jueves, 21 de noviembre de 2013

MOTHMAN, EL HOMBRE POLILLA



Los testigos dicen que se trata de un ser enorme, con gigantescas alas de insecto y unos hipnotizantes ojos rojos. Unos lo describen como completamente negro, pero hay quien asegura que es blanco.
Sólo hay una certeza, y es que su aparición lleva repitiéndose por todo el mundo al menos desde 1966, que es cuando se hizo público su primer avistamiento.

¿A qué obedece el extraño fenómeno conocido como "Mothman" u "Hombre polilla"?
¿Es simple imaginación? ¿Una ramificación del fenómeno OVNI? ¿O una simple leyenda urbana?


Fue en el estado de Virginia Occidental, en EE.UU., en las proximidades de un almacén de explosivos de la Segunda Guerra Mundial.
Al poco de aquello, un puente se vino abajo, matando a más de cuarenta personas, y muchos expertos han querido relacionar ambos fenómenos…
Y es que podría tratarse de una especie de ser que intenta advertir de desastres. Se le ha visto, dicen, antes de importantes terremotos, atentados como los del 11 S, y otras catástrofes del estilo. Parece ser que Mothman, pese a su aspecto terrorífico, no es para nada agresivo, e intenta siempre comunicarse con los humanos…
Es, seguramente, uno de los fenómenos más equívocos, más difíciles de catalogar, dentro del mundo del misterio…
También hay referencias que lo vinculan al fenómeno OVNI. O al más allá, como un enviado de otra dimensión. Muchos aseguran soñar con él, como un ser premonitorio que, como hemos dicho, adelanta acontecimientos trágicos que están por llegar.


Carreteras solitarias, en las horas centrales de la noche, son uno de
los escenarios preferidos de este extraño ser...

Quien quiera conocer la leyenda, tiene a su disposición libros, películas, apariciones en televisión.
Pero quien desee saber la verdad, tendrá que esperar a encontrárselo en una noche fría, desapacible, apostado al borde de una oscura y solitaria carretera…
(Los casos más recientes lo sitúan en Chile, hogar de tan ricos y fascinantes misterios...)

miércoles, 13 de noviembre de 2013

MORGAN ROBERTSON Y OTROS ENIGMAS DEL HUNDIMIENTO DEL TITANIC

¿Es posible adivinar el futuro?
Según la ciencia actual, se trata de una habilidad inexistente, más allá de las casualidades o del estudio concienzudo de las probabilidades, y demás.
¿Cómo pudo el escritor Morgan Robertson plasmar en su novela Futility
un suceso tan parecido al que ocurriría, años después, al Titanic?

No obstante, la historia nos deja datos incuestionables, que difícilmente dejan indiferente, y obligan a pensar en una revisión urgente de esos postulados.
En 1898, un escritor norteamericano llamado Morgan Robertson escribe un libro titulado Futility, en el que narra el accidente sufrido por un enorme trasatlántico llamado Titán, que se hunde en medio del Atlántico Norte tras chocar contra un iceberg que flotaba a la deriva.
La historia, tan asombrosamente parecida a la del mítico Titanic, que sufriría en 1912 –casualmente también en abril, como el Titán– un accidente parecido, pone los pelos de punta.
Y no sería la única predicción de este misterioso escritor.
Morgan Robertson (1861-1915)

Posteriormente, en 1914, publica una novela que anticipa, de alguna manera, el enfrentamiento posterior entre Estados Unidos y Japón en la Segunda Guerra Mundial, con ataque sorpresa de los japoneses a territorio norteamericano incluido, y final con bomba atómica (al menos para quienes interpretan así cierta explosión descrita por el autor al final del libro).
Las predicciones de Robertson recuerdan mucho a las de las novelas de Julio Verne, que ya comentamos aquí. En el caso del norteamericano, tienen la tenebrosa pátina de la tragedia, y están asociadas con algunas teorías conspiranoicas que pueden oírse por ahí.
Como que el iceberg aquél fue puesto en el camino del buque a propósito, y que la intención fue, desde el principio, hundirlo para robar el oro que llevaba dentro…
Lo que está claro, es que no hay nada más excitante para las imaginaciones futuras que una gran catástrofe de las dimensiones metafóricas del Titanic, la primera gran pifia de la razón del s. XX, que, como pudo aventurar Robertson (no sabemos por qué medios), estaba a punto de de adentrarse en una nueva edad oscura…
¿Quién sabe si el pobre, como tantos otros visionarios del pasado siglo, no fue víctima también de una conspiración?

Lo suyo fue un suicidio en una solitaria habitación de hotel, como hemos visto tantas veces…

lunes, 4 de noviembre de 2013

SOBRE LOS ENIGMAS EN TORNO A LINCOLN



Abraham Lincoln murió en 1865, durante una representación teatral. Su asesino, un actor simpatizante del Sur, burlaba la presumiblemente férrea seguridad del presidente, y le descerrajaba un tiro en la cabeza que a las pocas horas acabaría con su vida.
Abraham Lincoln (1809-1856)

Era éste, sin duda, un final digno de una figura enigmática, llena a partes iguales de grandezas, miserias, y preguntas todavía hoy sin resolver.
Existe un Lincoln héroe de los antiesclavistas; un Lincoln cuyo fantasma se pasea aún hoy por la Casa Blanca. Un Lincoln que pudo haber sido homosexual; un Lincoln espiritista que vivió la Guerra de Secesión entre apariciones y visiones premonitorias, y en la ficción, la maravillosa y grotesca ficción de algunos locos, hay incluso un Lincoln cazavampiros, que eleva el mito hasta situarlo –con algunas reservas que irá despejando el tiempo– a la altura del Cid, de Robin Hood y otros héroes populares cicatrizados en superhéroes.
Todos hemos oído hablar de las coincidencias de datos con Kennedy, el otro mártir de la democracia americana. Aunque sorprendentes, no dejan de ser un juego para creyentes. Fechas, edades, números, circunstancias diversas… A veces parecen más una maniobra de despiste que otra cosa. Un intento del conspirador por alejar las pistas que conducen a él y situar al culpable en el territorio etéreo y confuso de lo sobrenatural.
Pero la verdad es mucho menos compleja, o al menos mucho menos fantástica. Es una verdad del aquí y el ahora, que se resuelve mirando a nuestro alrededor y tratando de comprender los mecanismos que rigen los grandes asuntos.
Detrás del asesino de Lincoln, como detrás del de Kennedy, hay poderes oscuros que van más allá de los pobres diablos que presuntamente apretaron el gatillo.
Hay ese poder en la sombra del que hablan algunos libros.
Hay esas sociedades secretas que tan alegremente se caricaturizan en libros de gran éxito, que son –o eso nos parece– como los anuncios de ciertas cadenas comerciales, que utilizan el dinero gastado en publicidad como moneda de cambio para no aparecer en los espacios destinados a noticias, donde su imagen, de contarse allí la verdad del día a día, podría verse gravemente perjudicada…
La verdadera y única coincidencia entre Lincoln y Kennedy son esas balas que atravesaron sus cabezas. Balas destinadas –parece claro y evidente– a evitar que esas cabezas pensaran por sí mismas.

Un aviso para navegantes.