jueves, 8 de octubre de 2015

ENTRE LO REAL Y LO INEXPLICABLE

Volvemos a las entrevistas. Esto de Internet, y de andar hurgando por ahí (publicando, leyendo cosas que escriben otros) es una estupenda forma de conocer gente y de descubrir historias (al final se trata de eso, de historias) que merece la pena conocer. La de hoy es la de un madrileño, de nombre Carlos Samaniego Marqués, que viene a hablarnos de un librito que publicó no hace mucho, y que supone el relato de sus vivencias en el terreno de lo paranormal, que no son pocas.
Portada del libro de Carlos Samaniego Marqués,
basado en una serie de escalofriantes hechos reales

Antes de conocer un poco más de ese texto, que pueden encontrar en Internet tecleando su título, Entre lo real y lo inexplicable, decir que se trata probablemente uno de los relatos paranormales que más nos han impactado, con detalles escalofriantes que podrían formar parte de cualquier novela de terror, pero que son reales, reales como la vida misma…

PREGUNTA-. Muy buenas, Carlos. En primer lugar, gracias por concedernos esta entrevista. Nos gustaría que nos hablases de ese libro, Entre lo real y lo inexplicable, en concreto, de cómo surgió la idea de escribirlo y cómo te marcaron las experiencias que se narran en él.

RESPUESTA-. Lo cierto es que después de 25 años de silencio absoluto sobre todo el relato en general, y después de aparecer en Cuarto Milenio, tenía la necesidad interior de escribir el relato.



Recibí el apoyo tanto de Javier Pérez Campos como de Iker Jiménez, y no me lo pensé más veces. Intenté recopilar toda la información que pude, que es poca (faltaría el acceso a los archivos policiales de la comisaría de Arganzuela, pero sigo esperando el permiso de Interior) y al final, en Septiembre del 2014, decidí escribir con lo que tenía. 
La primera de las experiencias no me di cuenta de la importancia que en realidad pienso que tuvo hasta años después, pues fue una época convulsa política y socialmente que dio paso a la década prodigiosa de los 80, por lo que simplemente no le presté la atención que hubiera requerido, y de los 20 a los 30 años me dediqué a vivir la vida. Trabajar, seguir aprendiendo, casarme...
La segunda me abrió una amplia ventana a lo desconocido a través del miedo, donde pude confirmar la existencia de fuerzas, de energías en primerísima persona y que cambió por completo mi manera de ver los fenómenos ocultos, el misterio.

P-. ¿Tú creías en estas cosas antes de que ocurriera todo, o eras completamente escéptico, como por otra parte suele ser común, creo, en estos casos?

R-. No. Mi formación en ciencias me hace “por fuerza” ser escéptico. Creo en lo que veo, siento, huelo, toco, oigo….. Lo cierto es que sigo siéndolo, pero en cambio y como dije anteriormente, mi ventana a lo desconocido está desde el caso de la casa (la segunda experiencia a la que hago referencia), completamente abierta. Por decirlo de otra manera: antes me decían cualquier cosa relacionada con casos poltergueist, ovnis, espíritus, fantasmas, y simplemente no me lo creía, no me burlaba, pero no me lo creía. Decía eso de si no lo veo no lo creo. Hoy, en cambio, me dices que has visto un elefante volando y de inmediato me pongo a investigar el tema, creyéndome de antemano lo que me dices pero sin olvidar que es extremadamente difícil que un elefante vuele. Hoy, de entrada, me lo creo todo e impongo el máximo respeto, aunque esté directamente en contra de mi formación y creencias.

P-. ¿Has vuelto a aquellos lugares, a aquel extraño paraje de Guadalajara y a aquella vivienda de Embajadores?

R-.Si y no (risas). A Matallana si volví, pero no encontré ni rastro. Tampoco sé si estaba en la zona correcta o no, porque no he encontrado mapas que hagan referencia a este lugar, y los cartográficos del ejército no se ni cómo localizarlos. Quizás en el rastro de Madrid, o en alguna librería antigua, tanto de la Capital como de Guadalajara, no sé. Sólo hay urbanizaciones, pero ni rastro de Matallana o de su ermita.
Tampoco hay mucha gente autóctona para preguntar, y lo cierto es que la poca que hay digamos que no es muy abierta que se diga; es más, me consta que no les gustan demasiado los forasteros y menos si hacen preguntas…
En cuanto a la casa del barrio de Embajadores, la de la segunda de las experiencias, tengo que reconocer que no volví jamás (como le dije a Iker Jiménez cuando me ofreció una posible investigación sobre el tema en la propia cas,a con la asistencia de la que para mí es una de las intuitivas más alucinantes que pueda haber, Paloma Navarrete). Sólo no vuelvo a esa casa ni de coña, a pesar de que ni siquiera sé si esa “energía” sigue vigente allí. Mi opinión es que era muy fuerte y que si no se ha hecho nada al respecto, en algún lugar de ese edificio sigue absolutamente “viva”.

P-. ¿Cómo interpretas tú los fenómenos paranormales? ¿Qué explicación le das?

R-.Para mí, y después de hablar en su día con un redactor del programa La Hora Bruja de la Cadena Ser, y 25 años después cotejar la información con el equipo de Milenio3 y Cuarto Milenio, no me cabe ninguna duda de que es o era, una casa poltergueist, donde habitaba algo; una energía individual, una energía colectiva, un ente, el demonio puro y duro, como gritaba el vecino mientras lo bajaban engrilletado por la policía o la propia muerte en sí misma, pues algo me dijo cuando sucedió y me sigue diciendo ahora, que estuve delante de la muerte al menos en una ocasión, cuando se produce la aparición de esta mujer que “buscaba su casa” y añadía que la mía no lo era.
No sabría identificar qué, pero que existía con total certeza y se manifestaba una y otra vez no sólo en mi propia casa, sino en todo el edificio. Estoy seguro de que el miedo impedía hablar a otros vecinos, pero a las pruebas me remito: no solo sucedían fenómenos en mi casa, repito, como yo pensaba al principio, aquellos primeros meses…
La explicación que me pides que le dé ya es otra cosa. En mi relato hablo de las viudas negras, un grupo de mujeres que habitaban en el edificio y que estoy absolutamente convencido de que eran el catalizador humano de ese lo que fuera. Ésta (vamos a decir, energía), se “alimentaba” de estas personas que una y otra vez hacían gala de su desprecio, de su vehemencia, cada vez que te cruzabas con alguna de ellas y que se hacían de notar a través de la televisión a todo volumen, al unísono, cada domingo por la mañana. Era como si te maldijeran o algo así. Un sentimiento muy extraño y que asustaba. No sé si lo que fuera estaba allí ya (es un barrio con mucha historia, toda ella bañada en sangre entre guerras y demás) y fue “despertado” (desconozco el origen de los hechos, por eso era y es fundamental el acceso a los archivos policiales) o simplemente ellas, esas mujeres, lo “llamaron” de alguna manera, pero estoy seguro que formaban parte del mismo “equipo”.
Además, escucha otro dato. Cuando pasaban cosas, ellas nunca estaban cerca, al menos en las que yo viví.

P-. Una curiosidad: ¿qué se siente cuando se viven cosas de éstas? ¿Se siente frío, como dicen algunos?

R-. Miedo, puro y duro. Acojone total, si me lo permites. Yo allí he pasado mucho miedo, sobre todo la noche que yo llamo “de puertas abiertas”. Creo que ésa fue la peor de todas y, obviamente, aquélla en la que el conductor de reparto que vivía en otra vivienda quiso ser el protagonista de El Resplandor.
En cuanto al frío, ya es una casa fría de por sí, pero cierto es, y así lo escribo en mi relato, que cuando la aparición de la mujer tuve una sensación de que tras ella había un rastro de frío evidente, de éste que parece congelarte un segundo, un intenso escalofrío.

P-. ¿Y algún olor?

R-. Claro. En mi caso no era azufre ni amoniaco, olores que distingo perfectamente. Ya digo en el libro que lo que se olía allí era una mezcla intensa de chocolate dulce, caliente, con madera vieja y quizás metal. No sabría describirlo porque ni antes de haber vivido en aquella casa ni después he olido nada parecido. Ya sabes que el cerebro almacena los olores y, aunque no sepas de qué se trata, sabes que lo has percibido anteriormente. No es el caso, pero era tan fuerte que había veces que se hacía irrespirable y SÓLO en los rellanos y pasillos del edificio. En mi casa no olía así.

P-. ¿Y en tus experiencias, has vivido algún síntoma en mitad de aquellas experiencias en la que notes algún síntoma en el cuerpo, en el organismo?

R-. Físicamente creo que no, aunque si me pongo a pensar en la suicida que nos precedió o en la locura salvaje del conductor, quizás a algunas personas les “afectara” más que a otras. Mentalmente siempre, creo, estuve en mi sitio y nunca perdí la noción de la realidad hasta el punto que conscientemente decides salir de ese infierno, porque sabes que tarde o temprano puede salpicarte a ti mismo, y en aquel entonces, también a mi pareja. Pero puede que no todas las personas lo tengan tan claro o tengan, valga la redundancia, esa “fuerza” mental que afortunadamente yo mantuve.
La mala noticia es que en aquella casa de la que hablo en el libro en sólo un año hubo una muerta, un intento de homicidio con destrozos posteriores, grave fuga de gas, inundaciones y, para más de una persona de las que vivían allí sí que tuvo consecuencias físicas, incluso irreversibles.

P-. ¿Cómo es la reacción de la gente cuando les cuentas vivencias de este tipo? Supongo que no será fácil dar el paso de comunicarlo, que antes habrá muchas dudas, uno se preguntará si realmente se ha vivido ese algo…

R-. La reacción de la gente suele ser de choteo. El ser humano cuando no entiende algo (obviamente si no lo entiendes, no lo comprendes y por tanto no lo puedes interpretar, dar una razón, atacarlo, defenderte y mucho menos controlarlo o manipularlo) tiene tendencia a dos cosas: a darle la espalda (por miedo la mayoría de las veces, aunque nadie lo reconoce), o a reírse tanto del relato como del que lo relata o incluso ambas a la vez.
Te afecta porque no se libra ni familia ni amigos (que si llevas 30 años con ellos, suelen ser los peores) y por tanto te afecta tanto en el entorno profesional como social o personal, llegándote a costar incluso una relación.
Por eso callas y, como es imposible de olvidad, aprendes a convivir con ello en silencio, lo apartas, lo almacenas en el baúl del olvido, hasta que de repente, como en mi caso, algo pasa que te hace reaccionar o, como supongo que ocurre en el 85% largo de personas afectadas, se te lleva consigo al reino de la muerte. 
En mi caso fue un programa que vi de Cuarto Milenio, donde un gabinete de “expertos” contestó a una joven sevillana que había pasado por algo similar a lo mío de una forma que me indignó profundamente, diciéndole que lo dejara pasar y no se preocupase demasiado. 
Aquello me provocó una reacción por el miedo que yo había pasado –y que estaba seguro que pasaba ella– y me decidí a escribir una carta de protesta al programa diciéndoles que no podían, y mucho menos Cuarto Milenio, decir eso a una persona cuando posiblemente esta mujer las estaba pasando canutas y seguramente en silencio. Buscas ayuda de quien supuestamente te puede ayudar, y te encuentras con un bofetón.

P-. Ya

R-. En esta carta de protesta les relataba someramente el caso de la casa, el segundo que aparece en el libro, e inmediatamente provocó un interés del equipo y Javier Pérez Campos se puso en contacto conmigo. Así comenzó mi “caso”, y fue entonces cuando decidí hablar de ello primero en la radio y posteriormente en televisión, aunque confieso que jamás pensé que llegaría tan lejos; yo solo quería justicia para esa sevillana, pero me pareció interesante sobre todo para aquellas personas que estaban pasando por algo parecido, que supieran que no estaban solas y que era bueno incluso para nosotros mismos, el quitarnos de encima y de una sola vez ese gran peso.
También influye la edad. Llega un momento en el que de verdad, y no solo de boquilla, te da lo mismo lo que piensen los demás de ti y sobre todo, como en mi caso, que ya no te afecta en lo profesional. Además, sirve para estar en paz contigo mismo, cuando revelas algo así y te encuentras con alguien que de verdad te escucha, sientes un desahogo bestial…

P-. Pues esperemos que esta entrevista sirva a la gente para acercarse a tu libro, y que si hay alguien en una situación similar pueda ayudarles.

R-. Eso espero, Marcus.

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El autor asegura que quizá algún día salga en formato papel, su gran sueño.




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