específica de América latina, o España, y quizá próximamente nos animemos) creemos que puede resultar interesante y con algunas sorpresas.
Recoge, en general, puntos del planeta que están relacionados de una manera u otra con el Diablo. Algunos son antiguos; otros, discutibles, y algunos de ellos podrían ser de más actualidad de lo que podría pensarse en un principio. Pasemos, si quieren, a ver las cinco primeras...



LALISH (IRAQ)



Los yazidíes son una comunidad de mayoría kurda que habita una zona del norte de Iraq actualmente
asediada por ISIS. Su religión, un culto preislámico que en tiempos fue mayoritario de la minoría kurda, es acusada por parte de musulmanes y cristianos de ser en realidad un culto satánico, basándose

jueves, 7 de agosto de 2014

MISTERIOS Y ENIGMAS DEL MADRID OCULTO


Madrid descansa en mitad de la meseta, a los pies de la sierra de Guadarrama, en un cruce de caminos a orillas del Manzanares.
Es, sobre todo por historia, una de las grandes ciudades del mundo.
En ella viven tres millones de personas; tres millones que cada día patean sus calles y sufren los rigores de sus inviernos y veranos secos, en medio de los padecimientos y felicidades que depara la vida moderna.
Una ciudad populosa que, sin embargo, también oculta sus secretos y leyendas.


Madrid es, además de muchas otras cosas más, una ciudad llena de leyendas,
misterios y rincones ocultos...

Quizá la más famosa sea la del Palacio de Linares. Un palacio situado en plena plaza de Cibeles, y que fue construido hacia 1900 por el marqués del mismo nombre. Según cuentan, sus pasillos y salones fueron testigos de la trágica historia de una niña, Raimundita, que fue asesinada al nacer por quienes desaprobaban las relaciones entre sus progenitores José de Murga, marqués de Linares, y Raimunda de Osorio, una joven de extracción humilde que habría resultado ser hermanastra del primero. Es hacia los años noventa, concretamente en 1990, cuando el fantasma de la pequeña comienza a hacerse popular entre quienes trabajan en el palacio, actualmente Casa de América. Obreros y vigilantes de seguridad aseguraban entonces haber escuchado a una niña que les susurraba cosas en medio de la noche, además de reconocer movimiento de sombras, objetos que cambiaban una y otra vez de posición, y luces que, a lo largo del servicio, se encendían y se apagaban sin que nadie hubiera por allí más que ellos.
Fue en una finca próxima a Madrid, la conocida como Quinta del Sordo, donde
Goya realizó sus siniestras y misteriosas pinturas negras.
También relacionada con un edificio está la leyenda de la casa de las siete chimeneas. Es, como en el caso del palacio de Linares, un edificio antiguo, en este caso, levantado en el siglo XVI. Dicen que por Juan de Herrera, el arquitecto de El Escorial, aunque todavía hoy es muy discutido. Se habla de fantasmas que vagan por su tejado, pertenecientes a mujeres jóvenes que fallecieron en el edificio en extrañas circunstancias, alguna de ellas incluso se comenta que fue amante de Felipe II, el rey que quiso ser un rey Salomón moderno…
Paseando por el centro nos encontramos con la plaza Mayor, y los fantasmas –dicen– de los cientos de personas que fueron ajusticiadas en su solar, o de los que lo fueron –también– en la plaza de la Paja, hoy tan concurrida de bares y terrazas y gente despreocupada del mundo invisible y trágico que les rodea.
No debemos olvidarnos del Monasterio de la Encarnación, y el milagro de la sangre de San Pantaleón. Tampoco del Museo del Prado y de los enigmas de El Bosco, la pintura alucinada de El Greco, y las pinturas negras de Goya. Un Goya cuya mítica vivienda, la Quinta del Sordo, se encontró en su momento muy cerca del centro de la capital, y que a decir de sus contemporáneos fue un lugar misterioso, donde se rumoreaba que ocurrían todo tipo de cosas extrañas.
Y así, si seguimos escarbando, encontraremos muchas más. Se nos ocurre de pronto la existencia de esa enigmática estatua dedicada al Ángel Caído, Lucifer, situada en pleno parque del Retiro, y que dicen que es la única en su género del mundo. Por no hablar de los alrededores e irnos a las proximidades de la ciudad, hacia el El Escorial antes mencionado, la cervantina Alcalá de Henares o el Aranjuez de los jardines masónicos, por poner unos cuantos ejemplos.
Suerte, ¡ay!, la de los que tienen cerca todas esas maravillas, y pueden, de vez en cuando, pasear en una noche cálida de verano por ese Madrid de los Austrias donde en cada callejón, en cada callejuela, parece estar a punto de saltarnos encima algún espadachín perdido en una dimensión equivocada…

martes, 22 de octubre de 2013

LA MAGIA Y EL MISTERIO DEL VUDÚ



Los lugares mágicos los hace la gente que vive en ellos. El cruce de culturas, la magia que llevan los pueblos que confluyen en ellos. También el dolor.
Es el caso de muchos sitios alrededor del mundo, aunque pocos del estilo de Haití.
"Ritos, ceremonias enmascaradas, con las que regresaban a África cada noche,
en la intimidad de la choza..."

Dicen quienes han estado allí, y no son nativos, que la tensión se respira en el ambiente. Es la pobreza, dirán algunos, los terribles desastres naturales que la han golpeado no hace mucho. Quizá eso sume, no cabe duda, pero no son los únicos factores.
Los que formaron aquel país eran esclavos. Gentes arrancadas de su lugar ancestral, el que habitaban desde probablemente el inicio de los tiempos, para ser depositados, como animales, en la otra orilla de aquel vasto océano que algunos ni siquiera conocían. En barcos miserables, hacinados suciamente, expuestos a la enfermedad y a la locura.
Los que sobrevivieron, tuvieron que hacer aquello que los blancos no querían hacer. Trabajos duros, al nivel de las mulas y otras bestias. Desnudos, porque así habían sido transportados, no tenían más que lo que los más viejos recordaban. Cultura oral, de ritos y creencias que sus amos respetaron mientras las desarrollasen en sus barracones, lejos de los salones enmoquetados y las cortinas de seda. De noche, en la intimidad de la choza.
Fuego, sangre, tambores narcóticos que viajaban miles de kilómetros de vuelta hacia África. Espíritus, demonios, que en América se transformaron tímidamente en santos y vírgenes.
Quien presencia uno de esos ritos no lo olvida jamás.
Quien se expone a su poder, difícilmente escapa.
Todo lo que se cuente sin escuchar el ritmo enfebrecido de los tambores, de las palmas, de los gemidos, está de más.

Y quien diga que no cree, es que está pasando por este mundo sin darse cuenta de nada. 

(Para quien tenga tiempo, y ganas de ver una buena serie de fotografías sobre el vudú, 
que visite la página del fotógrafo LUIS GABU)

martes, 20 de agosto de 2013

EL INCREÍBLE Y ENIGMÁTICO VIAJE DE RATA Y MAUI



En 1974, un investigador neozelandés de la Universidad de Harvard anunciaba un descubrimiento sin precedentes que ponía patas arriba alguno de los supuestos más consolidados de la hasta entonces Historia Oficial de América. Tras haber estudiado en profundidad una inscripción hallada en el s. XIX en una gruta de Tinguiririca (paraje de los Andes chilenos), concluía no sólo que aquella no era, como se había pensado hasta ese momento, una inscripción de algún pueblo del entorno, sino que quienes la habían hecho procedían de muy lejos, nada más y nada menos que de Egipto…
Pensar que los pueblos antiguos se limitaron a permanecer en tierra es limitar los horizontes,
subestimarnos a nosotros mismos, sus herederos...

Aquella inscripción sería una prueba más de hasta dónde había llegado en el pasado el poder de los faraones.
En concreto, de uno de los viajes más misteriosos de la Antigüedad, el llevado a cabo por el capitán Rata y el navegante Maui.
Hacia el año 232 a. C., el faraón Ptolomeo III pone al frente de una flota a estos dos marineros, con el objetivo de circunnavegar el globo y demostrar las teorías de Eratóstenes (el famoso científico, entonces también al frente de la biblioteca de Alejandría).
La flota habría partido del mar Rojo, habría cruzado el océano Índico y después el Pacífico y, a tenor de la inscripción, haber llegado a Chile y haberse adentrado en el interior del continente Sudamericano, reclamando aquellas tierras para su soberano.
A partir de ahí, las teorías se dividen en dos.
Para unos, la flota habría seguido después hacia el Atlántico. Prueba de ello sería la existencia de un islote conocido con el nombre de Rata frente a las costas de Brasil. Para otros, los navegantes egipcios habrían tomado una corriente oceánica que les habría llevado a Hawai.
Esta segunda es la teoría que más adeptos aglutina.
Entre ellos, Thor Heyerdahl, que valora la posibilidad de que la leyenda de Tiki –la de los dioses que llegaron del Oeste–, esté vinculada a este misterioso viaje, y otros, que consideran que el nombre Maui –el de una de las islas principales de Hawai–, corresponde al del mítico capitán.
Por lo demás, sobre inscripciones egipcias y fenicias en América hay todo un mundo de especulaciones.
Las habrá verdaderas; también falsas.
Pero, ¿quién se resiste a pensar que los grandes imperios del pasado –Mayas, Incas, Egipcios– no se conformaron con dominios en tierra firme, y se lanzaron a extender su poder también hacia el mar?

Hacerlo es limitar los horizontes, subestimar el coraje y arrojo de aquellos hombres y mujeres que, sabemos, fueron capaces de los más impresionantes prodigios.

viernes, 26 de abril de 2013

LOS NAVEGANTES FENICIOS, COLÓN, Y LA GRAN MENTIRA DEL “MARE TENEBROSUM”




Los fenicios son uno de los pueblos más misteriosos del pasado. Sobre todo teniendo en cuenta la importancia que tuvieron en la Antigüedad.
Al igual que los griegos, o posteriormente los romanos, mantuvieron un imperio comercial que abarcaba todo el Mediterráneo. Al contrario que aquellos, sin embargo, su influencia cultural parece más bien escasa. Y es que, como buen pueblo comercial que eran, asimilaban enseguida los usos y costumbres de los pueblos colonizados o con quienes mantenían relaciones, y al final, la idea que parece haber de ellos, de su cultura, es la de un pueblo de mezclas, fruto del esfuerzo del intercambio.
Los fenicios, uno de los pueblos más importantes, pero también más desconocidos,
de la Antigüedad

Se sabe muy poco de su origen. La idea más aceptada es que podían proceder de la zona actualmente ocupada por el Líbano. Desde allí, con sus barcos, se habrían lanzado a la aventura del comercio.
Tradicionalmente se ha pensado que se limitaban al Mediterráneo. Es lo lógico, teniendo en cuenta el miedo que ha habido siempre, desde la Antigüedad, al conocido como Mare Tenebrosum, la enorme extensión de agua más allá de las Columnas de Hércules o el Estrecho de Gibraltar.
Sin embargo, en los últimos tiempos se está viniendo abajo esta teoría, gracias, en parte, a nuevos hallazgos arqueológicos, pero también gracias a teorías que venían circulando desde antiguo.
Se sabe que los fenicios estuvieron en Canarias. Se han encontrado restos de alfarería fenicia en Madeira. Se conoce que existió una factoría de este pueblo en China, nada más y nada menos que a 7.500 kilómetros de distancia de Tiro y Sidón, principales puertos comerciales de este enigmático pueblo.
Los fenicios, por tanto, se adentraban más allá del Estrecho. Consiguieron rodear África mucho antes de que pudieran hacerlo, en el s. XV, barcos portugueses. Es de imaginar que pudieran haber conocido la corriente del Atlántico, la misma que utilizó Colón para llegar a América.
La pregunta inevitable es: ¿pudieron los fenicios haber llegado al Nuevo Continente antes que Colón?
Según muchos estudiosos, la respuesta es que sí. Y se confirma con la aparición, poco a poco, de restos arqueológicos de talla fenicia. Algunos falsos, eso sí, producto de investigadores más ávidos de gloria que de conocimiento; otros, todavía en estudio.
¿Conocía Colón antes de partir en busca de las Indias el secreto tan bien
guardado por los fenicios? 

Todavía está por llegar la prueba definitiva. Mientras tanto, como siempre, podemos dejarnos llevar por arrebatos de inspiración. José León Cano, en su magnífico El vuelo de la serpiente, parece tenerlo bastante claro: la idea de Mare Tenebrosum fue un invento de los fenicios. Con ella, con la propagación del bulo de que más allá de las Columnas aguardaban al marinero todo tipo de peligros, aquel pueblo quiso preservar un secreto. Una exclusiva comercial, si se quiere.
En tal caso, la pregunta inevitable es por qué Colón fue capaz de acabar con el mito. ¿Tenía el también información privilegiada?
Algún día, no demasiado lejano, llegará a conocerse. Algunos ya lo intuimos… 

lunes, 22 de abril de 2013

ALGUNOS ENIGMAS EN TORNO A TEOTIHUACÁN




Teotihuacán es uno de los lugares más misteriosos de América, por no decir de todo el mundo.  Ya su nombre, que en castellano viene a decir algo así como “El lugar en que los hombres se convierten en dioses”, nos pone en la pista de un lugar grandioso, donde todo, o casi todo, es posible.
Lo más misterioso de Teotihuacán es, como en otros lugares similares del mundo, sus medidas
claramente sobrehumanas...

No es el nombre que los constructores de sus grandes monumentos se dieron a sí mismos. Es sólo como los llamaron otros pueblos que conocieron posteriormente el lugar. De quienes erigieron sus grandes pirámides a lo largo de la conocida como calzada “de los muertos” desconocemos todo, o casi todo. Ni su lengua, su origen étnico, o cuándo anduvieron por aquellos lugares.
Hablamos de Méjico. De una explanada a 45 kilómetros aproximadamente de la capital del país. Un lugar que hasta el s. XIX no era más que un foco de leyendas sobre antiguas civilizaciones, tesoros ocultos y cosas así.
Tuvo que llegar el año 1885, y un arqueólogo llamado Leopoldo Batres, para que el mundo conociera las maravillas de Teotihuacán.
Desde el principio, las excavaciones fueron revelando una civilización maravillosa y muy avanzada llena de misterios y enigmas que aún hoy no han podido ser resueltos. Se sabe que quienes construyeron la ciudad lo hacían teniendo muy en cuenta la astronomía –como los mayas o los egipcios–, y que como aquellos, también, llegó un momento –se especula con que en torno al s. VII d. C. – en que su cultura se vino al traste.
Y es aquí donde encontramos los mayores misterios.
Porque los estudios revelan que fueron sus propios habitantes los que ocultaron, bajo toneladas de escombros, sus propias viviendas, templos y otros edificios públicos.
Desaparecieron de un día para otro, dejando para la posteridad imponentes pirámides como la del sol, o la de la luna, prácticamente intactas, sólo enterradas. Sin más.
No hay rastro de una lucha armada, o de un cataclismo de cualquier tipo. No hay cadáveres, y por tanto es de imaginar que los habitantes no murieron allí, si no que, de alguna manera, se fueron...
Es éste el gran misterio de Teotihuacán, pero no el único.
La lista sería inmensa, y estaría encabezada para la Serpiente Emplumada y su leyenda, que ya comentamos más atrás...
Sólo cuando podamos leer en sus paredes, sus decenas de glifos tallados en la roca, sus estelas, y lo que resultará quizá más revelador, sus coordenadas ocultas en las medidas, orientación y demás detalles de sus edificios, podremos, quizá, acercarnos a sus secretos.
Mientras tanto, tendremos que conformarnos con quedar asombrados ante su monumentalidad… Y admirar a los hombres –o lo que fuera– que la llevaron a cabo.

miércoles, 20 de febrero de 2013

SANTA MARÍA DE MELQUE: ANTIQUÍSIMO MISTERIO ARQUITECTÓNICO




Treinta kilómetros al sur de la inmortal Toledo, en un paraje situado entre Gálvez y la Puebla de Montalbán, nos encontramos con uno de los misterios arquitectónicos más fascinantes de la Península Ibérica. Se trata de Santa María de Melque, un conjunto monástico de finales del periodo visigótico (siglo VIII), que trae, desde siempre, de cabeza a los investigadores.
Santa María de Melque, en la provincia de Toledo: uno de los más fascinantes
misterios arquitectónicos de la Península

Lo primero que llama la atención del conjunto es su ubicación. Al parecer, está fuera de cualquier ruta, algo que comparte con el cercano castillo de Montalbán. Se sabe, por las excavaciones que se han llevado a cabo en el entorno, que su antigüedad como lugar de culto se remonta a los celtíberos. Después pasaría a ser edificio romano, más tarde visigótico, y finalmente mozárabe.
Los templarios, que anduvieron cerca –el castillo de Montalbán–, son quizá responsables de la enorme red de galerías que discurren por sus subterráneos. Su simbología está por todo el edificio, comenzando por su nombre.
Aunque Melque parece provenir del árabe –haciendo alusión a cierto camino real–, es imposible no dejarse llevar por la tentación y pensar en Melquisedec –el mítico rey de Salem que mencionan los textos sagrados–, o en el dios fenicio Bal Melkart –a quien otros han querido ver venerado en la mítica Cueva de Hércules–. Lo que sí parece claro es que desde antiguo se veneró en el lugar a una virgen negra de ésas que por toda Europa fueron después agasajadas con inmensas catedrales.
Las leyendas, finalmente, vinculan este conjunto monástico con la Mesa de Salomón. Quién sabe si en alguna de esas galerías que van surgiendo con el tiempo, por las lluvias y el derrumbe de los techos, no aparecerá algún día la mítica tabla, portadora del conocimiento absoluto… 

lunes, 3 de diciembre de 2012

VIAJE A RENNES-LE-CHATEAU



A Rennes Le Chateau se accede a través de una estrecha carretera sinuosa, llena de curvas, que va ascendiendo mientras bordea un valle abierto y ancho entre montañas no demasiado elevadas. Es un paisaje que recuerda a los campos de Soria, o a los del lado segoviano de la sierra de Guadarrama. 
Sólo hace falta asomarse a esa ventana y comenzar a soñar...

Al llegar, uno se topa con un conjunto de casitas de piedra y tres o cuatro calles ­–no parecen muchas más-, que sorprenden a alguien que llega con la mochila llena de leyendas, fantasías e ilusiones sobre un lugar mítico en el mundo del misterio.
Deja inmediatamente el coche en cualquier lado, y se pone a caminar.
Busca los rincones por los que anduvo el mítico párroco Bérenger Sáunière, que llegó allí un día de 1885 y forjó un cuento que parece de hadas y que, a decir de muchos, fue totalmente real.
Se cuenta que Sáunière vino a este pueblecito del sureste francés –próximo a Tolouse y Carcasonne, a los Pirineos y al mar Mediterráneo­-, sin un duro en el bolsillo. Que encontró algo en la iglesia, bajo el altar, que podría haberle dado la pista del mítico tesoro de los templarios. Que buscando, investigando junto a algunos misteriosos personajes con los que se le relaciona, halló oro o lo que fuera, y que empezó a prosperar.
Todavía quedan en pie algunas de las obras que llevó a cabo gracias a su posible hallazgo. Reformas en la iglesia parroquial, una mansión preciosa, modernista y llena de lujos, y una torre dedicada a María Magdalena. Asomarse a sus ventanas, y ver el valle abajo, extendiéndose a las faldas de su promontorio como un mar sereno, totalmente calmo, es una sensación inigualable. Uno puede imaginar a Sáunière paseando por allí, rodeado de libros, manuscritos y planos, y se imagina mil y un argumentos para películas, libros y relatos. ¡Qué tertulias hubieron de desarrollarse allí, en aquellos saloncitos que en otoño se ven bañados por una luz dulce y cálida al atardecer! Dan Brown y su Código Da Vinci dieron buena cuenta de ello.
Pero al margen de estas leyendas, el lugar es asombrosamente inspirador. Uno de esos centros telúricos que recorren Europa de cabo a rabo. También el mundo entero. Un lugar mágico, como el castillo de Montsalvat, no demasiado lejano.
Bérenger Sáunière (1852-1917)

Tras cientos de kilómetros de carreteras, de haber cruzado fronteras y de haber pasado fatigas; cuando uno, digo, llega por fin al lugar, y se deja poseer por la magia que emana del subsuelo, se olvida de todo. Piensa que qué suerte haber tenido la ocasión de contemplarlo, y piensa, también, en todas las cosas que le quedan por ver y que algún día verá. A veces la imaginación es el mayor de los tesoros.
La imaginación, y esos libros que tanto inspiran. Junto a lugares como Rennes-le-Chateau.

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