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miércoles, 20 de julio de 2022

LA LEYENDA DE LOS PÁLIDOS SANGRIENTOS DE SAN JOSÉ, CALIFORNIA

 


Solemos calificar ciertos hechos de «leyendas» con el fin de restarle importancia a sus implicaciones más terroríficas. La realidad ‒sabemos en el fondo‒ es mucho más compleja de lo que nos gustaría en ciertas ocasiones, cuando, caída la noche, la oscuridad y el silencio nos sorprenden en algún paraje solitario, agreste, lejos de la civilización y de sus luces y ajetreos cotidianos…

Esto que venimos a contarles es una de esas «leyendas», o eso dicen.

Una leyenda urbana, que es como decir que se trata de una leyenda moderna, reciente, forjada a la velocidad frenética de los bits y de la banda ancha.

Cuentan esos mentideros digitales, desde hace años, que en una zona del sur de San José, en California, conocida como Hicks Road, habita una inquietante colonia de gente pálida que vive al margen de la sociedad. Su origen no está claro. Se especula con que podrían ser víctimas de experimentos genéticos desarrollados en algún laboratorio de la zona; de miembros de una misteriosa sociedad cultural de origen sueco con ciertos fines nada claros, o de los supervivientes de una extraña organización religiosa que durante décadas desarrolló no muy lejos de allí –en la cercana ciudad de Santa Cruz– sus oscuras actividades…

Se cree que la leyenda surgió en torno a los años setenta. Desde entonces, son numerosos los rumores sobre encuentros fortuitos con aquella gente. Los testigos los describen siempre destacando la palidez de sus rostros; hablan de ojos enrojecidos, de comportamientos violentos, irracionales; de persecuciones homicidas sin que previamente haya mediado una sola palabra...

La narración más habitual es la que sitúa el encuentro de noche, en mitad del bosque. La víctima pasea a pie, o en coche, ajena a la amenaza que se cierne sobre ella. Los pálidos sangrientos aparecen como de la nada, sin aviso previo. En uno de esos relatos, surgen después de que los ocupantes de un coche crean haber atropellado a un ciervo blanco. Varios de aquellos individuos acuden inmediatamente, sacan de debajo del vehículo el cuerpo de su compañero mientras los del coche observan todo petrificados, inmóviles, más que perplejos. En otras ocasiones, tras el encuentro, se inicia esa persecución implacable de la que hablábamos, y que no termina hasta que la víctima es neutralizada o logra escapar tras una carrera angustiosa. Hay quien dice que pueden ir armados, con palos o hachas improvisados con materiales de deshecho, o incluso armas de fuego. Se dice que alguna vez han disparado ante el temor de que la víctima se les escape.

Quienes vinculan su presencia en aquella zona a misteriosos cultos satánicos creen que la cacería se lleva a cabo para satisfacer algún tipo de ritual. Hay un puente, incluso, que se cree maldito por ellos, y que es capaz de llevar a la muerte inmediata a aquel que haya tenido la desgracia de escribir, o ver escrito, su nombre sobre él. Según otras teorías, se trata de una raza de caníbales en busca de alimento, aunque los escépticos aleguen que esta creencia se sustenta meramente en conjeturas, tan extrañas, a su vez, como la gran cantidad de huesos de animales que pueden encontrarse esparcidos por la zona y para los que no hay tampoco una explicación razonable.

Es lo que ocurre con otras teorías e hipótesis que se han querido barajar al respecto: todas acaban en un nuevo laberinto, en un nuevo callejón sin salida o en un nuevo misterio.

Así sucede con la posible relación del fenómeno con las abundantes colonias de vagabundos que existen por la zona. O con esa misteriosa sociedad sueca con sede no muy lejos de allí, de la que hablábamos al principio ‒y que oficialmente no es más que un club cultural, de fomento y promoción de las raíces suecas de muchos vecinos de la comarca con orígenes en aquel país europeo, pero que despierta ciertas suspicacias entre algunos vecinos no se sabe muy bien por qué‒, o, sobre todo, con esa enigmática organización religiosa de Santa Cruz a la que aludíamos también al principio de este artículo.

Merece, esta última, un poco más de atención.

Se trata, en realidad, de una secta que fue fundada en 1919 por un excéntrico personaje, ex pastor evangélico, de nombre William E. Riker. Se hacía llamar “La Ciudad Sagrada” ‒The Holy City, en inglés‒, y proponía una forma de vida, de acceso a la santidad, basada en diversas enseñanzas que incluían el celibato, la abstinencia, la vida en comunidad y otras más controvertidas –próximas al nazismo, a las ideas de Adolf Hitler–, como la segregación racial o el supremacismo blanco.

Entre sus peculiaridades, el complejo de ocio y diversión que construyeron junto a una importante vía de comunicación y que incluía gasolinera, restaurante, pistas de baile y hasta un zoo con animales, con el fin de atraer turistas y conseguir nuevas incorporaciones a la comunidad.

Ni que decir tiene que las gentes de raza negra tenían prohibida la entrada al lugar. La conexión con el nazismo, y hasta con el Ku Klux Klan, era algo reconocido y patente; el propio Riker se reconocía a sí mismo como admirador del dictador alemán. Era habitual verle celebrar allí siniestras ceremonias llenas de cruces llameantes, encapuchados con mantón blanco y sombrero de pico elevados sobre sus caballos, además de otras que tenían lugar en un ambiente más privado y lejos de las miradas externas.

Durante décadas, la polémica organización se vio envuelta en numerosos escándalos. Hubo varias muertes, algunas de ellas nunca aclaradas; el líder, William E. Riker, propugnaba desde el púlpito la abstinencia y la humildad mientras se rodeaba de lujos y aprovechaba su cargo al frente del grupo para lograr beneficios sexuales y aprovecharse del sometimiento y aislamiento en el que se mantenían allí hombres y mujeres.

Llegó a participar en unas elecciones a gobernador del estado, pero sin ningún tipo de éxito.

En 1966, poco antes de que comenzaran a surgir las leyendas de los pálidos sangrientos, el líder de aquel grupo daba un giro inesperado a esta historia y se convertía al catolicismo.

Muchos se preguntaban si con ese gesto intentaba escapar de algo; si trataba de buscar protección en una organización más fuerte –y también llena de sombras, como lo es la iglesia católica– frente a sus excesos y presuntos crímenes atroces.

Moría poco después, en el año 1969.

“La Ciudad Sagrada”, sus restos, quedarían a partir de entonces abandonados para siempre; convertidos en ruinas, deshechos, testigos mudos de una serie de acontecimientos tan inquietantes como delirantes, y custodios, de alguna forma, de los secretos de aquella secta.

Muchos se han preguntado desde entonces si aquello podría haber tenido algo que ver con la leyenda sobre aquella otra supuesta colonia maldita.

¿Podían ser los pálidos sangrientos víctimas de las atrocidades de Riker? ¿Seres aniquilados física,  mental y moralmente; supervivientes de los abusos de aquel despiadado personaje; o fantasmas, espectros, que pese a la muerte física, hubieran quedado adheridos contra su voluntad a aquellos bosques, a aquel territorio maldito en el que tanto habían sufrido?

Sus gritos ‒porque las apariciones y fenomenología en Hicks Road no se limitan a lo visual‒ se escuchan también a menudo, y el tono, y la forma en que se manifiestan, dan testimonio de que algo terrible, violento, parece estar detrás de ellos.

Lo que sí que es seguro es que nadie, por muy escéptico que sea, camina tranquilo, de noche, por aquellos parajes. Ninguna explicación racional es capaz de tranquilizar a quien se ve entonces sorprendido por cualquier sombra en movimiento, por cualquier extraño resplandor, o ruido, empeñado en hacer que cualquiera de aquellos rumores, o «leyendas», cobren vida inesperadamente…

 

lunes, 26 de abril de 2021

LAS RATAS GIGANTES DEL PALACIO REAL DE MAFRA

 

Las ratas son fascinantes. En alguna ocasión hemos hablado ya por aquí de ellas. Son el monstruo perfecto: inteligentes, rápidas, fuertes, escurridizas, cautelosas. Habitan, como los seres feéricos, el mundo intermedio de los subterráneos, de la noche. Se cuentan montones de cosas sobre ellas; algunas fantásticas; otras, a pesar de ello, completamente reales…


¿Qué clase de extraños y monstruosos animales habitan
los subterráneos del Palacio Real de Mafra? (Foto: Vassil)


En su libro Ratas, el periodista Robert Sullivan entrevista a un experto en plagas que asegura que no podemos ni imaginar la clase de ratas que puede haber en lo más profundo de las ciudades; que las que vemos son las más débiles, las peor dotadas; aquellas que, por aquello de la lucha por la supervivencia, ya no encuentran hueco entre las demás (se supone que más fuertes, y presumiblemente más grandes) y se ven impelidas a buscarse la vida en el exterior.

En Mafra, al oeste de Lisboa, en Portugal, existe un lugar que ha estado vinculado en la imaginación popular de aquel país con estos animales. Se trata del Palacio Real construido en el siglo XVIII por el rey Juan V, Patrimonio Universal desde el año 2019, y uno de los grandes monumentos del barroco portugués.

Durante décadas se ha especulado con la existencia, en los subterráneos del edificio, de grandes ratas de hasta noventa centímetros de longitud que se alimentan de carne humana. Ratas ciegas, que de vez en cuando, por accidente, salen a la superficie y aterrorizan a los visitantes del Palacio Real, o se dejan ver por el exterior para la sorpresa y la perplejidad de quienes presencian su aparición.

¿Qué tienen de cierto las leyendas sobre ratas gigantes en los subterráneos
del Palacio Real de Mafra, en Portugal? (Foto: prilfish)


Se cuenta que los militares, con presencia en el edificio desde hace un tiempo, las han estado alimentando por temor a que el hambre les haga escapar y salir al exterior. Dicen que en los años setenta, un joven soldado que andaba de noche por el edificio con un compañero cazando palomas, cayó por accidente a un agujero que conectaba con el subterráneo y que días después, cuando fue localizado, había sido totalmente devorado, desprovisto su cuerpo de carne y con algunas ratas ‒pequeñas, en este caso, o de tamaño convencional, al menos‒ apurando lo que todavía quedaba de él…


Portada del libro Rats, de Robert Sullivan, publicado en castellano
por la editorial Alba.


Para muchos, se trata de simples leyendas urbanas que han ido surgiendo alrededor del edificio por ciertos intereses particulares o por la simple necesidad de amarillismo. Algunas, cuentan, fueron propagadas por funcionarios estatales como una forma de retrasar cierto traslado de un archivo nacional al edificio. La más asombrosa de todas es la que parte de un proyecto que se encarga en un determinado momento a la empresa alemana Bayer para erradicar la plaga de una vez por todas. Las autoridades, finalmente, rechazarían el presupuesto por elevado. Lo que se contó en su momento ‒con cierta polémica, de nuevo, por posibles exageraciones‒ fue que la compañía y aquel proyecto requerían la evacuación, durante los trabajos de desratización, de la población próxima al palacio en un radio de 15 kilómetros, y de un tiempo que rondaba, ni más ni menos, que las dos semanas de duración…  

¿Qué les parece el asunto? ¿Qué no daríamos algunos (¡ja, ja!) por echar un vistazo a esos subterráneos, que a decir de ciertos rumores se extienden kilómetros y kilómetros por toda la comarca, hasta llegar al mar?

Uno de los últimos usuarios de esos túneles, se cuenta también, fue el rey Juan VI de Portugal, que al parecer huyó a través de ellos hacia Brasil, embarcando previamente en la cercana Ericeira. Pero eso, amigos y amigas, también es una leyenda...

lunes, 18 de enero de 2021

EL "PUEBLO-LAGARTO" DE LA CIUDAD DE LOS ÁNGELES

Mucho antes de que David Icke nos enseñara a hacer una lectura completamente realista de la serie “V”, y de que Internet popularizara el fenómeno de los reptilianos, existieron auténticas teorías de la conspiración que relacionaban a insólitas razas de hombres-lagarto con civilizaciones perdidas, túneles subterráneos bajo la ciudad de Los Ángeles y misteriosos secretos ocultos.


Bajo la ciudad de Los Ángeles, una de las más populosas del mundo,
se esconden algunos inquietantes secretos...


La leyenda, conocida popularmente como “El pueblo de los Lagarto” ‒en inglés “Lizard People”‒, parte de una curiosa historia que tuvo lugar en la populosa ciudad estadounidense a comienzos de los años treinta.

No es la única leyenda que vincula los inquietantes subterráneos de Los Ángeles con rumores de todo tipo. Es bastante conocida la red de túneles clandestinos que durante la “ley seca” fue utilizada por las mafias locales para burlar a las autoridades y distribuir alcohol y celebrar fiestas ilegales; más tarde, hacia los años cincuenta, kilómetros de túneles quedarían abandonados a su suerte en el proyecto fallido de dotar a la ciudad de una red de metro.

La leyenda de “el pueblo de los lagartos” va más atrás en el tiempo.

Todo comenzó cuando un ingeniero de minas de nombre George Warren Shufelt anunció la existencia, bajo la ciudad, de lo que aseguraba eran los restos de una gran civilización pre colombina de cinco mil años de antigüedad.

Al parecer, todo le había sido revelado por un jefe indio hopi ‒cuya existencia nunca ha podido ser probada‒, de nombre Jefe Hoja Verde o L. Macklin, que le había hablado de aquel pueblo antiquísimo y de las grandes ciudades subterráneas que se habían visto obligados a construir por toda California como consecuencia de una gran catástrofe.

¿Existen restos de una antigua civilización precolombina en el subsuelo de Los Ángeles?
(Imagen: deidad de los nativos hopi. Fuente: Wikipedia)


Se trataba de gentes de avanzada tecnología e inteligencia elevadísima, que adoraban a dioses en forma de lagarto ‒de ahí su nombre‒ y que atesoraban en alguna parte de ese laberinto construido bajo Los Ángeles, en lo que Shufelt llamaba “habitación clave”, treinta y siete tablas fabricadas en oro en las que se recogía la historia de los mayas americanos y el origen de la raza humana…

¿Tablas de oro? ¿Les suena?

En esto también podría haberse adelantado esta leyenda a la que rodea, por ejemplo, la cueva de los Tayos de Ecuador.

Pero la historia de Shufelt es aún más fascinante.


El protagonista de esta extraña historia: George Warren Shufelt.


Entre 1933 y 1934 llevó a cabo numerosas excavaciones ayudado por un mapa antiguo de cuero que supuestamente indicaba algunos puntos clave de aquel sistema de túneles, y una máquina fabricada por él mismo ‒una especie de cilindro equipado con cristales y un pequeño péndulo en su interior, según detallaba la prensa de la época‒ y que combinaba la moderna, al menos por entonces, tecnología de los rayos x, y la más tradicional ciencia de la radiestesia.

Aunque nunca, según se decía, había encontrado nada, estamos seguros de que su aventura supo llenar y encender la imaginación de muchos vecinos de Los Ángeles. La época ‒en plena Gran Depresión‒era propicia para entusiasmar a gente empobrecida y ávida de riquezas.

La historia de Shufelt se mezclaba con rumores sobre tesoros enterrados por los españoles en la época en que aquellos controlaban aquellas tierras; otras historias anteriores, posiblemente inventadas, por una prensa que hacia finales del siglo XIX pugnaba por atraer colonos y trabajadores a California bajo toda clase de reclamos.

Hoy en día, no me lo negarán, la historia de aquel desesperado buscador de tesoros logra también captar nuestro entusiasmo. Ya hemos dicho que Los Ángeles es un lugar lleno de leyendas en torno a su subterráneo. Como Toledo, como Londres, como tantas y tantas grandes ciudades de todo el mundo, guarda ese reverso oscuro de misterio y leyenda bajo su apariencia exterior de luminosidad y glamour.

Como saben, no nos gusta ser excesivamente escépticos, ¿qué le vamos a hacer…?

Y así, terminaremos con un dato, un apunte que nos parece importante.

Por muy loco que pareciera el proyecto de Shufelt, parece ser que contó con el apoyo de la corporación municipal en sus excavaciones 

Para algunos, será una simple muestra de hasta qué punto podía llegar el entusiasmo de las gentes de la época por salir de la rutina, de la tristeza que engendra a veces la pobreza, la desesperación. Pero también puede ser una muestra de que tal vez el tipo, y sus hipótesis, no eran tan locas como un podría llegar a creer en un principio...


miércoles, 2 de septiembre de 2020

MONSTRUOS, FANTASMAS Y LEYENDAS DE JAMAICA


Hay que reconocer que en cuestiones sobrenaturales, cuando hablamos del Caribe, Haití se ha llevado la palma. No vamos a entrar aquí en analizar las circunstancias que han llevado a esto, y que seguramente tienen mucho que ver con la dictadura de Papa Doc y la historia de aquel país, pero sí que merece la pena reivindicar el folklore de algunos otros rincones de aquella maravillosa parte del mundo que tras la conquista española se convirtió en un auténtico cruce de caminos, punto de fusión y mezcla de tradiciones procedentes de África, otras que ya se encontraban allí, en América, y las procedentes del continente europeo.


En Jamaica, un país que, como Haití, tiene un pasado turbulento marcado por la piratería, la trata de esclavos y la pugna entre las grandes potencias de los siglos pasados, la magia y la superstición forman parte de su cultura y tradiciones, a veces mucho más presentes en la actualidad de lo que cualquiera podría pensar.
Comparte con otros países caribeños la presencia habitual de un tipo de fantasmas conocidos como “duppies”. “Duppy”, en singular, viene a referir al espíritu de un familiar o un amigo fallecido que por cualquier motivo no ha logrado alcanzar la paz, y que se nos presenta en sueños o a través de algún tipo de señal para informarnos o advertirnos de algo que nos acecha, bueno o malo. Pueden atacar en ocasiones, y para ello la tradición cuenta con diversos métodos de repelerlos, como la ingesta de sal ‒que les desagrada enormemente‒ o lanzarles algún tipo de maldición. También funciona a veces mostrarles nuestros propios genitales.

Las ninfas del agua, frecuentes en la mitología europea, también están
presentes en la mitología y el folklore sobrenatural de Jamaica (En la imagen, la ninfa Iris según el pintor británico Guy Head, 1793)

Otro de los personajes del folklore jamaicanos, mucho más negativo y peligroso que los “duppies”, son los “Rolling Calves” o “Ganado errante”. Se trata de espíritus, también, pero de personas fallecidas que en vida cometieron algún terrible crimen. Se los distingue por su forma animal; curiosamente adquieren la fisionomía de una especie de cabra o ternero musculado y de tamaño grande, que vaga por los bosques mostrando unos ojos rojos relampagueantes y haciendo sonar una cadena que lleva atada al cuello. Son entes peligrosos; suelen encontrarse en los caminos, taponando el paso a los caminantes, de noche, y hasta inician peligrosas persecuciones que pueden acabar en la muerte de la víctima. Es difícil repelerlos, aunque puede conseguirse caminando hacia un cruce de caminos ‒un lugar mágico la mayoría de las veces, sobre todo en la cultura africana‒ o clavando un cuchillo en la tierra…
Hay brujas, también, que forman parte de la tradición jamaicana, y ninfas del agua que, como en la tradición occidental, utilizan su belleza y encantos para hechizar y llevarse a los incautos hacia su reino bajo la superficie de ríos y estanques.


Blue Mountains (Jamaica) - Wikipedia
Los bosques, ríos y montañas de Jamaica, morada de múltiples e inquietantes leyendas...
Las primeras son las llamadas Ol´Hige, que adoptan forma de lechuza y mudan la piel en lo que nos parece un sincretismo absoluto entre la serpiente y el mochuelo de Atenea, ambos símbolos, en occidente, de la sabiduría oculta. Las segundas, conocidas como “River Mumma”, algo así como “la mamá del río”, marcan zonas de los cursos de agua especiales, donde los peces ‒que son considerados hijos de este ente‒ no se pueden comer. Tientan a sus víctimas con su peine de oro, el mineral sagrado de los dioses, que tiene también, a través de otra leyenda, cierto protagonismo en la cultura sobrenatural de aquel país: la leyenda de la Mesa de Oro.
Es, también, una leyenda oscura, que refiere la aparición en un río concreto del país, el Río Cobre, de una mesa de oro que durante la mayor parte del tiempo permanece sumergida, bajo las aguas, para tentar, también, a quienes se acercan a esa zona, y de esta forma engañarles y llevárselos al fondo del cauce como castigo.
Según la periodista jamaicana Didi Beck, esta leyenda y la de River Mumma tienen un origen común en el largo periodo de esclavitud que vivió el país durante siglos.
Parece ser que en ese río, el río Cobre ‒donde ambas leyendas tienen más fuerte arraigo‒ existe un importante puente que fue construido con mano de obra esclava, y en el que murieron cientos de trabajadores ‒cientos de esclavos‒, víctimas del duro trabajo y del trato abusivo de sus capataces. Aquel dolor, aquella angustia, quedó grabada en aquellas gentes, que han decidido mantenerlo ‒tal vez para no olvidarlo‒ a través de aquellas leyendas, que mantienen alejados a los curiosos, a los no advertidos, de la fuerte carga emocional y, quién sabe, tal vez también sobrenatural, que tienen aquellas aguas malditas 

lunes, 10 de agosto de 2020

LA LEYENDA DEL CONVENTO DE CASARÁS: TEMPLARIOS, ALQUIMISTAS Y RITOS PAGANOS EN EL PASO DE LA FUENFRÍA



Caminar es hacer magia. Es, como ya dijimos en otro sitio, activar el lomo de la serpiente; poner en marcha ciertas energías que circulan por la tierra y que conectan misteriosamente con los arcanos del hombre.
Es la mejor prueba de hasta qué punto formamos parte del entramado natural de la vida, de lo que conocemos, y de lo que aún tan solo hemos empezado a atisbar torpemente.

Casa de Eraso, en el puerto de la Fuenfría. Cuadro atribuido al pintor barroco español
Jusepe Leonardo de Chavacier (1601-1656), y que se expone actualmente en el monasterio de El Escorial

Pocas cosas son tan gratificantes como caminar por un lugar de poder. La Sierra del Dragón es uno de primera categoría, a pesar de que en ciertos tramos el silencio ‒una premisa fundamental para esa conexión mágica con el entorno‒ sea difícil de conseguir ante el gran volumen de turistas que cada fin de semana se dejan ver por sus senderos.
Desde antiguo, uno de los pasos más transitados de la cordillera fue el puerto de la Fuenfría.
En la Edad Media se llegó a instalar en la zona una venta para refugio y abastecimiento de los caminantes, los comerciantes o peregrinos que se atrevían a cruzarlo en cualquier época del año.
Felipe II, que amaba el lugar como nadie, decidió, en un momento dado, mientras se llevaba a cabo la construcción de El Escorial ‒ubicado no demasiado lejos de allí‒ una casita de campo, de recreo; un palacete en mitad de aquel paraíso de pinares y aguas frescas donde admirar cómodamente el paisaje, descansar de sus viajes por Castilla o de sus frecuentes jornadas de caza.
Puede que eligiera el lugar por otras circunstancias que van más allá de la belleza de la zona y su ubicación estratégica, pero eso es algo que no encontraremos en los libros de Historia.
La leyenda dice que en aquel mismo punto de la sierra hubo antaño un edificio templario.
No hay constancia documental; la afirmación parece responder simplemente a un error de interpretación de los cronistas de siglos posteriores ‒que hicieron caso a las habladurías de los lugareños, se nos dice‒ y que sin embargo, como en tantas otras ocasiones cuando hablamos de leyendas, se nos sirve en bandeja un misterio que va mucho más allá de las inexactitudes y supuestas incoherencias de esas propias leyendas.

¿Cuál es el papel de los templarios en la leyenda del convento de Casarás?

La leyenda, en este caso, nos remite a la llegada a la zona, allá por inicios del siglos XIV, de un tal Hugo de Marignac, miembro de origen francés de la orden del Temple, que había sido escogido por sus superiores para esconder el tesoro de los caballeros, a punto de ser traicionados entonces por la corona francesa. Eligió, para ocultar ese «tesoro», la zona boscosa conocida como bosque de Valsaín, ubicado a los pies de la Fuenfría y de una de las propiedades de la Orden, el convento de Casarás.
Asegura la leyenda que mientras llevaba a cabo esta misión, el caballero terminó enamorándose perdidamente de una castellana que no le correspondía, que no le hacía mucho caso, y fue por ello que decidió ponerse en manos de un hechicero de la zona para conseguir sus favores.
El mago, asegura sorprendentemente la leyenda, era además monje, monje eremita, que habitaba en una cueva en mitad de aquellos parajes de especiales características, muy parecido a los bosques húmedos y oscuros y llenos de grandes piedras cubiertas de musgo de la zona de Galicia.

El milenario bosque de Valsaín, a los pies de la Sierra del Dragón en su cara norte...

Era alguien ‒aquel mago/monje‒ muy temido en la zona. Parece ser que en sus siniestros rituales utilizaba a jóvenes que secuestraba en las localidades próximas; dicen que paseaba por aquellos senderos difíciles y tortuosos a toda velocidad, a lomos de su caballo, sin miedo a las tormentas, a la oscuridad de la noche, o a los posibles accidentes que ya de día amenazan a los que se atreven a cruzar aquellos caminos, llenos de dificultades, grandes pendientes y precipicios.
Dicen que en una de ellas, en una de aquellas tormentas, el caballero Hugo y aquel monje se citaron para llevar a cabo el ritual.
El caballero templario se había comprometido a entregar el tesoro de la orden al hechicero si le conseguía el amor de la castellana.
El hechicero, sospechando que el caballero no llegaría a cumplir su promesa, puso en marcha un ardid para probarle.
Le mostró la imagen de una joven y le pidió al caballero que la atravesara con su espada para conseguir lo que se proponía. El monje pidió lo suyo ‒que se le entregara, a cambio, el tesoro‒ y ante la negativa del caballero, le hizo ver a aquel que la espada, en realidad, no había atravesado ninguna imagen sino a la joven castellana pretendida por el caballero.

¿Qué misterio mensaje esconde la leyenda del convento de Casarás? 

En su locura, el caballero templario mató también al hechicero y huyó hacia ese convento de su orden, ese supuesto convento de Casarás no demasiado lejos de donde se encontraba.
Dicen que nunca más volvió a ser visto; cuentan que su presencia vaga todavía hoy por aquellos caminos lo mismo que la del monje, como dos espectros que ahuyentan a quienes tienen la valentía de dejarse ver por allí de noche.
En realidad, las ruinas de lo que es considerado un convento templario no es más que lo que queda de aquella casa ordenada construir por Felipe II.
Conocida como «casa de Eraso», por el nombre del secretario del rey que se había encargado de su construcción, el deterioro y la ruina de sus muros hizo removerse la imaginación de las gentes de la zona, que adaptaron aquel nombre por el otro, el del supuesto convento, transformando «casa de Eraso» en «Casa-rás», atribuyéndole después esa categoría de edificio religioso de tiempos medievales.
Es lo oficial, lo razonable, y sin embargo, nos cuesta mucho trabajo reducirlo todo al puro error y la fantasía aldeana y no tratar de ver un poco más allá de lo que aparece oculto en ese extraño relato.
Ya decíamos al principio que el lugar, la cordillera entera, es un enorme emplazamiento de poder conocido desde tiempos antiguos. Felipe II la eligió, sin ir más lejos, como ubicación de su templo de Salomón; su gran proyecto vital empapado de arriba abajo de sabiduría hermética que es el monasterio de El Escorial. Algunos autores apuntan a la participación del arquitecto Juan de Herrera en la construcción de aquella casita de campo de propiedad real; la leyenda, además, tiene el buen criterio de escoger a los templarios ‒la orden esotérica medieval por excelencia‒ para ser los protagonistas del relato junto a ese misterioso monje, también bastante inverosímil, dedicado a la contemplación y la magia negra.
¿Por qué no creer que detrás de esa leyenda pueda haber algo más profundo, algo conectado con el mito? ¿Podría ser la adaptación popular de un proceso más importante, más trascendente y fundamental de la historia?

La Sierra del Dragón ha sido, desde antiguo, un centro telúrico y de poder de cuyos antiguos ritos quedan numerosostestimonios arqueológicos. (En la imagen, la conocida como "Silla de Felipe II", un altar de la antiquísima religión de los vetones). 

Se nos ocurre cambiar los papeles y situar a Felipe II y su corte de alquimistas por Hugo de Marignac y los templario. Al monje hechicero de Valsaín por los antiguos cultos que, posiblemente, seguían desarrollándose en la Sierra del Dragón en tiempos del rey nigromante.
Ambos, rey y monje, se enfrascan en una guerra en la que ambos salen perdiendo, lo mismo que la joven, bella e inocente castellana (¿el pueblo?) que acaba muriendo por la codicia y el deseo de unos y otros...
Como sea, el lugar sigue sumido en el misterio, la leyenda, la confusión heredada de tiempos pasados.
Paraje natural e idílico, atravesado cada día por cientos de paseantes, conserva todavía todos los rasgos de un lugar de poder, desde luego, que merece y merecerá mucha más investigación por nuestra parte.
Sólo un último dato, algo que casi se nos olvida, pero que tiene la máxima importancia. Aquel paraje, el de la Fuenfría, ubicación de aquel legendario «convento» y de aquella «casa de campo» del rey nigromante, se sitúa muy cerca del lugar por el que pasa una antigua calzada romana.
Los romanos, como todos sabemos, eran buenísimos ingenieros. Su elección de aquel lugar para atravesar la cordillera fue abandonado con posterioridad en los tiempos modernos, en beneficio de otros, en teoría, más cómodos y funcionales.
¿Fue esa falta de funcionalidad, realmente, la que llevó a abandonar aquel lugar de paso? ¿O como ocurre con otros lugares mágicos, de fuerte resonancia esotérica, terminó siendo apartado por intereses más profundos, funcionales también pero en otro sentido bien diferente?
Seguiremos ahondando, como decimos, en una teoría que nos tiene completamente obnubilados...

miércoles, 15 de marzo de 2017

LA NIEBLA CARNÍVORA DE TOMOKA


por Marcus Polvoranca

No se asusten, por favor, a no ser que vivan cerca del río Tomoka, en Florida. Y aún así, he de advertirles de que se trata de una leyenda con poca base real, aunque fabricada con múltiples elementos tomados de la realidad, y con una historia que se remonta varios siglos atrás, en torno a los primeros años de la colonización europea.
De lo que se nos habla, más recientemente, es de la aparición de una niebla de color rosáceo, entre los años 1955 y 1965, en esta zona pantanosa de Estados Unidos. Numerosos testigos parecen haber visto el fenómeno, para el que se dan múltiples explicaciones racionales ‒desde efectos de luz en el atardecer, fuegos fatuos generados por algún tipo de contaminación química, etc‒ sin que hasta el momento ‒el fenómeno parece haberse limitado a aquella década‒ se haya dado una explicación definitiva.
Lo curioso, lo que llama aquí la atención más que otra cosa, es el hecho de que se trata de una leyenda que no aparece en solitario, como un fenómeno aislado, sino que se mezcla, se envuelve, dentro de otra serie de leyendas vinculadas al lugar.
Se dice, por ejemplo, que la niebla habría provocado en esos años la desaparición de varias personas, aunque investigadores modernos no han sido capaces de encontrar rastro alguno de esas desapariciones. Se habla también de cierto poder «carnívoro» de la niebla, capaz de desintegrar la carne de cadáveres de hombres y animales, que para muchos locales es la causa del gran número de esqueletos que pueden hallarse en el entorno del río.
Hay una leyenda, incluso, que se remonta, como decía al principio, a los años de la colonización europea, y a un antiguo jefe de una tribu nativa que habría desafiado al resto de clanes indios por beber de una fuente milagrosa ‒¿la mítica fuente de la Eterna Juventud?‒ a través de una copa de oro sagrada, que según la leyenda, tras una encarnizada lucha, seguiría en poder de los descendientes de los Tomoca ‒el pueblo nativo que da nombre al río‒, oficialmente desaparecidos.

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Otra leyenda que está ligada a la niebla carnívora es la de las luces de Tomoka, un fenómeno paralelo que los investigadores asocian al fenómeno OVNI ‒para otros, relacionado con las luces similares que se pueden observar en el conocido como Triángulo de las luces misteriosas de EE.UU.‒, y que, en ocasiones, se confunde con los atributos de la propia niebla, atribuyéndole también el poder de desintegrar la carne de quien entra en contacto con ellas.
Como sea ‒y esto es ya una opinión personal‒, de lo que no cabe duda es de que hablamos de un lugar especial. Puede que todos los fenómenos tengan su explicación racional, sensata, y que de lo que se trate, finalmente, sea de un conjunto de factores relacionados con las especiales características del terreno: aguas pantanosas, vegetación exuberante; naturaleza, en definitiva, salvaje y un punto sugerente, y propicia a la ensoñación. Pero puede, también ‒¿por qué no?‒ que nos encontremos, simplemente, ante uno de esos lugares que la tradición daimónica, al menos en Europa, describe como propicios para lo extraño; una especie de puerta hacia otra dimensión.

Sin querer pontificar sobre esto ‒que para eso ya lo han intentado otros más entrenados que yo, y con resultados, si no definitivos, sí al menos enriquecedores‒, nos quedaremos con la idea de haber descubierto otro de esos sitios interesantes, que apuntar en la libreta de deberes, como futuros destinos para esos futuros viajes que algún día habrá que hacer en busca de lo desconocido…

martes, 3 de febrero de 2015

ENRIQUE DE VILLENA, EL NIGROMANTE DE TOLEDO


Cuenta la leyenda que donde hoy se ubica el paseo del Tránsito, en plena judería toledana y al borde del Tajo, hubo en tiempos un palacio que hoy ha desaparecido por completo y en cuyo interior tuvo lugar una de las anécdotas más inquietantes y misteriosas de la ciudad imperial, la más mágica de todas, por otra parte.

¿Hasta dónde llegaron los conocimientos alquímicos del marqués de Villena?

Y es que aquel palacio era propiedad de Enrique de Villena, un noble de triste biografía que pasó la mayor parte de sus días encerrado entre sus paredes, estudiando, dicen, artes mágicas y todo lo que Toledo, en este sentido, podía ofrecerle, que era mucho.
Dicen que se convirtió en un gran experto, poseedor de una biblioteca impresionante dedicada a la nigromancia, la alquimia y otras artes ocultas –que luego se perdió, por un incendio–, y que hacia el final de su vida decidió poner en práctica algunos de estos saberes, en particular, aquellos que prometían una vida después de la muerte, que le rondaba de cerca.
El marqués –que así era conocido popularmente, aunque la verdad es que había perdido el título que le correspondía en una batalla disputada por su padre– dejó a su criado una serie de instrucciones que este debía de cumplir una vez exhalado el último suspiro. Dicen que aquél, de alguna manera influido por el respeto que le merecía la leyenda en torno a su amo –conocido en la ciudad por su sabiduría, pero también por su temible afición a lo oculto, siempre imbuida de cierto halo maldito– cumplió lo pactado y tras el fallecimiento del marqués se hizo pasar por él tal y como aquél le había ordenado.
La idea era dar a entender a los habitantes de la ciudad que seguía vivo, vistiendo sus mismas ropas y cumpliendo algunas costumbres diarias, como el ir a misa o asistir a determinados actos públicos.

La gran pirámide invertida de Toledo, de Marcus Polvoranca, una novela ambientada
en el Toledo mágico y subterráneo del padre Ventura, donde todas las leyendas cobran vida...

Dicen que lo cumplió a la perfección, durante un tiempo, hasta que un día la casualidad le obligó a descubrirse ante una comitiva callejera, y el fraude salió a la luz con todas sus consecuencias.
El criado se vio obligado a admitir que su amo estaba muerto, y ante las sospechas que recayeron automáticamente sobre él, tuvo que revelarles lo que había pasado, y conducir a las autoridades hacia el palacio del marqués.
Allí, por lo visto, lo que encontraron fue tremendo.
El marqués había ordenado a su criado introducir sus restos en un gigantesco alambique de cristal. Despedazado, para que su cuerpo pudiera caber por la embocadura.
Un ser deforme y grotesco había comenzado a crecer en él...



jueves, 7 de agosto de 2014

MISTERIOS Y ENIGMAS DEL MADRID OCULTO


Madrid descansa en mitad de la meseta, a los pies de la sierra de Guadarrama, en un cruce de caminos a orillas del Manzanares.
Es, sobre todo por historia, una de las grandes ciudades del mundo.
En ella viven tres millones de personas; tres millones que cada día patean sus calles y sufren los rigores de sus inviernos y veranos secos, en medio de los padecimientos y felicidades que depara la vida moderna.
Una ciudad populosa que, sin embargo, también oculta sus secretos y leyendas.


Madrid es, además de muchas otras cosas más, una ciudad llena de leyendas,
misterios y rincones ocultos...

Quizá la más famosa sea la del Palacio de Linares. Un palacio situado en plena plaza de Cibeles, y que fue construido hacia 1900 por el marqués del mismo nombre. Según cuentan, sus pasillos y salones fueron testigos de la trágica historia de una niña, Raimundita, que fue asesinada al nacer por quienes desaprobaban las relaciones entre sus progenitores José de Murga, marqués de Linares, y Raimunda de Osorio, una joven de extracción humilde que habría resultado ser hermanastra del primero. Es hacia los años noventa, concretamente en 1990, cuando el fantasma de la pequeña comienza a hacerse popular entre quienes trabajan en el palacio, actualmente Casa de América. Obreros y vigilantes de seguridad aseguraban entonces haber escuchado a una niña que les susurraba cosas en medio de la noche, además de reconocer movimiento de sombras, objetos que cambiaban una y otra vez de posición, y luces que, a lo largo del servicio, se encendían y se apagaban sin que nadie hubiera por allí más que ellos.
Fue en una finca próxima a Madrid, la conocida como Quinta del Sordo, donde
Goya realizó sus siniestras y misteriosas pinturas negras.
También relacionada con un edificio está la leyenda de la casa de las siete chimeneas. Es, como en el caso del palacio de Linares, un edificio antiguo, en este caso, levantado en el siglo XVI. Dicen que por Juan de Herrera, el arquitecto de El Escorial, aunque todavía hoy es muy discutido. Se habla de fantasmas que vagan por su tejado, pertenecientes a mujeres jóvenes que fallecieron en el edificio en extrañas circunstancias, alguna de ellas incluso se comenta que fue amante de Felipe II, el rey que quiso ser un rey Salomón moderno…
Paseando por el centro nos encontramos con la plaza Mayor, y los fantasmas –dicen– de los cientos de personas que fueron ajusticiadas en su solar, o de los que lo fueron –también– en la plaza de la Paja, hoy tan concurrida de bares y terrazas y gente despreocupada del mundo invisible y trágico que les rodea.
No debemos olvidarnos del Monasterio de la Encarnación, y el milagro de la sangre de San Pantaleón. Tampoco del Museo del Prado y de los enigmas de El Bosco, la pintura alucinada de El Greco, y las pinturas negras de Goya. Un Goya cuya mítica vivienda, la Quinta del Sordo, se encontró en su momento muy cerca del centro de la capital, y que a decir de sus contemporáneos fue un lugar misterioso, donde se rumoreaba que ocurrían todo tipo de cosas extrañas.
Y así, si seguimos escarbando, encontraremos muchas más. Se nos ocurre de pronto la existencia de esa enigmática estatua dedicada al Ángel Caído, Lucifer, situada en pleno parque del Retiro, y que dicen que es la única en su género del mundo. Por no hablar de los alrededores e irnos a las proximidades de la ciudad, hacia el El Escorial antes mencionado, la cervantina Alcalá de Henares o el Aranjuez de los jardines masónicos, por poner unos cuantos ejemplos.
Suerte, ¡ay!, la de los que tienen cerca todas esas maravillas, y pueden, de vez en cuando, pasear en una noche cálida de verano por ese Madrid de los Austrias donde en cada callejón, en cada callejuela, parece estar a punto de saltarnos encima algún espadachín perdido en una dimensión equivocada

martes, 24 de junio de 2014

LA LEYENDA DEL CRISTO DE LA LUZ Y LAS BOMBILLAS IMPOSIBLES




Cuentan las crónicas que acababa de producirse la toma de Toledo, y que el rey Alfonso VI había decidido acceder al centro de la ciudad por el camino menos lógico, dando un pequeño rodeo tras cruzar la puerta de Bisagra. Aseguran que, al poco de cruzar otra de esas puertas, la de Valmardón, su caballo se detuvo en seco e, hincándose de rodillas, se negó en rotundo a avanzar más.

La mezquita del Cristo de la Luz, en Toledo, el lugar en que se encontró ese
misterioso objeto.

El animal se había detenido frente a la fachada de una pequeña mezquita, y algunos miembros del séquito quisieron ver en aquello alguna especie de mensaje divino. Tras excavar en el templo, dicen que los hombres del rey hallaron una sala que había permanecido tapiada durante siglos, y que contenía un crucifijo… ¡y una lámpara que había permanecido encendida todo ese larguísimo periodo de tiempo, desde tiempos del rey don Rodrigo y la toma de la Península por las tropas musulmanas!
De primeras, el relato hace dibujar al lector una sonrisa condescendiente, y pensar que no es más que lo que aparenta: una fábula milagrera, de imaginación y superchería nada más.
Una más de tantas como se forjaron en la Reconquista, para dar más legitimidad a los cristianos frente al enemigo musulmán.
Y sin embargo, hay por ahí otras leyendas, mucho más recientes, que merecen ser traídas a colación, mencionadas sólo por el gusto de especular, y hacer que esa sonrisa condescendiente pase a un arrugar el ceño reflexivo, curioso e intrigado.
Como por ejemplo, la de la pila de Bagdad, que ya comentamos por aquí, y que según algunos demuestra la existencia en el pasado de electricidad, o formas, al menos, de acumularla. O la de esa enorme bombilla que aparece reflejada en un bajorrelieve egipcio (ver ilustración) y que explicaría la manera de trabajar de los egipcios en el interior de las pirámides, sin que hayan quedado señales de fuego ni nada parecido en las paredes de esos túneles inescrutables, silenciosos y oscuros.
¿Quién nos dice que no son evidencias, o pistas, de una tecnología increíble del pasado? ¿Quién que no entonces, como ahora, se mantuvieran en secreto determinadas maravillas comprometedoras, ocultas al común de los mortales?

¿Es este bajorrelieve la prueba de que los antiguos egipcios conocían
la electricidad?

Si rizamos aún más el rizo, no debemos olvidar que Toledo fue, en el pasado, la ciudad de la magia. El Área 51, para entendernos mejor, del medievo y aún más atrás. Un lugar de concentración de sabios, magos, astrónomos, alquimistas, y quién sabe de qué otros expertos. ¿Quién puede asegurar saber todo lo que pasó tras los muros de sus casas, en esos sótanos, en esas cuevas?

La sonrisa, probablemente, haya vuelto de nuevo al rostro del lector. No le culparemos por ello, es normal. Sólo le advertiremos de que la historia del saber está llena de anécdotas en torno a leyendas que, tras un largo periplo de burlas y descreimientos, resultaron ser ciertas…

viernes, 28 de febrero de 2014

MONSTRUOS (¿REALES?) DEVORADORES DE HOMBRES (4)

LA BESTIA DE GEVAUDAN


Dice el investigador Robert Dumont que no debemos de hablar de bestia, sino de bestias, en plural, por considerar que los sucesos célebres que se produjeron a mediados del s. XVIII, en una zona rural del interior de Francia –donde más de cien personas murieron a manos de una bestia desconocida, de naturaleza insólita– no son aislados, sino que se han venido produciendo a lo largo de la Historia, aproximadamente desde el s. XV hasta casi nuestros días.
¿Qué extraño animal mató a más de cien personas en Le Gèuvadan (Francia) entre 1764 y 1767?  

En cualquier caso, sí es cierto que el animalito que da nombre a la leyenda se pasó de la raya. Ya lo hemos dicho, más de cien víctimas –130 en total– casi exclusivamente mujeres y niños, que fueron sorprendidos en el silencio de la noche, en mitad de parajes solitarios, mientras trabajaban en el campo.
Sus fechorías son relatadas en el film El pacto de los lobos y allí, como en las investigaciones oficiales que se han llevado a cabo con posterioridad, se explica todo como una conspiración llevada a cabo por el hombre, aunque sin que todos quedemos satisfechos del todo.
Y es que hay muchos cabos sueltos, como suele decirse.
Los testigos que salieron con vida de sus ataques relataron cómo la bestia era capaz de erguirse sobre sus patas traseras; hablaron de un tamaño desproporcionado, y no supieron decir si era hombre o animal, si lobo –el cabeza de turco, como tantas otras veces–, u oso, o cualquier especie habitual de las que todavía hoy campan por aquel rincón agreste de la Occitania.
Era, en cualquier caso, un fenómeno que, como ya hemos dicho, se ha venido produciendo habitualmente en este viejo continente nuestro.
Hombres lobo, los llamaban en la antigüedad. Licántropos, Berserkers… La mitología está llena de casos, y es aquí donde debemos alzar la voz para acallar las risas de los escépticos.
Ellos, claro, dirán que son bobadas. La noche confunde los sentidos; el ataque de un animal, la violencia de las dentelladas, los rugidos y los zarandeos, pueden hacer pensar a cualquiera que está siendo atacado por un monstruo. Dejando a un lado los inconvenientes a todo esto –que Dumont explica muy bien en este artículo–, tenemos que hablar de un caso reciente; que sepamos, aún no resuelto.
Afortunada (o desafortunadamente) aún existen secretos en Europa que dan
sentido a las viejas leyendas...
(Foto: © Copyright Alan Dawson)

Viajemos a Baztán, Navarra, al verano de 2008. Las autoridades informan del hallazgo del cadáver de un oso, que ha sido encontrado por los miembros de una familia en pleno bosque. Al día siguiente, tras la necropsia realizada por los técnicos del gobierno foral, se informa de que el cadáver no corresponde a un oso, sino a un perro de gran tamaño –más de cien kilos– de una raza que no se puede determinar por el estado de los restos.
Las fotografías tomadas al animal hablan por sí solas. El misterio se despliega ante nosotros con una sonriente reverencia.
¿A qué tanto misterio? ¿A qué tantos errores, tan poca claridad en las conclusiones?
¿De qué enorme perro, oso mutante, o lo que sea, estamos hablando?
¿Y por qué ya no se volvió a saber nada más?
En el mundo del ADN, de la tecnología forense que todo lo puede…
¿Podría, quizá, tener algo que ver aquel impresionante hallazgo con la bestia –o bestias– de Gevaudan?
¿Con las leyendas sobre el hombre lobo?

O “simplemente” –pongámonos a imaginar– los bosques y montañas de la vieja Europa aún esconden secretos que –¡ay!–, hacen el mundo más interesante si cabe...

jueves, 16 de enero de 2014

LA VAMPIRESA DE VENECIA



Dice Lorenzo Fernández Bueno que anduvo durante mucho tiempo esperando a que le llegara una buena historia para lanzarse a escribir una novela. Que nunca, hasta que llegó a sus oídos la historia que sustenta El vampiro de Silesia (Minotauro, 2013), había sentido esa magia necesaria para que uno se lance a la aventura de componer un relato largo de ficción.
Es, desde luego, mucho decir para alguien que, como Fernández Bueno, lleva tantos años en esto del misterio, y de tantas y tantas cosas habrá oído hablar.
Todo comienza en la pequeña isla veneciana de Lazzaretto Nuovo...

La historia en cuestión comienza en el año 2006, con un un grupo de arqueólogos excavando en un islote de la laguna de Venecia. El objetivo era desenterrar, para su análisis, algunos de los cadáveres que reposaban en una fosa común, producto de una epidemia de peste del s. XVI. Entre los cadáveres –ninguno agradable, cabe suponer– hallaron uno que resultó especialmente llamativo, por lo que contaremos a continuación.
Se trataba de los restos de una mujer joven, que presentaba signos de haber sido torturada antes del fallecimiento. Tenía la tráquea rota y, entre los dientes, con una boca forzada al extremo, aparecía un ladrillo atravesado hasta la garganta.
Las investigaciones apuntaron enseguida a que debía de tratarse de alguna especie de ritual, y pronto salió a relucir el tema del vampirismo.
¡La mujer había sido considerada por sus contemporáneos como un chupasangre, un primo hermano de Drácula!
Al parecer, era un ritual muy habitual en la época. Sobre todo cuando había una plaga de por medio.
La vampiresa de Venecia no ha sido el único "cadáver de vampiro" hallado en
Europa en los últimos años... 

(En Polonia, particularmente en la zona de Silesia, han sido hallados otros cadáveres similares, que habían sufrido torturas parecidas...)
El vulgo, ya se sabe, reclama siempre respuestas inmediatas.
Y el poder las proporciona gustoso, siempre y cuando no le salpiquen sus consecuencias…
Y he aquí lo que le pasó a esta mujer.
Es, desde luego, una historia verdaderamente terrorífica, que pone los pelos de punta si se piensa en ella en un ambiente propicio, como puede ser la propia ciudad de los canales. En una noche de bruma, paseando en solitario con el murmullo del agua y el silencio húmedo, y algo inquieto, de los traicioneros callejones…
Y aunque se nos den explicaciones racionales, y se nos digan los porqués de la superstición del vampirismo, y eso de que todo parte de las sensaciones que, en el pasado, provocaba abrir un féretro y encontrarse dentro un cadáver que, tras la muerte, había experimentado cambios, o que aparecía con la boca sanguinolenta, uno no puede dejar de estremecerse al ver la foto del cadáver que se encontró en el islote de Lazzaretto Nuovo, y pensar que aquella calavera forzada, y aquel ladrillo que se encuentra entre sus dientes, formaron parte, hace varios siglos, de una escena que debió ser peor, seguro, de lo que somos capaces de recrear en nuestras peores pesadillas…
Y es que no hay ficción que pueda con la macabra realidad que nos acompaña desde que el mundo es mundo...

jueves, 5 de diciembre de 2013

LOS HOMBRES DE NEGRO

El poder es, en líneas generales, muy poco original. Políticos, abogados, empresarios, policías o funcionarios, visten todos de manera muy similar. Trajes cruzados, de colores oscuros, corbata y gafas de sol.
Es de suponer que los hombres de negro hayan cambiado su estética; probablemente
también su forma de actuar...

Es la imagen de los que mandan, los rasgos de quienes, situados por encima de la mayoría, deciden los destinos del mundo entero.
A partir de los años cuarenta, cuando el fenómeno O.V.N.I. comienza a adquirir relevancia, surgen, a su vera, multitud de mitos que han pervivido hasta el día de hoy, perpetuados en novelas, films y series de televisión.
Son los hombres de negro, los “men in black”.
¿Qué hay de real y de ficticio en esta leyenda contemporánea?
Habría que remitirse a los casos reales, declaraciones de testigos y la experiencia propia de cada cual.
¿Quién no puede afirmar que, de alguna manera u otra, ha visto alguna vez a alguno de ellos?
Que están ahí, es algo innegable.
El hecho de que se les ridiculice, se les pinte con el colorín de Hollywood, no es más que la prueba definitiva de que son algo incontestable.
El poder es poco original, ya decimos, y todo lo trata de una manera similar.
Asimilando el mito, haciendo que prospere y se vaya deformando, logra que nos olvidemos de él.
No es necesario que los hombres de negro vayan de negro, claro que no. Ni que lleven cadillacs de los años cincuenta, o tengan rasgos asiáticos y voz metálica, como se oye por ahí.
Es de suponer que en la actualidad adoptan otras formas. Física, o virtualmente.
Nicks sospechosos en foros, blogueros que de tan informados parecen exageradamente sospechosos…
La paranoia, sí, es la única que puede salvarnos.
La paranoia y el sentido común.
Esos facebooks, esos twitters e instagrams tan amigables que nos prestan gratuitamente sus servicios, para que estemos en contacto con nuestros conocidos y podamos ser más felices…
El poder es poco original, decíamos; nunca da nada a cambio de nada.
Cuidado.

El mundo ha cambiado de parámetros, y afortunados serán quienes sean conscientes de por dónde se andan… 

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