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jueves, 19 de febrero de 2015

NÚMERO 4: OVNIS NAZIS, ENIGMAS DE POLINESIA Y VAMPIROS

Ya se encuentra disponible el número 4 de la revista Enigmas Misteriosos e Inexplicables!!!



Dossier Enigmas Misteriosos e Inexplicables
Número 4 / febrero de 2015

Contenido:
OVNI´s Nazis / Enigmas Polinesios / Vampiros

Formato: Kindle
22 páginas

A la venta en Amazon:





martes, 20 de agosto de 2013

EL INCREÍBLE Y ENIGMÁTICO VIAJE DE RATA Y MAUI



En 1974, un investigador neozelandés de la Universidad de Harvard anunciaba un descubrimiento sin precedentes que ponía patas arriba alguno de los supuestos más consolidados de la hasta entonces Historia Oficial de América. Tras haber estudiado en profundidad una inscripción hallada en el s. XIX en una gruta de Tinguiririca (paraje de los Andes chilenos), concluía no sólo que aquella no era, como se había pensado hasta ese momento, una inscripción de algún pueblo del entorno, sino que quienes la habían hecho procedían de muy lejos, nada más y nada menos que de Egipto…
Pensar que los pueblos antiguos se limitaron a permanecer en tierra es limitar los horizontes,
subestimarnos a nosotros mismos, sus herederos...

Aquella inscripción sería una prueba más de hasta dónde había llegado en el pasado el poder de los faraones.
En concreto, de uno de los viajes más misteriosos de la Antigüedad, el llevado a cabo por el capitán Rata y el navegante Maui.
Hacia el año 232 a. C., el faraón Ptolomeo III pone al frente de una flota a estos dos marineros, con el objetivo de circunnavegar el globo y demostrar las teorías de Eratóstenes (el famoso científico, entonces también al frente de la biblioteca de Alejandría).
La flota habría partido del mar Rojo, habría cruzado el océano Índico y después el Pacífico y, a tenor de la inscripción, haber llegado a Chile y haberse adentrado en el interior del continente Sudamericano, reclamando aquellas tierras para su soberano.
A partir de ahí, las teorías se dividen en dos.
Para unos, la flota habría seguido después hacia el Atlántico. Prueba de ello sería la existencia de un islote conocido con el nombre de Rata frente a las costas de Brasil. Para otros, los navegantes egipcios habrían tomado una corriente oceánica que les habría llevado a Hawai.
Esta segunda es la teoría que más adeptos aglutina.
Entre ellos, Thor Heyerdahl, que valora la posibilidad de que la leyenda de Tiki –la de los dioses que llegaron del Oeste–, esté vinculada a este misterioso viaje, y otros, que consideran que el nombre Maui –el de una de las islas principales de Hawai–, corresponde al del mítico capitán.
Por lo demás, sobre inscripciones egipcias y fenicias en América hay todo un mundo de especulaciones.
Las habrá verdaderas; también falsas.
Pero, ¿quién se resiste a pensar que los grandes imperios del pasado –Mayas, Incas, Egipcios– no se conformaron con dominios en tierra firme, y se lanzaron a extender su poder también hacia el mar?

Hacerlo es limitar los horizontes, subestimar el coraje y arrojo de aquellos hombres y mujeres que, sabemos, fueron capaces de los más impresionantes prodigios.

viernes, 23 de noviembre de 2012

THOR HEYERDAHL, DESAFÍO A LA ORTODOXIA




En 1947 se producía uno de esos momentos cumbre de la historia que luego, por esas cosas que tiene la vida, quedan poco a poco en el olvido, recordadas únicamente por los amantes del misterio, la aventura y el conocimiento.
La Kon Tiki, tal y como puede admirarse en el museo de Oslo (Noruega) dedicado a Thor Heyerdahl y sus  expediciones.

Era el año en el que la Kon Tiki, una balsa fabricada en el Perú con troncos de árbol, paja y cuerdas, recorría, por mar –sin ayuda de un motor o de otras naves de apoyo– la distancia que separa las costas occidentales de América del Sur de la Polinesia. Su capitán, el antropólogo y aventurero noruego Thor Heyerdahl, demostraba así que el tráfico entre el continente y las islas que salpican el Pacífico había sido posible en el pasado, echando por tierra la cerrazón de aquellos que lo habían negado por completo durante décadas.
Se trata de una de las mayores gestas del ser humano, y que sorprende por su magnitud en diversos aspectos.
Por un lado está la aventura. Estremece imaginar a aquellos hombres flotando a merced de las olas, en mitad del inmenso Océano, y tratar de ponerse en su lugar. De noche, cuenta el propio Heyerdahl, en el libro que relata sus peripecias, les sorprendía el aspecto de la bóveda celeste, y les parecía haber retrocedido varios siglos en el tiempo.
Por el lado científico, la gesta vino a poner a prueba a quienes negaban la capacidad náutica de los hombres del lado izquierdo de los Andes. Venía a demostrar que podía haber habido contacto con los habitantes de ese continente anfibio situado en el triángulo formado por Hawaii, Nueva Zelanda y la isla de Pascua.
La expedición Kon Tiki sirvió para dar algunos pasos importantes en la resolución de los misterios de Pascua.

Luego, Heyerdahl se embarcaría en otras aventuras, que pretendían demostrar contactos similares entre Egipto y América, a través del Atlántico, pero esa ya es otra historia.
La Kon Tiki puede colocarse al lado de viajes míticos como el de Colón, Magallanes y muchos otros. Como aquéllos, tuvo en contra a muchos que, desde un lugar seguro en la tierra, le tachaban de loco e imaginativo.
Por suerte, tuvo la suerte de su lado para demostrarles que no estaba tan loco. 

lunes, 22 de octubre de 2012

LAS PIRÁMIDES DE GÜíMAR Y ALGUNAS TEORÍAS MÁS O MENOS RAZONABLES




Las islas Canarias están situadas en mitad de la ruta marítima que lleva, a través de las corrientes oceánicas, desde Europa hasta América. Es algo que sabía Colón, y que hizo que, en su primer viaje, la flota de carabelas se detuviera en el archipiélago antes de marcharse a “descubrir” definitivamente el nuevo mundo.
Las pirámides de Güimar, todo un misterio de las islas Canarias.


Muy poco se sabe de los pobladores primitivos de las islas antes de la llegada de los europeos. Tan sólo antiguas tradiciones, algunos pocos restos arqueológicos.
Para el conquistador, lo fácil siempre es tachar al conquistado de salvaje. Se suele dar por hecho que una civilización reducida por las armas es también víctima de su inferioridad intelectual, y esto sí que es una barbaridad. ¿Qué decir de la caída del Imperio romano, por ejemplo, a manos de las tribus germánicas?
En Canarias, las pirámides de Güímar, situadas en la isla de Tenerife, son un ejemplo de ello.
Para Thor Heyerdahl, el investigador que fue capaz de arriesgar la vida para dar con la verdad en las narices a quienes creían imposible cruzar el Pacífico en una balsa, eran algo más que simples mojones, que montañas de piedras acumuladas en un lugar concreto por los agricultores. Defendía, como lo había hecho antes en Polinesia, que en la Antigüedad había existido algún tipo de contacto entre Europa y América, y que las Canarias, tan estratégicamente situadas, habían sido un lugar de paso. Las pirámides de Güímar podían ser una prueba, o al menos un indicio.
¿Qué impide pensar que esto fuera así? ¿Que no quede constancia escrita? ¿Qué solo haya leyendas, como ocurría con Troya? 
Por supuesto, eso supondría dar al traste con lo que sabemos de historia. Tener que reescribir es siempre un trabajo fatigoso. No quedan pruebas, dirán, como si las pocas que hay no fueran suficientes. Después dirán que es imposible, como dirían que para los faraones habría sido imposible construir grandes pirámides o templos si no hubieran encontrado restos completos dispuestos para su estudio. 
Pensar en lo que defiende Heyerdahl es una vía de trabajo, nada más. Pero empeñarse en negar y cuestionar las posibilidades del hombre, bastante cerril y, como poco, absolutamente improductivo.
Implica, como se ha dicho antes, subestimar a los antiguos. Elevar aún más a otros, también antiguos, pero que escribieron la historia. Que la modelaron a su modo. Que la siguen inventando, ante nuestras narices. A base de mentiras, en ocasiones, y de soberbia, en muchas otras.
El mundo, afortunadamente, para el que quiere verlos y para el que no, está aún lleno de enigmas.

sábado, 13 de octubre de 2012

CRISTÓBAL COLÓN, ¿TEMPLARIO?

¿Eran las cruces rojas de las carabelas de Colón un recuerdo del pasado templario del Almirante?


Los enigmas que rodean la figura de Cristóbal Colón son demasiados. Resulta curioso, tratándose de un personaje tan relevante para la Historia Universal. Casi nada sabemos de él antes del Descubrimiento. Antonio de la Riva, en el libro Las claves del enigma de Colón, intenta dar una explicación a todo esto.
Defiende que Colón fue un templario. Que ya sabía antes de embarcarse en Palos hacia dónde iba. Y no sólo eso, sino que, además, engañó a todos haciéndose el despistado, desde el principio hasta el final.
Según de la Riva, todos los que intentan asignar a Colón un origen europeo fallan en algo. Ni genovés, ni italiano, ni portugués ni mallorquín. Colón era americano, dice. Procedía de una colonia templaria en el nuevo mundo, que habría abandonado Europa a través del puerto de La Rochelle, en Francia, cuando todo el jaleo que acabó con la Orden. Allí se habrían establecido unos cuantos, mezclándose con las indígenas –ay, las indígenas–, durante varias generaciones.
Eso explicaría la forma extraña de hablar del almirante. Según las investigaciones, con un castellano propio del siglo XIV.  También sería prueba de ello el secretismo que rodeó su pasado, así como los conocimientos que tenía acerca del mar y la navegación y, sobre todo, de lo que había más allá de las Columnas de Hércules, y que él parecía tan seguro de conocer...
Además, están algunas declaraciones misteriosas de Colón, que han quedado registradas en las crónicas, como aquello de que no había sido el primer Almirante de su familia (de la Riva recuerda que el de Almirante era un título muy habitual entre los Templarios).
La teoría de Antonio de la Riva, además de interesante y documentada, enlaza muy bien con aquélla que defendió en su día el investigador y aventurero noruego Thor Heyerdahl, el mismo de la expedición Kon Tiki, y su idea de que los Polinesios provendrían de América del Sur, en especial de un grupo de incas enigmático (compuesto por gentes de piel blanca, largas barbas y un saber técnico superior), que aún hoy no ha quedado aclarado del todo.
Pero eso es otra historia, que desarrollaremos más adelante.
De momento, recordar sólo aquellas cruces rojas que portaron las carabelas en su velamen...

martes, 9 de octubre de 2012

EL MISTERIO DE PASCUA


Comenzamos este blog en la Isla de Pascua. Una isla del Pacífico, lo suficientemente lejana de cualquier lugar como para albergar cientos de misterios. El más conocido, el de sus Moai, sus estatuas gigantescas. Desde su colonización europea, los investigadores han intentado dar multitud de explicaciones a estas construcciones sin que ninguna, hasta la fecha, haya podido contentar a todos.

En su número de agosto, la edición española de la revista National Geographic publica la última teoría. Según se cuenta, los habitantes de la isla habrían desplazado a los gigantes de piedra desde la cantera original hasta su ubicación final, de pie –y no tumbados, sobre troncos, como se especulaba hasta la fecha-, ayudados de cuerdas y aprovechando el diseño del moai, pensado para poder mantenerse en equilibrio a la vez que se le arrastra cuesta abajo.
Se trata de una teoría original, que ha podido ser demostrada de manera experimental, y que deja para la posteridad bonitas ilustraciones que permiten imaginar a cientos de hombres en torno a la gigantesca piedra luchando, ayudados de cuerdas, de fuerza, de cánticos y demás –a la manera de los egipcios con las pirámides-, pero que sigue sin responder a cientos de preguntas.
Entre ellas, por qué precisamente allí, en el último rincón de la Polinesia, los hombres quisieron erguir aquellos dioses. Por qué aquel ansia de megalomanía, que según nos cuentan, llevó a la total deforestación de la isla, y más tarde a la merma de la población, por hambre y demás. ¿Fue puro egoísmo, una metáfora que nos cede la historia para aprender a cuidar el planeta? ¿O fue algo más? ¿Qué se niegan a contarnos aquellas bocas cerradas de los moais, aquellos rostros imperturbables de nariz afilada y ceño fruncido?
Habrá que esperar nuevas teorías, o dejar que vuele, como ha ocurrido en otras ocasiones, la imaginación.

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