Mostrando entradas con la etiqueta Devoradores de hombres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Devoradores de hombres. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de marzo de 2014

PIRANHA, TERROR CARNÍVORO BAJO LAS AGUAS



No hace mucho, el pasado 26 de diciembre, numerosos medios internacionales se hacían eco de un siniestro suceso que había tenido lugar en el río Paraná, en Argentina.
Según los teletipos, alrededor de 60 personas habían resultado heridas de diversa consideración por el ataque de unos peces conocidos allí como palometas, y que son una variedad de las famosísimas y temidas pirañas.
El aspecto de las pirañas, como su leyenda, es aterrador.

El cine de Hollywood se ha encargado de darlos a conocer, y ellos, al parecer, no quieren que se extinga su negativa fama.
Dijeron las autoridades que el ataque había sido explosivo, y se informó de que una niña había perdido un dedo.
Dijeron, también, que todo era debido a la presencia masiva de bañistas en el lugar, que con su movimiento, y chapoteo multitudinario, había alterado a estos simpáticos animalillos.
Lo que sea, permite poner en cuarentena a quienes afirman que las pirañas no son tan peligrosas como se cree.
El río Paraná, en Argentina, fue el pasado diciembre de 2013 escenario de uno de los peores
ataques de pirañas a humanos conocidos hasta la fecha.

O quienes tachan lo que se cuenta en el cine de exageraciones.
Basta mirar a una de estas pirañas, y echarse a temblar.
Esos dientes, esos ojillos sádicos, inquietantemente imperturbables…
Por ahí se dice que han llegado a Europa.
Que pueblan ya algunos ríos españoles, y que se están haciendo las reinas de determinados cauces cuyos nombres no daremos, para no hacer saltar el pánico.
Pero ellas, junto a especies mucho más desconocidas

Mejor andarse con ojo, ahora que está a punto de llegar la primavera…

viernes, 28 de febrero de 2014

MONSTRUOS (¿REALES?) DEVORADORES DE HOMBRES (4)

LA BESTIA DE GEVAUDAN


Dice el investigador Robert Dumont que no debemos de hablar de bestia, sino de bestias, en plural, por considerar que los sucesos célebres que se produjeron a mediados del s. XVIII, en una zona rural del interior de Francia –donde más de cien personas murieron a manos de una bestia desconocida, de naturaleza insólita– no son aislados, sino que se han venido produciendo a lo largo de la Historia, aproximadamente desde el s. XV hasta casi nuestros días.
¿Qué extraño animal mató a más de cien personas en Le Gèuvadan (Francia) entre 1764 y 1767?  

En cualquier caso, sí es cierto que el animalito que da nombre a la leyenda se pasó de la raya. Ya lo hemos dicho, más de cien víctimas –130 en total– casi exclusivamente mujeres y niños, que fueron sorprendidos en el silencio de la noche, en mitad de parajes solitarios, mientras trabajaban en el campo.
Sus fechorías son relatadas en el film El pacto de los lobos y allí, como en las investigaciones oficiales que se han llevado a cabo con posterioridad, se explica todo como una conspiración llevada a cabo por el hombre, aunque sin que todos quedemos satisfechos del todo.
Y es que hay muchos cabos sueltos, como suele decirse.
Los testigos que salieron con vida de sus ataques relataron cómo la bestia era capaz de erguirse sobre sus patas traseras; hablaron de un tamaño desproporcionado, y no supieron decir si era hombre o animal, si lobo –el cabeza de turco, como tantas otras veces–, u oso, o cualquier especie habitual de las que todavía hoy campan por aquel rincón agreste de la Occitania.
Era, en cualquier caso, un fenómeno que, como ya hemos dicho, se ha venido produciendo habitualmente en este viejo continente nuestro.
Hombres lobo, los llamaban en la antigüedad. Licántropos, Berserkers… La mitología está llena de casos, y es aquí donde debemos alzar la voz para acallar las risas de los escépticos.
Ellos, claro, dirán que son bobadas. La noche confunde los sentidos; el ataque de un animal, la violencia de las dentelladas, los rugidos y los zarandeos, pueden hacer pensar a cualquiera que está siendo atacado por un monstruo. Dejando a un lado los inconvenientes a todo esto –que Dumont explica muy bien en este artículo–, tenemos que hablar de un caso reciente; que sepamos, aún no resuelto.
Afortunada (o desafortunadamente) aún existen secretos en Europa que dan
sentido a las viejas leyendas...
(Foto: © Copyright Alan Dawson)

Viajemos a Baztán, Navarra, al verano de 2008. Las autoridades informan del hallazgo del cadáver de un oso, que ha sido encontrado por los miembros de una familia en pleno bosque. Al día siguiente, tras la necropsia realizada por los técnicos del gobierno foral, se informa de que el cadáver no corresponde a un oso, sino a un perro de gran tamaño –más de cien kilos– de una raza que no se puede determinar por el estado de los restos.
Las fotografías tomadas al animal hablan por sí solas. El misterio se despliega ante nosotros con una sonriente reverencia.
¿A qué tanto misterio? ¿A qué tantos errores, tan poca claridad en las conclusiones?
¿De qué enorme perro, oso mutante, o lo que sea, estamos hablando?
¿Y por qué ya no se volvió a saber nada más?
En el mundo del ADN, de la tecnología forense que todo lo puede…
¿Podría, quizá, tener algo que ver aquel impresionante hallazgo con la bestia –o bestias– de Gevaudan?
¿Con las leyendas sobre el hombre lobo?

O “simplemente” –pongámonos a imaginar– los bosques y montañas de la vieja Europa aún esconden secretos que –¡ay!–, hacen el mundo más interesante si cabe...

viernes, 21 de febrero de 2014

MONSTRUOS (REALES) DEVORADORES DE HOMBRES (3)


LA MATANZA DE RAMREE




Dicen los libros de zoología que el cocodrilo de agua salada que habita en las costas de Birmania es el mayor reptil del mundo. Con permiso de Nessie, el simpático habitante de las oscuras aguas del lago Ness, este mastodonte llega a alcanzar los 8 metros de largo, y posee la mordedura más letal de todas cuantas se conocen (1,7 toneladas).
El cocodrilo de agua salada está considerado como el mayor reptil del mundo.

Es un cocodrilo, y como tal, peligroso para la especie humana.
No hemos investigado a fondo, pero es de suponer que quienes habitan cerca de él lo respetan como lo que es, y es seguro que habrá multitud de leyendas y anécdotas en torno suyo, como las hay en la India alrededor de tigres y leopardos, o en Europa, con el tan denostado lobo…
Ninguna –estamos seguros– tan estremecedora como la que narran los testigos de la considerada como mayor masacre de humanos a manos (fauces, mejor dicho) de animales, y que tuvo lugar en la isla de Ramree (Birmania), en 1945.
Volvemos así a la Segunda Guerra Mundial.
Ahora no son los aliados (como en el caso del USS Indianápolis) sino japoneses, los que ejercen de desdichados protagonistas.
Era a principios de año, y el ejército aliado había iniciado una ofensiva para hacerse con la costa de Birmania. En la isla de Ramree, cerca de mil soldados japoneses resistían con enorme empeño. No lograron, pese a todo, detener a las tropas británicas e indias participantes en el asalto. En contra de la lógica, que les habría llevado a rendirse, optaron por huir a través de los manglares.
De los cerca de mil soldados japoneses que se adentraron en los manglares,
poco más de 400 sobrevivieron...

Fue allí donde un enemigo mucho más peligroso les aguardaba. Los testigos, como hemos dicho, describen un escenario dantesco, donde los disparos de la batalla se entremezclaban con los aullidos de pavor, los chapoteos en el agua, y el ruido de las ropas, y la carne, al ser desgarradas…
Los cálculos varían según las fuentes, pero todo parece apuntar a que fueron cerca de 400 las víctimas.
400 víctimas armadas, no lo olvidemos, que habían cometido el error de subestimar un territorio prohibido para el hombre...

martes, 18 de febrero de 2014

MONSTRUOS (REALES) DEVORADORES DE HOMBRES (2)

LOS DEMONIOS DE TSAVO

A finales del s. XIX, el continente africano era un inmenso pastel que las potencias europeas se repartían sin tapujos –ahora el proceso es más sutil, aunque en el fondo igual de brutal–, expoliando tierras, recursos humanos y todo lo que brillara o tuviera algún valor para ese capitalismo internacional que comenzaba a desarrollarse.
James Henry Patterson posa junto a uno de los temibles leones.

Es en este escenario, durante la construcción de una línea de ferrocarril en Tsavo, Kenia, cuando ocurren los hechos que nos disponemos a contar.
Dirigía los trabajos un tal John Henry Patterson, teniente coronel del ejército británico, que fue quien, posteriormente, se encargó de contarlo todo; a veces –según las malas lenguas– exagerando la magnitud de la tragedia, con cifras que variaban de una versión a otra.
¿De qué hablamos?
De leones devoradores de hombres.
Dos ejemplares en concreto, de una raza peculiar, sin las melenas que caracterizan a los machos de la especie.
Aparecían de noche en los campamentos, y entraban directamente a las tiendas de campaña para atacar a sus víctimas.
Cabe imaginar el horror; las sensaciones que debían de experimentar esos hombres indefensos al escuchar los gritos de quienes estaban siendo devorados…
Por lo que se cuenta, la actitud de los leones era verdaderamente extraña. Siguieron adentrándose en los campamentos a pesar de las medidas de seguridad que Patterson fue adoptando. No parecían frenarles ni las vallas de espino, ni los guardias armados, ni el empeño enfermizo –como no podía ser de otra manera– del propio Patterson acechándolos, con su rifle, subido a los árboles.
Los demonios de Tsavo, dos leones que han pasado a la historia
como protagonistas de uno de los casos de devoradores de hombres más extraño,
y terrorífico, de la historia reciente...

Los leones terminaron asesinando –según las fuentes– entre 35 y 135 personas.
(Los análisis a los que han sido sometidos los cadáveres –afortunadamente para Patterson, y para la corona británica, los animales fueron finalmente abatidos– revelan que, efectivamente, sus organismos habían asimilado gran cantidad de carne humana…)
¿A qué pudo deberse esta locura animal, esta demencia felina, de proporciones terroríficas?
Para la ciencia hay muchas explicaciones, todas sensatas y razonables. Pero para quienes vivieron aquel infierno, aquellos animales –hoy disecados, y expuestos al público en un museo de Chicago–, eran algo sobrenatural, quizá proveniente de otro mundo…

viernes, 14 de febrero de 2014

MONSTRUOS (REALES) DEVORADORES DE HOMBRES


( (1)LOS TIBURONES DEL INDIANAPOLIS





La Segunda Guerra Mundial es uno de los episodios más trágicos y sangrientos de la historia 
reciente del hombre. Pero las aberraciones cometidas por los nazis, y los miles de muertos en bombardeos, batallas, hambrunas y campos de exterminio, no parecieron ablandar ni mucho menos a la naturaleza, que como si nada siguió a lo suyo a lo largo del conflicto, a veces incluso con una crueldad que espanta…
El USS Indiannapolis es protagonista de uno de los episodios más
aterradores de la Segunda Guerra Mundial

Fue el caso de lo acaecido a finales de junio de 1944, en pleno mar de Filipinas.
Hacia la medianoche, el USS Indianapolis, barco de la Armada Norteamericana, recibía por sorpresa el impacto de varios torpedos lanzados por un submarino japonés, que en tan sólo 12 minutos terminaban por hundirlo. Cerca de 900 supervivientes quedaban, a partir de entonces, a la deriva, flotando en mar abierto y expuestos a todos los peligros que acechan desde las profundidades…
Hablamos de tiburones, por supuesto.
Decenas, cientos, que llegaron en poco tiempo, atraídos por el ruido del hundimiento, y el olor de la sangre que flotaba por todas partes.
Cuentan los supervivientes que primero se centraron en los cadáveres. El ruido de su chapoteo infernal devorando miembros, masticando huesos y vísceras, debía de ser ya, de por sí, suficiente para paralizar a cualquiera. Muchos, de hecho, gritaban aterrados ante el espectáculo invisible, y algunos se hundieron, incapaces de hacer el esfuerzo necesario para flotar.
Los temibles tiburones tigre estuvieron entre los invitados al festín.

Los soldados comenzaron a organizarse, a reunirse en círculo para hacer frente a las alimañas. Pero esto, que al principio pareció resultar efectivo, no supuso mayor problema para los tiburones.
Terminados los cadáveres, pasaron a probar suerte con los que aún estaban vivos. Primero los heridos, sin rechazar alguno que anduviera cerca. Les atraía la sangre, pero también los movimientos bruscos, los gritos, las brazadas desesperadas. Por eso, quienes habían sufrido alguna amputación reciente, o quienes comenzaron a delirar horas después, por haber ingerido agua de mar –apenas contaban con víveres tras el hundimiento– eran apartados del grupo, que seguía siendo seguro en el centro…

Cuatro días después, llegaba la ayuda y el rescate de los náufragos. Tan sólo 316 hombres seguían con vida. El resto, habían sido devorados.

LO MÁS LEÍDO