miércoles, 25 de septiembre de 2013

PELÍCULAS IMPRESCINDIBLES (3): POLTERGEIST



¿Existen verdaderamente los fantasmas?
La ciencia no ha podido certificarlo aún, aunque generaciones de humanos relatando miles, millones de experiencias, no deberían equivocarse.
¿Existen verdaderamente los fantasmas?

Spielberg (y la industria de Hollywood), si algo saben hacer, es tocar la fibra del público, lo más recóndito del alma, de lo primigenio que llevamos dentro, para sacarse un dineral.
Poltergeist (1982) es un claro ejemplo.
Es esta una de esas películas que sobreviven a su estreno. Un mito, un ejemplo canónico que se repetirá muchas veces después.
¿Quién no ha oído hablar de los problemas con espectros que tuvieron sus creadores durante el rodaje? ¿Quién no ha escuchado relatos sobre lo que padecieron quienes trabajaron en ella? Muertes, enfermedades, contratiempos… Realidad o ficción (en opinión de muchos, leyendas urbanas o pura propaganda), hay que reconocer que funciona.
Es una buena historia, ante todo, que hay que saber apreciar en su contexto.
Las frases de la niña (una suerte de niña de los ojos rojos reconvertida), la leyenda del cementerio indio, los efectos especiales, aquella terrorífica televisión en gris, haciéndonos temblar, son parte del imaginario colectivo. Aunque la hayamos visto mil veces, sigue sin dejarnos indiferente. Quienes crecimos con ella, tenemos difícil entrar a una nueva casa sin pensar qué puede haber todavía en ella de indeseable, de residuos paranormales…
Hay que verla, claro, y pensar. Pensar que el infinito de esta realidad nuestra no sólo se extiende hacia fuera, hacia las estrellas, sino que también penetra hacia dentro, y nuestra mente (quizá lo más enigmático de todo lo que somos) encierra también galaxias, universos, que desconocemos.

Los fantasmas podrían ser una invención suya, por qué no. Pero también otra cosa que, desde luego, sea cual sea su naturaleza, no controlamos…

martes, 24 de septiembre de 2013

EL CÍRCULO DE GOSECK



Solemos admirarnos de los conocimientos astronómicos de los mayas, de la sabiduría egipcia en torno al Universo, y sólo recientemente, y muy poco a poco, caemos en la cuenta de que la vieja Europa –la viejísima Europa– mira al cielo estrellado, al parecer, desde hace muchísimo tiempo, más de lo que nos habían enseñado a creer.
El misterio del círculo de Goseck, en Alemania, se remonta, según los expertos,
a cerca de 5000 años antes de Cristo...

Si los datos que ofrecen las últimas investigaciones no fallan, podríamos estar hablando del observatorio astronómico más antiguo del planeta.
Es el círculo de Goseck, en la región alemana de Sajonia, muy próximo a donde fue encontrado el disco de Nebra, que ya comentamos por aquí.
Goseck es sólo uno más de los muchos túmulos circulares hallados por todo el continente; quizá el más espectacular de todos.
Como las pirámides centroamericanas, se eleva sobre la llanura hacia el cielo, y permite observar la belleza perfecta de los fenómenos astronómicos, tales como los solsticios.
Su antigüedad, de aproximadamente 5.000 años –si no más– es una prueba de que, como en otros casos, apenas sabemos nada de aquellos hombres responsables de otras maravillas toscas y grandiosas como Stonehenge. Sólo que se agrupaban en tribus, que sabían el secreto de los metales, de la agricultura… y que eran capaces de manejar enormes pilares de piedra maciza, de toneladas de peso, y colocarlos, como si se tratara de niños jugando, al modo en que se disponen los naipes para formar un castillito.
Lo curioso de todo, tal y como han repetido incansablemente algunos expertos, es que monumentos como el de Goseck sólo se aprecian en su totalidad vistos desde el cielo. Recuerdan, en ello, a las líneas de Nazca.
El disco de Nebra, según todos los indicios, perteneció a la misma cultura
megalítica que erigió Gosek, y que tenía una enorme preocupación e interés por lo que
revelaban las estrellas...

Volviéndonos locos, un poco más atrevidos de lo normal, podríamos apuntar a interesantes teorías que nos llevan a pensar, por ejemplo: ¿y si fueran un mensaje del pasado de cara al futuro que es, quizá, éste, nuestro presente? ¿Y si no es una casualidad que fueron puestos ahí para que el hombre los viera sólo cuando fuera capaz de volar? ¿Debemos creer en la simpleza de sus artífices? ¿O por el contrario, pensar que su simpleza es sólo un intento de seres distintos, completamente alejados de nosotros, por comunicarse? ¿Podrían esos círculos, esas líneas rectas que repasan la trayectoria del Sol, ser como la melodía simple e infantil de “Encuentros en la Tercera Fase”?

Aunque no lo fuera, nos encanta pensarlo…

viernes, 20 de septiembre de 2013

LA PLATAFORMA DE BAALBEK



Cuando los romanos aparecieron por allí, no eran ya más que unas ruinas. Unas ruinas inmensas, imposibles, que debieron dejarles impresionados. No en vano, se apresuraron a erigir sobre ellas un templo, dedicado a su adorado Júpiter.
¿Cómo fueron capaces aquellos hombres aquellos inmensos sillares?
¿Poseían una tecnología desconocida, quizá proveniente de algún lugar remoto del espacio?

Antes, ya lo habían hecho los griegos. Pero ellos, como los romanos, se habían limitado a aprovechar ruinas anteriores. Antiguas, no sabemos de cuándo, pero sí que quienes las levantaron debían manejar una técnica que se nos escapa.
Y es que en Baalbek, al norte del Líbano, encontramos sillares de veinte metros de largo y más de 2 toneladas de peso. Ir allí y fotografiarse con una de aquellas moles es suficiente para comprender que hablamos de un absoluto misterio. Las explicaciones que se han dado para la construcción de las pirámides egipcias se quedan cortas, y vienen a la mente otros misterios, más lejanos, como el de Tihuanaco.
Parece claro que la plataforma fue utilizada por un pueblo antiguo para adorar al dios Baal, un dios creador del mundo que estudiosos como von Daniken asocian a mitos que recorren el mundo entero, y que hacen referencia a seres venidos de otros mundos, que habrían sido responsables de la civilización en la tierra.
Como sea, pocas cosas hay en el mundo más impresionantes que aquellas ruinas. Y surgen, seguidamente, algunas preguntas: ¿cómo fueron capaces, en el pasado, de manejar aquellas inmensas piedras? ¿Qué función tenía aquella plataforma? ¿Cuántas más podría haber en otras partes del mundo, quizá cubiertas de tierra, formando mesetas que confundimos ahora con formaciones naturales?

A veces da la impresión que lo que hemos dejado en el pasado es mucho más incierto que lo que nos acecha en el futuro… ¿No creen?

lunes, 16 de septiembre de 2013

LOS 10 LUGARES MÁS MISTERIOSOS Y ENIGMÁTICOS DE ESPAÑA


(O AL MENOS LOS 10 QUE MÁS NOS ENTUSIASMAN)

(1) TOLEDO


Toledo, como en el cuadro del Greco, parece alzarse hacia un cielo
perturbador, a veces, también, azul y limpio.

La capital del imperio visigodo es, con toda seguridad, la más misteriosa del país. Durante siglos, desde su oscuro y misterioso origen, hasta nuestros días, acogió y fue venerada por los más diversos pueblos. Todos dejaron en ella sus huellas; algunas muy visibles, y otras sólo apreciables por los verdaderos iniciados… A destacar, las leyendas en torno a la cueva de Hércules y la Mesa de Salomón, y sus noches de invierno, con las calles cubiertas por la húmeda niebla del Tajo.

(2) MONTSERRAT
El monasterio de Montserrat esconde algunos de los enigmas más apasionantes no ya sólo de España, sino de todo el mundo. Hay quien cree, como los nazis, que sus monjes conocen el secreto de Santo Grial, y que la reliquia podría esconderse en sus proximidades…

(3) LA CUEVA DE LOS 7 ALTARES
Quien viaja a las Hoces del río Duratón, en Segovia, queda impresionado por la belleza inmensa de sus paisajes. Pocos saben que, escondida en las paredes de la garganta que forma el río, en un recóndito rincón de difícil acceso, entre la maleza, a resguardo de la luz del sol, se halla el que se considera uno de los primeros templos religiosos de la península. Una ermita excavada en la roca que, si bien no es de las más espectaculares, sí que sugiere a quien la visita otros tiempos de eremitas heroicos, de recato y silencio, y quién sabe si no de secretos que, con dificultad, poco a poco revela la Historia…

(4) LOS DÓLMENES DE ANTEQUERA
Entrada a uno de los maravillosos y parcialmente
desconocidos dólmenes de Antequera

Los apasionados por los enigmas de la Historia conocen muy bien la importancia de la cultura megalítica que recorrió el Mediterráneo en el pasado, y cuyas huellas –inmensas huellas– aparecen diseminadas por toda Europa. En Antequera (Málaga) perviven algunos de los ejemplos más impresionantes de esta cultura. Es en esos dólmenes donde uno siente mejor la conexión con los antepasados, donde verdaderamente se percibe la continuidad de la Historia.



(5) SANTIAGO DE COMPOSTELA (Y FINISTERRE)

Quienes se empeñaron en describir este lugar como el último de la tierra, querían mentir. Como los fenicios, pretendían guardar el secreto para sí mismos. La tierra continuaba, claro que sí, pero la puerta estaba más abajo, en las columnas de Hércules. Santiago no era más –y nada menos– que un balcón al Océano, un rinconcito celta desde el que asomarse en los atardeceres mágicos y las noches de los solsticios, rodeados de hogueras; hermanados, a través de aquellos ritos, con hermanos del resto de Europa.

(6) ALCORCÓN
Las imágenes del OVNI presuntamente avistado en Alcorcón
a finales de los años sesenta recorrió el mundo entero.
Tendemos a subestimar los lugares superpoblados. Las ciudades dormitorio, que tan bien conocemos, y que guardan algunos secretos. Bajo la capa de torres de viviendas como panales, en nuestros parques, nuestras avenidas, nuestros centros comerciales, también habita el misterio. En Alcorcón, a pocos kilómetros de Madrid, se dan cita algunos inquietantes enigmas. Entre ellos, el más célebre es el de los avistamientos OVNI de finales de los sesenta. Que finalmente se desenmascarase aquel caso como falso no ha impedido que, al pasar por allí de vez en cuando, sigamos alzando la mirada por ver qué atraviesa el firmamento.

(7) EL YACIMIENTO DE CANCHO ROANO
Situado en Badajoz, en las proximidades de Zalamea de la Serena, es, básicamente, el yacimiento tartésico mejor conservado de la península. Pero para quien lo visita es mucho más. Sin miedo a equivocarnos –y a que nos llamen de todo–, es, probablemente, la muestra más llamativa de la conexión, en el pasado, entre las culturas, digamos, euroasiáticas, y las de la América pre colombina. Basta ver por encima la forma del templo extremeño, o algunos de los bajorrelieves hallados en él.

(8) EL ESCORIAL
El Escorial, ¿Mesa de Salomón de Felipe II?

El legado más misterioso del rey más misterioso. Un poema alquímico en piedra. Geometría pura y austera; una mesa de Salomón de un rey igual de enigmático y poderoso. Merece mil visitas, y mil libros. El Escorial, a las faldas de la sierra de Guadarrama, es una joya legada a los amantes del misterio.

(9) LAS CARAS DE BÉLMEZ
De ser un fraude, como aseguran los escépticos, sería un fraude encantador y misterioso, a la altura del legendario sabueso de los Baskerville. Esas caras, esa leyenda que no nos cansamos de escuchar, son parte de nuestra historia. Seguirán pasando los años, y seguiremos queriendo saber qué ocurría en aquella casa de Bélmez, provincia de Jaén.

(10) LAS PIRÁMIDES DE GÜÍMAR

Si Thor Heyerdhal no se equivocaba, las pirámides de Güímar (Santa Cruz de Tenerife) son la prueba más evidente de la navegación oceánica en el pasado. Su existencia se suma al hallazgo de monedas púnicas en las Azores, o a las inscripciones fenicias en el norte de América. Si la Historia oficial tiene cabos sueltos, desde luego el de estas pirámides es uno de los más imponentes. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

EL ENIGMÁTICO MAPA DE PIRI REIS



Su color es el suave marrón de la piel de la gacela. Representa costas, rutas, vientos, dibujos fascinantes sobre algunas cosas que se hallan en los lugares de los que da testimonio. Es, probablemente, el mapa conocido más fascinante y enigmático de la historia…
El mapa de Piri Reis sigue fascinando e inquietando a los expertos y amantes del misterio.

Elaborado en 1513 por el almirante turco Piri Reis, incluye algunos territorios que por entonces, en teoría, no se conocían. Se supone que está basado en los mapas de Colón, pero representa América extendiéndose hacia el Sur, hacia la misma Patagonia, de la que por entonces no se sabía nada…
Su misterio arranca en 1929, cuando fue descubierto en Estambul, en el palacio de Topkapi, por un grupo de investigadores. Las malas lenguas se apresuraron entonces a sugerir un posible fraude, algo que parece totalmente descartado (aunque aún hoy, las autoridades turcas sigan empeñadas en no mostrarlo en público).
El hecho es que, tras la primera impresión, el mapa no suscitó demasiado interés entre los expertos. Y eso a pesar de sus muchos misterios.
¿Contaron Cristóbal Colón y Piri Reis con las mismas misteriosas fuentes? ¿Sabían ambos
de la existencia de un continente más allá de las Columnas de Hércules?

Algunos investigadores han descubierto que ciertos territorios representados en el mapa corresponden a líneas de costa sumergidas, que podrían haber estado por encima del nivel de los océanos allá por el final de la Era Glacial. También que el continente que aparece en la parte inferior del mapa corresponde, en gran medida, a la actual Antártida, una porción del globo de la que en época de Piri Reis no se tenía ni idea. A no ser que tengan razón quienes defienden que los chinos habrían bordeado sus costas en el mítico viaje de 1421
El caso es que, como en otros enigmas de la Historia, un objeto extraño revela una verdad que los académicos se niegan a aceptar. Es el hecho de que, en el pasado, los pueblos estuvieron más en contacto de lo que tendemos a suponer. Los hombres se movieron por el mundo con mayor facilidad de la que sospechamos, y su conocimiento del mundo, por consiguiente, debía ser muy completo. El mapa de Piri Reis lo demuestra. Como lo demuestra, también, la alegría con la que Colón se adentró en el Océano, tocó tierra en el Nuevo Mundo, y luego regresó a Europa por una ruta que jamás nadie había recorrido.

Pero eso es parte de otro relato… ¿O quizás no?

martes, 3 de septiembre de 2013

LA HISTORIA EMPIEZA EN BIMINI



No sabemos si el mundo, la historia, comenzó en Bimini, pero sí –a tenor de ciertas pistas– que allí hubo historia antes que en otros muchos sitios.
Isla de Bimini vista desde el cielo

Todo arranca en 1968, cuando un grupo de submarinistas hallan, bajo las límpidas aguas de esta isla del archipiélago de las Bermudas, una impresionante formación rocosa de aspecto artificial. Para algunos podría tratarse de una especie de camino, como una calzada romana gigante, mientras que para otros bien podrían ser las ruinas de una antigua muralla; la prueba, quizá, de la legendaria Atlántida.
No debemos olvidar que nos encontramos en mitad del Triángulo de las Bermudas. Tampoco que fue allí, en aquel archipiélago, donde el misterioso Colón y sus naves Templarias desembarcaron en el Nuevo Mundo…
Los geólogos, claro, los académicos en general, se han apresurado a negar cualquier relación entre el fenómeno y una cultura antigua. Aducen todo tipo de pruebas, de experimentos, difíciles de rebatir por los no iniciados en su ciencia.
Pero el sentido común, la inspiración, habla por sí sola en este caso.
¿Podría ser el camino de Bimini la pista definitiva sobre la verdadera ubicación
de la legendaria Atlántida?

También la ciencia nos habla de un nivel de las aguas oceánicas, en el pasado, muy inferior al actual. Son ya muchísimas las pruebas de ciudades sumergidas junto a las orillas actuales, a pocos metros de la costa; ciudades que, en algún momento del pasado, quedaron bajo el agua.
La formación de Bimini es difícil de asimilar. Es tan imponente, sugiere tan enormes maravillas del pasado, que el hombre de hoy, tan soberbio en su manejo de la tecnología, tan prepotente en su relación con la naturaleza, puede sentirse identificado con los constructores aquéllos, y echarse a temblar al comprender que ni siquiera él está libre del desastre.
Que también los dioses actuales pueden venirse abajo.
Bimini es un misterio, digan lo que digan ciertos aguafiestas. La prueba de algo inquietante, que llena de sentido la Historia.

Y la Atlántida, el gran descubrimiento que está por llegar en este s. XXI nuestro. Si no nos vemos enterrados bajo el agua nuevamente…