lunes, 11 de febrero de 2013

EL ENIGMA DE LAS ESFERAS DE COSTA RICA




Dice J.J. Benítez, y con razón, que es este uno de los misterios que más difícil se lo ha puesto a la arqueología. Se suele despachar como algo que meramente sirvió, en el pasado, para algún tipo de ritual religioso, pero son estos objetos tan impresionantes, tan extraños y llamativos, que la imaginación enseguida se dispara.

Las esferas de Costa Rica: uno de los mayores enigmas del pasado...


Hay constancia de ellas desde la llegada de los conquistadores. Las crónicas relatan la existencia de las esferas, aunque sin demasiada emoción. No fue hasta mucho más tarde, 1939, cuando comenzaron a investigarse seriamente.
Según los investigadores, es una pena que, desde su último descubrimiento, la mayoría hayan sido movidas de sus emplazamientos originales. Son muchos los que creen que en el alineamiento de estas esferas –de todos los tamaños, desde los diez, o los doce centímetros, hasta los tres metros de diámetro– hay un mensaje oculto. El mismo Benítez, tomando las teorías de algunos, habla de posibles mapas de navegación, que llevan desde la selva costarricense hasta lugares lejanos y místicos como la isla de Pascua o Asia Menor.
Es un enigma, y por tanto, habrá que dejar que la Arqueología haga su trabajo.
Sólo un apunte, tomado de Los anales sur americanos, de Pizarro: «Escuchéque los altos señores de este imperio [Perú] se reúnen cada cuatro años en elPaís de las Bolas, donde al parecer reciben consejos de grandes sabios». No se han encontrado esferas en Perú, pero sí en lugares como Méjico, Guatemala o Brasil... y otros tan lejanos como Bosnia, donde además, también, existen -aunque muchos no lo sepan-, pirámides.
¡Sí! ¡Pirámides en Europa!

jueves, 7 de febrero de 2013

AMÉRICA: EL CONTINENTE MÁS MISTERIOSO




Hasta no hace mucho, la ciencia trataba de explicar el origen de los americanos hablando de una migración procedente de Asia a través del estrecho de Bering. Era lo más lógico, teniendo en cuenta las pruebas. Aquel estrecho habría sido en su momento accesible a pie; en el adn de los pueblos del Nuevo Continente hay huellas de un pasado asiático... Todo, o casi todo, parecía ir en esa dirección. No había nada que discutir. ¿O sí?
El origen de los antiguos pobladores de América sigue siendo aún hoy un misterio.

La arqueología, enemiga de cerrazones y escepticismos, lleva un tiempo peleándose con esta teoría. Hay investigadores que hablan de pobladores ancestrales que ya andaban por allí antes de la presunta migración. Algunos plantean la posibilidad de una migración, también desde Asia, pero por el sur, esto es, por una supuesta placa de hielo que se habría extendido al norte de la Antártida… Pero esto es aún más difícil de creer.               
Otros, más osados, hablan de migraciones por mar.
Es una posibilidad que ha sido negada constantemente, pero que cada vez gana más fuerza. Ya hablamos en su día de Thor Heyerdahl, un verdadero empirista, se diga lo que se diga. Y de los olmecas, y sus cabezas –y otros objetos más pequeños pero igual de impresionantes– que representaban gente de aspecto africano. Hay un libro, de un tal Zecharia Sitchin, que ofrece una nueva posibilidad: en América hubo, antes de Colón, gentes procedentes de Oriente Medio.

Se trata del libro Los reinos perdidos, que ofrece numerosas pruebas para ilustrar esta idea. Tal y como se relata en él, existen en diversas culturas precolombinas representaciones plásticas –en glifos, estatuillas, jeroglíficos– de gentes que presentan rasgos semíticos. Gentes de barba abundante, de ropajes similares a los de los fenicios, que siempre o casi siempre son referidos como dioses, o de seres venidos de otros mundos. Que llegaron en un momento del pasado y luego se marcharon. Hay también elementos culturales en estas tradiciones americanas que, según Zecharia Sitchin, sólo encuentran explicación en alguna especie de contacto con tradiciones de fuera del continente. Determinados conocimientos astronómicos, matemáticos, y de leyendas, que coinciden asombrosamente con los que se dieron en Sumeria, Mesopotamia, o Egipto. Leyendas que aparecen reflejadas en la Biblia, por ejemplo, o determinados mitos demasiado coincidentes.
Por no hablar de las pirámides, claro, o de la costumbre de momificar a los muertos. Caín y Abel, el mito del Diluvio…
Parece haber demasiadas semejanzas; un mensaje oculto y enigmático que todavía necesita un empujón. El que le dé la Arqueología, futura protagonista de este interesante dilema.

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