viernes, 21 de diciembre de 2012

LOS OLMECAS Y SUS CABEZAS DE RASGOS AFRICANOS




La cultura olmeca es considerada por muchos investigadores como el origen de las grandes civilizaciones de Mesoamérica. Hay indicios de su existencia de en torno al 1.200 a. C., todos hallados en torno a varios yacimientos del sur de Méjico. Entre los más importantes y célebres, las gigantescas cabezas que, a decir de los arqueólogos, aquella civilización construyó para homenajear a reyes o jefes guerreros fallecidos.
El que mira de frente a estas estatuas ve lo que ve...


Los rasgos africanos que se aprecian en ellas –labios y nariz gruesa, rostro ovalado– han suscitado la idea de un posible contacto en el pasado remoto de la humanidad entre América y África, algo que, de momento, no ha podido ser demostrado científicamente. Al parecer, no existen indicios de similitud entre los ADN de la población americana y los de ningún pueblo africano.
Pese a todo, los rasgos están ahí, y cualquiera que se interese por el asunto lo puede comprobar echando un simple vistazo a las cabezas. Uno mira las estatuas y ve lo que ve. Hay expertos que indican que los guerreros o reyes representados tienen los rasgos de aquella manera porque fueron idealizados, realizados por el artista para asemejarlos a un jaguar, animal venerado por la cultura olmeca. 
Pero, en cualquier caso, las pruebas de la presencia africana en América va más allá de estas cabezas. Hay documentos antiguos que revelan posibles viajes al Nuevo Continente de embarcaciones del reino de Mali hacia el s. XIV.
Entre ciertas partes de África y ciertas partes de Brasil la distancia no es demasiado larga. Además, las corrientes del Atlántico, que tan bien conocía Colón, podrían transportar de un lugar a otro grandes embarcaciones o una balsa que hubiera quedado a la deriva, tal y como demostró Thor Heyerdahl en el Pacífico.
El ADN puede rastrear sobre lo que se ha encontrado, sí. Pero, ¿y las evidencias que están aún por encontrar? ¿Y de lo que permanece oculto, esperando a ser desenterrado? ¿Podían haber sido esos dioses representados por los olmecas gentes que habían aparecido un día, y que después se habían marchado?
Son preguntas que quizá algún día logren ser esclarecidas.
De momento, sólo podemos especular con que la presencia de extranjeros en el remoto pasado de América sea, en el futuro, algo así como la Troya de Schliemann del s. XXI.

3 comentarios:

  1. Buen informe compañero, la verdad es evidente que estas cabezas representan rasgos imposibles para la época y lugar. Personalmente creo que este misterio es mas grande, mucho mas grande.

    ResponderEliminar