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viernes, 12 de agosto de 2016

LECTURAS IMPRESCINDIBLES (V): DIOSES, TUMBAS Y SABIOS, de C.W. Ceram


por Marcus Polvoranca

No siempre es suficiente, pero supone un gran empujón para un libro el haber sido escrito con pasión. Es algo que enseguida nota el lector, y que si va acompañado de talento, de un tema interesante que consiga atraparnos, forma un cocktail explosivo que impedirá que de ninguna manera abandonemos la lectura hasta haber devorado, también con pasión, hasta la última de sus páginas.

Así ocurre con esta maravillosa obra que nos habla, con absoluta pasión, de los hallazgos que en su momento revolucionaron su tiempo y abrieron para occidente los misterios de Egipto, de la Antigua Grecia, de las civilizaciones mesoamericanas y de las llanuras mesopotámicas. Un libro que sumerge al lector en las peripecias novelescas de Howard Carter, el descubridor de la tumba de Tutankamón, del hallazgo de las claves para desentrañar los jeroglíficos, de la pasión del amateur Schliemann y su empeño heroico por descubrir Troya, así como de los misterios en torno a las ciudades abandonadas por Mayas y los habitantes

martes, 8 de julio de 2014

LA CALAVERA DE LA MUERTE

Dicen que es posiblemente la joya más rara del mundo, y es seguro que se trata de una de las más enigmáticas y fascinantes.
Fue encontrada en 1924 por Anna Le Guillon Mitchel-Hedges, hija del famoso explorador y aventurero F. A. Mitchel-Hedges. Según ella –hay quien piensa que todo fue un fraude–, fue hallada en el interior de un altar colapsado maya de Lubaantún, en el actual Belice.

¿Qué hay de cierto en las leyendas que giran en torno a ésta y otras
calaveras de cristal encontradas en América?

Los numerosos estudios que se le han realizado desde entonces han revelado que se trata de una pieza única, de maravillosa factura, realizada a partir de un solo bloque de roca de cristal puro, que habría sido tallado mediante una técnica difícil, y cuidadosa, que habría llevado, atención, entre 150 y 300 años a sus ejecutores.
Su misterioso aspecto no ha alejado, ni mucho menos, las leyendas. Leyendas de sacerdotes mayas que la habrían utilizado para ejecutar a enemigos a distancia, utilizando sus poderes. O de una colección de calaveras similares que habrían de ser reunidas tras siglos de separación para evitar la catástrofe anunciada por las profecías mayas del fin del mundo.
Hay que decir que los científicos han desechado todo tipo de propiedades sobrenaturales de este objeto, negando, por ejemplo, que la temperatura constante de la calavera sea de 21 grados, o que tengan algún tipo de propiedad gravitacional extraña, como afirman algunos investigadores.
Sin embargo, sí que hay mucha polémica por su origen, y como hemos dicho, sospechas de que Anna Le Guillon Mitchel-Hedges mintió al hablar de cómo la había encontrado.

Las ruinas de Lubaantún, en el actual Belice, el lugar en que fue hallada,
supuestamente, la conocida como "calavera de la muerte".

Pese a todo, ésta y otras calaveras llevan en los museos occidentales desde hace más de un siglo. La polémica en torno a su origen no ha cesado, y ese es quizá el mayor misterio que les rodea.
¿Podría tratarse de un ejemplo de arte procedente de la Atlántida, como han sugerido algunos? ¿La prueba incontestable de esa civilización que pobló la tierra hace miles de años, y cuyo rastro es tan difícil seguir en la actualidad? ¿O sólo un fraude de principios del siglo veinte, como defienden con desdén los escépticos y la mayoría de los academicistas?

Como en tantos casos parecidos, parece que la verdad misma se resiste con uñas y dientes a ser completamente desvelada, como si quisiera jugar y reírse de nosotros, o simplemente ocultarnos una realidad para la que no considera que estemos preparados...

martes, 24 de septiembre de 2013

EL CÍRCULO DE GOSECK



Solemos admirarnos de los conocimientos astronómicos de los mayas, de la sabiduría egipcia en torno al Universo, y sólo recientemente, y muy poco a poco, caemos en la cuenta de que la vieja Europa –la viejísima Europa– mira al cielo estrellado, al parecer, desde hace muchísimo tiempo, más de lo que nos habían enseñado a creer.
El misterio del círculo de Goseck, en Alemania, se remonta, según los expertos,
a cerca de 5000 años antes de Cristo...

Si los datos que ofrecen las últimas investigaciones no fallan, podríamos estar hablando del observatorio astronómico más antiguo del planeta.
Es el círculo de Goseck, en la región alemana de Sajonia, muy próximo a donde fue encontrado el disco de Nebra, que ya comentamos por aquí.
Goseck es sólo uno más de los muchos túmulos circulares hallados por todo el continente; quizá el más espectacular de todos.
Como las pirámides centroamericanas, se eleva sobre la llanura hacia el cielo, y permite observar la belleza perfecta de los fenómenos astronómicos, tales como los solsticios.
Su antigüedad, de aproximadamente 5.000 años –si no más– es una prueba de que, como en otros casos, apenas sabemos nada de aquellos hombres responsables de otras maravillas toscas y grandiosas como Stonehenge. Sólo que se agrupaban en tribus, que sabían el secreto de los metales, de la agricultura… y que eran capaces de manejar enormes pilares de piedra maciza, de toneladas de peso, y colocarlos, como si se tratara de niños jugando, al modo en que se disponen los naipes para formar un castillito.
Lo curioso de todo, tal y como han repetido incansablemente algunos expertos, es que monumentos como el de Goseck sólo se aprecian en su totalidad vistos desde el cielo. Recuerdan, en ello, a las líneas de Nazca.
El disco de Nebra, según todos los indicios, perteneció a la misma cultura
megalítica que erigió Gosek, y que tenía una enorme preocupación e interés por lo que
revelaban las estrellas...

Volviéndonos locos, un poco más atrevidos de lo normal, podríamos apuntar a interesantes teorías que nos llevan a pensar, por ejemplo: ¿y si fueran un mensaje del pasado de cara al futuro que es, quizá, éste, nuestro presente? ¿Y si no es una casualidad que fueron puestos ahí para que el hombre los viera sólo cuando fuera capaz de volar? ¿Debemos creer en la simpleza de sus artífices? ¿O por el contrario, pensar que su simpleza es sólo un intento de seres distintos, completamente alejados de nosotros, por comunicarse? ¿Podrían esos círculos, esas líneas rectas que repasan la trayectoria del Sol, ser como la melodía simple e infantil de “Encuentros en la Tercera Fase”?

Aunque no lo fuera, nos encanta pensarlo…

martes, 20 de agosto de 2013

EL INCREÍBLE Y ENIGMÁTICO VIAJE DE RATA Y MAUI



En 1974, un investigador neozelandés de la Universidad de Harvard anunciaba un descubrimiento sin precedentes que ponía patas arriba alguno de los supuestos más consolidados de la hasta entonces Historia Oficial de América. Tras haber estudiado en profundidad una inscripción hallada en el s. XIX en una gruta de Tinguiririca (paraje de los Andes chilenos), concluía no sólo que aquella no era, como se había pensado hasta ese momento, una inscripción de algún pueblo del entorno, sino que quienes la habían hecho procedían de muy lejos, nada más y nada menos que de Egipto…
Pensar que los pueblos antiguos se limitaron a permanecer en tierra es limitar los horizontes,
subestimarnos a nosotros mismos, sus herederos...

Aquella inscripción sería una prueba más de hasta dónde había llegado en el pasado el poder de los faraones.
En concreto, de uno de los viajes más misteriosos de la Antigüedad, el llevado a cabo por el capitán Rata y el navegante Maui.
Hacia el año 232 a. C., el faraón Ptolomeo III pone al frente de una flota a estos dos marineros, con el objetivo de circunnavegar el globo y demostrar las teorías de Eratóstenes (el famoso científico, entonces también al frente de la biblioteca de Alejandría).
La flota habría partido del mar Rojo, habría cruzado el océano Índico y después el Pacífico y, a tenor de la inscripción, haber llegado a Chile y haberse adentrado en el interior del continente Sudamericano, reclamando aquellas tierras para su soberano.
A partir de ahí, las teorías se dividen en dos.
Para unos, la flota habría seguido después hacia el Atlántico. Prueba de ello sería la existencia de un islote conocido con el nombre de Rata frente a las costas de Brasil. Para otros, los navegantes egipcios habrían tomado una corriente oceánica que les habría llevado a Hawai.
Esta segunda es la teoría que más adeptos aglutina.
Entre ellos, Thor Heyerdahl, que valora la posibilidad de que la leyenda de Tiki –la de los dioses que llegaron del Oeste–, esté vinculada a este misterioso viaje, y otros, que consideran que el nombre Maui –el de una de las islas principales de Hawai–, corresponde al del mítico capitán.
Por lo demás, sobre inscripciones egipcias y fenicias en América hay todo un mundo de especulaciones.
Las habrá verdaderas; también falsas.
Pero, ¿quién se resiste a pensar que los grandes imperios del pasado –Mayas, Incas, Egipcios– no se conformaron con dominios en tierra firme, y se lanzaron a extender su poder también hacia el mar?

Hacerlo es limitar los horizontes, subestimar el coraje y arrojo de aquellos hombres y mujeres que, sabemos, fueron capaces de los más impresionantes prodigios.

jueves, 6 de junio de 2013

LAS CUEVAS DE AJANTA



El viajero tiene infinitas excusas para acudir a la India. Su inmensidad geográfica, demográfica y espiritual convierten a este país en algo más parecido a un continente, donde el exceso, en nuestra humilde opinión, es la nota más destacable.
No en sentido negativo, pues faltaría más.
En cuestión de misterios, desde luego, no lo es.
¿Quién construyó realmente las cuevas de Ajanta? ¿Esconden sus muros la prueba
de contactos extraterrestres en el pasado?

Y es que la India, aquél pedazo de tierra que se desvinculó de África en el pasado remoto, y que navegó por el Índico hasta formar, golpeando bruscamente contra Asia, la maravillosa cordillera del Himalaya, conjuga en su territorio montones de credos, de enseñanzas, de sorpresas que sólo aquel que se atreve a aventurarse en su seno –su difícil, pero gratificante seno– consigue descubrir.
Las cuevas de Ajanta son un ejemplo.
Talladas en la roca, suponen una maravilla arquitectónica única en el mundo, que los expertos fechan a partir del s. II a. C.
Barrocas, llenas de adornos, bajorrelieves, pinturas, esculturas, asombran al visitante, pero mucho más al amante de los enigmas.
Porque la pregunta primera que nace al penetrar en cualquiera de ellas es: ¿cómo lograron sus constructores tan llamativo resultado, utilizando la tecnología con que contaban, se supone, en una fecha tan remota?
La perplejidad aumenta según conocemos más datos.
Como la orientación astronómica de su diseño. O la representación, a lo largo de sus paredes, de seres mitológicos que, para algunos, no son más que muestras de las mezclas entre hombres y animales que llevaron a cabo quienes crearon el mundo, y que algunos identifican con supuestos experimentos extraterrestres.
Sea esto posible o no, realidad o simple especulación fantasiosa, el enigma de las cuevas persiste. Es, como en el caso de las catedrales europeas, los grandes monumentos egipcios o las pirámides mayas, un misterio a primera vista.

Que está ahí, como testimonio de un pasado oscuro, aunque, paradójicamente, tan lleno de asombrosa luz…

jueves, 30 de mayo de 2013

LA TORRE DE PALENQUE



De todos los monumentos mayas, la torre del palacio de Palenque, en Méjico, es quizá uno de los menos llamativos. Sólo a simple vista, precisamente por su aspecto nada exótico, y por estar rodeada de otros monumentos que han llamado la atención de expertos y público en general desde su descubrimiento, entre montañas de roca, tierra y, montañas de escombros.
Como el campanario de una iglesia románica, la torre de Palenque aguarda al visitante
 entre la maleza de la selva de Chiapas

(foto Flickr)

La torre se alza orgullosa desde su base en el palacio que antaño ocuparon los mandatarios de la ciudad. De planta cuadrada, rematada en un tejado a cuatro aguas, nada parece tener que ver con las pirámides que fueron erigidas a su alrededor.
Para unos fue un lugar de uso defensivo, mientras que para otros se trataba de un lugar para realizar diversos cultos.
Una imagen que muestre sólo la torre, aislada del resto del conjunto arquitectónico, podría confundir al profano.
¿Quién no se equivocaría y situaría el monumento en China, por ejemplo, o en algún lugar de la Toscana?
Porque los enigmas de la torre que planteamos se centran en su forma, tan distinta a todo lo que sabemos de los mayas.
Fue, probablemente, la única de sus características que construyó este maravilloso pueblo. Rascándonos la cabeza podemos empezar a imaginar, y a recordar a los autores que defienden contactos precolombinos entre América y otras partes del mundo.
¿Chinos? ¿Templarios?
Para que nadie empiece a ponerse nervioso, remitiremos, simplemente, a las imágenes que miles de cámaras han tomado en el lugar y que pueden encontrarse en libros, vídeos o Internet. Que cada cual observe, llegue a sus propias conclusiones. Recordaremos que los enigmas siguen siendo muchos, y que esto sólo es una teoría que lanza un simple amante del misterio, que estuvo allí y que allí, también, se vio sorprendido por esta idea tan alocada, aunque tan sugerente...

miércoles, 10 de abril de 2013

¿QUÉ OCURRE EN LA ZONA DEL SILENCIO?




En 1930, un piloto de aviones mejicano denunció la pérdida de señales de su radio durante un vuelo que realizaba sobre una pequeña zona desértica situada entre los estados de Durango, Chihuahua y Coahuila. Fue la primera vez que hubo constancia de anomalías en la zona, o eso, al menos, es lo que deberíamos creer de no ser demasiado perspicaces…
¿Qué ocurre en este misterioso lugar del norte de México?

Hablamos de uno de esos  lugares del mundo lleno de misterios. Misterios, en este caso, silenciosos, como silenciosa es la atmósfera que rodea este enigmático lugar.
Quienes lo han visitado coinciden en asegurar que se trata de un lugar muy raro. Y no es sólo que las radios allí sufran constantes interferencias. Las brújulas fallan y dejan de apuntar al norte magnético, las piedras que pueden encontrarse remiten a otros mundos. Hay constancia de mutaciones en animales y algunos tipos de plantas…
El primer caso registrado data de 1930, decimos, y de él proviene el nombre que se le dio al lugar. Pero muchos investigadores apuntan a siglos atrás, hacia las civilizaciones que crecieron al norte y al sur de la Zona del Silencio.
Los anasazi, al norte, y los mayas, al sur, fueron pueblos de enormemente desarrollados. Las ruinas de sus monumentos así lo atestiguan. Sus leyendas, sus mitologías, apuntaban a un origen celestial de sus miembros. Tanto mayas como anasasi veían en el cielo el lugar del que, en algún momento del pasado, habían llegado sus ancestros. Veneraban a dioses llegados del espacio, de aquel lugar mítico que veían cada noche, sobre sus cabezas, cuajado de estrellas… Se dedicaron a estudiarlas bien, a conocerlas a fondo. ¿O acaso las conocían ya sin necesidad de adquirir esos conocimientos?
¿Qué vínculos unieron en su momento a los anasazi o a los mayas
con los extraños fenómenos que desde siempre se han registrado en la Zona del Silencio?

El caso es que la Zona del Silencio ha sido tradicionalmente un lugar propicio para el avistamiento de objetos extraños no identificados. Hay quien ve en ella un lugar, como el Triángulo de las Bermudas o las pirámides de Gizeh (lugares con los que, casualmente, la Zona del Silencio está alineada en línea recta), de aterrizaje. El caso es que sí han aterrizado sobre ella, a tenor de los estudios geológicos del lugar, muchísimos meteoritos.
¿Qué hay en este lugar que lo hace tan especial? ¿Hasta qué punto ha influido en el desarrollo de culturas tan impresionantes como la maya o la anasazi?
A veces basta con tan sólo mirar sin prejuicio alguno…

sábado, 12 de enero de 2013

EL CONTROVERTIDO CÍRCULO DE MIAMI


En 1998, las obras para la construcción de un edificio de apartamentos en el centro de la ciudad norteamericana de Miami sacaba al descubierto uno de los hallazgos más extraños de la arqueología contemporánea. Se trataba de un enorme círculo de piedra de unos trece metros de diámetro horadado con multitud de hoyos, que a día de hoy sigue siendo un misterio.
El círculo de Miami fue convertido en un parque que cualquiera que pase por la ciudad
puede visitar.


Se desconoce quién lo construyó, qué motivos le llevaron a hacerlo, y en qué momento se realizó. Los análisis del Carbono 14 apuntan a que podría tener una antigüedad de 2.000 años, pero eso es algo que choca frontalmente con los elementos que se han encontrado en el entorno del círculo. Herramientas primitivas, una serie de extrañas piedras volcánicas que debían haber sido llevadas a la zona desde miles de kilómetros de distancia.
El hecho de que construcciones de este tipo jamás hayan sido encontradas en Florida hizo saltar desde el primer momento todo tipo de especulaciones. Se habló de que podría haber sido obra de los olmecas, incluso de los mayas, civilizaciones mesoamericanas capaces de elaborar complejas construcciones, pero cuyo hogar se encontraba a miles de kilómetros de Miami, al menos por tierra. Hay teorías que apuntan a que el círculo podría tener una lectura astronómica, por la posición de los hoyos y la presunta forma de animales que tienen algunos de ellos, y que podrían hacer referencia a constelaciones. La teoría con la que más gente parece estar de acuerdo es la que convierte el círculo de piedra en la base para una construcción que bien podría haber sido un centro ceremonial o la vivienda de algún jefe local. Los agujeros habrían servido para sustentar vigas de madera, que protegerían al edificio de las mareas.
Pero sin lugar a dudas, la teoría que más controversia provocó fue aquella que apuntaba a que el círculo no era más que la entrada a una fosa séptica del edificio que previamente había ocupado aquel solar. Parte, por tanto, de un sistema de alcantarillado de no hacía más de cincuenta años. Los agujeros, apuntó un arqueólogo, habrían sido provocados simplemente por las filtraciones de agua.
La teoría tuvo cierto éxito sobre la opinión pública, pero olvidaba importantes aspectos como el hallazgo, en el entorno de la roca, de una enorme cantidad de utensilios antiguos, restos de comida y utensilios de cerámica, y por supuesto, la evidencia, demostrada por expertos que han analizado el lugar, de que el círculo es un monumento realizado por la mano humana hace muchísimo tiempo.
Finalmente, tras muchos años de disputa entre arqueólogos, activistas conservacionistas y el grupo inversor propietario de la finca, la ciudad de Miami decidió apostar por conservar el círculo, y en la actualidad rinde homenaje a sus antiguos pobladores con un parque arqueológico situado en el mismo lugar.
El sentido común parece haberse impuesto a los intereses particulares, pero el misterio sigue en pie. El círculo es un hallazgo tan extraño, tan aislado en su entorno, que es imposible no dejarse llevar por la imaginación. En el peor de los casos, previene contra el escepticismo radical, y debe llevar a pensar que aún sabemos muy poco, y que casi todo está aún por descubrir.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

ARQUEOASTRONOMÍA




El cielo ha cambiado mucho en las últimas décadas, sobre todo en las grandes ciudades y sus alrededores. Al llegar la noche, y mirar hacia arriba, uno puede considerarse afortunado si, en un día despejado, consigue ver cinco o seis estrellas, e incluso alguna constelación.
Los antiguos quisieron reflejar en la Tierra lo que veían al mirar hacia arriba.

Son contrapartidas del mundo moderno, que confirman algunos de los temores que suscitó la aparición de la luz eléctrica allá por el s. XIX.
Pero en la antigüedad, desde el inicio de los tiempos, el cielo nocturno era un espectáculo capaz de sobrecoger a cualquiera. Las estrellas conformaban un tapiz inmenso, que abría la imaginación a todo tipo de interpretaciones. Dioses, mitologías, posibilidad de adivinar el futuro. Aquel telón mágico, aparentemente inmóvil, no permanecía quieto un segundo. Además de los cometas, existía un movimiento casi imperceptible y muy lento, que hizo sospechar a algunos que la tierra que pisaban podía ser también, como los astros, un objeto redondo.
La arqueoastronomía se dedica a investigar en torno a los conocimientos astronómicos de los antiguos, ya sea a través de las herramientas que utilizaban, a través de lo que al respecto dejaron escrito, o a través de otro tipo de elementos –como monumentos, o leyendas– que se sospecha que fueron influidos por este tipo de conocimientos.
Se ha hablado mucho del carácter astronómico de yacimientos megalíticos como Stonehenge. De esas piedras verticales, alineadas en círculos, que para algunos expertos constituye una especie de calendario. También de las pirámides, y otros monumentos del antiguo Egipto, supuestamente alineadas de forma coincidente con la constelación de Orión (ya hablaremos en su día de Graham Hancock y sus teorías, sus aciertos y sus errores).
Mucho se está hablando de los mayas en los últimos tiempos. Fueron grandes astrónomos, como los chinos o los árabes, que supieron dar una aplicación práctica a sus investigaciones, y convirtieron las constelaciones en un mapa para navegar por el mar.
Hay muchas leyendas en torno a estos asuntos, y quizá una de las más interesantes sea la de los dogones, ese pueblo africano de origen incierto cuyos conocimientos astronómicos han sorprendido enormemente a los investigadores, que no se explican cómo podía saber tanto del Cielo un pueblo en apariencia tan atrasado tecnológicamente.
Los más imaginativos hablan de visitantes de otras galaxias. De dioses que en realidad serían viajeros espaciales que, como los conquistadores españoles en América, habrían traído una nueva civilización al planeta.
Sea como fuere, un cielo nocturno debidamente alumbrado es capaz de convencer a cualquiera, incluso al más escéptico, de que la naturaleza por sí misma es el mayor de los misterios.

miércoles, 17 de octubre de 2012

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?




Extraterrestres, los hay de todo tipo. La historia de la Ufología nos ha dejado descripciones de contactos con seres altos, bajitos, peludos, imberbes, de grandes ojos, pequeñas cabezas, largas extremidades, piel translúcida, fantásticos súper poderes... La historia de la televisión y el cine también, aunque quizá, en su caso, de una manera un tanto interesada.

El caso es que es difícil creer en cualquiera de ellos. La mente humana, ante lo desconocido, reacciona tratando de asimilar en base a lo que ya sabe, y tiende a relacionar las nuevas experiencias adaptándolas a sus esquemas mentales. Mucho más ante un fenómeno desconocido, que aparece por sorpresa, y que –es mi opinión– no debe parecerse a nada de lo que se haya visto antes. (¿O sí?).
Por eso es posible que haya habido siempre tantos humanoides. Tantos platillos volantes. Por eso, quizá, también el cine –y aquéllos que “manejan sus hilos”– se han preocupado tanto, a lo largo de las últimas décadas, de que el fenómeno quede lo suficientemente ridiculizado ante la opinión pública, y no sea abordado desde un punto de vista serio, como una posibilidad más de las que nos brinda el conocimiento.
Algo hay, y lo saben.
Si no, desde luego, no habría cambiado tanto el discurso en los últimos tiempos. Hemos pasado de encubrirlo todo a través de apariciones y fenómenos religiosos, o de negar experiencias que después resultaban desclasificadas y expuestas –con algún que otro amaño, alguna que otra manipulación–, a ver señuelos por todas partes, informaciones “oficiales” cuya finalidad, de forma inequívoca, parece ser el prepararnos para algo que está a punto de pasar. Cabe destacar, como ejemplo, las declaraciones de gente como el Premio Nobel de Física Frank Wilczek, o las del físico y divulgador británico PaulDavies, que se suman a las vertidas no hace demasiado por el también divulgador Stephen Hawking.
Por no hablar del viaje a Marte, y de aquello que se nos ha contado por activa y por pasiva acerca de que podrían encontrarse, muy pronto, signos de vida de algún tipo en aquel planeta.
Estamos en un año muy significativo. Un año sagrado para los mayas, que tanto parecían saber de las estrellas. Sea casualidad o no, el caso es que la sensación de que algo se aproxima es muy intensa.

¿Veremos entonces resueltos los enigmas? ¿Sabremos entonces de dónde venimos, de dónde vienen tantas cosas que no comprendemos?
No parece que quienes mandan estén dispuestos todavía a decirnos la verdad. Mientras tanto, habremos de conformarnos con mirar hacia el cielo, algo que, de momento, nadie puede prohibirnos.

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