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jueves, 18 de julio de 2019

AMBROSE BIERCE Y EL MISTERIO DE LAS CALAVERAS DE CRISTAL



Decía Baudelaire que había que ser sublime sin interrupción. Podríamos decir también «artista hasta la muerte», y en el caso de Bierce habríamos dado en el clavo.
Toda una vida dedicada a la provocación, la satírica y la crítica sin piedad le llevaron a una vejez insatisfecha. Dicen que llevaba una pistola siempre encima para hacer frente a las venganzas que le tenían jurada por sus artículos mordaces. Que tenía en su despacho la cabeza de un amigo muerto que le daba protección frente a quienes querían matarle.

¿Qué conexión une el misterio de las calaveras de cristal con la vida
y obra del escritor estadounidense Ambrose Bierce?

Ha habido escépticos que han negado su proximidad con el esoterismo, con las creencias en el más allá, pero basta ver su obra para saber que no podía ser cierto: el escritor está obligado a ser un poco de lo que escribe, aunque sea en un porcentaje muy pequeño.
De todas las teorías sobre su muerte, hay una que merece la pena por encima de todas; bueno, en realidad son unas cuantas…
Se sabe que con setenta y un años decide romper con su vida de hasta entonces.
Viaja a Méjico, e inicia una correspondencia con su familia bastante extraña.
Se cree que su intención era suicidarse, o al menos obtener para la posteridad una muerte digna, artística, y cree ver en la revolución que está teniendo lugar en aquel país el lugar más adecuado.
Sus misivas son ambiguas, llenas de frases enigmáticas que no aclaran nada, que dejan abierta la puerta a la especulación…
De ahí la leyenda, claro. Que si fue tiroteado durante alguna refriega por parte de los rebeldes, que si llegó a convertirse en líder de los indígenas, que si murió fusilado tras ser capturado por alguno de los dos bandos combatientes… Hay quien especula, incluso, con que pudo haberse convertido en una especie de sacerdote, al estilo del Kurtz de Joseph Conrad, en algún punto de la selva.
Existe un libro, que no he sido capaz de encontrar por ninguna parte (de nuevo un llamamiento para los amigos editores que puedan andar por ahí) que centra sus especulaciones en la posibilidad de que Bierce hubiera podido formar parte de los servicios secretos estadounidenses. Es una teoría loca, bizarra, como la que más, pero apasionante.
Parece ser que durante aquellos años de su desaparición, aquella fuga voluntaria de 1913, había movimientos internacionales en torno al canal de Panamá, que sería inaugurado un año después, en 1914. Los americanos estaban muy preocupados por la presencia de agentes japoneses y alemanes en la zona, que sospechaban podían estar detrás de algún plan siniestro para atentar contra la obra de ingeniería que, a la postre, estaba destinada a cambiar el transporte mundial para siempre. Bierce, según este libro (de título: Ambrose Bierce, F. A. Mitchell-Hedges and the Crystall Skull) era el candidato perfecto para observar estos movimientos. Su fama, el hecho de que a priori pareciera el menos indicado para desarrollar tareas de espionaje (no era su mayor virtud la reserva, la discreción) le convertían en el más adecuado, paradójicamente. Una carta enviada a su sobrina parece la mejor prueba de todas; en ella, el autor asegura que los asuntos que le llevan a Méjico son algo que todavía no puede revelar…

Ambrose Bierce (1842-¿1913?) según el pintor J.H.E. Partington

En Méjico (y siempre en base al citado libro, obra del autor Sibley Morrill, que lo publica en 1972), el escritor conoce al también escritor y aventurero F. A. Mitchell-Hedges. Juntos parten hacia Guatemala, donde adquieren, o roban, la calavera de cristal (que presuntamente y de forma oficial encontrará la hija de Mitchell-Hedges una década después). Se trata de uno de los objetos más enigmáticos y controvertidos de la historia reciente (hablamos ya en su momento sobre ella en esta ENTRADA DEL BLOG), que según algunos es un fraude, y según otros, es un objeto de poder que, manejado convenientemente, es capaz de los mayores prodigios. Que se lo digan a Indiana Jones.
De Guatemala, la extraña pareja viaja a Belice. Allí, según este curioso libro, pasarán el resto de sus vidas investigando para el gobierno norteamericano las misteriosas desapariciones del triángulo de Yalbac (del que tendremos de hablar en algún que otro momento), y posiblemente, también, pergeñando el posterior asunto de las calaveras de cristal. 
No hay ninguna prueba, y la única evidencia resulta ser precisamente la manera en que Mitchell-Hedges escurre el bulto en sus memorias, donde no menciona en ningún momento a Bierce. Curioso, cuando ambos habían tenido que coincidir en aquella época en Méjico, donde Bierce era un tipo bastante popular. Sibley Morrill pone el dedo en la yaga cuando muestra sus dudas acerca de esta relevante ausencia; no cree que alguien tan proclive al autobombo como Mitchell-Hedges hubiera perdido la oportunidad de vincularse al legendario escritor. ¿Qué trataba de ocultar con aquello?, se pregunta. ¿Tal vez la realidad de uno de los episodios más intrigantes de la historia reciente; uno de esos grandes enigmas irresolubles, sobre los que parece flotar como una sombra el elemento siniestro de la conspiración?
Sin cadáver no hay caso, o eso dicen. Y sin misterio no hay historia que merezca ser contada.
Bierce nos dejó muchas historias escritas, pero la mejor, sin duda, fue la que dejó sin concluir para que otros la terminaran...

miércoles, 10 de abril de 2019

EL TRIÁNGULO DE LAS DESAPARICIONES DE BENNINGTON



No es ningún secreto que nos apasionan los triángulos misteriosos. Ya hemos hablado por aquí del archifamoso de las Bermudas, de otros menos conocidos como el del Dragón, en el Pacífico, o el de Alaska, en el extremo noroccidental del continente americano, y volvemos precisamente allí, a América, para traeros noticia de uno particularmente inquietante, posiblemente el que más chicha tiene que cortar de todos los que se conocen, se tienen registrados, y que es conocido como el triángulo de Bennington.


¿Qué relación existe entre los misteriosos fenómenos que se registranen este lugar y las desapariciones de varias personas en los años cuarenta?
(Fotografía de Skitterphoto from Pexels)

Se sitúa en el estado norteamericano de Vermont, casi en la frontera con Canadá. La verdad es que no sabríamos por dónde empezar, ya que sus misterios son innumerables.
Todos los artículos dedicados a él se centran, claro, en las desapariciones que han venido produciéndose durante los últimos años, concentradas en la década de los cuarenta del siglo XX ‒entre 1945 y 1950‒ que sacudieron los noticiarios de Estados Unidos de aquella época.
Excursionistas, guías de montaña, hasta un niño, desaparecieron sin dejar rastro alguno en un área circunscrita en torno al paraje conocido como Glastenbury Mountain...
No es una zona cualquiera, ni mucho menos. Las leyendas en torno a los extrañísimos fenómenos naturales que se producen en ella vienen de lejos. Los antiguos nativos de la zona ya fijaban su atención en ella considerándola maldita, por creer que los vientos procedentes de los cuatro puntos cardinales se daban cita en ella en una lucha misteriosa y eterna, llena de evocaciones malignas. Hay avistamientos de extraños seres que algunos vinculan con el Bigfoot, pueblos fantasmas tocados por la desgracia, rumores acerca de extrañas luces en el cielo ‒OVNIS‒ y por supuesto, la sospecha de que algún tipo de asesino en serie haya podido operar allí durante la oleada de desapariciones antes comentada.

Las antiguas leyendas indígenas apuntan a misteriosos fenómenos
naturales vinculados a este lugar...

El hecho es que la propia naturaleza ‒la real, la constatada, la que no necesita tirar de la imaginación‒ ya nos habla allí de fenómenos extrañísimos, que hacen crecer las plantas siguiendo patrones «antinaturales» que ya de por sí bastan para desorientar a quien se adentra por sus bosques. La meteorología es enormemente variable; hay numerosos pozos de minas sin cerrar que se ocultan bajo la espesura de la vegetación y que, según los escépticos, podría estar detrás de esas desapariciones porque uno puede caer en ellos fortuitamente sin que nunca jamás pueda volver a ser rescatado.
Eso, evidentemente, no explica toda la fenomenología. No explica los extraños sonidos que muchos atestiguan haber oído al penetrar en el bosque, las luces, los olores… El hecho de que uno de los cadáveres ‒el de Frieda Langer, desaparecida mientras hacía excursionismo con unos amigos en 1950‒ apareciera poco después en avanzadísimo estado de descomposición en una zona que ya había sido rastreada previamente, o algunas de los fenómenos que han tenido lugar recientemente, y que añaden aún más misterio a la actividad extraña de la zona.
Es el caso registrado por un periódico local ‒y que encontramos citado en la página LISTVERSE‒, donde el excursionista Robert Singley ‒según se nos dice, experimentado y acostumbrado a la vida en la montaña‒ sufrió una extraña experiencia en aquel lugar que le llevó a verse, primero, envuelto en una extraña niebla mientras caminaba, que le llevaría después a perderse para, finalmente, vivir misteriosas alucinaciones que le harían verse rodeado de huesos ‒huesos que confundía constantemente con palos con los que trataba de hacer fuego‒ en una situación que él achacaría a la sugestión, al cansancio y a la oscuridad, pero que desde luego ‒y muchos estaréis de acuerdo conmigo‒ recuerda a las historias más macabras de Poe, o de Stephen King…

jueves, 18 de mayo de 2017

EL CÍRCULO DE HERMES: EL DIABLO DE JERSEY, EL CASO DEL UFÓLOGO DESAPARECIDO, Y LA NUEVA BÓVEDA DEL FIN DEL MUNDO


Nueva entrega de la tertulia sobre actualidad del misterio presentada y dirigida por Jesús Pertierra, que en esta ocasión nos lleva a debatir sobre las extrañas imágenes captadas en EE.UU. y que podrían corresponder al mítico diablo de Jersey, el misterioso (y más que sospechoso) caso del ufólogo desaparecido en Brasil, y la construcción de esa conocida como Bóveda del Fin del Mundo, entre otras.


jueves, 9 de febrero de 2017

EL TRIÁNGULO DE ALASKA


por Marcus Polvoranca

Existen ‒dicen algunos investigadores‒ lugares proclives a las desapariciones. Regiones cuyos límites invisibles quedan establecidos por la férrea línea contundente de las estadísticas, y que aparecen dispersos por el mapa sin que sea posible, a priori, establecer relación alguna entre ellas.
El Triángulo de las Bermudas, o el Triángulo del Dragón ‒situado en los mares orientales‒ son dos buenos y conocidos ejemplos de ello. Otro importante, y que la gente conoce bastante menos, es el que se sitúa en el estado norteamericano de Alaska
Comprende una extensión inmensa de miles de kilómetros cuadrados jalonados de enormes montañas nevadas, tundras, bosques y naturaleza hostil y salvaje.
La leyenda ‒pues para ser rigurosos tenemos que emplear este término‒ arranca con la desaparición, en 1950, de un avión militar con 44 personas a bordo de las que no se volvió a saber nada pese al gran dispositivo que se puso en marcha inmediatamente para tratar de encontrarlas.
Otro accidente similar, esta vez acaecido en 1972, se saldaba con el mismo resultado, en este caso con la muerte de los 3 ocupantes que viajaban en el aparato: 2 políticos y el piloto.
Pero para quienes hayan empezado a especular con que, bueno, al tratarse de una extensión de tierra tan grande, tan hostil al hombre, y demás, puede ser totalmente comprensible que sucedan cosas de este tipo, arrojaremos cifras más recientes...

martes, 17 de enero de 2017

EL MISTERIO DE EILEAN MOR

EXTRAÑA DESAPARICIÓN EN LA ISLA DESIERTA

El otro día, al hilo de unas impresionante imágenes que veía en Facebook, y que mostraban un furioso mar del Norte asediando con sus enormes olas un solitario faro encaramado en una pequeña roca, recordaba una fabulosa historia que me contaron hace mucho, en torno a un misterioso faro, y a la aún más misteriosa desaparición de sus habitantes, también en una desolada isla de Escocia.

Ocurría en el mes de diciembre del año 1900, en el archipiélago de las Hébridas (Escocia), al norte del Reino Unido, en una isla llamada Eilean Mor. La tripulación del barco que llevaba a cabo el habitual relevo de los vigilantes del faro ‒un total de 3‒, se dio cuenta enseguida de que algo raro pasaba cuando nadie salía al encuentro con la embarcación. Uno de los tripulantes ‒precisamente uno de los guardianes que debía llevar a cabo dicho relevo‒ saltó a tierra y fue hacia el faro para ver qué pasaba, relatando posteriormente que no había hallado ni rastro de sus compañeros, y sí de un ambiente en el refugio extraño ‒llegaría a hablar de sensaciones raras, ciertos «extraños presentimientos»‒, con las cosas dispuestas como si los ocupantes del lugar lo hubieran tenido que abandonar todo precipitadamente.
En una posterior investigación, durante las pesquisas llevadas a cabo por la compañía responsable del faro, se descubriría no sólo...

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