LA MANO DE FÁTIMA


Dice el maestro García Atienza, al hablar del símbolo mágico de la mano, que sus más antiguas representaciones deben buscarse en las cuevas prehistóricas. Él habla de las cuevas cántabras, en particular de la del monte Castillo, en la que decenas de manos han sido plasmadas en las paredes del lugar como, posiblemente, un último resto de los ritos de iniciación que se celebraron allí en tiempos remotos.

Archivo:Door knocker, N'Kob.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre
La mano de Fátima, o Jamsa, uno de los talismanes más antiguos
y misteriosos de la Tierra...
Su simbología, la de la mano, es algo que se evidencia fundamentalmente a través del número cinco. Los cinco dedos en que se divide suponen una buena representación de las cinco extremidades del ser humano ‒cabeza, brazos y piernas‒ y, por tanto, la convierten en un símbolo excepcional del propio ser humano.
De ahí, concluye García Atienza, que se haya querido buscar en la mano esa ventana hacia el otro lado, algo parecido a lo que ocurre con el ojo, que comparte, para los antiguos egipcios, un mismo protagonismo en este sentido.
La Quiromancia, por tanto ‒el arte de leer las manos‒ sería una evolución lógica de esta lectura, de esta forma de interpretar el símbolo.
Otra sería la de su uso como talismán.
La mano ‒ya decíamos que comparte algunas características con el ojo‒ puede servir, y sirve, para ciertos pueblos, como herramienta para alejar maldiciones.
Entre los judíos, y los musulmanes ‒posiblemente a través de una de sus raíces comunes, los cartagineses‒ la mano ha terminado convirtiéndose en uno de los talismanes más poderosos y extendidos.
Hablamos de la Jamsa, o «mano de Fátima».
Jamsa viene a significar los mismo en hebreo y en árabe: una directa alusión al número cinco.

File:GuaTewet tree of life-LHFage.jpg - Wikimedia Commons
La mano ha sido un símbolo utilizado por el hombre desde antiguo,
posiblemente con una utilidad mágica, trascendente...
Su origen, como el de las manos antes aludidas de las cuevas de Cantabria, se pierde en el origen de los tiempos y se rastrea ‒como cualquier símbolo primordial‒ en todas las culturas de la Antigüedad.
El que entre los musulmanes se le conozca como «mano de Fátima» es el resultado de un intento de conciliar las tradiciones antiquísimas de los pueblos del norte de África con la religión islámica. Fátima fue una de las hijas del Profeta; cada uno de los cinco dedos de esa mano, uno de los mandamientos básicos de la Revelación.
Pero es que Fátima, además, es la fundadora, junto a su marido Alí, de esa corriente alternativa y heterodoxa dentro del Islam conocida como los «fatimíes».
Más que fundadora, digamos que inspiradora, a través de todos aquellos predicadores del s. IX surgidos en Argelia, y cuyo propósito, en lo político, era acabar con el califato abasí.
García Atienza atribuye a estos fatimitas una vinculación con lo esotérico y la creación, por ejemplo, de órdenes iniciáticas dentro del islam que con posterioridad, avanzada la Edad Media, acabarían inspirando a los mismísimos templarios.

File:Knights-templar.jpg - Wikimedia Commons
¿Fueron los templarios herederos del saber de los misteriosos y enigmáticos
caballeros fatimíes, iniciados en el sufismo y en los saberes herméticos islámicos?
De origen fatimí habrían sido muchas de esas fortalezas que con el tiempo pasarían a manos de los caballeros templarios; fortalezas ubicadas en lugares especiales, mágicos, de poder, como, sin duda ‒y de nuevo citamos al maestro‒ tuvo que ser el que se situaba próximo a la cueva-santuario que terminaría siendo uno de los lugares de peregrinación más importantes del siglos XX, el del paraje de Fátima, en Portugal…
¿De qué estamos hablando, pues, sino de uno de los símbolos más profundos y misteriosos de los que ha manejado el hombre a lo largo de la historia?
Como dice Fulcanelli en El misterio de las catedrales: "No hay, aquí abajo, casualidad, ni coincidencia, ni relación fortuita..."

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