Mostrando entradas con la etiqueta Tesoros escondidos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tesoros escondidos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de abril de 2016

MISTERIOS DEL SALVAJE OESTE

Tesoros ocultos, profanación de cadáveres, galeones españoles encontrados en mitad del desierto, y hasta pájaros quizá prehistóricos...! A continuación, traemos una pequeña selección de misterios y enigmas no resueltos llegados directamente del salvaje Oeste americano, un territorio aún salvaje e indómito, poblado, como podrán comprobar, de inquietantes leyendas...


EL GALEÓN PERDIDO EN EL DESIERTO


Comencemos por el desierto de Colorado, una parte del desierto de Sonora situado en California. Es, desde luego, el último lugar donde uno esperaría encontrar un pecio hundido. Un galeón español, concretamente, repleto de tesoros. Y, sin embargo, es lo que en 1870 aseguró haber hallado un cazatesoros, Charley Clusker, tal y como en noviembre de ese mismo año anunciaba, a bombo y platillo, la prensa de Los Ángeles.
Algo extraño, desde luego, por tratarse, claro, de un lugar muy alejado del mar, extremadamente seco, que, sin embargo, y a decir de algunos expertos –con muchas reservas, también hay que decirlo– no sería del todo imposible si se trabajase con la posibilidad de que –como sí se sabe de periodos geológicos remotos– el lecho de ciertas partes de aquel desierto hubiera estado inundado de agua en el pasado...


lunes, 22 de abril de 2013

ALGUNOS ENIGMAS EN TORNO A TEOTIHUACÁN




Teotihuacán es uno de los lugares más misteriosos de América, por no decir de todo el mundo.  Ya su nombre, que en castellano viene a decir algo así como “El lugar en que los hombres se convierten en dioses”, nos pone en la pista de un lugar grandioso, donde todo, o casi todo, es posible.
Lo más misterioso de Teotihuacán es, como en otros lugares similares del mundo, sus medidas
claramente sobrehumanas...

No es el nombre que los constructores de sus grandes monumentos se dieron a sí mismos. Es sólo como los llamaron otros pueblos que conocieron posteriormente el lugar. De quienes erigieron sus grandes pirámides a lo largo de la conocida como calzada “de los muertos” desconocemos todo, o casi todo. Ni su lengua, su origen étnico, o cuándo anduvieron por aquellos lugares.
Hablamos de Méjico. De una explanada a 45 kilómetros aproximadamente de la capital del país. Un lugar que hasta el s. XIX no era más que un foco de leyendas sobre antiguas civilizaciones, tesoros ocultos y cosas así.
Tuvo que llegar el año 1885, y un arqueólogo llamado Leopoldo Batres, para que el mundo conociera las maravillas de Teotihuacán.
Desde el principio, las excavaciones fueron revelando una civilización maravillosa y muy avanzada llena de misterios y enigmas que aún hoy no han podido ser resueltos. Se sabe que quienes construyeron la ciudad lo hacían teniendo muy en cuenta la astronomía –como los mayas o los egipcios–, y que como aquellos, también, llegó un momento –se especula con que en torno al s. VII d. C. – en que su cultura se vino al traste.
Y es aquí donde encontramos los mayores misterios.
Porque los estudios revelan que fueron sus propios habitantes los que ocultaron, bajo toneladas de escombros, sus propias viviendas, templos y otros edificios públicos.
Desaparecieron de un día para otro, dejando para la posteridad imponentes pirámides como la del sol, o la de la luna, prácticamente intactas, sólo enterradas. Sin más.
No hay rastro de una lucha armada, o de un cataclismo de cualquier tipo. No hay cadáveres, y por tanto es de imaginar que los habitantes no murieron allí, si no que, de alguna manera, se fueron...
Es éste el gran misterio de Teotihuacán, pero no el único.
La lista sería inmensa, y estaría encabezada para la Serpiente Emplumada y su leyenda, que ya comentamos más atrás...
Sólo cuando podamos leer en sus paredes, sus decenas de glifos tallados en la roca, sus estelas, y lo que resultará quizá más revelador, sus coordenadas ocultas en las medidas, orientación y demás detalles de sus edificios, podremos, quizá, acercarnos a sus secretos.
Mientras tanto, tendremos que conformarnos con quedar asombrados ante su monumentalidad… Y admirar a los hombres –o lo que fuera– que la llevaron a cabo.

miércoles, 20 de febrero de 2013

SANTA MARÍA DE MELQUE: ANTIQUÍSIMO MISTERIO ARQUITECTÓNICO




Treinta kilómetros al sur de la inmortal Toledo, en un paraje situado entre Gálvez y la Puebla de Montalbán, nos encontramos con uno de los misterios arquitectónicos más fascinantes de la Península Ibérica. Se trata de Santa María de Melque, un conjunto monástico de finales del periodo visigótico (siglo VIII), que trae, desde siempre, de cabeza a los investigadores.
Santa María de Melque, en la provincia de Toledo: uno de los más fascinantes
misterios arquitectónicos de la Península

Lo primero que llama la atención del conjunto es su ubicación. Al parecer, está fuera de cualquier ruta, algo que comparte con el cercano castillo de Montalbán. Se sabe, por las excavaciones que se han llevado a cabo en el entorno, que su antigüedad como lugar de culto se remonta a los celtíberos. Después pasaría a ser edificio romano, más tarde visigótico, y finalmente mozárabe.
Los templarios, que anduvieron cerca –el castillo de Montalbán–, son quizá responsables de la enorme red de galerías que discurren por sus subterráneos. Su simbología está por todo el edificio, comenzando por su nombre.
Aunque Melque parece provenir del árabe –haciendo alusión a cierto camino real–, es imposible no dejarse llevar por la tentación y pensar en Melquisedec –el mítico rey de Salem que mencionan los textos sagrados–, o en el dios fenicio Bal Melkart –a quien otros han querido ver venerado en la mítica Cueva de Hércules–. Lo que sí parece claro es que desde antiguo se veneró en el lugar a una virgen negra de ésas que por toda Europa fueron después agasajadas con inmensas catedrales.
Las leyendas, finalmente, vinculan este conjunto monástico con la Mesa de Salomón. Quién sabe si en alguna de esas galerías que van surgiendo con el tiempo, por las lluvias y el derrumbe de los techos, no aparecerá algún día la mítica tabla, portadora del conocimiento absoluto… 

lunes, 3 de diciembre de 2012

VIAJE A RENNES-LE-CHATEAU



A Rennes Le Chateau se accede a través de una estrecha carretera sinuosa, llena de curvas, que va ascendiendo mientras bordea un valle abierto y ancho entre montañas no demasiado elevadas. Es un paisaje que recuerda a los campos de Soria, o a los del lado segoviano de la sierra de Guadarrama. 
Sólo hace falta asomarse a esa ventana y comenzar a soñar...

Al llegar, uno se topa con un conjunto de casitas de piedra y tres o cuatro calles ­–no parecen muchas más-, que sorprenden a alguien que llega con la mochila llena de leyendas, fantasías e ilusiones sobre un lugar mítico en el mundo del misterio.
Deja inmediatamente el coche en cualquier lado, y se pone a caminar.
Busca los rincones por los que anduvo el mítico párroco Bérenger Sáunière, que llegó allí un día de 1885 y forjó un cuento que parece de hadas y que, a decir de muchos, fue totalmente real.
Se cuenta que Sáunière vino a este pueblecito del sureste francés –próximo a Tolouse y Carcasonne, a los Pirineos y al mar Mediterráneo­-, sin un duro en el bolsillo. Que encontró algo en la iglesia, bajo el altar, que podría haberle dado la pista del mítico tesoro de los templarios. Que buscando, investigando junto a algunos misteriosos personajes con los que se le relaciona, halló oro o lo que fuera, y que empezó a prosperar.
Todavía quedan en pie algunas de las obras que llevó a cabo gracias a su posible hallazgo. Reformas en la iglesia parroquial, una mansión preciosa, modernista y llena de lujos, y una torre dedicada a María Magdalena. Asomarse a sus ventanas, y ver el valle abajo, extendiéndose a las faldas de su promontorio como un mar sereno, totalmente calmo, es una sensación inigualable. Uno puede imaginar a Sáunière paseando por allí, rodeado de libros, manuscritos y planos, y se imagina mil y un argumentos para películas, libros y relatos. ¡Qué tertulias hubieron de desarrollarse allí, en aquellos saloncitos que en otoño se ven bañados por una luz dulce y cálida al atardecer! Dan Brown y su Código Da Vinci dieron buena cuenta de ello.
Pero al margen de estas leyendas, el lugar es asombrosamente inspirador. Uno de esos centros telúricos que recorren Europa de cabo a rabo. También el mundo entero. Un lugar mágico, como el castillo de Montsalvat, no demasiado lejano.
Bérenger Sáunière (1852-1917)

Tras cientos de kilómetros de carreteras, de haber cruzado fronteras y de haber pasado fatigas; cuando uno, digo, llega por fin al lugar, y se deja poseer por la magia que emana del subsuelo, se olvida de todo. Piensa que qué suerte haber tenido la ocasión de contemplarlo, y piensa, también, en todas las cosas que le quedan por ver y que algún día verá. A veces la imaginación es el mayor de los tesoros.
La imaginación, y esos libros que tanto inspiran. Junto a lugares como Rennes-le-Chateau.

LO MÁS LEÍDO