viernes, 28 de febrero de 2014

MONSTRUOS (¿REALES?) DEVORADORES DE HOMBRES (4)

LA BESTIA DE GEVAUDAN


Dice el investigador Robert Dumont que no debemos de hablar de bestia, sino de bestias, en plural, por considerar que los sucesos célebres que se produjeron a mediados del s. XVIII, en una zona rural del interior de Francia –donde más de cien personas murieron a manos de una bestia desconocida, de naturaleza insólita– no son aislados, sino que se han venido produciendo a lo largo de la Historia, aproximadamente desde el s. XV hasta casi nuestros días.
¿Qué extraño animal mató a más de cien personas en Le Gèuvadan (Francia) entre 1764 y 1767?  

En cualquier caso, sí es cierto que el animalito que da nombre a la leyenda se pasó de la raya. Ya lo hemos dicho, más de cien víctimas –130 en total– casi exclusivamente mujeres y niños, que fueron sorprendidos en el silencio de la noche, en mitad de parajes solitarios, mientras trabajaban en el campo.
Sus fechorías son relatadas en el film El pacto de los lobos y allí, como en las investigaciones oficiales que se han llevado a cabo con posterioridad, se explica todo como una conspiración llevada a cabo por el hombre, aunque sin que todos quedemos satisfechos del todo.
Y es que hay muchos cabos sueltos, como suele decirse.
Los testigos que salieron con vida de sus ataques relataron cómo la bestia era capaz de erguirse sobre sus patas traseras; hablaron de un tamaño desproporcionado, y no supieron decir si era hombre o animal, si lobo –el cabeza de turco, como tantas otras veces–, u oso, o cualquier especie habitual de las que todavía hoy campan por aquel rincón agreste de la Occitania.
Era, en cualquier caso, un fenómeno que, como ya hemos dicho, se ha venido produciendo habitualmente en este viejo continente nuestro.
Hombres lobo, los llamaban en la antigüedad. Licántropos, Berserkers… La mitología está llena de casos, y es aquí donde debemos alzar la voz para acallar las risas de los escépticos.
Ellos, claro, dirán que son bobadas. La noche confunde los sentidos; el ataque de un animal, la violencia de las dentelladas, los rugidos y los zarandeos, pueden hacer pensar a cualquiera que está siendo atacado por un monstruo. Dejando a un lado los inconvenientes a todo esto –que Dumont explica muy bien en este artículo–, tenemos que hablar de un caso reciente; que sepamos, aún no resuelto.
Afortunada (o desafortunadamente) aún existen secretos en Europa que dan
sentido a las viejas leyendas...
(Foto: © Copyright Alan Dawson)

Viajemos a Baztán, Navarra, al verano de 2008. Las autoridades informan del hallazgo del cadáver de un oso, que ha sido encontrado por los miembros de una familia en pleno bosque. Al día siguiente, tras la necropsia realizada por los técnicos del gobierno foral, se informa de que el cadáver no corresponde a un oso, sino a un perro de gran tamaño –más de cien kilos– de una raza que no se puede determinar por el estado de los restos.
Las fotografías tomadas al animal hablan por sí solas. El misterio se despliega ante nosotros con una sonriente reverencia.
¿A qué tanto misterio? ¿A qué tantos errores, tan poca claridad en las conclusiones?
¿De qué enorme perro, oso mutante, o lo que sea, estamos hablando?
¿Y por qué ya no se volvió a saber nada más?
En el mundo del ADN, de la tecnología forense que todo lo puede…
¿Podría, quizá, tener algo que ver aquel impresionante hallazgo con la bestia –o bestias– de Gevaudan?
¿Con las leyendas sobre el hombre lobo?

O “simplemente” –pongámonos a imaginar– los bosques y montañas de la vieja Europa aún esconden secretos que –¡ay!–, hacen el mundo más interesante si cabe...

miércoles, 26 de febrero de 2014

LOS MEGALITOS Y EL SECRETO DE LA ATLÁNTIDA



Los misterios del pasado parecen tener una raíz común en lo inmenso, lo desmesurado. Uno viaja por el mundo y no encuentra más que piedras enormes, apuntando hacia el cielo, o apiladas para formar desgastados monumentos que escapan a toda lógica.
¿Son los monumentos megalíticos repartidos por todo el mundo la prueba
de una antigua civilización perdida, con centro en el Atlántico?

Hablamos de Carnac, de Malta, de los talayots de Baleares –por supuesto, de Stonehenge–, pero también de Bimini, del Cáucaso, de la India, y quién sabe de dónde más.
(¿Quizá del Yucatán, y de los olmecas?)
Es posible.
Lo que sí es cierto es que de esta cultura apenas sabemos nada. Dicen que en Carnac había más de 10.000 menhires, de los que hoy “tan sólo” quedan 3.000. Algunos permanecen sumergidos bajo el agua. No sabemos para qué fueron alineados de aquella manera, como tampoco conocemos realmente las funciones de Stonehenge.
¿Qué sentido tienen esas enormes disposiciones de piedras en Carnac (Bretaña francesa)?

Desde el cielo, apuntan algunos, todo cobra sentido. Los puntos que constituyen las piedras comienzan a dibujar líneas, círculos misteriosos. Como en Bimini. Allí han querido ver algunos restos de un puerto antiguo, quizá el de la mítica Atlántida…
Son muchas las pruebas, e infinitas las conclusiones.
El terreno que el mar ganó a la costa tras la última glaciación podría ser la clave. Muchos de estos monumentos fueron erigidos junto a la costa, y quizá bajo las aguas estén los grandes monumentos, los que no han llegado hasta nosotros por esa circunstancia.
Hay una leyenda, la de los gigantes de Chipre, que sobrevuela todos estos enigmas y los convierte en algo más excitante. Pensar en una raza de hombres de dimensiones mayores a la nuestra es una tentación que enseguida nos hace cruzar los brazos y echarnos hacia atrás, pensativos. Enseguida la rechazamos, por absurda. Pero, ¿y si tras esa leyenda hubiera algo de cierto? ¿Y si esos gigantes estuvieron realmente detrás de esa cultura? Quizá no exactamente gigantes, pero sí otra cosa.
No olvidemos las descripciones que los pobladores del Nuevo Mundo hacían de los conquistadores a lomos de sus caballos… ¡Los tachaban de dioses! 
¿Tienen algo que ver con estas construcciones las leyendas acerca de una extinta raza
de gigantes que pobló en el pasado la tierra?

¿Pudieron haber hecho lo mismo quienes llegaron al Mediterráneo tras el cataclismo, o desastre, o lo que fuera que acabó con la civilización que erigió los megalitos?
Quizá nunca lo sabremos; o sí... 
El próximo reto está en el lecho marino, sin duda; no demasiado lejos de la costa...

viernes, 21 de febrero de 2014

MONSTRUOS (REALES) DEVORADORES DE HOMBRES (3)


LA MATANZA DE RAMREE




Dicen los libros de zoología que el cocodrilo de agua salada que habita en las costas de Birmania es el mayor reptil del mundo. Con permiso de Nessie, el simpático habitante de las oscuras aguas del lago Ness, este mastodonte llega a alcanzar los 8 metros de largo, y posee la mordedura más letal de todas cuantas se conocen (1,7 toneladas).
El cocodrilo de agua salada está considerado como el mayor reptil del mundo.

Es un cocodrilo, y como tal, peligroso para la especie humana.
No hemos investigado a fondo, pero es de suponer que quienes habitan cerca de él lo respetan como lo que es, y es seguro que habrá multitud de leyendas y anécdotas en torno suyo, como las hay en la India alrededor de tigres y leopardos, o en Europa, con el tan denostado lobo…
Ninguna –estamos seguros– tan estremecedora como la que narran los testigos de la considerada como mayor masacre de humanos a manos (fauces, mejor dicho) de animales, y que tuvo lugar en la isla de Ramree (Birmania), en 1945.
Volvemos así a la Segunda Guerra Mundial.
Ahora no son los aliados (como en el caso del USS Indianápolis) sino japoneses, los que ejercen de desdichados protagonistas.
Era a principios de año, y el ejército aliado había iniciado una ofensiva para hacerse con la costa de Birmania. En la isla de Ramree, cerca de mil soldados japoneses resistían con enorme empeño. No lograron, pese a todo, detener a las tropas británicas e indias participantes en el asalto. En contra de la lógica, que les habría llevado a rendirse, optaron por huir a través de los manglares.
De los cerca de mil soldados japoneses que se adentraron en los manglares,
poco más de 400 sobrevivieron...

Fue allí donde un enemigo mucho más peligroso les aguardaba. Los testigos, como hemos dicho, describen un escenario dantesco, donde los disparos de la batalla se entremezclaban con los aullidos de pavor, los chapoteos en el agua, y el ruido de las ropas, y la carne, al ser desgarradas…
Los cálculos varían según las fuentes, pero todo parece apuntar a que fueron cerca de 400 las víctimas.
400 víctimas armadas, no lo olvidemos, que habían cometido el error de subestimar un territorio prohibido para el hombre...

martes, 18 de febrero de 2014

MONSTRUOS (REALES) DEVORADORES DE HOMBRES (2)

LOS DEMONIOS DE TSAVO

A finales del s. XIX, el continente africano era un inmenso pastel que las potencias europeas se repartían sin tapujos –ahora el proceso es más sutil, aunque en el fondo igual de brutal–, expoliando tierras, recursos humanos y todo lo que brillara o tuviera algún valor para ese capitalismo internacional que comenzaba a desarrollarse.
James Henry Patterson posa junto a uno de los temibles leones.

Es en este escenario, durante la construcción de una línea de ferrocarril en Tsavo, Kenia, cuando ocurren los hechos que nos disponemos a contar.
Dirigía los trabajos un tal John Henry Patterson, teniente coronel del ejército británico, que fue quien, posteriormente, se encargó de contarlo todo; a veces –según las malas lenguas– exagerando la magnitud de la tragedia, con cifras que variaban de una versión a otra.
¿De qué hablamos?
De leones devoradores de hombres.
Dos ejemplares en concreto, de una raza peculiar, sin las melenas que caracterizan a los machos de la especie.
Aparecían de noche en los campamentos, y entraban directamente a las tiendas de campaña para atacar a sus víctimas.
Cabe imaginar el horror; las sensaciones que debían de experimentar esos hombres indefensos al escuchar los gritos de quienes estaban siendo devorados…
Por lo que se cuenta, la actitud de los leones era verdaderamente extraña. Siguieron adentrándose en los campamentos a pesar de las medidas de seguridad que Patterson fue adoptando. No parecían frenarles ni las vallas de espino, ni los guardias armados, ni el empeño enfermizo –como no podía ser de otra manera– del propio Patterson acechándolos, con su rifle, subido a los árboles.
Los demonios de Tsavo, dos leones que han pasado a la historia
como protagonistas de uno de los casos de devoradores de hombres más extraño,
y terrorífico, de la historia reciente...

Los leones terminaron asesinando –según las fuentes– entre 35 y 135 personas.
(Los análisis a los que han sido sometidos los cadáveres –afortunadamente para Patterson, y para la corona británica, los animales fueron finalmente abatidos– revelan que, efectivamente, sus organismos habían asimilado gran cantidad de carne humana…)
¿A qué pudo deberse esta locura animal, esta demencia felina, de proporciones terroríficas?
Para la ciencia hay muchas explicaciones, todas sensatas y razonables. Pero para quienes vivieron aquel infierno, aquellos animales –hoy disecados, y expuestos al público en un museo de Chicago–, eran algo sobrenatural, quizá proveniente de otro mundo…

viernes, 14 de febrero de 2014

MONSTRUOS (REALES) DEVORADORES DE HOMBRES


( (1)LOS TIBURONES DEL INDIANAPOLIS





La Segunda Guerra Mundial es uno de los episodios más trágicos y sangrientos de la historia 
reciente del hombre. Pero las aberraciones cometidas por los nazis, y los miles de muertos en bombardeos, batallas, hambrunas y campos de exterminio, no parecieron ablandar ni mucho menos a la naturaleza, que como si nada siguió a lo suyo a lo largo del conflicto, a veces incluso con una crueldad que espanta…
El USS Indiannapolis es protagonista de uno de los episodios más
aterradores de la Segunda Guerra Mundial

Fue el caso de lo acaecido a finales de junio de 1944, en pleno mar de Filipinas.
Hacia la medianoche, el USS Indianapolis, barco de la Armada Norteamericana, recibía por sorpresa el impacto de varios torpedos lanzados por un submarino japonés, que en tan sólo 12 minutos terminaban por hundirlo. Cerca de 900 supervivientes quedaban, a partir de entonces, a la deriva, flotando en mar abierto y expuestos a todos los peligros que acechan desde las profundidades…
Hablamos de tiburones, por supuesto.
Decenas, cientos, que llegaron en poco tiempo, atraídos por el ruido del hundimiento, y el olor de la sangre que flotaba por todas partes.
Cuentan los supervivientes que primero se centraron en los cadáveres. El ruido de su chapoteo infernal devorando miembros, masticando huesos y vísceras, debía de ser ya, de por sí, suficiente para paralizar a cualquiera. Muchos, de hecho, gritaban aterrados ante el espectáculo invisible, y algunos se hundieron, incapaces de hacer el esfuerzo necesario para flotar.
Los temibles tiburones tigre estuvieron entre los invitados al festín.

Los soldados comenzaron a organizarse, a reunirse en círculo para hacer frente a las alimañas. Pero esto, que al principio pareció resultar efectivo, no supuso mayor problema para los tiburones.
Terminados los cadáveres, pasaron a probar suerte con los que aún estaban vivos. Primero los heridos, sin rechazar alguno que anduviera cerca. Les atraía la sangre, pero también los movimientos bruscos, los gritos, las brazadas desesperadas. Por eso, quienes habían sufrido alguna amputación reciente, o quienes comenzaron a delirar horas después, por haber ingerido agua de mar –apenas contaban con víveres tras el hundimiento– eran apartados del grupo, que seguía siendo seguro en el centro…

Cuatro días después, llegaba la ayuda y el rescate de los náufragos. Tan sólo 316 hombres seguían con vida. El resto, habían sido devorados.

martes, 11 de febrero de 2014

LOS SECRETOS DE LA WEB INVISIBLE



Hay una Internet oculta, que pasea por delante de nuestras narices sin que nos demos cuenta. Los expertos la denominan Deep Web, y suele representarse con la figura de un iceberg, donde la punta visible es lo que conocemos todos, y el gran fragmento sumergido –más de diez, o veinte veces, mayor que el otro–, esa información que no aparece en los buscadores, y que escapa al control de las autoridades…
El Internet que conocemos es sólo la punta de algo inmenso, y al parecer,
descontrolado...

Son las cloacas del mundo moderno.
Quienes han entrado dicen que aquello está lleno de porquería. Hablan de transacciones con dinero ficticio, creado específicamente para este escenario; venta de sustancias prohibidas, servicios ilegales, crímenes horribles registrados en imágenes y vídeos…
Todo, con el beneficio del anonimato (supuestamente).
Y es que cabe imaginarse a quién beneficia un lugar como éste.
Y cómo es posible escapar al control en un mundo tan controlado.
¿Nuevos paraísos fiscales?
Nadie lo explica; casi nadie lo divulga; y ahí, quizá, esté la clave.
Deep Web suena a ciencia ficción, pero es tan real como esa corrupción que últimamente se airea tanto, con tanto colorín y flashes e indignaciones a gritos, y que tan poco se preocupa de ir al origen de las cosas… A su causa primera y primordial, y a sus principales responsables.
Internet, ese universo paralelo que crece y crece sin parar... ¿A nuestras espaldas?

Cuando se estudie, en el futuro, nuestra civilización –si es que no queda todo arrasado por esos cambios climáticos, y demás–, probablemente esos hombres del futuro se admiren de nuestra ignorancia.
Peor si se piensa que nunca se han tenido tantos medios para combatirla como ahora.


....

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lunes, 3 de febrero de 2014

JULIA B. Y LA LEYENDA DE LA ISLA PERDIDA EN MITAD DE LA NOCHE



Ya a la venta!!!

JULIA B. Y LA LEYENDA DE LA ISLA PERDIDA EN MITAD DE LA NOCHE

la primera novela de 

Marcus Polvoranca


Sinopsis: 

Julia B., una treinteañera que sueña aún con convertirse en actriz, busca desesperadamente un empleo que le permita sobrevivir y mantener su independencia. Un día recibe la llamada de una empresa que necesita cubrir un puesto de teleoperadora. Aunque no es el trabajo de sus sueños, tiene algo de experiencia en el sector, y acepta acudir a la entrevista. La primera decepción llegará al descubrir lo apartada que está la oficina, lo lejos que queda de casa y de todo. La segunda, cuando se entere de que en la empresa no andan buscando una teleoperadora exactamente...

Misterios, enigmas históricos, amor, suspense...
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Julia B. y la leyenda de la isla perdida en mitad de la noche




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