por
Marcus Polvoranca
No
siempre es suficiente, pero supone un gran empujón para un libro el haber sido
escrito con pasión. Es algo que enseguida nota el lector, y que si va
acompañado de talento, de un tema interesante que consiga atraparnos, forma un
cocktail explosivo que impedirá que de ninguna manera abandonemos la lectura
hasta haber devorado, también con pasión, hasta la última de sus páginas.
Así
ocurre con esta maravillosa obra que nos habla, con absoluta pasión, de los
hallazgos que en su momento revolucionaron su tiempo y abrieron para occidente
los misterios de Egipto, de la Antigua Grecia, de las civilizaciones mesoamericanas
y de las llanuras mesopotámicas. Un libro que sumerge al lector en las
peripecias novelescas de Howard Carter, el descubridor de la tumba de
Tutankamón, del hallazgo de las claves para desentrañar los jeroglíficos, de la
pasión del amateur Schliemann y su empeño heroico por descubrir Troya, así como
de los misterios en torno a las ciudades abandonadas por Mayas y los habitantes
