EL HOMBRE-CABRA DE TEXAS


Imagínenese la escena: una noche calurosa de verano en una localidad cercana a Dallas, en mitad del estado de Texas. Varios testigos ‒en realidad, un número bastante elevado de personas‒ dicen haber visto una extraña figura que describen como una especie de cabra que camina erguida, como un hombre, en diferentes puntos de la ciudad… 


Durante varios días, el pánico se desató por toda la población de Lake Worth, en Texas... (1)

Ocurrió en el año 1969. Durante varios días, el pánico se desató por toda la población y se registraron varios sucesos misteriosos relacionados, presuntamente, con este extraño ser, desde el intento de rapto de una joven, hasta destrozos en vehículos aparcados en la calle y el violento encontronazo de un grupo de personas cuyo coche presentaba una enorme desgarradura en la chapa.
La prensa se hizo eco de todos estos sucesos y durante varios meses aquel hombre-cabra ‒como fue bautizado por todos‒ ocupó buena parte de las preocupaciones de la ciudad.
La cosa no quedó ahí, y aquel hombre-cabra terminó convertido en un mito, en un personaje popular del folklore de la zona.
Durante décadas no se ha parado de hablar del asunto y todavía hay quien dice haberlo visto por ahí. Muchos curiosos y aficionados al misterio viajan a la zona para intentar capturarlo; las autoridades, tal y como revela con el portal LISTVERSE, se han visto obligadas en ocasiones a advertir de los peligros que puede tener la búsqueda de este críptido, algo que recuerda de algún modo lo que ocurre aquí en España con el pueblo de Ochate
¿Y del misterio? Bueno. En el año 2005 se publicaba también en la prensa local una carta en la que un vecino confesaba haber estado detrás de los misteriosos sucesos de 1969 que habían iniciado la leyenda. Aseguraba que todo había comenzado como una broma. Que él, y varios amigos de instituto, habían decidido matar el tiempo de aquella calurosa noche de verano disfrazándose con unos trapos para salir al campo a asustar a la gente. Todo se reducía a eso, a una broma. Una chiquillada que había ido demasiado lejos por una mezcla de pánico, credulidad y el aburrimiento de una población sumida en el tedio de la época veraniega.

¿Es el hombre-cabra el mismo fenómeno que aparece todavía incrustado
en las tradiciones de algunos pueblos europeos en la forma del Krampusch?

Pero el hombre cabra es una leyenda que no termina en Lake Worth. Algunos investigadores remontan sus apariciones en tiempos anteriores ‒los años cincuenta‒ y su historial de fechorías en algo más que sustos a transeúntes y daños en vehículos, ni más ni menos que agresiones con piedras, violaciones y hasta asesinatos. Algunos van más allá y aseguran que existen pruebas de ADN que relaciones determinadas muertes de animales con un ser desconocido con alguna vinculación genética con las cabras.
¿Y a ustedes qué les parece? Si quieren saber mi opinión, les diré que en estos casos, y a la vista de los hechos, los testimonios y las pruebas ‒las que existen a favor, y en contra, de cualquiera de las teorías‒ es la misma: el hombre cabra existe. No sabemos su aspecto real, su origen, su genética; desconocemos qué come, cómo se reproduce, qué pautas de vida lleva. Pero sabemos que hay gente que lo ha visto. Sabemos que hay gente, hoy en día, que va en su búsqueda, y que pasa noches enteras en los alrededores de Lake Worth a la espera de que aparezca. Sabemos que puede producir daños en coches; que está detrás de muchos acontecimientos que se producen siempre en la soledad de la noche, en lugares apartados y sombríos. Que tenga forma de cabra ya nos parece significativo, y es que no hace mucho hablábamos aquí del dios Pan, ¿no lo recuerdan?  El hombre-cabra es, en realidad, un fenómeno que nos acompaña a la humanidad desde hace miles de años, representado como el demonio, en la cultura occidental, o como el Krampusch en la tradición nórdica, y a través de muchas otras formas que sería largo de detallar. Así que más nos vale creer en él, y aceptarlo como algo “real” ‒si esta palabra tiene algún valor, algún verdadero significado más allá de nuestra necesidad de agarrarnos a algo‒ que vagar tranquilamente por el campo, de noche, y encontrarnos con él desprevenidos…

(1) Autor de la fotografía: Jovan Cormac / Bajo licencia Creative Commons

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