martes, 15 de octubre de 2013

LOS ABOMINABLES HOMBRES DE LA PATAGONIA

En un mundo como el de hoy, donde se nos ha enseñado que todo está explorado, sabido y requete estudiado, resulta muy saludable conocer que hay aún lugares indómitos, lo suficientemente apartados y salvajes como para que haya incluso científicos que se atrevan a reconocer que hay lugar para el misterio, y que figuras tan fantasiosas a priori como el Big Foot, o el Yeti, puedan tener alguna correspondencia en la realidad.
Patagonia, tierra de silencio, inmensidad y leyendas...

Desde hace un tiempo venimos interesándonos por la Patagonia, ese extremo inmenso de América del Sur, de estepas inmensas, glaciares y cumbres inalcanzables, donde la mano del hombre acaricia tímida, y con mucho reparo, la naturaleza salvaje que alberga.
Vientos, nieves, lluvias, pero sobre todo vientos, se acurrucan sobre una tierra árida y llena de aristas. La hierba crece apenas un palmo, si crece, y amarillea enseguida, como en un desierto. Las olas chocan en sus costados, y el mar se hace hielo en su extremo más al sur, en esa Tierra de Fuego que es como un broche brutal a todo lo que crece más arriba.
Las leyendas hablan, desde el principio, de seres al margen de los cánones humanos. Patagones de dimensiones hercúleas, que se manifiestan con grandes fogatas ante la llegada de los primeros colonizadores europeos.
Hay, por tanto, desde el principio, una base real a las leyendas que luego han ido quedando. Están esos testimonios entrañables y algo ariscos, que no comprenden bajo sus parámetros lo que ven sus ojos, y está –como han venido demostrando los siglos posteriores– la inmensidad del vacío, de los bosques vírgenes, de los valles inabarcables, las colinas como tronos de dioses, y el vacío.
La soledad es, quizá, la mejor de las hogueras para avivar una leyenda.
¿Es posible que acierten las leyendas que hablan de homínidos desconocidos
habitando los bosques y praderas de la Patagonia?

Y así nace el gigante Trauko, de la cultura mapuche, o el peludo Carcancho, así como el más misterioso de todos, el indómito Huitranalhue, descrito por algunos como una especie de zombie, y que para otros podría bien ser un vampiro que chupa la sangre de los que caen en su trampa, o incluso de un fantasma…
Son leyendas que, en esta tierra, adquieren la categoría de realidad. Como el Yeti, o el Bigfoot, que nombrábamos antes, no abandonarán jamás nuestras fantasías. Representan el lado oscuro del ser humano, el anhelo de andar perdido por la inmensidad de la naturaleza de los límites, sin quedar atrapado en las redes de la sociedad, que todo lo cataloga, todo lo cuantifica y todo, al final, también lo destruye.

Que, como Drácula, queden retratados en una obra de genio inmortal e inspirada…

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