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miércoles, 31 de julio de 2019

LAS ISLAS AZORES Y EL MISTERIO DE AMÉRICA: ¿EL CAMINO DE LA EDAD DE PIEDRA?



En el año 2010, un osado investigador portugués asombraba al mundo con una teoría que rompía con la cronología oficial de las islas Azores, asegurando que había pruebas de sobra para sostener la existencia de pobladores en el archipiélago previas a la colonización portuguesa. Fundamentaba la afirmación en una serie de hallazgos arqueológicos que iban desde misteriosas construcciones en piedra hasta supuestas pinturas rupestres, que enseguida fueron descartadas por una comisión creada ese mismo año por el gobierno portugués como formaciones puramente naturales.

¿Fueron las Azores un punto de paso para esos supuestos
viajes precolombinos a América desde el Europa?

Nuno Ribeira, que así se llama el investigador, siguió con sus trabajos. Fue apoyado por otros investigadores que sí creían en su hipótesis, y parece ser que proceso continúa con hallazgos igual de controvertidos y polémicos.
La idea no es nueva.
Desde antiguo, se ha visto a las Azores como un punto fundamental en la conexión entre Europa y América, mucho antes del descubrimiento de Colón.
Fueron precisamente los españoles, tras el «descubrimiento» de 1492, quienes primero apoyaron la tesis de los viajes previos de los fenicios. Parecía lógico, incluso para la gente del s. XVI, que aquellos experimentados navegantes acabaran tarde o temprano accediendo a las costas americanas durante su época de hegemonía. Dicen, incluso, las malas lenguas, que pudieron haber propagado la idea de los peligros del Mare Tenebrosum para ocultar ese maravilloso hallazgo a otros navegantes. Para el padre Ventura está claro: América se ocultó a través de la magia, y así permaneció hasta que los mismos que había puesto en marcha el conjuro decidieron desvelar el secreto y poner en funcionamiento una nueva fase de la historia…
En el siglo XVIII, un autor alemán hacía público en un artículo el hallazgo de unas monedas cartaginesas en la isla de Corvo. Aunque sus colegas se lanzaron a rebatir lo extraordinario de aquel hecho asegurando que podría tratarse de monedas llevadas allí por los primeros colonos portugueses de la isla, el asunto no dejaba de ganar consistencia por los rumores que habían corrido allí mismo años atrás acerca de una misteriosa estatua de la misma época que luego, misteriosamente, había desaparecido…

¿Son las misteriosas estructuras halladas en Azores obra del hombre moderno,
de la naturaleza, o verdaderos dispositivos astronómicos prehistóricos, tal y como
defienden algunos investigadores...?

Lo que Nuno Ribeira y su Asociación Portuguesa de Investigaciones Arqueológicas ha encontrado va más lejos. Habla de enormes estructuras de piedra con extrañas marcas de cantería y dispositivos que parecen indicar lo que podría ser una especie de reloj estelar. Hablan, como decíamos, de pinturas. Y hasta de posibles restos de un culto a la naturaleza muy similar al que se practicaba en la antigua Finlandia, en lugares en los que las rocas parecer mostrar figuras antropomorfas, naturales, pero divinas a ojos de aquellos antiguos pobladores.
Todo esto se complica un poco más después de que en 2017 un estudio elaborado apartir de muestras de Carbono 14 certificase que había evidencias de poblaciones en el archipiélago previas a la colonización portuguesa. Evidencias basadas en la presencia en las islas de semillas europeas que no debían haber estado allí antes del siglo XV, y que demostraban, como poco, que la teoría oficial sobre la historia de este remoto y bello lugar no era tan consistente como se había estado manteniendo.
Las investigaciones, como decimos, siguen adelante. Dependerá de la insistencia de gente como Nuno Ribeira y su equipo que la verdad pueda llegar a salir a la luz. Mientras tanto, todas las hipótesis siguen abiertas. Y la del padre Ventura, con la magia y Toledo como principales protagonistas de la que pudo haber sido la mayor y más compleja conspiración de la historia, la más sugerente a nuestros ojos… ¿Por qué no?
Echen un vistazo a ciertos acontecimientos que se siguen produciendo hoy, en nuestro mundo tan aparentemente conectado a todos los niveles, y verán que ilusionismo, conspiración, poder y secretos de estado son términos que van estrechamente de la mano…

jueves, 11 de julio de 2019

EL FUERTE TEMPLARIO DE LA PATAGONIA



¿Templarios en Argentina? Sí, habéis escuchado bien. Es una teoría controvertida, muy bizarra, pero que tiene su fundamento en diversas leyendas y algún que otro vestigio arqueológico; también en la imaginación desbocada (y muy inspirada, para nuestro gusto) de ciertos investigadores que han querido tomarse esta hipótesis muy en serio…


¿Formación o antiguo fuerte templario en América? Los misterios del conocido como
"fuerte abandonado argentino" siguen en pie...
(Foto de Marie M / Licencia cc-by)
Que los templarios anduvieron por América es algo de lo que hemos hablado por este mismo blog hace ya algunos años. Se dice que conocían el continente mucho antes que Colón y que fue gracias a este saber secreto que el genovés (o catalán, o mallorquín, o siguiendo las teorías de nuestro padre Ventura, toledano) logró descubrirlo. Quienes defienden esta teoría ponen el acento en el puerto de la Rochelle que los templarios mantenían en aguas atlánticas ‒que no mediterráneas, que era lo que se les habría supuesto más práctico para sus intereses en Tierra Santa‒ y la supuesta riqueza que generaron en tan poco tiempo, y que podría haber tenido su origen en la explotación de minas de plata en América.
La conexión argentina entronca con la leyenda de la Ciudad de los Césares.  Es un mito escurridizo, que parece tener su origen en la época de la conquista española, y que llevó a muchos exploradores a tratar de encontrar una de esas ciudades cuajadas de riquezas que parecían sugerir las leyendas indígenas, y que se situaba en algún punto entre los Andes y la Patagonia...
Es ahí, en la Patagonia, donde algunos de los investigadores modernos sitúan una de las posibles ubicaciones de esta Ciudad de los Césares. O de alguna de ellas, porque se presume que había varias. Está en una altiplanicie muy curiosa, de origen natural (presuntamente) situada al sur de la ciudad de San Antonio Oeste, en la provincia de Río Negro, en Argentina. Decimos que es presuntamente natural porque para muchos se trata de las ruinas de un fuerte, construido en los tiempos previos a Colón, y cuya silueta magnífica destaca sobre la llanura desértica que lo rodea. Tiene 153 metros de altura; se presume que en el pasado pudo constituir una isla ‒una especie de islote en la desembocadura antigua del Río Negro‒, y está horadado de cuevas, y de secretos, con una vista panorámica hacia el mar.
Para quienes defienden la presencia templaria en estas tierras, no cabe duda de que debió ser una plaza fuerte de aquella orden medieval en América. El lugar, habitado posiblemente desde muy atrás en el tiempo ‒se han encontrado restos de tres mil años de antigüedad‒, era considerado por los mapuches como una de las ubicaciones de un extraño pueblo de hombres blancos recelosos, que huían del trato con el resto de poblaciones aborígenes.

El mapa de Víctor Martin de Moussy, de 1859, que muestra la ubicación
de aquel Antiguo Fuerte Abandonado...

Existe un mapa, elaborado por un francés que había sido contratado por el gobierno argentino en 1859, en el que se sitúa en este mismo punto un misterioso «Antiguo Fuerte Abandonado», lo que lleva a deducir que todavía en aquella época podía existir el recuerdo de alguna ruina, algún vestigio que desde luego hoy ha desaparecido por completo.
Todo lo que quedan son elucubraciones, pequeñas pistas diseminadas aquí y allá. Dicen que en las laderas de la meseta que compone el fuerte hay piedras de gran tamaño que parecen ser los restos de murallas artificiales, construidas por el hombre en lo que bien podría haber sido una especie de ensenada gigantesca construida para el refugio de barcos. A unos setenta kilómetros del fuerte, en otro yacimiento curioso, lleno de enigmas, fueron encontrados extraños objetos como una piedra con una cruz muy parecida a la que usaban como emblema los caballeros templarios, y un extraño tótem en el que algunos han querido ver también reminiscencias del esoterismo de aquella orden.
Por supuesto, hay quien vincula todo esto al deseo de los nostálgicos del nazismo y la supremacía blanca de hallar pruebas que justifiquen sus desvaríos raciales, aquellas ideas siniestras que en el pasado provocaron tanto sufrimiento y tantos crímenes en nombre de la pseudociencia. Hemos de decir que también existen conexiones que llevan a relacionar a esos misteriosos pueblos blancos ‒que también se dan en otras muchas leyendas de los nativos americanos de otras latitudes‒ con las tribus perdidas de Israel, con alguna antigua expedición de frailes irlandeses, o con los vikingos, o incluso con los fenicios, otro clásico de los antiguos viajes atlánticos. Son todas teorías a tener en cuenta ‒aunque a veces a sus teóricos se les vayan de la mano los argumentos, por puro entusiasmo o vaya usted a saber qué‒, y que en un contexto como el pasado americano, tan lleno de incógnitas, y donde nada se puede dar por sabido, añaden color, cierta fragancia de aventura, esa licencia necesaria para que el interés del espectador se mantenga vivo. Lo mismo que los fenómenos misteriosos que, dicen, se producen frecuentemente en torno a ese supuesto fuerte del que hemos estado hablando. Ovnis, extrañas luces en el cielo, e incluso fenómenos forteanos de los que existen algunos testigos. ¿Algo relacionado, quizá, con el hecho de que el gobierno argentino eligiera esa ubicación para sus pruebas militares? Puede ser, quién sabe. Si les pilla cerca, si andan ustedes por esas latitudes ‒dicen que esa parte de la Argentina es de una belleza inmensa‒ tienen la ocasión de visitar el lugar por medio de tours organizados. Con asado de carne incluido, brindis final, y la entrega de lo que llaman un «diploma templario»…

martes, 18 de noviembre de 2014

EL CÍRCULO DE HERMES: EL ORIGEN ARAGONÉS DE CRISTÓBAL COLÓN



La investigadora Marisa Azuara nos habla sobre su documentada teoría en torno al origen de Cristóbal Colón y los acontecimientos y circunstancias que favorecieron el descubrimiento de América, todavía, 5 siglos después, tan lleno de enigmas y misterios. Lo hace en una nueva entrega de El círculo de Hermes, el podcast de misterios e información alternativa dirigido y presentado por Jesús Pertierra, con la colaboración, en esta ocasión de Marcus Polvoranca.


martes, 14 de octubre de 2014

ENTREVISTA A JESÚS PERTIERRA, DIRECTOR Y PRESENTADOR DE “EL CÍRCULO DE HERMES”



Es de alguna manera mi jefe, y desde luego uno de mis maestros, pero su actitud generosa y afable le hace preferir ejercer antes que nada como amigo. No deja que le llame de usted, y estoy seguro de que se enfadará cuando lea eso de que es jefe de alguien. He aquí la pequeña entrevista que nos concede para hablar sobre algunas cosas en torno a su nuevo programa El círculo de Hermes:
P: Acabas de iniciar una nueva etapa con El círculo de Hermes, que sucede al exitoso y ya longevo La rueda del misterio. ¿Podrías aclararnos qué trae de nuevo este proyecto? ¿Es sólo un cambio de nombre, o cabe esperar de él algo más?
R:  No es sólo un cambio de nombre, claro que no. En esta nueva etapa me gustaría apostar, contando con todos vosotros, por las cuestiones sociales y los problemas que hay en nuestra sociedad y en el mundo. Creo que el misterio también es importante, y que es algo que debe de estar ahí como una ilusión, pero hay otros asuntos que también están ahí y que la mayoría de los medios de comunicación están obviando. Nuestra apuesta es que esos temas también tengan su espacio y puedan llegar al público.
P: ¿Cómo te inicias en el mundo del misterio?
R: Fue a través de mi abuela, de origen gallego. Desde muy pequeño nos poníamos alrededor suyo, junto a la estufa de butano, para que nos contase historias maravillosas y leyendas sobre fantasmas y casas encantadas (no había televisión), y creo que fue ahí donde yo comencé a interesarme por estos temas. Recuerdo sobre todo la atmósfera, el silencio de la noche y la luz muy baja, creando atmósfera…
P: ¿Y del fenómeno OVNI, del que yo sé que eres un gran aficionado? ¿Cómo lo ves después de tantos años de interesarte por él, leyendo y entrevistando a investigadores y expertos?
R: En mi opinión, el fenómeno parece irse “autocreando”. Cuando creemos que nos acercamos a algún tipo de solución, aparece algo nuevo que nos obliga a volver al principio. Ya parecía muy claro que los objetos no identificados pertenecían a otros mundos, y especulábamos con seres inteligentes que tripulaban naves sofisticadas fabricadas como las nuestras, con chapa y tornillos, y de pronto sucede que los nuevos avistamientos parecen tener otra naturaleza: apariciones como ectoplasmas, luces que no se sabe lo que pueden ser… Desde Hispanoamérica he tenido conocimiento de avistamientos en los que las luces éstas que te comento interactúan con los testigos. Como en un caso que me refirieron que estuvo protagonizado por un policía. El caso es que la evolución del fenómeno parece ir a la par nuestra, aunque siempre a la delantera. No creo ya en una civilización de seres extraterrestres, o al menos no como antes; más bien en una entidad que nos supera en mucho, y que no sabemos todavía qué puede esconder.
P: ¿Qué otros temas de los que suelen tratarse en el El círculo de Hermes te atrae más?
R: Me apasiona el tema de las casas encantadas. Quizá porque en algunos momentos de mi vida he habitado en casas en las que tenían lugar, o decían que tenían lugar, fenómenos extraños. Recuerdo que, cuando vivía en Huelva, viví con mi familia en unos pabellones militares que durante la Guerra Civil habían sido un hospital. Me fascinaba lo que se contaba que ocurría allí, lo que decían que ocurría desde hacía tiempo. Es un tema antiguo, que puede rastrearse hasta los escritos de Plinio, no recuerdo si el Joven o el Viejo. Por desgracia, es un tema en el que la investigación no ha avanzado mucho. Me cuesta mucho creer a quien dice que las psicofonías contienen mensajes concretos, y tienen que decirme previamente lo que dicen esas grabaciones para que yo logre escucharlas. Lo mismo me sucede con las paleidolias.
P: Volviendo a El círculo de Hermes, ¿qué esperas de esta nueva etapa? ¿Qué objetivos te has propuesto?
R: Creo que es algo que puedes ver a través de cómo he organizado el programa. La madrugada del domingo al lunes estoy subiendo programas dedicados a política, asuntos sociales, conspiraciones y actualidad, con los que la intención es ofrecer información alternativa a lo que dan los medios generalistas. La de los martes, y los jueves, programas más clásicos del misterio que, como ya te digo, deben tener el reto de hacer pensar y distraer a la gente en estos tiempos tan difíciles. En cuanto a los martes, trataremos, puntualmente, de subir los programas de Actualidad del Misterio que parecen, por el número de descargas registradas, tener bastante éxito.
P: ¿Puedes adelantar algunos de los temas que tratará próximamente el programa?

miércoles, 11 de junio de 2014

TIM SEVERIN Y EL LEGENDARIO VIAJE DE SAN BRANDÁN




No es la primera vez que hablamos aquí de San Brandán, el mítico monje navegante irlandés cuya epopeya a lo largo del Atlántico Norte lleva cautivando la mente de los soñadores desde la alta Edad Media. Tampoco es la primera vez (ni la última, eso es seguro) que hablamos de Cristóbal Colón, y de los navegantes que se disputan con él el haber sido los primeros en llegar al Nuevo Mundo.

El mítico viaje de San Brandán estaba repleto de hechos fabulosos que Tim Severin
lograría explicar con sus experiencias.

Y es que en la navegación de los antiguos parece estar una de las principales claves de nuestro pasado, además de misterios increíbles, excitantes, de esos que pueden llegar a obsesionar a cualquiera.
Ése, quizá, fue el caso de Tim Severin. Este marinero escocés adicto a la aventura, decidía en 1976 emprender una aventura con la que demostrar que la leyenda de San Brandán podía tener algo de cierto.
Para ello, se construyó una nave como la que describen las crónicas que utilizó el monje. Una currach, barca tradicional irlandesa fabricada con piel de buey.
Al parecer, este tipo de construcción tenía una flexibilidad que la convertía en una embarcación mucho más resistente de lo que se creía en el frío Atlántico, capaz de soportar el oleaje o adaptarse a otros inconvenientes que podían surgir en una travesía de estas características.
Nada más partir del condado de Kerry, al oeste de Irlanda, se da cuenta de que una de las claves de la crónica de San Brandán podría tener explicación precisamente en la forma de la embarcación: de formas suaves, y redondeadas, parece atraer a todo tipo de animales marinos, que se acercan a ella en masa. También las ballenas, protagonistas de un episodio de la leyenda.
Luego, tendría posibilidad de llegar hasta las islas Feroes, y más al norte, a Islandia.

El currach utilizado por Tim Severin trataba de ajustarse lo más
posible al utilizado, según las crónicas, por el monje navegante

Aunque la crónica es una crónica fantástica, llena de alusiones a seres imposibles y ficticios, sí que encuentra Severin motivos para creer que pudieran haber tenido algo que ver con lo que el monje vio en realidad. Habla de columnas de cristal, por ejemplo, o de gigantes que lanzaban piedras y bolas de fuego, elementos que, sin demasiada imaginación, pueden relacionarse con icebergs que andan a la deriva por aquellas latitudes, o, en el segundo caso, con los volcanes de Islandia que están en actividad permanente.

La “Brandan”, que así se llamaba la embarcación de Severin, alcanzó por fin Terranova  en 1977, algo más de un año después de la partida. Su gesta se sumaba así a la de locos que, como Thor Heyerdahl, daban un manotazo en las narices a los “cuerdos” que, con tan inexplicable empeño llevaban cientos de años negando que el hombre antiguo era incapaz de manejarse con soltura en los océanos. Era una prueba más, también, de que Colón no había sido el primero, y otro argumento más para plantearse una revisión de ese pasado nebuloso lleno de incertidumbres y “leyendas”... 

jueves, 5 de septiembre de 2013

EL ENIGMÁTICO MAPA DE PIRI REIS



Su color es el suave marrón de la piel de la gacela. Representa costas, rutas, vientos, dibujos fascinantes sobre algunas cosas que se hallan en los lugares de los que da testimonio. Es, probablemente, el mapa conocido más fascinante y enigmático de la historia…
El mapa de Piri Reis sigue fascinando e inquietando a los expertos y amantes del misterio.

Elaborado en 1513 por el almirante turco Piri Reis, incluye algunos territorios que por entonces, en teoría, no se conocían. Se supone que está basado en los mapas de Colón, pero representa América extendiéndose hacia el Sur, hacia la misma Patagonia, de la que por entonces no se sabía nada…
Su misterio arranca en 1929, cuando fue descubierto en Estambul, en el palacio de Topkapi, por un grupo de investigadores. Las malas lenguas se apresuraron entonces a sugerir un posible fraude, algo que parece totalmente descartado (aunque aún hoy, las autoridades turcas sigan empeñadas en no mostrarlo en público).
El hecho es que, tras la primera impresión, el mapa no suscitó demasiado interés entre los expertos. Y eso a pesar de sus muchos misterios.
¿Contaron Cristóbal Colón y Piri Reis con las mismas misteriosas fuentes? ¿Sabían ambos
de la existencia de un continente más allá de las Columnas de Hércules?

Algunos investigadores han descubierto que ciertos territorios representados en el mapa corresponden a líneas de costa sumergidas, que podrían haber estado por encima del nivel de los océanos allá por el final de la Era Glacial. También que el continente que aparece en la parte inferior del mapa corresponde, en gran medida, a la actual Antártida, una porción del globo de la que en época de Piri Reis no se tenía ni idea. A no ser que tengan razón quienes defienden que los chinos habrían bordeado sus costas en el mítico viaje de 1421
El caso es que, como en otros enigmas de la Historia, un objeto extraño revela una verdad que los académicos se niegan a aceptar. Es el hecho de que, en el pasado, los pueblos estuvieron más en contacto de lo que tendemos a suponer. Los hombres se movieron por el mundo con mayor facilidad de la que sospechamos, y su conocimiento del mundo, por consiguiente, debía ser muy completo. El mapa de Piri Reis lo demuestra. Como lo demuestra, también, la alegría con la que Colón se adentró en el Océano, tocó tierra en el Nuevo Mundo, y luego regresó a Europa por una ruta que jamás nadie había recorrido.

Pero eso es parte de otro relato… ¿O quizás no?

martes, 3 de septiembre de 2013

LA HISTORIA EMPIEZA EN BIMINI



No sabemos si el mundo, la historia, comenzó en Bimini, pero sí –a tenor de ciertas pistas– que allí hubo historia antes que en otros muchos sitios.
Isla de Bimini vista desde el cielo

Todo arranca en 1968, cuando un grupo de submarinistas hallan, bajo las límpidas aguas de esta isla del archipiélago de las Bermudas, una impresionante formación rocosa de aspecto artificial. Para algunos podría tratarse de una especie de camino, como una calzada romana gigante, mientras que para otros bien podrían ser las ruinas de una antigua muralla; la prueba, quizá, de la legendaria Atlántida.
No debemos olvidar que nos encontramos en mitad del Triángulo de las Bermudas. Tampoco que fue allí, en aquel archipiélago, donde el misterioso Colón y sus naves Templarias desembarcaron en el Nuevo Mundo…
Los geólogos, claro, los académicos en general, se han apresurado a negar cualquier relación entre el fenómeno y una cultura antigua. Aducen todo tipo de pruebas, de experimentos, difíciles de rebatir por los no iniciados en su ciencia.
Pero el sentido común, la inspiración, habla por sí sola en este caso.
¿Podría ser el camino de Bimini la pista definitiva sobre la verdadera ubicación
de la legendaria Atlántida?

También la ciencia nos habla de un nivel de las aguas oceánicas, en el pasado, muy inferior al actual. Son ya muchísimas las pruebas de ciudades sumergidas junto a las orillas actuales, a pocos metros de la costa; ciudades que, en algún momento del pasado, quedaron bajo el agua.
La formación de Bimini es difícil de asimilar. Es tan imponente, sugiere tan enormes maravillas del pasado, que el hombre de hoy, tan soberbio en su manejo de la tecnología, tan prepotente en su relación con la naturaleza, puede sentirse identificado con los constructores aquéllos, y echarse a temblar al comprender que ni siquiera él está libre del desastre.
Que también los dioses actuales pueden venirse abajo.
Bimini es un misterio, digan lo que digan ciertos aguafiestas. La prueba de algo inquietante, que llena de sentido la Historia.

Y la Atlántida, el gran descubrimiento que está por llegar en este s. XXI nuestro. Si no nos vemos enterrados bajo el agua nuevamente…

viernes, 26 de abril de 2013

LOS NAVEGANTES FENICIOS, COLÓN, Y LA GRAN MENTIRA DEL “MARE TENEBROSUM”




Los fenicios son uno de los pueblos más misteriosos del pasado. Sobre todo teniendo en cuenta la importancia que tuvieron en la Antigüedad.
Al igual que los griegos, o posteriormente los romanos, mantuvieron un imperio comercial que abarcaba todo el Mediterráneo. Al contrario que aquellos, sin embargo, su influencia cultural parece más bien escasa. Y es que, como buen pueblo comercial que eran, asimilaban enseguida los usos y costumbres de los pueblos colonizados o con quienes mantenían relaciones, y al final, la idea que parece haber de ellos, de su cultura, es la de un pueblo de mezclas, fruto del esfuerzo del intercambio.
Los fenicios, uno de los pueblos más importantes, pero también más desconocidos,
de la Antigüedad

Se sabe muy poco de su origen. La idea más aceptada es que podían proceder de la zona actualmente ocupada por el Líbano. Desde allí, con sus barcos, se habrían lanzado a la aventura del comercio.
Tradicionalmente se ha pensado que se limitaban al Mediterráneo. Es lo lógico, teniendo en cuenta el miedo que ha habido siempre, desde la Antigüedad, al conocido como Mare Tenebrosum, la enorme extensión de agua más allá de las Columnas de Hércules o el Estrecho de Gibraltar.
Sin embargo, en los últimos tiempos se está viniendo abajo esta teoría, gracias, en parte, a nuevos hallazgos arqueológicos, pero también gracias a teorías que venían circulando desde antiguo.
Se sabe que los fenicios estuvieron en Canarias. Se han encontrado restos de alfarería fenicia en Madeira. Se conoce que existió una factoría de este pueblo en China, nada más y nada menos que a 7.500 kilómetros de distancia de Tiro y Sidón, principales puertos comerciales de este enigmático pueblo.
Los fenicios, por tanto, se adentraban más allá del Estrecho. Consiguieron rodear África mucho antes de que pudieran hacerlo, en el s. XV, barcos portugueses. Es de imaginar que pudieran haber conocido la corriente del Atlántico, la misma que utilizó Colón para llegar a América.
La pregunta inevitable es: ¿pudieron los fenicios haber llegado al Nuevo Continente antes que Colón?
Según muchos estudiosos, la respuesta es que sí. Y se confirma con la aparición, poco a poco, de restos arqueológicos de talla fenicia. Algunos falsos, eso sí, producto de investigadores más ávidos de gloria que de conocimiento; otros, todavía en estudio.
¿Conocía Colón antes de partir en busca de las Indias el secreto tan bien
guardado por los fenicios? 

Todavía está por llegar la prueba definitiva. Mientras tanto, como siempre, podemos dejarnos llevar por arrebatos de inspiración. José León Cano, en su magnífico El vuelo de la serpiente, parece tenerlo bastante claro: la idea de Mare Tenebrosum fue un invento de los fenicios. Con ella, con la propagación del bulo de que más allá de las Columnas aguardaban al marinero todo tipo de peligros, aquel pueblo quiso preservar un secreto. Una exclusiva comercial, si se quiere.
En tal caso, la pregunta inevitable es por qué Colón fue capaz de acabar con el mito. ¿Tenía el también información privilegiada?
Algún día, no demasiado lejano, llegará a conocerse. Algunos ya lo intuimos… 

lunes, 8 de abril de 2013

¿JUDÍOS EN LA AMÉRICA PRE COLOMBINA?




Es tanto lo que desconocemos del pasado del continente americano, que las teorías acerca de los orígenes de su población antes de la llegada de Colón, la antigüedad de estos pueblos y sus posibles conexiones en el pasado con gentes venidas de otros continentes, crecen y crecen sin parar.
La ciencia, que es lenta por naturaleza, se encuentra muchas veces maniatada ante teorías que la desafían y ponen delante de sus narices pruebas de cosas que parecen imposibles, pero que son muy difíciles de negar.
¿Estuvo América tan aislada del resto del mundo como nos quieren hacer creer?

En algún momento más adelante hablaremos del mítico viaje de Rata y Maui, que siglos antes del nacimiento de Cristo fueron capaces de llegar mucho más lejos de lo que hasta no hace demasiado se imaginaba uno que podían llegar, por mar, los hombres de la Antigüedad…
Se ha hablado de africanos en Centroamérica, de vikingos en las costas de Nueva Inglaterra, en Canadá, y hasta de templarios o chinos en el Caribe.
A muy pocos se les ha ocurrido pensar en el pueblo judío, el pueblo más viajero de todos, y paradójicamente –o no tanto–, el que posee una de las tradiciones más antiguas.
¿Pudieron llegar embarcaciones fenicias a las costas americanas? ¿Lo hicieron junto a ellos
 miembros del pueblo judío?

Entre ellos, Zecharia Sitchin, autor del ya mencionado en este blog Los reinos perdidos. Sitchin nos habla de las conexiones que, si se quiere, pueden encontrarse entre los antiguos pobladores de Judea y las grandes civilizaciones americanas. En la religión, el arte, conceptos filosóficos… Hasta en la fisionomía de algunas gentes del viejo continente representadas en bajorrelieves o cerámica.
Hay quien apunta a que podrían tratarse de descendientes de las diez tribus perdidas de Israel que menciona la Biblia. Otros, que algunos judíos podrían haber llegado a América en barcos fenicios. Un pueblo que tiene demostrada de sobre su habilidad, en el pasado, a bordo de un barco…
Si la ciencia no lo remedia pronto, seguirán saliendo pruebas de todas partes que contradigan sus preceptos clásicos.
Nos aguardan tiempos de muchas sorpresas…

miércoles, 3 de abril de 2013

PERCY FAWCETT Y LA CIUDAD PERDIDA DE Z


Vivimos en el mundo de Google Earth, de un planeta vigilado por satélites. Para conocer un lugar concreto ya no es necesario desplazarse hasta él; basta encender el ordenador y conectarse a Internet, escribir las coordenadas y esperar a que en la pantalla aparezca una imagen tomada desde el aire; la mayoría de las veces tan nítida como si nos encontrásemos unos pocos metros por encima.
Da igual lo lejos que esté el lugar que buscamos; lo remoto que se encuentre. Uno puede explorar hoy en día desde el sillón de su casa, y convertirse en un observador de primera de las maravillas que encierra nuestro planeta.
Pero hubo un tiempo en que no era tan fácil. Para llegar al fin del mundo había que navegar, o caminar, hacia él. Escalar montañas imposibles, adentrarse en lo más profundo de la selva. Los descubrimientos eran cosa de tipos duros, capaces de soportar los más extremos climas, las más severas condiciones de supervivencia.
Este era el caso de Percy Fawcett, británico y explorador de profesión, que se dejó el pellejo en la selva del Amazonas; en busca del Dorado.
Percy Fawcett (1867-¿?) fue quizá el último gran aventurero.

La leyenda de El Dorado y de ciudades míticas en las que abundaba el oro y la riqueza –una especie de Jardín del Edén real, que podía encontrarse–, había fascinado ya a todo tipo de aventureros desde la época del Descubrimiento. Los nativos americanos hablaban a los recién llegados de las maravillas de este lugar, cuya localización era todo un misterio. Siglos después de las aventuras de Pizarro, Orellana y otros, lo intrincado de la selva amazónica, los misterios que encerraba todavía para el hombre de principios del s. XX, sedujeron también a Fawcett.
El tipo se obsesionó tanto, que empeñó todo lo que tenía –incluida su vida– por encontrar la ciudad mítica del Amazonas, que él llamó enigmáticamente “Z”. Se apoyó en las leyendas de las tribus que vivían bajo la espesura del bosque tropical, pero también en observaciones hechas por los conquistadores –a través de algunos relatos y un curioso manuscrito que en la actualidad se conserva en un museo brasileño, y en algunas de las pruebas que fue encontrando en sus varias expediciones a la zona.
Fawcett murió intentando encontrar El Dorado. Nunca se supo qué había ocurrido con él y con quienes le acompañaban en su última expedición. Durante mucho tiempo se le creyó un loco, y numerosas leyendas contribuyeron a que tanto él como quienes le creyeron quedaran al margen de la historia “oficial”.
Recientemente, tal y como recoge el libro 1491, una nueva historia de las américas antes de Colón, de Charles C. Mann, los arqueólogos comienzan a encontrar pruebas de que quizá Fawcett, y otros que pensaban como él, no estaban tan locos. La posibilidad de una civilización perdida en lo más profundo de la selva es ya factible. Están apareciendo restos de ciudades, de edificios importantes, que corroboran las sospechas del explorador.
La ciudad de Z, por la que Fawcett dio su vida, podría ser, finalmente, una realidad...

América, ya se ha dicho por aquí, sigue siendo el continente más misterioso.
Y espíritus como el de Fawcett tendrán que seguir apareciendo para continuar allí donde Google Earth se queda corto… 

miércoles, 6 de marzo de 2013

¿QUÉ VIO EL ALMIRANTE...?



Sábado, 15 de septiembre de 1492

"Navegó aquel día con su noche 27 leguas su camino al Oueste y algunas más. Y en esta noche al principio de ella vieron caer del cielo un maravilloso ramo de fuego en la mar, lejos de ellos cuatro o cinco leguas."
Cristóbal Colón, Diario de a bordo 

jueves, 28 de febrero de 2013

EL MANUSCRITO VOYNICH




La magnífica biblioteca de la Universidad de Yale, en EE.UU., acoge una extraordinaria colección de libros raros, cada uno de los cuales podría protagonizar perfectamente una novela tipo El club Dumas o así. (No en vano, es la universidad en que trabaja Indiana Jones). Entre todos ellos, considerado algo así como la joya de la corona, se encuentra el enigmático Manuscrito Voynich.
A primera vista, el Manuscrito Voynich parece un manual de farmacopea.

Según los expertos, parece tratarse simplemente de un libro sobre farmacopea. Las pruebas del Carbono 14 lo datan hacia la primera mitad del s. XV, y los dibujos que incluye parecen estar dedicados a plantas y flores, en su mayor parte.
Sin embargo, está escrito en un idioma totalmente desconocido, cuya traducción resulta del todo imposible. Se ha especulado con que pudiera haber sido elaborado con algún tipo de código, o incluso que podría tratarse de una simple broma, pero los lingüistas han rechazado de plano esta posibilidad.
Las especulaciones en torno a él, por tanto, son innumerables. Se habla de alquimia, de saberes ocultos que sobrepasan cualquier imaginación. Se atribuye su autoría a Roger Bacon, al famoso oscurantista John Dee, e incluso a magos de la Alta Edad Media que pudieron –en base a algunos de los dibujos que incluye el libro– conocer la existencia de América antes de la llegada de Colón, o incluso de la energía nuclear.
Los extraños dibujos que acompañan a los textos
hacen plantearse todo tipo de teorías acerca de su significado

El caso es que el libro es un completo misterio, y no parece que haya esperanza de poderlo descifrar de momento. Se han probado todo tipo de métodos, sin obtener jamás resultados convincentes. Ni los prestigiosos descifradores de códigos de la II Guerra Mundial pudieron sacar nada en claro. Una de las teorías más aceptadas –y no por ello menos enigmática– podría ser que el autor del libro fuera algún personaje llegado del extremo oriente, que escribiera el libro en su lengua materna, aunque con un alfabeto inventado. ¿Para qué? Quizá sólo para ocultar su saber a los profanos.
Un saber demasiado valioso, que sigue, como otros grandes misterios, a la vista de todos y a la vez oculto…

jueves, 7 de febrero de 2013

AMÉRICA: EL CONTINENTE MÁS MISTERIOSO




Hasta no hace mucho, la ciencia trataba de explicar el origen de los americanos hablando de una migración procedente de Asia a través del estrecho de Bering. Era lo más lógico, teniendo en cuenta las pruebas. Aquel estrecho habría sido en su momento accesible a pie; en el adn de los pueblos del Nuevo Continente hay huellas de un pasado asiático... Todo, o casi todo, parecía ir en esa dirección. No había nada que discutir. ¿O sí?
El origen de los antiguos pobladores de América sigue siendo aún hoy un misterio.

La arqueología, enemiga de cerrazones y escepticismos, lleva un tiempo peleándose con esta teoría. Hay investigadores que hablan de pobladores ancestrales que ya andaban por allí antes de la presunta migración. Algunos plantean la posibilidad de una migración, también desde Asia, pero por el sur, esto es, por una supuesta placa de hielo que se habría extendido al norte de la Antártida… Pero esto es aún más difícil de creer.               
Otros, más osados, hablan de migraciones por mar.
Es una posibilidad que ha sido negada constantemente, pero que cada vez gana más fuerza. Ya hablamos en su día de Thor Heyerdahl, un verdadero empirista, se diga lo que se diga. Y de los olmecas, y sus cabezas –y otros objetos más pequeños pero igual de impresionantes– que representaban gente de aspecto africano. Hay un libro, de un tal Zecharia Sitchin, que ofrece una nueva posibilidad: en América hubo, antes de Colón, gentes procedentes de Oriente Medio.

Se trata del libro Los reinos perdidos, que ofrece numerosas pruebas para ilustrar esta idea. Tal y como se relata en él, existen en diversas culturas precolombinas representaciones plásticas –en glifos, estatuillas, jeroglíficos– de gentes que presentan rasgos semíticos. Gentes de barba abundante, de ropajes similares a los de los fenicios, que siempre o casi siempre son referidos como dioses, o de seres venidos de otros mundos. Que llegaron en un momento del pasado y luego se marcharon. Hay también elementos culturales en estas tradiciones americanas que, según Zecharia Sitchin, sólo encuentran explicación en alguna especie de contacto con tradiciones de fuera del continente. Determinados conocimientos astronómicos, matemáticos, y de leyendas, que coinciden asombrosamente con los que se dieron en Sumeria, Mesopotamia, o Egipto. Leyendas que aparecen reflejadas en la Biblia, por ejemplo, o determinados mitos demasiado coincidentes.
Por no hablar de las pirámides, claro, o de la costumbre de momificar a los muertos. Caín y Abel, el mito del Diluvio…
Parece haber demasiadas semejanzas; un mensaje oculto y enigmático que todavía necesita un empujón. El que le dé la Arqueología, futura protagonista de este interesante dilema.

viernes, 21 de diciembre de 2012

LOS OLMECAS Y SUS CABEZAS DE RASGOS AFRICANOS




La cultura olmeca es considerada por muchos investigadores como el origen de las grandes civilizaciones de Mesoamérica. Hay indicios de su existencia de en torno al 1.200 a. C., todos hallados en torno a varios yacimientos del sur de Méjico. Entre los más importantes y célebres, las gigantescas cabezas que, a decir de los arqueólogos, aquella civilización construyó para homenajear a reyes o jefes guerreros fallecidos.
El que mira de frente a estas estatuas ve lo que ve...


Los rasgos africanos que se aprecian en ellas –labios y nariz gruesa, rostro ovalado– han suscitado la idea de un posible contacto en el pasado remoto de la humanidad entre América y África, algo que, de momento, no ha podido ser demostrado científicamente. Al parecer, no existen indicios de similitud entre los ADN de la población americana y los de ningún pueblo africano.
Pese a todo, los rasgos están ahí, y cualquiera que se interese por el asunto lo puede comprobar echando un simple vistazo a las cabezas. Uno mira las estatuas y ve lo que ve. Hay expertos que indican que los guerreros o reyes representados tienen los rasgos de aquella manera porque fueron idealizados, realizados por el artista para asemejarlos a un jaguar, animal venerado por la cultura olmeca. 
Pero, en cualquier caso, las pruebas de la presencia africana en América va más allá de estas cabezas. Hay documentos antiguos que revelan posibles viajes al Nuevo Continente de embarcaciones del reino de Mali hacia el s. XIV.
Entre ciertas partes de África y ciertas partes de Brasil la distancia no es demasiado larga. Además, las corrientes del Atlántico, que tan bien conocía Colón, podrían transportar de un lugar a otro grandes embarcaciones o una balsa que hubiera quedado a la deriva, tal y como demostró Thor Heyerdahl en el Pacífico.
El ADN puede rastrear sobre lo que se ha encontrado, sí. Pero, ¿y las evidencias que están aún por encontrar? ¿Y de lo que permanece oculto, esperando a ser desenterrado? ¿Podían haber sido esos dioses representados por los olmecas gentes que habían aparecido un día, y que después se habían marchado?
Son preguntas que quizá algún día logren ser esclarecidas.
De momento, sólo podemos especular con que la presencia de extranjeros en el remoto pasado de América sea, en el futuro, algo así como la Troya de Schliemann del s. XXI.

lunes, 17 de diciembre de 2012

VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LA AMÉRICA PRE COLOMBINA




La Historia suele ser injusta con los perdedores; en el mejor de los casos los ignora, u ofrece de ellos una visión totalmente equivocada que nada tiene que ver con la realidad. Es el caso de los habitantes del Nuevo Mundo después del “Descubrimiento” y posterior conquista.
El pasado de América sigue siendo un gran enigma.

En su libro 1491 Una nueva historia de las Américas antes de Colón, Charles C. Mann trata de romper algunos tóicos y ofrecer una visión más real de lo que era aquel continente antes de que Colón y su tripulación arribara a las Bahamas.
En primer lugar, insiste en que los datos de población de aquel continente precolombino que se han estado barajando hasta el momento son erróneos. Considera que se fundamentan únicamente en lo que vieron los conquistadores, y que para nada tienen que ver con la realidad. Según apunta, basándose en estudios científicos, la llegada de los europeos trajo una serie de enfermedades –principalmente la viruela– que fueron diezmando a la población mucho antes de que lo hicieran los propios europeos y sus armas. De esta manera, Pizarro habría conocido un imperio Inca inmerso en una suerte de “peste negra” que habría facilitado la conquista de aquel pueblo, negando otras razones que han sido defendidas durante siglos, como la inferioridad técnica de los indígenas, o el terror que podrían haber causado soldados cubiertos de armaduras a lomos de caballos. Charles C. Mann cree que, de no haber hecho aparición años antes la viruela, los Incas –o lo que quedaba de ellos– podrían haberse enfrentado a los conquistadores dignamente, y haberles dificultado mucho más la victoria o incluso haber podido derrotarles.
Como el de Egipto, la mayor parte del pasado de América sigue siendo un enigma. Los descubrimientos que siguen produciéndose a cada momento cuestionan cada vez más lo que dábamos por sabido. Tiahuanaco, el misterioso pueblo Chachapoya o los olmecas, suponen un verdadero reto para arqueólogos, historiadores y científicos. ¿Qué función tenían las figuras de nazca? ¿Por qué los mayas se empeñaron en poblar la península del Yucatán, en principio tan hostil para el hombre, que tuvo que realizar grandes esfuerzos técnicos para hacerla habitable? ¿Provenían los americanos de algún lugar de Asia o estuvieron allí siempre?
¿Qué función tuvieron las impresionantes figuras de Nazca?

Hemos empezado a interesarnos por todo esto hace relativamente muy poco –Machu Pichu, por ejemplo, fue dada a conocer para occidente bien entrado el s. XX–, y todo apunta a que las sorpresas que nos depara el futuro son enormes. Quizá la respuesta a muchos misterios se encuentre bajo tupidas selvas amazónicas, en algún valle andino, o al borde de un río de Norteamérica, bajo helechos y árboles gigantes.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

EL ENIGMÁTICO VIAJE DE MARTÍN ALONSO PINZÓN A ROMA




El investigador cántabro Mariano Fernández Urresti tiene un libro titulado Colón, el almirante sin rostro, que llena de interrogantes la vida de uno de los personajes más relevantes de la historia de Occidente.

Ya se ha hablado por aquí de las vinculaciones que muchos investigadores encuentran entre Colón y los templarios pero, ¿qué hay de Martín Alonso Pinzón, figura clave en el “Descubrimiento”?
En su libro, Urresti da cuenta de un enigmático viaje que el marinero onubense habría hecho a Roma meses antes de enrolarse en la aventura colombina. Al parecer, habría visitado el Vaticano y, en concreto, su biblioteca. De allí se habría traído, además, una serie de misteriosos papeles.
El caso es que Pinzón hace cambiar la suerte de Colón, y facilita a éste, en gran medida, la consecución de su gesta. Con su ayuda, se hace posible reunir las tres embarcaciones que posteriormente realizarían el viaje. Contratar a buenos marineros, pertrechar debidamente las naves. Luego, durante la aventura, surgirían tensiones entre Colón y él, que acabarían con un distanciamiento entre ambos, e incluso el que las embarcaciones de cada cual terminasen por llevar rumbos distintos. De hecho, aunque antes de volver a la Península volverían a reunirse, una y otra llegarían por separado.
Pinzón es una figura clave en el enigma, tanto o más que Colón. La rivalidad entre ambos recuerda mucho a la que se libró entre Magallanes y Elcano, dos excelentes marinos en lucha por hacerse con la gloria. Hubo testigos, tras el descubrimiento, que quisieron darle todo el mérito de la gesta a Pinzón, en contra de lo que ha quedado para la Historia.
Quizá la verdad esté más allá de cualquiera de ellos. Quizá la clave esté en los papeles que Pinzón se trajo de Roma, o quizá no. Quizá en los misteriosos hombres blancos ataviados con túnicas del mismo color, que los descubridores encontraron entre los indígenas, o en los inquietantes objetos occidentales que han ido apareciendo por el Nuevo Continente, y que estaban allí antes de la llegada de las tres carabelas.

Hombres del cielo, dijeron los indios al ver a los conquistadores.
¿Realmente alguna vez habían visto a alguien llegar desde allí?

miércoles, 24 de octubre de 2012

EL TRIÁNGULO DE LAS BERMUDAS

El Triángulo de las Bermudas es un enigma clásico. De esos que no pueden faltar en ninguna antología del misterio.
Se trata de un lugar geográfico, en forma de triángulo, situado entre la península de Florida, las Bermudas y Puerto Rico. Es un lugar muy transitado por barcos y aviones, lugar de paso entre América y Europa. Contiene dentro de sus límites el lugar en el que, presumiblemente, Colón llegó
al Nuevo Mundo...
¿Qué misterios oculta el Triángulo de las Bermudas?

Son incontables los naufragios registrados en sus aguas. También, desde que el hombre puede volar, los accidentes de avión inexplicables. Muestra de ello, el famoso Vuelo 19, en el que un grupo de cazas del ejército de EE.UU. desaparecieron totalmente, sin que hasta el momento haya habido noticias suyas.
Mucho se ha escrito sobre todo ello. Mucho, en todos los sentidos. Para los escépticos, no son más que cosas que en algún momento la ciencia podrá explicar. Al paso que vamos, quizá la arqueología...
El caso es que ya ha habido algún avance interesante.
En cuanto a los barcos, se habla de un fenómeno llamado Olas Gigantes. Son distintas a las que se producen con los tsunamis. En resumen, se trataría de la formación espontánea de una ola en mitad del océano, de tamaño suficiente como para hacer volcar a un gran trasatlántico y hundirlo. Hasta no hace mucho, los científicos negaban su existencia (por cosas de probabilidad y demás), desmintiendo a marineros que las habían visto con sus propios ojos. Después, imágenes por satélite han probado su existencia. Olas, estamos hablando, de 30 metros de altura. Con ellas, y con otro fenómeno, llamado la corriente del Golfo (o Gulf Stream, para los yankees), que desviaría los barcos hundidos hasta miles de kilómetros del lugar original de su hundimiento, se explica en parte no haber hallado rastros de naufragios.
Otra cosa son los aviones. Aquí nos topamos con la más profunda incógnita. Además de casos como el del Vuelo 19, sehan registrado testimonios de pilotos que aseguran haber vivido, dentro del triángulo, fenómenos anómalos en su instrumental de vuelo, como brújulas y demás. ¿Poder magnético de algo que pueda haber en el subsuelo? ¿Tormentas solares? ¿Emanaciones de gases desde conos volcánicos sumergidos?
Lo último, energía oscura. Un fenómeno recientemente descubierto que podría (aquí va más rápido nuestra imaginación que la velocidad de la luz), provocar viajes en el tiempo.
¿Encontraremos algún día, como en Encuentros en la tercera fase, todos esos aparatos desparecidos en el desierto de Mongolia? ¿Serán sólo casualidades, paranoias de gentes desocupadas y tendentes a la fabulación? ¿O hay algo allí, como en otras partes del globo, que deberíamos conocer?
El caso es que Colón, que sabía más de lo que aparentaba, fue a dar con sus carabelas por aquella zona...

lunes, 22 de octubre de 2012

LAS PIRÁMIDES DE GÜíMAR Y ALGUNAS TEORÍAS MÁS O MENOS RAZONABLES




Las islas Canarias están situadas en mitad de la ruta marítima que lleva, a través de las corrientes oceánicas, desde Europa hasta América. Es algo que sabía Colón, y que hizo que, en su primer viaje, la flota de carabelas se detuviera en el archipiélago antes de marcharse a “descubrir” definitivamente el nuevo mundo.
Las pirámides de Güimar, todo un misterio de las islas Canarias.


Muy poco se sabe de los pobladores primitivos de las islas antes de la llegada de los europeos. Tan sólo antiguas tradiciones, algunos pocos restos arqueológicos.
Para el conquistador, lo fácil siempre es tachar al conquistado de salvaje. Se suele dar por hecho que una civilización reducida por las armas es también víctima de su inferioridad intelectual, y esto sí que es una barbaridad. ¿Qué decir de la caída del Imperio romano, por ejemplo, a manos de las tribus germánicas?
En Canarias, las pirámides de Güímar, situadas en la isla de Tenerife, son un ejemplo de ello.
Para Thor Heyerdahl, el investigador que fue capaz de arriesgar la vida para dar con la verdad en las narices a quienes creían imposible cruzar el Pacífico en una balsa, eran algo más que simples mojones, que montañas de piedras acumuladas en un lugar concreto por los agricultores. Defendía, como lo había hecho antes en Polinesia, que en la Antigüedad había existido algún tipo de contacto entre Europa y América, y que las Canarias, tan estratégicamente situadas, habían sido un lugar de paso. Las pirámides de Güímar podían ser una prueba, o al menos un indicio.
¿Qué impide pensar que esto fuera así? ¿Que no quede constancia escrita? ¿Qué solo haya leyendas, como ocurría con Troya? 
Por supuesto, eso supondría dar al traste con lo que sabemos de historia. Tener que reescribir es siempre un trabajo fatigoso. No quedan pruebas, dirán, como si las pocas que hay no fueran suficientes. Después dirán que es imposible, como dirían que para los faraones habría sido imposible construir grandes pirámides o templos si no hubieran encontrado restos completos dispuestos para su estudio. 
Pensar en lo que defiende Heyerdahl es una vía de trabajo, nada más. Pero empeñarse en negar y cuestionar las posibilidades del hombre, bastante cerril y, como poco, absolutamente improductivo.
Implica, como se ha dicho antes, subestimar a los antiguos. Elevar aún más a otros, también antiguos, pero que escribieron la historia. Que la modelaron a su modo. Que la siguen inventando, ante nuestras narices. A base de mentiras, en ocasiones, y de soberbia, en muchas otras.
El mundo, afortunadamente, para el que quiere verlos y para el que no, está aún lleno de enigmas.

sábado, 13 de octubre de 2012

CRISTÓBAL COLÓN, ¿TEMPLARIO?

¿Eran las cruces rojas de las carabelas de Colón un recuerdo del pasado templario del Almirante?


Los enigmas que rodean la figura de Cristóbal Colón son demasiados. Resulta curioso, tratándose de un personaje tan relevante para la Historia Universal. Casi nada sabemos de él antes del Descubrimiento. Antonio de la Riva, en el libro Las claves del enigma de Colón, intenta dar una explicación a todo esto.
Defiende que Colón fue un templario. Que ya sabía antes de embarcarse en Palos hacia dónde iba. Y no sólo eso, sino que, además, engañó a todos haciéndose el despistado, desde el principio hasta el final.
Según de la Riva, todos los que intentan asignar a Colón un origen europeo fallan en algo. Ni genovés, ni italiano, ni portugués ni mallorquín. Colón era americano, dice. Procedía de una colonia templaria en el nuevo mundo, que habría abandonado Europa a través del puerto de La Rochelle, en Francia, cuando todo el jaleo que acabó con la Orden. Allí se habrían establecido unos cuantos, mezclándose con las indígenas –ay, las indígenas–, durante varias generaciones.
Eso explicaría la forma extraña de hablar del almirante. Según las investigaciones, con un castellano propio del siglo XIV.  También sería prueba de ello el secretismo que rodeó su pasado, así como los conocimientos que tenía acerca del mar y la navegación y, sobre todo, de lo que había más allá de las Columnas de Hércules, y que él parecía tan seguro de conocer...
Además, están algunas declaraciones misteriosas de Colón, que han quedado registradas en las crónicas, como aquello de que no había sido el primer Almirante de su familia (de la Riva recuerda que el de Almirante era un título muy habitual entre los Templarios).
La teoría de Antonio de la Riva, además de interesante y documentada, enlaza muy bien con aquélla que defendió en su día el investigador y aventurero noruego Thor Heyerdahl, el mismo de la expedición Kon Tiki, y su idea de que los Polinesios provendrían de América del Sur, en especial de un grupo de incas enigmático (compuesto por gentes de piel blanca, largas barbas y un saber técnico superior), que aún hoy no ha quedado aclarado del todo.
Pero eso es otra historia, que desarrollaremos más adelante.
De momento, recordar sólo aquellas cruces rojas que portaron las carabelas en su velamen...

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