Cuenta la leyenda que existía en España, a principios del s. XX, una orden
hermética de aficionados al esoterismo que se había empeñado en encontrar la
Mesa de Salomón. Se hacían llamar Los Doce Apóstoles, y estaban liderados por
un personaje algo excéntrico, llamado Fernando Ruano Prieto, que era además barón
de Velasco.
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| ¿Es posible que líneas como éstas, pura geometría abstracta, puedan revelar el verdadero nombre de Dios? |
El tal barón pertenecía a una familia muy rica y conocida de Arjona (Jaén),
ciudad en la que vivía y en la que llegó a construirse un palacio lleno de
lujos y excesos decadentes, oriental y barroco, que incluía una cripta rica en mármoles y mosaicos bizantinos que quedaría después parcialmente destruida al
inicio de la Guerra Civil.
Por lo que se dice, la orden, de estilo neotemplario, tenía conexiones con
logias de toda Europa. Estaba formada por jóvenes ricos y ociosos que se
divertían jugando a ser magos. Les gustaba la cábala, las leyendas bíblicas, y creían
a pies juntillas las crónicas árabes que situaban la Mesa de Salomón en la
Península Ibérica. En concreto, en algún punto de Jaén, a donde habría ido a
parar tras un periplo algo agitado entre la Roma saqueada por los godos y
Toledo, desde donde habría salido, junto a otras riquezas de oro y piedras
preciosas, con la invasión árabe.
Según se afirma, la orden liderada por el barón de Velasco podría haber
encontrado la Mesa, y haber elaborado después, inspirándose en ella, una serie
de lápidas con figuras geométricas que contendrían de alguna forma el Shem Shemaforash, esto es, el nombre de Dios
según la tradición hebrea. Un secreto que, tras ser descifrado, otorgaría a su
poseedor un poder inmenso.
Una de esas lápidas puede contemplarse en la actualidad en Arjona, en el
palacio del barón. Sobre ella han escrito mucho Juan Eslava Galán y Álvaro
Rendón Gómez, autores de La lápida templaria descifrada. ¿Será posible que dicha lápida encierre un secreto tan enorme? ¿Habrá que esperar mucho hasta que alguien logre descifrarla? Esperemos que, en tal caso, quede en buenas manos y no se cumplan las leyendas más pesimistas...