martes, 8 de julio de 2014

LA CALAVERA DE LA MUERTE

Dicen que es posiblemente la joya más rara del mundo, y es seguro que se trata de una de las más enigmáticas y fascinantes.
Fue encontrada en 1924 por Anna Le Guillon Mitchel-Hedges, hija del famoso explorador y aventurero F. A. Mitchel-Hedges. Según ella –hay quien piensa que todo fue un fraude–, fue hallada en el interior de un altar colapsado maya de Lubaantún, en el actual Belice.

¿Qué hay de cierto en las leyendas que giran en torno a ésta y otras
calaveras de cristal encontradas en América?

Los numerosos estudios que se le han realizado desde entonces han revelado que se trata de una pieza única, de maravillosa factura, realizada a partir de un solo bloque de roca de cristal puro, que habría sido tallado mediante una técnica difícil, y cuidadosa, que habría llevado, atención, entre 150 y 300 años a sus ejecutores.
Su misterioso aspecto no ha alejado, ni mucho menos, las leyendas. Leyendas de sacerdotes mayas que la habrían utilizado para ejecutar a enemigos a distancia, utilizando sus poderes. O de una colección de calaveras similares que habrían de ser reunidas tras siglos de separación para evitar la catástrofe anunciada por las profecías mayas del fin del mundo.
Hay que decir que los científicos han desechado todo tipo de propiedades sobrenaturales de este objeto, negando, por ejemplo, que la temperatura constante de la calavera sea de 21 grados, o que tengan algún tipo de propiedad gravitacional extraña, como afirman algunos investigadores.
Sin embargo, sí que hay mucha polémica por su origen, y como hemos dicho, sospechas de que Anna Le Guillon Mitchel-Hedges mintió al hablar de cómo la había encontrado.

Las ruinas de Lubaantún, en el actual Belice, el lugar en que fue hallada,
supuestamente, la conocida como "calavera de la muerte".

Pese a todo, ésta y otras calaveras llevan en los museos occidentales desde hace más de un siglo. La polémica en torno a su origen no ha cesado, y ese es quizá el mayor misterio que les rodea.
¿Podría tratarse de un ejemplo de arte procedente de la Atlántida, como han sugerido algunos? ¿La prueba incontestable de esa civilización que pobló la tierra hace miles de años, y cuyo rastro es tan difícil seguir en la actualidad? ¿O sólo un fraude de principios del siglo veinte, como defienden con desdén los escépticos y la mayoría de los academicistas?

Como en tantos casos parecidos, parece que la verdad misma se resiste con uñas y dientes a ser completamente desvelada, como si quisiera jugar y reírse de nosotros, o simplemente ocultarnos una realidad para la que no considera que estemos preparados...

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