lunes, 21 de abril de 2014

¿Y SI FUERA VERDAD?



Vivimos, posiblemente, uno de los momentos más extraños de la historia de la humanidad. Nunca como ahora se han tenido al alcance de la mano los medios de comunicación de que disponemos en nuestra sociedad occidental, y nunca –esto es precisamente lo extraño– hemos estado más alejados del poder, de la toma de decisiones que decide el rumbo general de nuestras vidas.

¿Y SI FUERA VERDAD ?.

El mundo presenta dos caras bien diferenciadas: una es la que nos presentan los medios de comunicación, y la otra, la que podemos palpar y oler cada mañana, al levantarnos de la cama y bajar a la calle y toparnos con la inminente catástrofe que se anuncia en cada rostro.
Hay quien ha dicho por ahí que somos como zombies. Quizá de ahí provenga nuestra reciente afición a esos seres sin alma que aterrorizan las noches de insomnio de nuestro subconsciente infantil.
Lo cierto es que no se promueve la crítica. Ni la crítica, ni la información veraz y objetiva, ni nada que se le parezca.
Parecen saber –los que mandan– que de nada sirve el potencial de Internet y sus toneladas de información sin un espíritu mínimamente despierto, con voluntad de hacer una revolución a su altura.
Todo se limita a titulares. A fotografías, e imágenes, de pocos segundos impactantes.
Flashes adormilantes como en el film “La naranja mecánica”, que cada vez está más de actualidad.
Sólo unos pocos –proscritos, cada vez más acorralados– se atreven a pensar por sí mismos.
Reflexionan, se reúnen, expresan en voz alta sus opiniones y hasta publican.
Quizá no de forma tan fina y estilizada cómo suelen hacerlo los portavoces mercenarios de los grandes grupos de comunicación, de esas cabeceras como eslóganes de multinacionales y partidos políticos (cuyos intereses defienden aquéllos por encima de cualquier otra cosa), pero sí, al menos con honestidad.
Es el caso de José Herradón, colaborador de “La rueda del misterio” y algunas cosas más.
Un tipo de la calle, un ciudadano responsable, cabreado.
Que un día decide sacar hacia fuera ese enfado de la forma más razonable que cabe en estos tiempos absurdos: reuniendo y ordenando algunas de las evidencias más sangrantes del sistema, a través, en su mayoría, de recortes de prensa y otros datos de acceso libre en la Red.
Vomitándoles su propia porquería.
La misma que esparcen a nuestro alrededor, pero con un objetivo bien distinto: llamar a la rebelión pacífica de las conciencias, que será, a la larga, la más efectiva.