miércoles, 13 de noviembre de 2013

MORGAN ROBERTSON Y OTROS ENIGMAS DEL HUNDIMIENTO DEL TITANIC

¿Es posible adivinar el futuro?
Según la ciencia actual, se trata de una habilidad inexistente, más allá de las casualidades o del estudio concienzudo de las probabilidades, y demás.
¿Cómo pudo el escritor Morgan Robertson plasmar en su novela Futility
un suceso tan parecido al que ocurriría, años después, al Titanic?

No obstante, la historia nos deja datos incuestionables, que difícilmente dejan indiferente, y obligan a pensar en una revisión urgente de esos postulados.
En 1898, un escritor norteamericano llamado Morgan Robertson escribe un libro titulado Futility, en el que narra el accidente sufrido por un enorme trasatlántico llamado Titán, que se hunde en medio del Atlántico Norte tras chocar contra un iceberg que flotaba a la deriva.
La historia, tan asombrosamente parecida a la del mítico Titanic, que sufriría en 1912 –casualmente también en abril, como el Titán– un accidente parecido, pone los pelos de punta.
Y no sería la única predicción de este misterioso escritor.
Morgan Robertson (1861-1915)

Posteriormente, en 1914, publica una novela que anticipa, de alguna manera, el enfrentamiento posterior entre Estados Unidos y Japón en la Segunda Guerra Mundial, con ataque sorpresa de los japoneses a territorio norteamericano incluido, y final con bomba atómica (al menos para quienes interpretan así cierta explosión descrita por el autor al final del libro).
Las predicciones de Robertson recuerdan mucho a las de las novelas de Julio Verne, que ya comentamos aquí. En el caso del norteamericano, tienen la tenebrosa pátina de la tragedia, y están asociadas con algunas teorías conspiranoicas que pueden oírse por ahí.
Como que el iceberg aquél fue puesto en el camino del buque a propósito, y que la intención fue, desde el principio, hundirlo para robar el oro que llevaba dentro…
Lo que está claro, es que no hay nada más excitante para las imaginaciones futuras que una gran catástrofe de las dimensiones metafóricas del Titanic, la primera gran pifia de la razón del s. XX, que, como pudo aventurar Robertson (no sabemos por qué medios), estaba a punto de de adentrarse en una nueva edad oscura…
¿Quién sabe si el pobre, como tantos otros visionarios del pasado siglo, no fue víctima también de una conspiración?

Lo suyo fue un suicidio en una solitaria habitación de hotel, como hemos visto tantas veces…

No hay comentarios:

Publicar un comentario