por Marcus Polvoranca
Existen ‒dicen algunos investigadores‒ lugares proclives a las desapariciones. Regiones cuyos límites invisibles quedan establecidos por la férrea línea contundente de las estadísticas, y que aparecen dispersos por el mapa sin que sea posible, a priori, establecer relación alguna entre ellas.
El Triángulo
de las Bermudas, o el Triángulo del Dragón ‒situado en los mares orientales‒
son dos buenos y conocidos ejemplos de ello. Otro importante, y que la gente conoce
bastante menos, es el que se sitúa en el estado norteamericano de Alaska
Comprende
una extensión inmensa de miles de kilómetros cuadrados jalonados de enormes
montañas nevadas, tundras, bosques y naturaleza hostil y salvaje.
La
leyenda ‒pues para ser rigurosos tenemos que emplear este término‒ arranca con
la desaparición, en 1950, de un avión militar con 44 personas a bordo de las
que no se volvió a saber nada pese al gran dispositivo que se puso en marcha
inmediatamente para tratar de encontrarlas.
Otro
accidente similar, esta vez acaecido en 1972, se saldaba con el mismo
resultado, en este caso con la muerte de los 3 ocupantes que viajaban en el
aparato: 2 políticos y el piloto.
Pero
para quienes hayan empezado a especular con que, bueno, al tratarse de una
extensión de tierra tan grande, tan hostil al hombre, y demás, puede ser
totalmente comprensible que sucedan cosas de este tipo, arrojaremos cifras más
recientes...
