viernes, 21 de febrero de 2014

MONSTRUOS (REALES) DEVORADORES DE HOMBRES (3)


LA MATANZA DE RAMREE




Dicen los libros de zoología que el cocodrilo de agua salada que habita en las costas de Birmania es el mayor reptil del mundo. Con permiso de Nessie, el simpático habitante de las oscuras aguas del lago Ness, este mastodonte llega a alcanzar los 8 metros de largo, y posee la mordedura más letal de todas cuantas se conocen (1,7 toneladas).
El cocodrilo de agua salada está considerado como el mayor reptil del mundo.

Es un cocodrilo, y como tal, peligroso para la especie humana.
No hemos investigado a fondo, pero es de suponer que quienes habitan cerca de él lo respetan como lo que es, y es seguro que habrá multitud de leyendas y anécdotas en torno suyo, como las hay en la India alrededor de tigres y leopardos, o en Europa, con el tan denostado lobo…
Ninguna –estamos seguros– tan estremecedora como la que narran los testigos de la considerada como mayor masacre de humanos a manos (fauces, mejor dicho) de animales, y que tuvo lugar en la isla de Ramree (Birmania), en 1945.
Volvemos así a la Segunda Guerra Mundial.
Ahora no son los aliados (como en el caso del USS Indianápolis) sino japoneses, los que ejercen de desdichados protagonistas.
Era a principios de año, y el ejército aliado había iniciado una ofensiva para hacerse con la costa de Birmania. En la isla de Ramree, cerca de mil soldados japoneses resistían con enorme empeño. No lograron, pese a todo, detener a las tropas británicas e indias participantes en el asalto. En contra de la lógica, que les habría llevado a rendirse, optaron por huir a través de los manglares.
De los cerca de mil soldados japoneses que se adentraron en los manglares,
poco más de 400 sobrevivieron...

Fue allí donde un enemigo mucho más peligroso les aguardaba. Los testigos, como hemos dicho, describen un escenario dantesco, donde los disparos de la batalla se entremezclaban con los aullidos de pavor, los chapoteos en el agua, y el ruido de las ropas, y la carne, al ser desgarradas…
Los cálculos varían según las fuentes, pero todo parece apuntar a que fueron cerca de 400 las víctimas.
400 víctimas armadas, no lo olvidemos, que habían cometido el error de subestimar un territorio prohibido para el hombre...

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