Mostrando entradas con la etiqueta Simbología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Simbología. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de julio de 2020

LA MANO DE FÁTIMA


Dice el maestro García Atienza, al hablar del símbolo mágico de la mano, que sus más antiguas representaciones deben buscarse en las cuevas prehistóricas. Él habla de las cuevas cántabras, en particular de la del monte Castillo, en la que decenas de manos han sido plasmadas en las paredes del lugar como, posiblemente, un último resto de los ritos de iniciación que se celebraron allí en tiempos remotos.

Archivo:Door knocker, N'Kob.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre
La mano de Fátima, o Jamsa, uno de los talismanes más antiguos
y misteriosos de la Tierra...
Su simbología, la de la mano, es algo que se evidencia fundamentalmente a través del número cinco. Los cinco dedos en que se divide suponen una buena representación de las cinco extremidades del ser humano ‒cabeza, brazos y piernas‒ y, por tanto, la convierten en un símbolo excepcional del propio ser humano.
De ahí, concluye García Atienza, que se haya querido buscar en la mano esa ventana hacia el otro lado, algo parecido a lo que ocurre con el ojo, que comparte, para los antiguos egipcios, un mismo protagonismo en este sentido.
La Quiromancia, por tanto ‒el arte de leer las manos‒ sería una evolución lógica de esta lectura, de esta forma de interpretar el símbolo.
Otra sería la de su uso como talismán.
La mano ‒ya decíamos que comparte algunas características con el ojo‒ puede servir, y sirve, para ciertos pueblos, como herramienta para alejar maldiciones.
Entre los judíos, y los musulmanes ‒posiblemente a través de una de sus raíces comunes, los cartagineses‒ la mano ha terminado convirtiéndose en uno de los talismanes más poderosos y extendidos.
Hablamos de la Jamsa, o «mano de Fátima».
Jamsa viene a significar los mismo en hebreo y en árabe: una directa alusión al número cinco.

File:GuaTewet tree of life-LHFage.jpg - Wikimedia Commons
La mano ha sido un símbolo utilizado por el hombre desde antiguo,
posiblemente con una utilidad mágica, trascendente...
Su origen, como el de las manos antes aludidas de las cuevas de Cantabria, se pierde en el origen de los tiempos y se rastrea ‒como cualquier símbolo primordial‒ en todas las culturas de la Antigüedad.
El que entre los musulmanes se le conozca como «mano de Fátima» es el resultado de un intento de conciliar las tradiciones antiquísimas de los pueblos del norte de África con la religión islámica. Fátima fue una de las hijas del Profeta; cada uno de los cinco dedos de esa mano, uno de los mandamientos básicos de la Revelación.
Pero es que Fátima, además, es la fundadora, junto a su marido Alí, de esa corriente alternativa y heterodoxa dentro del Islam conocida como los «fatimíes».
Más que fundadora, digamos que inspiradora, a través de todos aquellos predicadores del s. IX surgidos en Argelia, y cuyo propósito, en lo político, era acabar con el califato abasí.
García Atienza atribuye a estos fatimitas una vinculación con lo esotérico y la creación, por ejemplo, de órdenes iniciáticas dentro del islam que con posterioridad, avanzada la Edad Media, acabarían inspirando a los mismísimos templarios.

File:Knights-templar.jpg - Wikimedia Commons
¿Fueron los templarios herederos del saber de los misteriosos y enigmáticos
caballeros fatimíes, iniciados en el sufismo y en los saberes herméticos islámicos?
De origen fatimí habrían sido muchas de esas fortalezas que con el tiempo pasarían a manos de los caballeros templarios; fortalezas ubicadas en lugares especiales, mágicos, de poder, como, sin duda ‒y de nuevo citamos al maestro‒ tuvo que ser el que se situaba próximo a la cueva-santuario que terminaría siendo uno de los lugares de peregrinación más importantes del siglos XX, el del paraje de Fátima, en Portugal…
¿De qué estamos hablando, pues, sino de uno de los símbolos más profundos y misteriosos de los que ha manejado el hombre a lo largo de la historia?
Como dice Fulcanelli en El misterio de las catedrales: "No hay, aquí abajo, casualidad, ni coincidencia, ni relación fortuita..."

jueves, 2 de mayo de 2019

LOS ENIGMAS DE LA MONA LISA



No hace falta que digamos que se trata de uno de los cuadros más famosos del mundo. Tal vez el más reconocido, el que a buena parte de la población mundial le vendrá a la mente cuando piensan en arte y concretamente en pintura. Está en París, en el museo del Louvre, aunque su artífice fue italiano. Ni más ni menos que Leonardo Da Vinci.

¿Quién era realmente la mujer representada en el cuadro más famoso
de Leonardo Da Vinci? ¿Qué enigmas se esconden tras su misteriosa sonrisa?

Aunque se trata de una obra del Renacimiento italiano, del s. XVI, no sería hasta mucho más tarde que le llegaría el reconocimiento. Da Vinci había viajado con ella hacia el final de su vida hasta Francia, para ponerse a las órdenes de Francisco I, que la adquiriría para su colección personal, y tras haber pasado un tiempo olvidada, y haber sido rescatada posteriormente por Napoleón Bonaparte ‒que dicen que la colocó en su dormitorio‒ se convertiría en el mito que hoy es a partir del s. XIX, a medida que el interés por sus misterios fuera creciendo.
El primero de estos enigmas es la obsesión que el artista pareció tener por este cuadro. No lo firmó, ni lo fechó, y parece ser que jamás se desprendía de él. Los expertos indican que pudo tardar cuatro años en componerlo, aunque es de imaginar que siguió trabajando en él hasta mucho después
No se sabe quién exactamente está representado en el retrato. Se dice que Lisa Gherardini, la esposa de un mercader florentino, pero también que pudo haber sido la madre del artista ‒con quien parece tener algún parecido físico‒ o el propio Da Vinci, representado en ella como mujer en un extraño juego artístico que, para algunos, trataba de exponer así su lado femenino, o su presunta homosexualidad.
Hay letras y números ocultos en sus ojos. Sólo pueden verse al microscopio ‒las tesis más oficiales las niegan, por pensar que son interpretaciones erróneas de manchas de pintura‒ que muestran en un ojo la “L” y la “V” ‒de Leonardo Da Vinci, es de suponer‒ y una “C” y una “E” ‒o una “B”, según las versiones‒, en el otro, que ya parece más difícil de interpretar.
De otro lado están los propios misterios puramente artísticos, como el uso del sfumatto que convierte la sonrisa de la protagonista en un enigma en sí mismo ‒no se sabe si sonríe o se mantiene seria, dependiendo de cómo se la mire‒, y hace que el paisaje que se representa detrás modifique, con la manera en que ha sido ejecutado, la visión también del rostro y del cuerpo de la Gioconda.

Leonardo Da Vinci, artista y mago...

Hay un puente a la derecha de esta figura que podría estar haciendo alusión a unas inundaciones que se dice que tuvieron lugar en Bobbio, al norte de la actual Italia, en 1472 ‒72 es de hecho un número que parece estar presente, también, sobre el puente de piedra, de manera disimulada‒; para nosotros, amantes de la simbología, el puente es un símbolo muy sugerente que indica conexión entre dos mundos ‒como la vida o la muerte, o el mundo de lo real, y el de la ensoñación‒ al igual que el camino, que es otro elemento simbólico que se sitúa a la izquierda de la figura.
Y es que Leonardo, como toda la gente culta de su época, era un verdadero iniciado en los saberes ocultistas que buscan reflejo constante en la mayoría de sus obras.
Es, en nuestra opinión, la mejor manera de abordar sus misterios ‒como tuvo el acierto de señalar Dan Brown, y otros antes, o después, en sus trabajos‒ y que de forma más exacta, más aproximada, pueden hacernos comprender el carácter enigmático de la Gioconda, mujer enferma, maltratada, embarazada y triste, para algunos ‒los más escépticos, alzados sobre los hombros de los estudios científicos y médicos que se han realizado sobre el cuadro‒, y mujer en trance, en pleno camino hacia el otro lado, el de la elevación espiritual, para quienes vemos más real y factible el Leonardo alquimista y mago…

LO MÁS LEÍDO