EL ENIGMA DE LA CUEVA DE DAVELIS

 

Dicen que la civilización griega es la madre de la civilización occidental; que su pensamiento, su filosofía, fue la base del racionalismo y que gracias a ella hemos alcanzado las altas cotas de desarrollo y conocimiento que caracterizan nuestro mundo moderno.

Eso no es inconveniente, desde luego, para que aquella misma civilización tuviera sus misterios.


La cueva de Davelis, en el monte Penteli, Grecia: uno de los lugares más
enigmáticos del mundo...


Antes de la revolución de Sócrates ‒y mucho después, por supuesto‒ Grecia era un lugar plagado de lugares misteriosos como cualquier otro lugar de la vieja Europa.

Hay uno, en concreto, situado a unos cuantos kilómetros al norte de Atenas, que no ha perdido con el paso de los siglos y de las civilizaciones ni un ápice de ese halo mágico, de esa serie de misterios insondables que lo convirtieron en un lugar especial desde el inicio de los tiempos.

Se trata de la conocida como cueva Davelis, situada a los pies del monte Penteli.

La cueva es hoy famosa por los numerosos testimonios acerca de los fenómenos paranormales que allí se registran. Se habla también de ovnis, de misteriosas conspiraciones militares que involucran a la OTAN, pero antes, mucho antes de todo eso, en la más remota antigüedad, aquel lugar era venerado por los antiguos como un lugar sagrado, un lugar de características especiales…

La arqueología ha demostrado que ya en el siglo V a.C. existía asentado allí un culto al dios Pan; más tarde, durante la Edad Media, numerosos monjes cristianos decidieron ubicar en la cueva sus eremitorios, y hasta llegó a construirse una ermita que aún pervive.

En el siglo XVIII pasó a ser usada por un famoso delincuente que le dio su nombre para la posteridad ‒el delincuente, de nombre Christos Natsios, se hacía llamar Davelis‒, y cuentan que todavía hoy puede haber gran parte de sus botines enterrados en las inmediaciones del lugar.

La leyenda, como decimos, se extiende hasta la actualidad.

En los años setenta, unas operaciones del ejército griego y la OTAN ‒una de cuyas bases en Grecia se sitúa precisamente en lo alto de la cima del monte Penteli‒ provocaron las habladurías y los rumores acerca de qué era exactamente lo que aquella gente, los militares, podían andar buscando en aquel lugar sagrado y mítico.


Durante la Antigüedad, la cueva fue lugar de culto a Pan, el dios
de la naturaleza salvaje...


Lo cierto es que la red de túneles que arrancaba justo en el inicio de la cueva, junto a la ermita cristiana, fue sellada por los militares y desde entonces permanece inaccesible.

En 1982, un libro publicado por el escritor griego Georgios BalanosThe Enigma of Penteli‒ popularizó el asunto con su teoría acerca de que los túneles podían estar siendo usados para toda clase de experimentos secretos de tipo nuclear o de control mental.

Hay quien asegura que el mármol que se extrae desde antiguo de las canteras de aquella zona pudo haber sido utilizado por el ejército de EE.UU. para la construcción de tecnología militar como satélites durante la Guerra Fría, aunque sin pruebas.

Lo cierto es que el lugar, a decir de los geólogos, sí que tiene características especiales que lo hacen particular más allá de todas estas leyendas. Un artículo publicado por la página web de la BBC refiere la posibilidad de que los fenómenos electromagnéticos que hoy puede constatar cualquier visitante que pase por allí podrían estar relacionados con la constitución especial del mármol que compone el lugar, un buen conductor, al parecer, de las ondas electromagnéticas.

¿Fueron estas propiedades las que hicieron de aquel lugar un lugar especial desde la antigüedad, propicio para cultos y ejercicios espirituales a lo largo de los siglos? ¿Es posible explicar todo lo que se cuenta de aquella cueva por una anomalía geológica, por la simple sugestión de quienes la visitan?

Una respuesta racionalista nos llevaría a decir que sí, que por supuesto todo es sugestión, nada hay de especial, de sobrenatural, en la cueva. Sin embargo, eso sería caer en un pecado que odiamos: el de considerar que todos aquellos hombres y mujeres que subían a la cueva miles de años atrás para celebrar sus ritos eran estúpidos, ignorantes, y no sabían lo que hacían.

Tal vez la respuesta no esté en la cueva, sino en nosotros. Tal vez surja de repente si dejamos de ver la cueva como un ser inerte, compuesto por elementos igual de inertes y no relacionados entre sí, y comenzamos a verla como un todo vivo, dotado de conciencia, que puede hablarnos y ayudarnos y explicarnos cosas que hemos dejado de entender.


¿Qué hace tan especial al monte Penteli o Pentélico, según denominación griega, y a todo su entorno?


O tal vez, simplemente, solo sea una cuestión práctica: creemos que ya no necesitamos lo que puede ofrecernos la cueva, y por ello le hemos terminado por dar la espalda.

A eso replicarán los conspiranoicos recordándonos el interés de los militares por ella ‒todo el asunto de los túneles, de las tapias de hormigón, y demás‒ y claro, en eso tendremos que darles la razón. El lugar, por una cuestión u otra, siempre cuenta con el interés de quien tiene medios para salvaguardarlo. El hombre, el de hoy en día y el de tiempos pasados, nunca le ha dado la espalda a este lugar. ¿Es eso una simple casualidad o hay algo más? 

La verdad, créannos: cada vez nos resulta más difícil tomar en serio eso de las casualidades

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