jueves, 7 de febrero de 2013

AMÉRICA: EL CONTINENTE MÁS MISTERIOSO




Hasta no hace mucho, la ciencia trataba de explicar el origen de los americanos hablando de una migración procedente de Asia a través del estrecho de Bering. Era lo más lógico, teniendo en cuenta las pruebas. Aquel estrecho habría sido en su momento accesible a pie; en el adn de los pueblos del Nuevo Continente hay huellas de un pasado asiático... Todo, o casi todo, parecía ir en esa dirección. No había nada que discutir. ¿O sí?
El origen de los antiguos pobladores de América sigue siendo aún hoy un misterio.

La arqueología, enemiga de cerrazones y escepticismos, lleva un tiempo peleándose con esta teoría. Hay investigadores que hablan de pobladores ancestrales que ya andaban por allí antes de la presunta migración. Algunos plantean la posibilidad de una migración, también desde Asia, pero por el sur, esto es, por una supuesta placa de hielo que se habría extendido al norte de la Antártida… Pero esto es aún más difícil de creer.               
Otros, más osados, hablan de migraciones por mar.
Es una posibilidad que ha sido negada constantemente, pero que cada vez gana más fuerza. Ya hablamos en su día de Thor Heyerdahl, un verdadero empirista, se diga lo que se diga. Y de los olmecas, y sus cabezas –y otros objetos más pequeños pero igual de impresionantes– que representaban gente de aspecto africano. Hay un libro, de un tal Zecharia Sitchin, que ofrece una nueva posibilidad: en América hubo, antes de Colón, gentes procedentes de Oriente Medio.

Se trata del libro Los reinos perdidos, que ofrece numerosas pruebas para ilustrar esta idea. Tal y como se relata en él, existen en diversas culturas precolombinas representaciones plásticas –en glifos, estatuillas, jeroglíficos– de gentes que presentan rasgos semíticos. Gentes de barba abundante, de ropajes similares a los de los fenicios, que siempre o casi siempre son referidos como dioses, o de seres venidos de otros mundos. Que llegaron en un momento del pasado y luego se marcharon. Hay también elementos culturales en estas tradiciones americanas que, según Zecharia Sitchin, sólo encuentran explicación en alguna especie de contacto con tradiciones de fuera del continente. Determinados conocimientos astronómicos, matemáticos, y de leyendas, que coinciden asombrosamente con los que se dieron en Sumeria, Mesopotamia, o Egipto. Leyendas que aparecen reflejadas en la Biblia, por ejemplo, o determinados mitos demasiado coincidentes.
Por no hablar de las pirámides, claro, o de la costumbre de momificar a los muertos. Caín y Abel, el mito del Diluvio…
Parece haber demasiadas semejanzas; un mensaje oculto y enigmático que todavía necesita un empujón. El que le dé la Arqueología, futura protagonista de este interesante dilema.

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