jueves, 31 de octubre de 2013

VÍSPERA DE TODOS LOS SANTOS

Los pueblos antiguos de Europa miraron al cielo y comprendieron que el tiempo era una sucesión de fenómenos que se repetían constantemente. El día y la noche, las fases de la luna, las estaciones, los años…  Para los celtas, había un momento en el calendario que daba inicio a los días más fríos y oscuros, y que no terminaría hasta varios meses después, con la llegada de la primavera y las flores, los cánticos y la luz cálida de un sol más benigno.
"...máscaras y disfraces para espantar a los espíritus..."

Aquel momento era una noche entre nuestros actuales octubre y noviembre, que se celebraba con máscaras y disfraces para espantar a los espíritus. Aquellos hombres creían que durante ese periodo de horas se abría una especie de puerta por la que las almas del mundo de los muertos podían penetrar y pasearse entre los vivos.
La celebración sigue hoy en día vigente, quizá por el peso espiritual que conlleva. Hay algo en este día que sigue conmocionando al hombre de hoy. Los romanos, y el occidente católico de después, no pudieron hacer nada contra ello. Lo asumieron, como tantas otras cosas de los celtas, y así, bajo su prisma, ha llegado hasta nosotros.
Halloween llena las calles de nuestras ciudades de elementos que recuerdan el mundo de quienes ya no están físicamente sobre la tierra. Es la fiesta de la oscuridad, del ensalzamiento de lo tenebroso. Entre risas y bromas, nos mezclamos con esos otros que ya viajaron al lugar al que todos hemos de ir algún día, y que es nuestro destino más cierto, más seguro, el único del que no nos podremos escaquear…

Feliz Halloween o Samhain o Día de Difuntos. 

martes, 29 de octubre de 2013

PELÍCULAS IMPRESCINDIBLES (4): ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE


Si pudiéramos hacer que las palabras, las letras, sonaran como notas musicales, comenzaríamos esta entrada con la melodía inolvidable de aquella película.
Vista de la Torre del Diablo, uno de los escenarios
principales de la película, situada en Wyoming (EE.UU.)

Esa melodía fue, sin lugar a dudas, una parte importante del éxito del film; un accesorio indispensable que ha hecho que el producto, como otros de Spielberg, no pierda vigencia con el paso de los años.
También la historia, claro, que, aunque simple –como buen artículo de consumo de masas– tiene la fuerza suficiente como para atrapar al espectador.
Es una simplificación, creemos, de todo lo que rodea al mundo de la ufología. En ella apareceN el gobierno, las instituciones internacionales, el ejército, los servicios secretos y, por supuesto, los científicos. Frente a ellos, a su metodología rigurosa y sus imponentes medios, se sitúa la masa de creyentes, de iluminados, que esperan desde hace años la llegada del acontecimiento.
En medio de todos, tenemos a los protagonistas. Richard Dreyfuss, en un papel inolvidable, interpreta al americano medio, padre de familia que, de pronto, se ve inmerso en esta historia, rayana entre la obsesión y la enfermedad mental, que rompe de un plumazo su vida normal y anodina. Aquellas luces no le dejarán seguir como hasta entonces, y es que, ¿quién sería capaz de hacerlo?
Nuestra cultura racionalista, nos dice la película, no nos permite ese tipo de lujos. Tenemos que amoldarnos a lo oficial, a lo que dictan las instituciones, la ciencia, los gobiernos, los científicos, el ejército, incluso (aunque, visto desde fuera pueda parecer ridículo, casi imposible), lo que dictan las religiones. Dentro de ellas, todo está permitido. Fuera de sus catecismos, de sus libros sagrados y demás, todo son cosas ridículas. 
Se nos permite creer en milagros, pero no en visitas de seres procedentes de algún punto de un Universo infinito, que apenas conocemos.
Pero en fin.

Las cosas, pese a todo, están sucediendo. Estos días vemos cómo el espionaje de EE.UU. a través del ciberespacio es una realidad, no un cuento de conspiranoicos. Quizá los OVNIS sean algo más que fantasías de gentes ocupadas. Quizá los creyentes tengan razón y quizá, como en la película, los raros, los excéntricos y alelados, seamos el resto.

martes, 22 de octubre de 2013

LA MAGIA Y EL MISTERIO DEL VUDÚ



Los lugares mágicos los hace la gente que vive en ellos. El cruce de culturas, la magia que llevan los pueblos que confluyen en ellos. También el dolor.
Es el caso de muchos sitios alrededor del mundo, aunque pocos del estilo de Haití.
"Ritos, ceremonias enmascaradas, con las que regresaban a África cada noche,
en la intimidad de la choza..."

Dicen quienes han estado allí, y no son nativos, que la tensión se respira en el ambiente. Es la pobreza, dirán algunos, los terribles desastres naturales que la han golpeado no hace mucho. Quizá eso sume, no cabe duda, pero no son los únicos factores.
Los que formaron aquel país eran esclavos. Gentes arrancadas de su lugar ancestral, el que habitaban desde probablemente el inicio de los tiempos, para ser depositados, como animales, en la otra orilla de aquel vasto océano que algunos ni siquiera conocían. En barcos miserables, hacinados suciamente, expuestos a la enfermedad y a la locura.
Los que sobrevivieron, tuvieron que hacer aquello que los blancos no querían hacer. Trabajos duros, al nivel de las mulas y otras bestias. Desnudos, porque así habían sido transportados, no tenían más que lo que los más viejos recordaban. Cultura oral, de ritos y creencias que sus amos respetaron mientras las desarrollasen en sus barracones, lejos de los salones enmoquetados y las cortinas de seda. De noche, en la intimidad de la choza.
Fuego, sangre, tambores narcóticos que viajaban miles de kilómetros de vuelta hacia África. Espíritus, demonios, que en América se transformaron tímidamente en santos y vírgenes.
Quien presencia uno de esos ritos no lo olvida jamás.
Quien se expone a su poder, difícilmente escapa.
Todo lo que se cuente sin escuchar el ritmo enfebrecido de los tambores, de las palmas, de los gemidos, está de más.

Y quien diga que no cree, es que está pasando por este mundo sin darse cuenta de nada. 

(Para quien tenga tiempo, y ganas de ver una buena serie de fotografías sobre el vudú, 
que visite la página del fotógrafo LUIS GABU)

martes, 15 de octubre de 2013

LOS ABOMINABLES HOMBRES DE LA PATAGONIA

En un mundo como el de hoy, donde se nos ha enseñado que todo está explorado, sabido y requete estudiado, resulta muy saludable conocer que hay aún lugares indómitos, lo suficientemente apartados y salvajes como para que haya incluso científicos que se atrevan a reconocer que hay lugar para el misterio, y que figuras tan fantasiosas a priori como el Big Foot, o el Yeti, puedan tener alguna correspondencia en la realidad.
Patagonia, tierra de silencio, inmensidad y leyendas...

Desde hace un tiempo venimos interesándonos por la Patagonia, ese extremo inmenso de América del Sur, de estepas inmensas, glaciares y cumbres inalcanzables, donde la mano del hombre acaricia tímida, y con mucho reparo, la naturaleza salvaje que alberga.
Vientos, nieves, lluvias, pero sobre todo vientos, se acurrucan sobre una tierra árida y llena de aristas. La hierba crece apenas un palmo, si crece, y amarillea enseguida, como en un desierto. Las olas chocan en sus costados, y el mar se hace hielo en su extremo más al sur, en esa Tierra de Fuego que es como un broche brutal a todo lo que crece más arriba.
Las leyendas hablan, desde el principio, de seres al margen de los cánones humanos. Patagones de dimensiones hercúleas, que se manifiestan con grandes fogatas ante la llegada de los primeros colonizadores europeos.
Hay, por tanto, desde el principio, una base real a las leyendas que luego han ido quedando. Están esos testimonios entrañables y algo ariscos, que no comprenden bajo sus parámetros lo que ven sus ojos, y está –como han venido demostrando los siglos posteriores– la inmensidad del vacío, de los bosques vírgenes, de los valles inabarcables, las colinas como tronos de dioses, y el vacío.
La soledad es, quizá, la mejor de las hogueras para avivar una leyenda.
¿Es posible que acierten las leyendas que hablan de homínidos desconocidos
habitando los bosques y praderas de la Patagonia?

Y así nace el gigante Trauko, de la cultura mapuche, o el peludo Carcancho, así como el más misterioso de todos, el indómito Huitranalhue, descrito por algunos como una especie de zombie, y que para otros podría bien ser un vampiro que chupa la sangre de los que caen en su trampa, o incluso de un fantasma…
Son leyendas que, en esta tierra, adquieren la categoría de realidad. Como el Yeti, o el Bigfoot, que nombrábamos antes, no abandonarán jamás nuestras fantasías. Representan el lado oscuro del ser humano, el anhelo de andar perdido por la inmensidad de la naturaleza de los límites, sin quedar atrapado en las redes de la sociedad, que todo lo cataloga, todo lo cuantifica y todo, al final, también lo destruye.

Que, como Drácula, queden retratados en una obra de genio inmortal e inspirada…

martes, 1 de octubre de 2013

LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI



Aquellos siglos de la Inquisición tuvieron que ser muy divertidos. No para los inquisidores, que debieron de tener mucho trabajo, pero sí para el resto.
Los que están en el poder no gastan esfuerzos si no es para devolver a las ovejas perdidas a su redil. Cuando todos obedecen, no hay persecuciones, pero cuando se desbandan…
Inquietante imagen de un akelarre vista por el genial Goya.

En Zugarramurdi, Navarra, aquel año 1610, tuvo que haber buenas fiestas. Buenos aquelarres, como dicen las crónicas que aseguró una joven, que dijo haber participado en ellas.
El lugar, todavía hoy, parece conservar en el ambiente parte de aquella leyenda. Esa cueva enorme, como una gigantesca capilla pétrea, tuvo que haber sido escenario de inquietantes rituales –inquietante, aquí, no quiere decir malos– desde tiempos inmemoriales.
Las brujas, como dijo la joven, probablemente volaran. Hubo muy seguramente gritos, cánticos y danzas, y otras cosas igual de prohibidas. Aquello debió de ser grande, sí señor, hasta que las autoridades competentes no pudieron hacer más que cerrar el chiringuito…
Arrasando con todo, dicen los documentos de la época. Un enorme proceso, que acabó con encarcelamientos, torturas, y la más que clásica quema de condenados. El aviso era para el resto, para los más obedientes: más os vale no saliros del tiesto.
Si atendemos a lo que dicen los expertos, España no se destacó, por número, en cantidad de ajusticiados por la Inquisición. Dicen que, pese a la leyenda negra, la palma se la llevaron otros países Europeos. Habría que ver, claro, si en las estadísticas se cuentan las víctimas de las colonias, que en su momento también fueron España o algo parecido, y comprobar si sigue siendo igual de cierto.
Las brujas, ¿símbolo de disidencia? ¿Simple chivo expiatorio
de una sociedad en transformación?

Podemos ver aquel caso como parte de los acontecimientos políticos de la época. Un rey, Felipe II, tratando de demostrar al mundo su poder, el poder de la por entonces amenazada cristiandad. También como parte de un proceso más extenso en el tiempo, que se remonta a los primeros predicadores, aquellos que arrasaron –no somos aquí nadie para juzgar si positiva, o negativamente– con todas las creencias anteriores –paganas, dirían ellos–, sustituyendo antiguos credos con otros diferentes, lejanos, y, eso sí, maleables.
La difusión de la imprenta, la mejora de las comunicaciones, el descubrimiento de América y otras muchas cosas más, debían tener por entonces muy nerviosos a los que mandaban. Tanto como para no andarse con remilgo, arremetiendo contra todo, incluso con cosas que quizá estaban asimiladas, totalmente aceptadas, y que se celebraban libremente, escondidas bajo cultos pretendidamente oficiales, como las romerias, o el carnaval... La noche, el bosque, las hogueras, fue en ese caso algo imperdonable. Y para quienes aún dudan de que existan las conspiraciones, ahí un ejemplo de hace cuatro siglos.
¿Qué no manipularán ahora, con gente atada al consumo, alelada por una ciencia y una tecnología que no comprenden?

Callemos y oremos, pues, antes de que nos cacen y enciendan la pira…