EL FUERTE TEMPLARIO DE LA PATAGONIA



¿Templarios en Argentina? Sí, habéis escuchado bien. Es una teoría controvertida, muy bizarra, pero que tiene su fundamento en diversas leyendas y algún que otro vestigio arqueológico; también en la imaginación desbocada (y muy inspirada, para nuestro gusto) de ciertos investigadores que han querido tomarse esta hipótesis muy en serio…


¿Formación o antiguo fuerte templario en América? Los misterios del conocido como
"fuerte abandonado argentino" siguen en pie...
(Foto de Marie M / Licencia cc-by)
Que los templarios anduvieron por América es algo de lo que hemos hablado por este mismo blog hace ya algunos años. Se dice que conocían el continente mucho antes que Colón y que fue gracias a este saber secreto que el genovés (o catalán, o mallorquín, o siguiendo las teorías de nuestro padre Ventura, toledano) logró descubrirlo. Quienes defienden esta teoría ponen el acento en el puerto de la Rochelle que los templarios mantenían en aguas atlánticas ‒que no mediterráneas, que era lo que se les habría supuesto más práctico para sus intereses en Tierra Santa‒ y la supuesta riqueza que generaron en tan poco tiempo, y que podría haber tenido su origen en la explotación de minas de plata en América.
La conexión argentina entronca con la leyenda de la Ciudad de los Césares.  Es un mito escurridizo, que parece tener su origen en la época de la conquista española, y que llevó a muchos exploradores a tratar de encontrar una de esas ciudades cuajadas de riquezas que parecían sugerir las leyendas indígenas, y que se situaba en algún punto entre los Andes y la Patagonia...
Es ahí, en la Patagonia, donde algunos de los investigadores modernos sitúan una de las posibles ubicaciones de esta Ciudad de los Césares. O de alguna de ellas, porque se presume que había varias. Está en una altiplanicie muy curiosa, de origen natural (presuntamente) situada al sur de la ciudad de San Antonio Oeste, en la provincia de Río Negro, en Argentina. Decimos que es presuntamente natural porque para muchos se trata de las ruinas de un fuerte, construido en los tiempos previos a Colón, y cuya silueta magnífica destaca sobre la llanura desértica que lo rodea. Tiene 153 metros de altura; se presume que en el pasado pudo constituir una isla ‒una especie de islote en la desembocadura antigua del Río Negro‒, y está horadado de cuevas, y de secretos, con una vista panorámica hacia el mar.
Para quienes defienden la presencia templaria en estas tierras, no cabe duda de que debió ser una plaza fuerte de aquella orden medieval en América. El lugar, habitado posiblemente desde muy atrás en el tiempo ‒se han encontrado restos de tres mil años de antigüedad‒, era considerado por los mapuches como una de las ubicaciones de un extraño pueblo de hombres blancos recelosos, que huían del trato con el resto de poblaciones aborígenes.

El mapa de Víctor Martin de Moussy, de 1859, que muestra la ubicación
de aquel Antiguo Fuerte Abandonado...

Existe un mapa, elaborado por un francés que había sido contratado por el gobierno argentino en 1859, en el que se sitúa en este mismo punto un misterioso «Antiguo Fuerte Abandonado», lo que lleva a deducir que todavía en aquella época podía existir el recuerdo de alguna ruina, algún vestigio que desde luego hoy ha desaparecido por completo.
Todo lo que quedan son elucubraciones, pequeñas pistas diseminadas aquí y allá. Dicen que en las laderas de la meseta que compone el fuerte hay piedras de gran tamaño que parecen ser los restos de murallas artificiales, construidas por el hombre en lo que bien podría haber sido una especie de ensenada gigantesca construida para el refugio de barcos. A unos setenta kilómetros del fuerte, en otro yacimiento curioso, lleno de enigmas, fueron encontrados extraños objetos como una piedra con una cruz muy parecida a la que usaban como emblema los caballeros templarios, y un extraño tótem en el que algunos han querido ver también reminiscencias del esoterismo de aquella orden.
Por supuesto, hay quien vincula todo esto al deseo de los nostálgicos del nazismo y la supremacía blanca de hallar pruebas que justifiquen sus desvaríos raciales, aquellas ideas siniestras que en el pasado provocaron tanto sufrimiento y tantos crímenes en nombre de la pseudociencia. Hemos de decir que también existen conexiones que llevan a relacionar a esos misteriosos pueblos blancos ‒que también se dan en otras muchas leyendas de los nativos americanos de otras latitudes‒ con las tribus perdidas de Israel, con alguna antigua expedición de frailes irlandeses, o con los vikingos, o incluso con los fenicios, otro clásico de los antiguos viajes atlánticos. Son todas teorías a tener en cuenta ‒aunque a veces a sus teóricos se les vayan de la mano los argumentos, por puro entusiasmo o vaya usted a saber qué‒, y que en un contexto como el pasado americano, tan lleno de incógnitas, y donde nada se puede dar por sabido, añaden color, cierta fragancia de aventura, esa licencia necesaria para que el interés del espectador se mantenga vivo. Lo mismo que los fenómenos misteriosos que, dicen, se producen frecuentemente en torno a ese supuesto fuerte del que hemos estado hablando. Ovnis, extrañas luces en el cielo, e incluso fenómenos forteanos de los que existen algunos testigos. ¿Algo relacionado, quizá, con el hecho de que el gobierno argentino eligiera esa ubicación para sus pruebas militares? Puede ser, quién sabe. Si les pilla cerca, si andan ustedes por esas latitudes ‒dicen que esa parte de la Argentina es de una belleza inmensa‒ tienen la ocasión de visitar el lugar por medio de tours organizados. Con asado de carne incluido, brindis final, y la entrega de lo que llaman un «diploma templario»…

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