jueves, 27 de junio de 2013

LA ATLÁNTIDA JIENENSE



Como ya se ha apuntado alguna vez por aquí, cada vez son más las pruebas que apuntan a que la mítica Atlántida pudo haber estado situada en Andalucía. En general, las investigaciones se centran en la desembocadura del río Guadalquivir, donde parecen haber surgido evidencias de asentamientos humanos importantes, ya desaparecidos, pero encontramos pistas mucho más lejos…
En pleno centro de Jaén podría encontrarse la clave de la ciudad perdida de los Atlantes...

En concreto, hablamos del yacimiento de Marroquíes Bajos, en pleno casco antiguo de Jaén.
Desde que en 1995 comenzaran las excavaciones en la zona, los hallazgos no han dejado de sorprender a los expertos. Éstos diferencian diversas etapas en el asentamiento, que van desde el neolítico hasta la dominación musulmana, siendo el que corresponde al calcolítico (entre el tercer y el segundo milenio antes de Cristo) el más curioso.
En esta época, el asentamiento humano al que nos referimos se organizaba sobre el terreno formando círculos concéntricos delimitados por canales de agua, que se abastecían de varios manantiales situados en lo que se conoce hoy como cerro de Santa Catalina.
La imagen es tan similar a la que nos viene a la mente al pensar en la Atlántida, que se le ponen a uno los vellos de punta.
Y sobre todo sorprende que en una época tan lejana, y en plena Península Ibérica, hubiera tal grado de sofisticación técnica. Ciudades de este tipo, en un período oscuro todavía, del que sabemos tan poco.
¿Son aquellos restos parte de una gran civilización que ocupó el sur de la Península, y cuya capital, quizá, se encontraba en la desembocadura del Guadalquivir? ¿Corresponden estos restos a la mítica Atlántida que menciona Platón en aquel legendario Diálogo?
¿Qué hay bajo el suelo que pisamos? ¿Qué sorpresas esconden nuestras ciudades, tan antiguas pero a la vez tan próximas, tan familiares, que nos hacen perder en ocasiones toda perspectiva histórica?

Ha llegado, creemos, el momento de que hablen las piedras

miércoles, 26 de junio de 2013

LOS ABUELOS DE INDIANA JONES: (3) SCHLIEMANN Y EL SUEÑO DE TROYA



Dice C.W. Ceram en su maravilloso libro Dioses, tumbas y sabios, que muchos de los grandes descubrimientos en la Arqueología han sido llevados a cabo por simples aficionados, eso sí, que contaron, además de con una enorme suerte, con una pasión desmedida por lo que hacían.
El caso del alemán Heinrich Schliemann (1822-1890) no puede ser más paradigmático.
Heinrich Schliemann, ejemplo paradigmático del arqueólogo aficionado que revoluciona,
con sus descubrimientos, el mundo académico.

El conocido para la posteridad como descubridor de Troya comenzó su vida como simple empleado en una tienda de ultramarinos. La fortuna haría que con el tiempo fuera amasando una fortuna –en parte gracias a su facilidad para aprender idiomas–, pero lo cierto es que no iría a la universidad hasta mucho más tarde, ya adulto.
Harto de comerciar y acumular billetes, a los 43 decide dedicarse a la vida contemplativa. Viaja por todo el mundo –ahora por placer–, y retoma su pasión de niño por la Antigua Grecia y los poemas de Homero. Aunque la ciencia de su tiempo se empeña en que todo lo que narra este poeta son sólo ficciones, fantasías sin base real histórica, Schliemann está decidido a excavar medio mundo para demostrar todo lo contrario.
El empeño dará sus frutos, y en 1870 encuentra, en un rincón de Asia Menor, la mítica Troya. Todavía habrá algún que otro académico que le discuta el hallazgo. Pero el persiste, revuelve la tierra en busca de sueños.
Durante el resto de su vida dedicará todos sus esfuerzos y medios a la Arqueología. Centrado en Grecia, el pasado que le apasiona, sus hallazgos se irán multiplicando, aunque no siempre feche lo que encuentra con exactitud.
Se ayudará muchas veces en obras de ficción, quizá el elemento más característico de sus investigaciones.
Todo un ejemplo de soñador. De pasión desmedida que se materializa y da resultados.

Cuánto que aprender de él, no sólo en Arqueología, sino en la vida, con los tiempos que corren

jueves, 20 de junio de 2013

LOS RAÍLES PETRIFICADOS DE MALTA



El pequeño archipiélago de Malta es un lugar árido y pedregoso situado entre Italia y el norte de África, en mitad del mar Mediterráneo. Su posición estratégica ha hecho que, a lo largo de su historia, pueblos de todo tipo se interesaran por poblar su superficie, construir fuertes y castillos y dominar sus puertos.
Pese a su reducido tamaño, es un lugar repleto de misterios.
¿Con qué fin construyeron los antiguos pobladores de Malta
estos extraños y enigmáticos surcos?

No ya sólo por la misteriosa orden de caballeros guerreros que le da nombre –y que daría para muchos artículos–, sino también por algunos de sus monumentos prehistóricos, considerados por los expertos como de los más interesantes y enigmáticos del pasado.
De entre ellos, llaman nuestra atención los conocidos como “Cart-ruts”, nombre con el que los lugareños designan a unos extraños surcos que recorren la superficie de varias islas del archipiélago, extendiéndose incluso hasta más allá de las orillas, hacia el fondo marino…
A primera vista, recuerdan a las señales dejadas en el barro por las ruedas de un carro. Es, precisamente, la explicación que trata de darles la Arqueología oficial, incapaz de hallar otra respuesta.
El hecho de que las señales marquen precisamente caminos que conectan con las principales canteras de cada isla, ha hecho pensar a algunos investigadores en otras soluciones que, aunque aparentemente fantasiosas, resultan mucho más convincentes.
Para Von Däniken, el famoso investigador y teórico del pasado alienígena de la Humanidad, los “Cart- rots” formarían parte de una red de raíles que los antepasados de los malteses habrían utilizado para transportar las enormes piedras que forman parte de los gigantescos monumentos megalíticos que existen en estas islas. Monumentos espectaculares, que aún hoy siguen en pie, y que dan testimonio de una civilización antigua pero asombrosamente desarrollada tecnológicamente
¿Una prueba más de esa Atlántida aún no localizada pero incuestionable? ¿O un nuevo testimonio, simplemente, de la Edad de Oro a la que tantos yacimientos arqueológicos parecen apuntar?

Desde luego, parece que, en el futuro, los amantes de las civilizaciones perdidas no nos aburriremos…

martes, 18 de junio de 2013

LAS VÍRGENES NEGRAS

El culto a la Virgen es uno de los mayores éxitos de marketing de la Iglesia Católica. Fue en el pasado, hasta más allá de la Edad Media, cuando los obispos tenían como prioridad la evangelización y, al contrario que ahora, transigían ciertas mutaciones y amoldamientos de sus creencias para aumentar el número de fieles que acudían a sus iglesias.
Las Vírgenes Negras habrían venido a sustituir, en el imaginario popular,
a las antiguas deidades femeninas de los cultos lunares...

Cuando el cristianismo llegó a Europa, se encontró un continente lleno de cultos que técnicamente suelen tacharse de paganos. Eran cultos antiquísimos, en su mayoría de carácter lunar (por contraposición a cultos "solares", como el judaísmo), donde la mujer tenía un papel central, por cuestiones muy largas de tratar, pero que tenían su razón de ser en la agricultura.
Sus fieles adoraban ídolos que podían ser de piedra, o de madera, y que tenían sus templos en lugares que desde tiempos remotos habían sido situados en puntos estratégicos desde el punto de vista telúrico.
Los evangelizadores se hallaban ante un gran reto si querían que los futuros fieles abandonaran estos cultos.
Aunque consiguieron cristianizar, durante siglos siguieron adorándose estos ídolos femeninos. Las ceremonias, oficialmente cristianas, conservaban elementos de los cultos antiguos, ya fuera manteniendo fechas, rezos, rituales, y en muchos casos, el propio ídolo-objeto.
En algunos casos se procedió a convertir esas figuras de piedra, o de otros materiales (incluso procedente del espacio exterior, en forma de meteoritos), en vírgenes.
En otros casos, los antiguos ídolos fueron destruidos.
Hay testimonios escritos de casos concretos, con obispos y curas conspirando para ocultar y ahogar en el olvido el culto popular.
Todavía hoy perviven, pese a todo. Antropólogos, historiadores y estudiosos del folklore lo corroboran en numerosos ensayos. 
Es un apasionante ámbito de estudio, que enlaza directamente con el misterio.
Y es que los templarios, los enigmáticos templarios, siguieron muy de cerca a estas Vírgenes Negras o ídolos ancestrales. Impulsaron su culto bajo la nueva estética apostólica-romana, pero sin perder de vista los viejos modos y creencias.
Que en la península Ibérica, quizá uno de los asentamientos humanos más antiguos del planeta, puede hallarse, todavía hoy, por todas partes...

jueves, 13 de junio de 2013

EL ENIGMA DEL NÚMERO ÁUREO



Todo buen aficionado al misterio y a los enigmas de la historia ha oído hablar alguna vez de este número, también referido frecuentemente como proporción.
Para los matemáticos no es más que una regla que aparece en la naturaleza y que establece cierta relación entre dos rectas, pero para quien está dispuesto a ir más allá –como, por otra parte, hicieron genios como Leonardo Da Vinci–, el número áureo adquiere categoría de mágico, repleto de un sentido que se nos escapa, aunque esté por todas partes.
¿Qué pretendían artistas de la talla de Leonardo Da Vinci con la aplicación,
en sus obras, del número áureo? ¿Era una mera técnica estética, o encerraba alguna especie de mensaje cifrado?

El primero que se percató de su existencia fue el griego Euclides, que lo definió y estableció su fórmula. Luego, el número sería retomado por los renacentistas, que aplicarían sus mágicas proporciones a sus obras.  
Durero, el ya mencionado Da Vinci, Miguel Ángel… Todos, casi de forma obsesiva, intentaron que aquella proporción estuviera representada en sus cuadros (como la Mona Lisa) o sus esculturas (el David de Miguel Ángel), ya fuera para procurarles una armonía natural y hacerlas más perfectas visualmente, o para otorgarles un sentido esotérico, convertirlas en portadoras de un mensaje oculto al profano, de comunicación directa con Dios…
También la arquitectura sucumbió al poder mágico de este número.
Ya fuera por casualidad –como dijimos, el número y la proporción áurea se encuentra en todas partes, allá donde miremos–, o por empeño místico de sus creadores, encontramos el rastro de esta cifra divina en obras y monumentos de todos los tiempos. Las pirámides de Egipto, las catedrales góticas, las más modernas construcciones de Eiffel, en París…
Y en España, claro.
De entre las más curiosas, la catedral de Jaén, famosa en los últimos tiempos por su presunta relación con la lápida de Arjona y la búsqueda de la Mesa de Salomón. Su arquitecto, Andrés de Valdevira, fue un iniciado, se supone, en el saber perdido de los templarios y, fuera de toda duda, erigió, en el centro mismo de la península, un templo renacentista de proporciones áureas, que muchos interpretan como un Templo de Salomón ibérico.
¿Quizá con la intención de que no desmereciera junto a la reliquia que albergaban sus subterráneos?

Sólo el conocimiento y desciframiento de esos códigos naturales (¿divinos?) nos permitirá acceder a esa verdad que, de momento, se nos escapa.

martes, 11 de junio de 2013

LA SÁBANA SANTA DE TURÍN



De todas las reliquias con las que se estuvo comerciando a lo largo de la Edad Media y más allá, la conocida como Sábana Santa de Turín es la más controvertida. En teoría, se trata de un lienzo que envolvió el cuerpo de Jesús tras la crucifixión, y que por obra y gracia divina quedó impregnado de una especie de negativo que supondría la única imagen del Mesías que poseemos.
¿Revela la Sábana Santa de Turín el verdadero rostro de Cristo?

Hará cosa de treinta años, un grupo de científicos sometieron dicho lienzo a todo tipo de pruebas y análisis. El resultado fue que la Sábana Santa no era más que una falsificación medieval del s. XIV, y ahí quedó la cosa.
Una reliquia más, como todas. Falsa como un euro de madera.
Muchos, sin embargo, alzaron enseguida la voz al considerar que, si bien la sábana, como reliquia, no valía nada, como rareza científica no tenía precio.
Aquéllos aseguraron que la técnica utilizada por el artista que llevó a cabo la falsificación resultaría complicada (o directamente imposible) a día de hoy.
Perfecta, demasiado perfecta.
Tanto, que el modelo utilizado tuvo que ser efectivamente un crucificado.
Con sangre de verdad.
Rebuscando, revisando todo lo revisable, resultó que, además, existía constancia de una sábana similar en Constantinopla.
Los escépticos se frotaron las manos, dijeron: pues ya está, enigma resuelto…
Pero, ¡oh! Aquella otra sábana era del s. XII, de manera que aceptar que era la misma era descalificar la autoridad del Carbono 14, y por consiguiente, la de la sacrosanta ciencia.
“Bueno”, dirían estos, “pues sería otra”.
Y otros, riendo, debieron responder que igual sí, pero es que las similitudes eran demasiadas…
Finalmente, la ciencia sigue espabilando y hay nuevas conclusiones.
Algunos expertos apuntan a que el Carbono 14 pudo fallar por no sé qué historia que le ocurre al lino –material que forma parte de la composición de la sábana– con este componente, y podríamos hablar de una nueva datación ¡hacia la época en que murió Jesucristo según la Biblia!
Otros revelan que la sangre detectada en el lienzo es muy parecida, si no igual, a la del Santo Sudario de Oviedo (otra reliquia controvertida). O que sus medidas corresponden a medidas utilizadas por el pueblo de Jerusalén hacia el s. I de nuestra Era.
Resulta que al final la ciencia avanza, y los enigmas de tiempos oscuros parecen brillar con luz propia.

¿Qué no veremos en tiempos venideros…? 

jueves, 6 de junio de 2013

LAS CUEVAS DE AJANTA



El viajero tiene infinitas excusas para acudir a la India. Su inmensidad geográfica, demográfica y espiritual convierten a este país en algo más parecido a un continente, donde el exceso, en nuestra humilde opinión, es la nota más destacable.
No en sentido negativo, pues faltaría más.
En cuestión de misterios, desde luego, no lo es.
¿Quién construyó realmente las cuevas de Ajanta? ¿Esconden sus muros la prueba
de contactos extraterrestres en el pasado?

Y es que la India, aquél pedazo de tierra que se desvinculó de África en el pasado remoto, y que navegó por el Índico hasta formar, golpeando bruscamente contra Asia, la maravillosa cordillera del Himalaya, conjuga en su territorio montones de credos, de enseñanzas, de sorpresas que sólo aquel que se atreve a aventurarse en su seno –su difícil, pero gratificante seno– consigue descubrir.
Las cuevas de Ajanta son un ejemplo.
Talladas en la roca, suponen una maravilla arquitectónica única en el mundo, que los expertos fechan a partir del s. II a. C.
Barrocas, llenas de adornos, bajorrelieves, pinturas, esculturas, asombran al visitante, pero mucho más al amante de los enigmas.
Porque la pregunta primera que nace al penetrar en cualquiera de ellas es: ¿cómo lograron sus constructores tan llamativo resultado, utilizando la tecnología con que contaban, se supone, en una fecha tan remota?
La perplejidad aumenta según conocemos más datos.
Como la orientación astronómica de su diseño. O la representación, a lo largo de sus paredes, de seres mitológicos que, para algunos, no son más que muestras de las mezclas entre hombres y animales que llevaron a cabo quienes crearon el mundo, y que algunos identifican con supuestos experimentos extraterrestres.
Sea esto posible o no, realidad o simple especulación fantasiosa, el enigma de las cuevas persiste. Es, como en el caso de las catedrales europeas, los grandes monumentos egipcios o las pirámides mayas, un misterio a primera vista.

Que está ahí, como testimonio de un pasado oscuro, aunque, paradójicamente, tan lleno de asombrosa luz…

lunes, 3 de junio de 2013

EL MISTERIO DE LA ESFINGE Y LOS ATLANTES DEL MAR EGEO



Fue un vidente el primero en poner en cuestión las cifras que daban los científicos.
Hasta que Edgar Cayce (1877-1945) hizo públicas sus alucinaciones, sus sueños o lo que quisiera que fuera aquello que le ocurría al entrar en trance, todos pensaban que la esfinge era un monumento contemporáneo a las pirámides de Guiza.
La esfinge aguarda, sigilosa y majestuosa, la resolución de sus enigmas...

Todavía hoy se habla de unos veintiséis siglos antes de Cristo como fecha oficial, una tontería al lado de los 12.500 años que tendría según las afirmaciones del vidente norteamericano.
Hoy, el paso de las décadas y la curiosidad despertada por este iluminado en investigadores de todo el mundo ha hecho que existan cientos de estudios y datos que hacen tambalearse los presupuestos “oficiales”.
Para algunos sólo es cuestión de observar a la esfinge.
Ver su superficie erosionada por una lluvia poderosa que rara vez cae en el desierto en la actualidad, pero que sí se daba en la zona muchos siglos atrás, cuando el desierto todavía no había alcanzado el territorio de los faraones.
Para otros, las estrellas, su posición en el momento en que la esfinge fue proyectada, dice mucho en favor de Cayce.
El caso es que todavía no ha sido encontrada la cámara que él situó bajo el monumento, y que contendría pruebas incuestionables sobre la civilización que en el pasado lo erigió. (Algunos dicen que sí ha sido descubierta, pero que las autoridades la ocultan quién sabe a cuenta de qué oscuros intereses…)
¿Es la esfinge una prueba evidente de alguna civilización perdida en el remoto origen de los tiempos?
Para algunos, como Graham Hancock, habría que mirar algo más al norte, en el mar Egeo, y en los restos de la enigmática civilización que habitó Creta.

Allí podría haber una respuesta al silencio que guarda, imperturbable, la careta rígida de la misteriosa esfinge…