viernes, 19 de octubre de 2012

DRÁCULA, EL "NO MUERTO", Y EL INMORTAL BRAM STOKER



Cuenta la leyenda que a Stoker se le ocurrió la idea de la novela tras un empacho de langosta. Una cena copiosa, una pesadilla originada por la mala digestión; ése parece ser el origen de uno de los mitos incuestionables de la cultura del s. XX.
Sin embargo, hay mucho más. Muchos misterios, muchos enigmas en torno a su proceso de creación, que arrancan con el propio Stoker, padre de la criatura.
Bram Stoker (1847-1912)

Bram Stoker, irlandés de nacimiento, fue un apasionado del teatro. Sus primeras críticas (escritas cuando trabajaba como funcionario del gobierno) le valieron para convertirse en manager (una especie de secretario) del famosísimo (por aquel entonces), actor John Irving. La de ambos fue una larga trayectoria, si bien muchos han querido ver en la figura del actor (un excéntrico, como lo puedan ser hoy las estrellas de Hollywood) el origen del personaje de Drácula. Otros sitúan el origen, la inspiración, en Aleister Crowley (ay Crowley, el trabajo que has dado…), pero eso es harina de otro costal.
El caso es que Stoker fue siempre una figura segundona en el mundo del arte de su época. No destacó, pese a sus intentos (múltiples relatos, todos relacionados con el tema gótico, de terror, fantasía y demás), hasta la publicación de Drácula. Como su creación, fue capaz de superar a todos sus contemporáneos en fama y leyenda, sobreviviéndoles a todos, pese a sus cuestionables capacidades.
Hay quien piensa que Drácula fue corregido severamente (si no, literalmente modificado hasta convertirlo en otra cosa), por un tercero. Malas lenguas, ya se sabe.
Su vinculación a sociedades secretas siempre ha estado ahí, y no es ningún secreto que perteneciera a la Golden Dawn, una sociedad hermética de carácter esotérico a la que también pertenecieron Yeats, Machen o Meyrink.
Ármin Vámbéry (1832-1913)

La novela está llena de simbolismo. Tiene múltiples lecturas, a todos los niveles, que es lo que la ha hecho grande. A destacar, la confrontación (hablamos de finales del s. XIX) entre nuevas tecnologías y tradición, magia y ciencia, razón e imaginación.
Habría que hacer un aparte respecto a Vámbéry, un orientalista húngaro al que Stoker habría acudido en multitud de ocasiones, durante la redacción de la obra, para asesorarse sobre temas orientales, magia, etc, que después incluiría en su relato. Es toda una tentación ver en él alguna especie de conexión secreta, de enigma, como si en su figura pudiera atisbarse el origen de todo desde la sombra. Según se cuenta, podría haber sido el primero en hablar a Stoker de Vlad El Empalador (y eso ya sería mucho).
Y es que Drácula es un producto genuino de su época, un siglo fascinante; un heredero, por ejemplo (aunque de forma genuina) de Verne, y que recoge la cultura gótica y romántica que tanto nos apasiona, nos aterra, nos fascina… Hasta dejarnos exhaustos, sin apenas sangre.

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