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martes, 22 de octubre de 2019

EL HOMBRE-CABRA DE TEXAS


Imagínenese la escena: una noche calurosa de verano en una localidad cercana a Dallas, en mitad del estado de Texas. Varios testigos ‒en realidad, un número bastante elevado de personas‒ dicen haber visto una extraña figura que describen como una especie de cabra que camina erguida, como un hombre, en diferentes puntos de la ciudad… 


Durante varios días, el pánico se desató por toda la población de Lake Worth, en Texas... (1)

Ocurrió en el año 1969. Durante varios días, el pánico se desató por toda la población y se registraron varios sucesos misteriosos relacionados, presuntamente, con este extraño ser, desde el intento de rapto de una joven, hasta destrozos en vehículos aparcados en la calle y el violento encontronazo de un grupo de personas cuyo coche presentaba una enorme desgarradura en la chapa.
La prensa se hizo eco de todos estos sucesos y durante varios meses aquel hombre-cabra ‒como fue bautizado por todos‒ ocupó buena parte de las preocupaciones de la ciudad.
La cosa no quedó ahí, y aquel hombre-cabra terminó convertido en un mito, en un personaje popular del folklore de la zona.
Durante décadas no se ha parado de hablar del asunto y todavía hay quien dice haberlo visto por ahí. Muchos curiosos y aficionados al misterio viajan a la zona para intentar capturarlo; las autoridades, tal y como revela con el portal LISTVERSE, se han visto obligadas en ocasiones a advertir de los peligros que puede tener la búsqueda de este críptido, algo que recuerda de algún modo lo que ocurre aquí en España con el pueblo de Ochate
¿Y del misterio? Bueno. En el año 2005 se publicaba también en la prensa local una carta en la que un vecino confesaba haber estado detrás de los misteriosos sucesos de 1969 que habían iniciado la leyenda. Aseguraba que todo había comenzado como una broma. Que él, y varios amigos de instituto, habían decidido matar el tiempo de aquella calurosa noche de verano disfrazándose con unos trapos para salir al campo a asustar a la gente. Todo se reducía a eso, a una broma. Una chiquillada que había ido demasiado lejos por una mezcla de pánico, credulidad y el aburrimiento de una población sumida en el tedio de la época veraniega.

¿Es el hombre-cabra el mismo fenómeno que aparece todavía incrustado
en las tradiciones de algunos pueblos europeos en la forma del Krampusch?

Pero el hombre cabra es una leyenda que no termina en Lake Worth. Algunos investigadores remontan sus apariciones en tiempos anteriores ‒los años cincuenta‒ y su historial de fechorías en algo más que sustos a transeúntes y daños en vehículos, ni más ni menos que agresiones con piedras, violaciones y hasta asesinatos. Algunos van más allá y aseguran que existen pruebas de ADN que relaciones determinadas muertes de animales con un ser desconocido con alguna vinculación genética con las cabras.
¿Y a ustedes qué les parece? Si quieren saber mi opinión, les diré que en estos casos, y a la vista de los hechos, los testimonios y las pruebas ‒las que existen a favor, y en contra, de cualquiera de las teorías‒ es la misma: el hombre cabra existe. No sabemos su aspecto real, su origen, su genética; desconocemos qué come, cómo se reproduce, qué pautas de vida lleva. Pero sabemos que hay gente que lo ha visto. Sabemos que hay gente, hoy en día, que va en su búsqueda, y que pasa noches enteras en los alrededores de Lake Worth a la espera de que aparezca. Sabemos que puede producir daños en coches; que está detrás de muchos acontecimientos que se producen siempre en la soledad de la noche, en lugares apartados y sombríos. Que tenga forma de cabra ya nos parece significativo, y es que no hace mucho hablábamos aquí del dios Pan, ¿no lo recuerdan?  El hombre-cabra es, en realidad, un fenómeno que nos acompaña a la humanidad desde hace miles de años, representado como el demonio, en la cultura occidental, o como el Krampusch en la tradición nórdica, y a través de muchas otras formas que sería largo de detallar. Así que más nos vale creer en él, y aceptarlo como algo “real” ‒si esta palabra tiene algún valor, algún verdadero significado más allá de nuestra necesidad de agarrarnos a algo‒ que vagar tranquilamente por el campo, de noche, y encontrarnos con él desprevenidos…

(1) Autor de la fotografía: Jovan Cormac / Bajo licencia Creative Commons

jueves, 16 de mayo de 2019

LA BESTIA ASESINA DE MALAWI



Soy un gran amante de la criptozoología, como ya sabéis. Soy consciente plenamente de que se trata de una disciplina controvertida, que la mayoría de las veces tiene que conformarse con migajas de evidencias en forma de testimonios equívocos, cuando no muy cuestionables, y que transita, otras muchas veces, en el difuso territorio entre la realidad y la fantasía.
Como en el resto de disciplinas vinculadas al misterio, basta una pequeña muestra de verosimilitud para que el fogonazo del entusiasmo prenda en la mirada siempre inquieta de los aficionados, que no paramos nunca de prestar atención a las novedades que están surgiendo día a día y de forma constante.

¿Qué fue lo que atacó a los habitantes de Dowa en 2003? ¿Fue una hiena, o fue
otra cosa...?

Quienes seáis viejos en esto, recordaréis el triste caso de la Bestia del Terror de Malawi. Fue un suceso muy conocido que acaeció en el país africano en el año 2003, y cuyas consecuencias más destacadas fueron la muerte de dos ancianas y de un niño de tres años en el poblado de Dowa.
Según los testimonios, la aldea en la que habitaban había sido atacada por sorpresa y durante la noche por un terrible animal que muchos identificarían con una hiena, y que, presa de una rabia incontenible, había los devorado los intestinos de las víctimas mortales, sus órganos sexuales, y había dejado salvajemente mutiladas a otras 16 personas que perderían manos, piernas, narices u orejas entre otros miembros.
La bestia, dijeron también las autoridades científicas, podía haber sido una hiena salvaje. Algo conocido, identificado y, en principio, fácil de neutralizar para el hombre del siglo XXI ‒que también en el empobrecido continente africano cuenta con armas de fuego, por ejemplo‒, pero que aterrorizaría a la población y movilizaría, fuera de sus casas, a cerca de 4.000 personas en la comarca.
También se movilizó al ejército. Un testigo de la operación de caza que se puso en marcha dijo haber logrado ver en un momento dado al animal pero su testimonio, que daba crédito a la hipótesis de la hiena, fue rechazado por quienes habían padecido los ataques.
El animal que ellos habían visto, decían, era mucho más grande que una hiena y tenía las patas mucho más largas. Cierto que en un momento como el de los ataques, y en plena noche, es difícil poder establecer cualquier tipo de testimonio razonable en este sentido pero se trataba, como podemos entender, de un animal muy habitual en la zona, conocido por todos ellos, y que por este motivo debía de haber sido bastante fácil para ellos de poderlo identificar.

Las vastas regiones vírgenes de África podrían esconder aún especies por catalogar...

Como fuera, los rumores acerca de ciertos elementos paranormales en el caso no se hicieron esperar. Ante la falta de una respuesta convincente, por parte del ejército (que no logró encontrar al animal culpable) hubo quien dijo que en el monstruo podía habitar el espíritu de otro animal que había sido sacrificado un año antes con crueldad en la aldea, y que regresaba, así, de la tumba, para vengarse de sus verdugos.
Otros, como Patrick Harpur, verán en esta “Bestia de Malawi” los atributos innegables del ser daimónico, esquivo, difuso y nocturno, que resulta siempre parecido a muchas otras cosas pero sin que nadie lo pueda concretar en algo real.
Yo… En fin, qué queréis que os diga. Soy amante de la criptzoología, así que estas cosas me las llevo a mi terreno.
El mundo está lleno de misterios, podría deciros, cosas que desconocemos y a las que todavía no hemos tenido ocasión de acceder. Animales por catalogar, por ejemplo, que podrían estar escondidos todavía hoy en lo más profundo de un continente infinito, lleno de tierras vírgenes, como es desde luego África…

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