viernes, 9 de noviembre de 2012

JULIO VERNE, NOVELISTA DEL FUTURO




Al morir, en marzo de 1905, Julio Verne dejaba tras de sí no sólo una extensísima obra literaria, si no, además, multitud de anécdotas, datos y enigmas, que siguen dando aún hoy material de estudio para los amantes del misterio.


El tipo, todo un genio de las letras, prolífico y de gran imaginación, era también un aficionado a lo oculto. Se ha hablado mucho de su pertenencia a la sociedad de la Niebla, y a cómo dicha sociedad habría dado nombre a una de sus más célebres creaciones, el inolvidable Phileas Fogg (fog, en inglés, como todo el mundo sabe, significa niebla). También de su curiosa tumba, llena de símbolos y mensajes ocultos, que J.J. Benítez se encarga de descifrar en su libro Yo, Julio Verne, o de las casualidades –algunos prefieren llamarlas profecías– que salpican muchos de sus libros.
Entre ellas, las que tienen que ver, por ejemplo, con la llegada del hombre a la luna. En la obra De la tierra a la luna, Verne imagina un cohete similar al de 1969, que despega de un lugar próximo a Cabo Cañaveral, en Florida, y que vuelve a la tierra también, como aquél, cayendo al mar.
Otras de sus profecías están relacionadas con tecnología que en su época no era más que un sueño, y que el tiempo ha ido haciendo realidad. Es curioso repasar las páginas de su enigmática obra Paris en el siglo XX –que permaneció inédita durante más de cien años–, en la que imagina una capital francesa en cuyo subsuelo transita un sistema de metro, con calles iluminadas por un eficiente sistema de iluminación eléctrica, donde el teléfono es algo de uso cotidiano, y las calles se ven repletas de coches con motores de explosión.
Hay que decir, también, que Verne era un hombre muy informado. De una gran capacidad de trabajo, que le llevó a publicar una enorme bibliografía. Entretuvo, y sigue entreteniendo, a gentes de todas las edades. El capitán Nemo, los protagonistas de la Isla Misteriosa, el propio Willy Fogg, son parte de la cultura occidental, y eso no hay quien se lo quite. Supo transmitir su amor por la aventura, los viajes, las maravillas de la ciencia, y el misterio…
¿Tenía, además, acceso a información privilegiada?
Eso, quizá, sería quitarle mérito. De momento, sus previsiones de cara al futuro han estado, por lo que parece, bastante acertadas. Y si quiso ser misterioso, novelista hasta el final, fue probablemente su logro más perfecto…

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