viernes, 12 de agosto de 2016

LECTURAS IMPRESCINDIBLES (V): DIOSES, TUMBAS Y SABIOS, de C.W. Ceram


por Marcus Polvoranca

No siempre es suficiente, pero supone un gran empujón para un libro el haber sido escrito con pasión. Es algo que enseguida nota el lector, y que si va acompañado de talento, de un tema interesante que consiga atraparnos, forma un cocktail explosivo que impedirá que de ninguna manera abandonemos la lectura hasta haber devorado, también con pasión, hasta la última de sus páginas.

Así ocurre con esta maravillosa obra que nos habla, con absoluta pasión, de los hallazgos que en su momento revolucionaron su tiempo y abrieron para occidente los misterios de Egipto, de la Antigua Grecia, de las civilizaciones mesoamericanas y de las llanuras mesopotámicas. Un libro que sumerge al lector en las peripecias novelescas de Howard Carter, el descubridor de la tumba de Tutankamón, del hallazgo de las claves para desentrañar los jeroglíficos, de la pasión del amateur Schliemann y su empeño heroico por descubrir Troya, así como de los misterios en torno a las ciudades abandonadas por Mayas y los habitantes



 de Teotihuacán, o el del Diluvio Universal de las Sagradas Escrituras, que todavía hoy sigue inquietando a muchos investigadores, y cada vez más parece más posiblemente relacionado con algún hecho histórico que tuvo lugar en el pasado.
Un libro fundamental, como decimos, que toca las principales claves de los principales puntos de interés de la Arqueología y que está escrito maravillosamente, sin desmerecer el grado de interés que suscitan muchas de las anécdotas y apuntes biográficos que salpican sus páginas. Una «novela de arqueología», como el propio autor subtitula a la obra, que, como buen libro sobre misterio ‒aunque sea un misterio aceptado, digamos, académicamente‒ plantea todo tipo de preguntas y culmina con un epílogo que supone todo un reto, precisamente, contra el academicismo.

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En él se nos habla de los libros que todavía no pueden escribirse; una especie de invitación a no dejar nunca de fantasear; no abandonar ese espíritu aventurero, romántico, que ha sido el que ha llevado al hombre a logros como los descritos precisamente en estas páginas, y que han de seguir dando, en el futuro, grandes frutos.
Él no lo dice ‒o no lo recuerdo‒, pero nos faltan aún tantas claves de nuestro pasado que el rompecabezas es, pese a todo, un desorden absoluto todavía. Pienso en los orígenes de América, por ejemplo, y es como para que le entre a uno un vértigo insoportable; o en el gran abismo de miles de años que nos separa de los hombres de las cavernas, o de quienes construyeron los grandes monumentos megalíticos, y lo que hay escrito al respecto resulta de risa.
Una lección, la de Ceram, que hay que aprenderse.

Y vivir, aprender e investigar, sin perder nunca esa pasión que acompaña siempre a las grandes obras. 

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