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miércoles, 13 de noviembre de 2019

GILLES DE RAIS, EL MARISCAL DEL INFIERNO



¿Existe el mal, la maldad? Según la medicina psiquiátrica, y la psicología, sí que existen. También según la historia.
Uno de los ejemplos más claros son las fechorías y barbaridades cometidas en el siglo XV por Gilles de Rais.

Gilles de Rais, uno de los más célebres y pioneros psychokillers de la historia...

Se trata, según algunos, del primer psychokiller de la historia; del primer asesino y pederasta que fue condenado y ejecutado por sus crímenes.
Su historia delictiva comenzó tarde, aunque ya de joven apuntaba algunas maneras.
Dicen que fue su abuelo, Jean de Craon el que empezó a forjar su carácter a base de crueldades y una educación basada en la impiedad; la falta de empatía con los que consideraba sus inferiores.
Todavía imberbe, logró grandes éxitos en la batalla. Eran los tiempos de la guerra de los Cien Años contra Inglaterra; el delfín de Francia, sucesor al trono, comenzaría enseguida a confiar en él sus más importantes batallones y los éxitos bélicos le harían célebre.
Su amistad con Juana de Arco, la heroína de aquellos años, acabaría de forma turbulenta con la ejecución de aquella por herejía. Cuentan que el final trágico de su amiga le trastocó, y de alguna manera quedó tocado, desencantado con las intrigas palaciegas y las traiciones de quienes estaban por encima de él y no valoraban el heroísmo, la amistad, el coraje, por encima de los intereses mundanos.
Se retiró de vuelta a su castillo, el de su familia, y ahí comenzó su leyenda negra. Como en un cuento de los hermanos Grimm ‒o de Perrault, que de hecho se basó en él para escribir uno‒ los rumores sobre desapariciones de niños y extraños ritos celebrados en sus propiedades comenzaron a propagarse por la comarca.
Cuentan que el número de víctimas pudo ascender a 150. Durante el juicio que se llevó a cabo contra él, varios años después, se narraron terribles escenas de sadismo, violaciones, orgías de todo tipo con esos niños y adolescentes como protagonistas, y episodios de una crueldad extrema que resultan difíciles de asumir.
Era un aristócrata, y como tal, tardaron mucho en poder pararle los pies. Las crónicas refieren que sucedió a raíz del secuestro de un sacerdote, en plena misa, ante la mirada atónita de los feligreses.
En realidad, todo fue a cuenta de su hermano, que temía que el ritmo acelerado de derroche que llevaba el mariscal fuera a terminar con la fortuna familiar. También por el concurso de algunos enemigos, que deseaban a toda costa terminar con el poder de De Rais y los suyos.
Los agentes de la corona encontraron múltiples huesos, rastros de sangre, cadáveres y pruebas suficientes como para incriminarle y mandarle a la horca.
A él y a uno de sus principales colaboradores, Francesco Prelati, un afamado nigromante de la época que al parecer, y según dicen las mismas crónicas, convocaba demonios y otro tipo de entidades en presencia del mariscal con el fin de aumentar su poder; llenar de oro las arcas cada vez más vacías de su siniestro señor.
Murió en 1440, y con ello todo un reino respiró tranquilo. El mal existe, claro que sí; tan solo es necesario que se den las condiciones adecuadas para despertarlo…

martes, 3 de febrero de 2015

ENRIQUE DE VILLENA, EL NIGROMANTE DE TOLEDO


Cuenta la leyenda que donde hoy se ubica el paseo del Tránsito, en plena judería toledana y al borde del Tajo, hubo en tiempos un palacio que hoy ha desaparecido por completo y en cuyo interior tuvo lugar una de las anécdotas más inquietantes y misteriosas de la ciudad imperial, la más mágica de todas, por otra parte.

¿Hasta dónde llegaron los conocimientos alquímicos del marqués de Villena?

Y es que aquel palacio era propiedad de Enrique de Villena, un noble de triste biografía que pasó la mayor parte de sus días encerrado entre sus paredes, estudiando, dicen, artes mágicas y todo lo que Toledo, en este sentido, podía ofrecerle, que era mucho.
Dicen que se convirtió en un gran experto, poseedor de una biblioteca impresionante dedicada a la nigromancia, la alquimia y otras artes ocultas –que luego se perdió, por un incendio–, y que hacia el final de su vida decidió poner en práctica algunos de estos saberes, en particular, aquellos que prometían una vida después de la muerte, que le rondaba de cerca.
El marqués –que así era conocido popularmente, aunque la verdad es que había perdido el título que le correspondía en una batalla disputada por su padre– dejó a su criado una serie de instrucciones que este debía de cumplir una vez exhalado el último suspiro. Dicen que aquél, de alguna manera influido por el respeto que le merecía la leyenda en torno a su amo –conocido en la ciudad por su sabiduría, pero también por su temible afición a lo oculto, siempre imbuida de cierto halo maldito– cumplió lo pactado y tras el fallecimiento del marqués se hizo pasar por él tal y como aquél le había ordenado.
La idea era dar a entender a los habitantes de la ciudad que seguía vivo, vistiendo sus mismas ropas y cumpliendo algunas costumbres diarias, como el ir a misa o asistir a determinados actos públicos.

La gran pirámide invertida de Toledo, de Marcus Polvoranca, una novela ambientada
en el Toledo mágico y subterráneo del padre Ventura, donde todas las leyendas cobran vida...

Dicen que lo cumplió a la perfección, durante un tiempo, hasta que un día la casualidad le obligó a descubrirse ante una comitiva callejera, y el fraude salió a la luz con todas sus consecuencias.
El criado se vio obligado a admitir que su amo estaba muerto, y ante las sospechas que recayeron automáticamente sobre él, tuvo que revelarles lo que había pasado, y conducir a las autoridades hacia el palacio del marqués.
Allí, por lo visto, lo que encontraron fue tremendo.
El marqués había ordenado a su criado introducir sus restos en un gigantesco alambique de cristal. Despedazado, para que su cuerpo pudiera caber por la embocadura.
Un ser deforme y grotesco había comenzado a crecer en él...



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